En lo que se considera el marco de los estudios tradicionales, podríamos confirmar como suficientemente conocidas (particularmente, a partir de los estudios de René Guénon) las constantes alusiones por parte de la mayoría de las tradiciones recordando un origen primordial o depósito espiritual que ha sido opacado u obscurecido, perdido u ocultado a partir del inicio de una secuencia cíclica que escapa a cualquier abordaje histórico. Tal imposibilidad, se puede vislumbrar en la doctrina de los ciclos de la tradición hindú, a cuyo correcto sentido bien se refería Ananda K.Coomaraswamy al definir que, "la doctrina de los manvantaras, como la de los kalpas, es una parte esencial de la tradición hindú, y no puede explicarse por ningún acontecimiento histórico" (1).
A ello se asocian las referencias de ciertos puntos de inflexión, según narran casi todos los textos sagrados, que expresan una alternancia de eventos cataclísmicos y, a su vez, generando, consecuentemente, los sucesivos acontecimientos migratorios que han provocado, (por adaptación al devenir de nuevas condiciones) diversas fusiones de las formas tradicionales que, así, han llegado hasta el día de hoy con las características que conocemos. De modo tal que, a los efectos de ciertas precisiones, la remembranza de aquello perdido u ocultado se refiere principalmente al conocimiento o sabiduría inherente a un estado primordial, luego a su correspondiente tradición primordial y, secundariamente, debe venir a sumarse todo lo relativo que rodea a las localizaciones de la respectiva sede primordial.
El estado de cuestión supletoria, colateral o secundaria que corresponde al emplazamiento o ubicación original de esta última (que es recordada por una extensa gama de nomenclaturas y atributos de carácter simbólico) es, evidentemente, compleja y no exenta de confusiones propiciadas por el manto de obscuridad intelectual que se extiende sobre la humanidad de nuestra época. Una prueba cabal de ello y, entre tantos testimonios, surge de las también innumerables ilusiones generadas en el mundo moderno, como pueden ser, a título de ejemplos, aquellas que se relacionan con la palabra Thule, una de las mas extendidas y también de las mas remotas o antiguas con que siempre se ha designado, no solamente a la sede primordial, sino también a otras de carácter secundario y de diverso orden (2), tal como pueden ser, los casos de la Tula de Atlántida o la de Mesoamérica, las cuales deben siempre entenderse como distintas reflexiones de la primera.
Evidentemente, ello es tal, en cuanto figura de la residencia primordial antes del acontecer cíclico, lo que conlleva la idea de perennidad, ya que al no haber desplazamiento estacional o sucesión temporal se hallaría "situada" fuera del tiempo y, siempre actual por sobre el interludio, intervalo o inter-tiempo en que se resuelven los períodos convulsivos del grado de manifestación de la existencia, permaneciendo, por tanto, inalterable e inafectada por la catastrófica destrucción periódica de esta, generalmente expresada por la analogía de un diluvio a la postre de cada manvantara o del gran "diluvio" que señaliza la cancelación de un kalpa.
Según el mismo Coomaraswamy (ver Op. citada) los "Diluvios" son una característica normal y recurrente del ciclo cósmico, es decir del período (para) de una vida de Brahmâ, equivalente a 36.000 kalpas, o "días" de "tiempo Angélico", por lo cual, las crónicas legendarias del Diluvio, tal como afirma dicho autor, corresponden a una tradición mas antigua que cualquier referencia conocida: "...mas antigua que los Vedas en su forma presente... como teniendo una fuente común con las versiones sumeria, semítica y quizás también eddaica, y las correspondencias no deben adscribirse a una 'influencia', sino a una transmisión por herencia de la fuente común" (idem).
Asimismo, se vislumbra de esto, la posibilidad de discernir el grado correspondiente que diferencia a las tradiciones secundarias de la principal, por lo que cabe la distinción que se debe asignar a narraciones similares en las leyendas y textos tradicionales mas relevantes de la humanidad como ser, por ejemplo, el caso de la Biblia en Génesis 6, 17; 7, 11-12 y 7, 19-22; Sabiduría 14, 6. Igualmente Baruch 3, 24-27 y Eclesiastés 40, 8-11, donde se narran acontecimientos del diluvio bíblico que, según René Guénon corresponde al cataclismo bajo el que desapareció la Atlántida y al que no se debe confundir con el diluvio de Satyavrata que la tradición hindú hace corresponder directamente a la tradición primordial. De este modo, es el evento atlantídeo, (salvo las referencias diferenciadas a que aludíamos y del mismo tenor que las mencionadas por Guénon) el que parece ser, en parte, recordado por la mitología de todas las latitudes, por lo cual, remitimos a las referencias mas conocidas, como ser los mitos nórdicos, orientales, clásicos, polinesios, africanos, australianos o americanos en los que se consignan innumerables narraciones al respecto y, elaboradas sobre la base de una concepción cíclica del tiempo, además de coincidir, mayormente, en una doctrina de sucesivos cataclismos.
Pero, decíamos que, la idea de perennidad en relación a la residencia primordial erigía a esta en "morada de inmortalidad", ajena a cualquier hecatombe o aciago devenir, por lo cual ningún, cataclismo, acontecimiento accidental o Diluvio puede alcanzarla, ya que cualquiera fuera la imagen con la cual se la represente, (sea de "ciudad", "jardín", "montaña", "isla", "continente" o reservas subterráneas ocultas durante la edad sombría) corresponde propiamente a un reino que "no es de este mundo", al "país de eterna primavera", en donde la "edad dorada" no tiene fin. Evidentemente, y desde nuestra actual condición manifestacional ello evoca a un estado superior del Ser o grado sutil de la existencia universal y que concierne a la figura del "Paraíso terrenal" o al verdadero "centro del mundo" descrito a través de las edades con las particularidades y los términos propios de cada tradición y que, de acuerdo a su orden, puede o no estar personificado, localizado o representado físicamente en el ámbito terrestre (3).
De modo que, en relación a este punto, podría recogerse una extensa gama o multiplicidad de designaciones de las cuales mencionaremos, aunque sólo sea de paso, una selección de nombres distintos correspondientes a importancias, equivalencias e imágenes diversas, pero que, en suma, (y al margen de las desviaciones tardías, robinsonadas o del "insularismo" concerniente a las interpretaciones empíricas del género utópico moderno) de uno u otro modo, debe entenderse que, todas ellas, aunque hubieren perdido el sentido verdadero, aluden, se refieren o reflejan la idea de una sede primordial donde "no transcurre el tiempo" y por lo que no "existe en ninguna parte", tal como, por ejemplo, se puede inferir de la idea o arquetipo que representa al Dilmun o la "Isla de los Inmortales" correspondiente al ciclo de Gilgamèsh, donde el tiempo, no puede discurrir y, consecuentemente, al no haber generación ni corrupción no hay locus de "accidente existencial".
Tales son, también. algunos de los casos descriptos en la tradición china por Chuang-seu donde relata las virtudes de la isla Ku-chee, la "morada de los hombres trascendentes", "blancos como la nieve y frescos como niños", no ingieren "ninguna clase de alimentos" y el diluvio universal no podría sumergirlos. Idénticamente, Lie-seu habla de una comarca llamada Hua Siuche, a la que no se puede llegar "ni por tierra, ni por agua". El mismo Lieseu consigna un conjunto de cinco islas del "confluente universal" de las cuales sobresale la denominada como "Peng -lai, la isla de "oro y jade", el "domicilio de los Inmortales".
Los mismos referentes análogos, como se sabe, se encuentran en las tradiciones nórdicas, cuales relatan que a la primera morada de la humanidad los dioses le dieron el nombre de Midgard situada en el centro del universo. En medio de dicha morada, correspondiente al ciclo de los Ases, los dioses erigieron una ciudadela llamada Asgard y, en medio de esta plantaron el árbol Yggdrasil. Luego, vino otra raza distinta de dioses llamados Vanes que han tenido morada en un centro sustituto llamado Vanaheim pero, a su vez, desapareció también, y ya nadie pudo localizarlo.
Por otro lado, en las sagas irlandesas correspondientes a la raza divina de los Thuata Dè Dannan se hacen referencias a las islas Tir n'an Og la "Tierra de la Juventud", residencia de los "muertos bienaventurados" y de los "héroes honrados por los dioses", además, está Avalón, la "Isla del Manzano", en cuyo centro se planta un árbol con "ramas de plata y frutos de oro" o también, la isla Tir Socha, el "país luminoso", todo relacionado al mismo simbolismo tradicional e inclusive, transferido luego a la Irlanda ya cristianizada como, por ejemplo, puede ello constatarse en los temas del "Viaje de Maeldun" o también, en el "Viaje de San Brendán".
Asimismo, en las tradiciones clásicas se mencionan una serie de mitos relacionados con Hesperia (Occidente) concernientes, por un lado, al ciclo de Heracles, por otro, al de la búsqueda del Vellocino de Oro (argonautas) y otro al Atlante. Así, primeramente, tenemos a los "Campos Elíseos", la "vega elisíaca" o la "morada eterna de los justos" descrita en la "Odisea" (Homero). Luego, las "Islas de los Bienaventurados" o màkaron nêsoi, "Islas de la felicidad" o "de los dioses" descritas en los "Trabajos y Días" (Hesíodo) y en "Olímpica" (Píndaro) y cuya versión latina es recreada con diversos aspectos, tal como ello se corrobora en la "Tierra de la producción espontánea", per se dabat omnia tellus (Ovidio) o en las "Islas Afortunadas", insulae fortunatae (Plauto, Plinio y Horacio). A este general contexto clásico también le corresponde el mítico "Jardín de las Hespérides" (o las "Occidentales") cuyas complejas narraciones y eventos portan reminiscencias de diversas latitudes, ya vislumbradas previamente en el simbolismo tradicional del "Jardín de Alcinoo" ("Odisea") que, en este caso, tiene que ver con el ciclo de Heracles. En suma, debe también tomarse, del mismo modo, el ciclo Atlante, personificado por el titán Atlas, "sostenedor de la bóveda celeste" y considerado como el primer rey de la Atlántida, cuyas características y simbolismo son descritos, por vez primera, en los diálogos "Timeo" y "Critias" de Platón.
Pero, antes de seguir con otros ejemplos relacionados, reiteremos sobre la necesidad de un atento discernimiento respecto de este simbolismo, ya que en la abundancia de datos han surgido muy a menudo equivocaciones que abarcan a relaciones de equivalencia, identidad y sustitución donde no solamente suele confundirse a la Tradición primordial hiperbórea con la Tradición subalterna atlantídea (ver nota 2), sino que ello, conlleva también una serie de errores en relación a las localizaciones de los centros espirituales secundarios, tanto en lo que concierne al simbolismo cronológico como geográfico, ineludibles para los criterios mentales empiristas o racionales y que desemboca, entre otros, en lo que aludíamos sobre el historicismo o en aquello que, apropiadamente, se ha denominado como la "superstición del hecho".
Algunas advertencias
Debido a ello, conviene intercalar a modo de advertencias, algunas menciones, al menos, sobre la naturaleza de las limitaciones explicativas que caracterizan a los diversos usos de todo lenguaje relacional, por lo cual intentaremos expresar que, ciertas ideas, (en este caso relacionadas al tema de nuestro presente comentario) deben estar siempre revestidas de una reserva de principios que están mas allá del significado lato de las palabras, ya que permitiría ello, al menos, situar ciertas analogías pertinentes al tratamiento de un tema preciso. Esto, evidentemente, alude a una modalidad de simbolismo descriptivo inherente a las narraciones tradicionales (que nada tiene que ver con metáforas ni alegorías, como, por ejemplo, las del tipo utópico) y que requieren de un ulterior desarrollo personal respecto a la capacidad de aprehensión de una pluralidad de sentidos con los cuales se interpretan los textos sagrados y que, lejos de excluirse mutuamente, convergen en un compendium sintético integral.
Como contraste de ello, el ejercicio de abstracción de dichas analogías que, equivale a una negligencia del simbolismo tradicional, produce ciertas fijaciones mentales que pueden contener un sentido amplio y general en el uso asimbólico de los lenguajes corrientes, pero, muy alejado de la noción real y precisa que un mismo concepto puede portar en su originalidad o antigüedad.
De este modo, en relación a dichas fijaciones mentales podríamos hacer referencia de aquella concerniente al "historicismo" moderno en cuanto a la construcción de teorías que implican conocimientos cuantitativamente analíticos de los anales tradicionales que tanto narran los acontecimientos en el tiempo, como también, la descripción lugareña de las sociedades humanas, tal como, por ejemplo, puede observarse ello, en lo relacionado a nuestro tema y que tendría que ver, por solo citar un caso y como iremos viendo, con las numerosas denominaciones centroamericanas relacionadas con la palabra Tula.
Así, podríamos consignar la concepción de la fundación del cosmos, a partir del origen, en el simbolismo temporal concerniente a las cosmogonías tradicionales y a la descripción de los ciclos sucesivos, como también los diversos modos en que, a partir del centro, en el simbolismo espacial, los mundos y lugares son descriptos simbólicamente. De manera que, los acontecimientos temporales no son una acumulación factual para la mentalidad tradicional ni los hechos geográficos obedecen a una geopolítica interesada o circunstancial, sino que, de uno u otro modo, se refieren a descripciones simbólicas de lo que, como diría René Guénon "son propiamente estados".
Esto último se relaciona, (en ese orden secundario que ratificábamos) con la localización de los centros espirituales y que, como decíamos: "se ha tornado en una cuestión muy compleja y no exenta de confusiones" (aunque no del todo irresoluble en tanto se contemple ello por medio de una correcta conversión de la determinación temporal), ya que, en las diversas señalizaciones sucesivas pertenecientes a distintos ciclos puede perderse de vista la referencia principial de la "Comarca suprema" por medio de una suerte de "naturalización" de los centros secundarios que, en rigor, son adecuaciones, adaptaciones o tan sólo diversas imágenes suyas ornadas de mayor o menor velamiento.
La "Comarca suprema"
Consignemos, en este punto de nuestro comentario que, dicha "Comarca suprema" y generalmente referida a la Hiperbórea es geográficamente situada en el Polo Norte y, tal como hemos antedicho, ha sido mencionada en profusos relatos tradicionales por medio de numerosas referencias y por autores de la Antigüedad, quienes realizando las respectivas transposiciones entre el norte geográfico y el norte celeste, le asignaban el carácter de "lugar mítico del origen" o de la génesis de nuestro mundo y cuya búsqueda con los medios exteriores casi siempre fracasaba por ser su índole inasequible a ellos. Es evidente, que tal referencia principial, en realidad, apunta a recordar la pérdida del conocimiento, cuya actualidad caracteriza a la posesión del estado primordial y al que, como acentuábamos, no hay que confundir con la tradición correspondiente (menos con aquellas de referencias secundarias) ni con las sedes o lugares míticos que lo velan y simbolizan.
De tal modo que, todos los acervos tradicionales apuntan a relatar mas o menos veladamente a dicho estado primordial al que le correspondería una Edad de Oro y una localización polar, como un lugar edénico o paradisíaco de "eterna primavera" aludiendo a una posición perpendicular del eje de rotación de la Tierra distinta a la actual en la que este no se hallaba acostado sobre el plano de la eclíptica, y por tanto, sin sucesión estacional o decurso temporal en clara evidencia, (antes de la caída cíclica) de la coincidencia geográfica con su punto celeste o espiritual y del conocimiento metafísico directo relacionado con el.
Este cambio de posición del eje de rotación de la tierra (actualmente inclinado a 23º 27' y variando su orientación) en cierto sentido, puede llegar a ser una figura geométrica que vela y sugiere "la caída de la humanidad", señalando el inicio de la marcha descendente del ciclo y de la obscuridad intelectual progresiva, explicando, a su vez, representativamente, la inaccesibilidad a la Tradición Primordial por parte de la mayoría o generalidad de los hombres actuales. Señalemos, además, en coincidencia con ello, que la inclinación del eje cambia progresivamente por medio de un movimiento que ha sido denominado como "precesión de los equinoccios" y el cual está íntimamente ligado a la aparición cíclica de las estaciones. Lo que por otro lado, alude a un conocido simbolismo que conlleva el traspaso de un eje Norte-Sur a un eje Este-Oeste, referido ello también, al solsticio de invierno inherente al comienzo normal según la Tradición primordial, ya que todo inicio de los ciclos anuales en cualquiera de los equinoccios implica la procedencia de una tradición supletoria o de orden subordinado aunque lleve el mismo nombre, tal como citábamos en aquello concerniente al propio nombre de Tula y también respecto a lo antedicho sobre el simbolismo implícito en la diferenciación hiperbórea de la atlantídea (4).
De todas maneras conviene apuntar que, salvando lo principal de lo secundario, sea cual fuere la procedencia, todas las referencias concordantes que apuntan a recordar a dicho Acervo Primordial, expresan o presentan indirectamente, ya sea de un modo u otro, como un reflejo del "eterno presente" o de la inmutabilidad principial e indicando aquello que es permanentemente ajeno e incólume a los cambios y acaecimientos de la generación temporal y de las corrupciones sucesivas que, por adaptación a las determinadas condiciones especiales, van alternándose, intercambiándose y acelerándose dentro de la perpetuidad cíclica.
Por otro lado, e insistiendo con el problema de las localizaciones (5), decíamos que, este punto temático debe entenderse como una cuestión de orden secundario dentro del tratamiento de los estudios tradicionales, quizás, por ser uno de aquellos aspectos que demanden recaudos de todo tipo en la generación de esas ilusiones y confusiones relacionadas a los diversos centros espirituales que se han constituido a su imagen, con el mismo nombre y como sustituciones en los diferentes períodos cíclicos, lo cual, debido es ello, a lo que reiterábamos arriba respecto a la permanente transferencia del nombre de Thule.
Evidentemente que, entre esas múltiples dificultades que se presentan en el desarrollo de este tema particular surge no solamente el impedimento de precisar la situación original de la sede Polar de la Tradición Primordial respecto de la ubicación geográfica actual (teniendo en cuenta el desplazamiento de los polos y la consecuente inclinación del eje terrestre), sino también los obstáculos de discernimiento que de ello se deriva en cuanto a la determinación de los eventos cataclísmicos que separan un ciclo principal de uno secundario y, especialmente, el problema de distinguir la reunión de las diferenciadas corrientes migratorias que, al parecer, se han fusionado, en todas las latitudes, para generar las nuevas adaptaciones a las circunstancias espacio-temporales.
Como muy bien se ha dicho, se infiere de ello, el motivo por el cual numerosas tradiciones, aún cuando no se comprenda su verdadero sentido, hagan continuas alusiones al origen primordial y parecieran, en muchos de sus aspectos, como querer reivindicar o identificar una herencia directa, lo cual, en sentido de efectividad, debe comprenderse que sólo se hallan alineadas en una escala de relevos o suplencias inherentes a los tiempos no primordiales, tal como se deduce, de la propia manifestación de las conocidas formas tradicionales particulares.
En este sentido, podríamos agregar al bosquejo de nuestras referencias anteriores algunas otras de las mas cualificadas como, por ejemplo, los casos concernientes a las moradas de los Rishis o las dwîpas (formaciones insulares) de la tradición hindú y que, en número de siete, aparecen providencial y alternativamente en el curso de los períodos cíclicos. Esto, en su conjunto, suele representarse simbólicamente por un loto en cuyo centro se yergue Mêru, la sagrada "Montaña Blanca".
También, y dentro del simbolismo chino, sobresalen las referencias a Mou-yang-tcheng, "La Residencia de la Gran Paz" o la "Ciudad de los Sauces" (6) donde habitan los "Inmortales", ya que se halla mas allá del movimiento de la "rueda cósmica" y de las alternancias del yin y del yang. Igualmente, Ananda K. Coomaraswamy refiere una serie de relaciones complementarias con las fuentes islámicas de al-Khadir (7), entre las cuales se narra un pasaje del Corán (Sura. 59-81) basado en la búsqueda de la Ma'jma -Bahrain por parte de Musâ. De este modo, Musâ es guiado por al-khadir, "cuya morada se dice que está en una isla o sobre una alfombra verde en medio del mar..." y que, probablemente, ha de entenderse como un 'lugar' en el lejano occidente en la confluencia de los dos océanos...".
Además, menciona los romances y leyendas de Alejandro donde este, guiado por Khizr , "sale en busca de la Fuente de Vida, que está en la Región de la Obscuridad mas allá del lugar de la puesta del Sol en las aguas occidentales...". Asimismo, relata la versión de Nizâmi (Iskandar Nâma, LXVIII-LXIX), donde Alejandro "aprende de un anciano que, 'de cada tierra, la Tierra Obscura es la mejor, Tierra en la cual hay un Agua que es un dador de vida' y que la fuente de este Río de Vida está en el Norte, debajo de najmat al-Qotb : la Estrella Polar" (ver, en el original, la nota relacionada).
Esta Tierra, en cierto sentido, coincide con el emplazamiento del Var (Paraíso) de Yima en el Eràn Vêj de los antiguos iranios situada en el extremo del Polo Norte donde el sol se levanta y se pone una vez al año. Es el lugar del Alborj, la "Montaña de las auroras" en cuya cima pende el Puente Chinvat. Dicho emplazamiento ha sido análogamente relacionado a la tierra Celeste o Hûrqalyâ descrita por Sohravardî como "La Morada de los Himnos" o Haykal alnûr,
"El Templo de la Luz". Asimismo, en el límite de esta tierra, se halla constituida como "clave de bóveda" una "roca de esmeraldas" en la cima de la Montaña de Qâf (8).
Del mismo modo, dentro del Budismo, (Sutra de Amita: en una narración del propio Buda al sabio Shariputra) se pueden hallar alusiones a una "Región suprema" llamada “Sukhavati”, (Gozo Supremo) la tierra pura de la "Suprema Felicidad", la morada de Buddha que, entre otras características simbólicas, se halla rodeada por "siete hileras de árboles formados de los cuatro tesoros" y habitada por toda clase de aves maravillosas entre las que sobresalen la grulla blanca y la garza real y de las cuales se dice que, al escuchar su graznido, se toma plena conciencia del Buddha, el Dharma y del Sangha.
Asimismo, es denominado como "el país de la permanente y santa lluvia de flores mandarava" en donde se oye una música celestial. Además, dicho simbolismo, se identifica con el estado espiritual de annutara-samyak-sambodhi o la Suprema y Perfecta Iluminación.
Por igual la Biblia, si bien describe tropológicamente este lugar como "La tierra de los vivientes" o el "Huerto santo" (Sal., 116:9); como locación paradisíaca, entre el cielo y la tierra, o suelo de consagración y santidad de los primeros vivientes, se trasluce el sentido anagógico de ser propiamente un estado espiritual, cuya índole es idéntica a la cualificación atribuida, por ejemplo, a los Profetas Enoc (Gen.2:4) y Elías (2 Rey. 2:1) o aquel revelado por el mismo Jesucristo cuando dijo, antes de ser llevado a la cruz: "ya no estoy en el mundo" (Jn.17:11).
Notas:
1) (Ver "Obras Impublicadas", cap.IV).
2) Esta cuestión ha sido, alternativamente, muy bien explicada por Guénon en "Palabra perdida y Nombres sustitutivos" (Publ. Orig. En "Etudes Traditionnelles", Dic. 1948), en el cap. XI de "El Rey del Mundo", en sus artículos "Atlántida e Hiperbórea" (Publ. orig, en "Le Voile d'Isis", Oct. 1929) y en "Lugar de la Tradición atlante en el Manvantara" (Publ. Orig. En "Le Voile d'Isis", Set. 1931). (Ver las respectivas compilaciones y las diversas traducciones al Castellano.
3) Conviene destacar, todo aquello que implica en cuanto distinción entre el "Paraíso terrestre" y el "Paraíso celeste". cuyas descripciones simbólicas marcan el límite o punto de contacto entre el estado humano o de identificación individuada y los estados superiores y supraindividuales.
4) "Este nombre de Tula designa la Balanza, su doble aplicación está en estrecha relación con la
transferencia de esa misma designación desde la constelación polar de la Osa Mayor al signo zodiacal que aún hoy lleva el nombre de Libra". René Guénon, cap.II de "Formas tradicionales y ciclos cósmicos".
5) Recordemos que, también ha sido el mismo Guénon el primero que ha señalado reiteradamente las complejas dificultades que ornan los intentos de una ubicación efectiva de la "Región suprema", (ver nota 2),
6) Ver René Guénon, artículo homónimo en la "Gran Tríada".
7) "¿Que es Civilización?". Cap. XVII
8) Ver Henry Corbin, ciertas referencias a lo largo de "Cuerpo espiritual y Tierra celeste" y "El hombre de luz en el sufismo iranio"
Me gusta la chacra dar de comer a los patos rezar el rosario y levantarme temprano