Comentario
Se nos ha informado que un grupo de estudio constituìdo por musulmanes de Mexico ha detectado en este artìculo del Sr Freire y mediante una tècnica de alusiones precisas la fecha màs aproximada del fin de los tiempos. Es decir, de algo que està prohibido tratar literalmente.
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Numero y medida
Dentro de este orden de consideraciones numerico-geométricas podríamos subrayar, además, que este primer aspecto extensivo con la adición de un eje central a la rueda con los cuatros radios sobre el plano de la circunferencia, (es decir, representada sobre el mismo plano como una rueda de seis radios donde vemos que se halla inscripta la cruz de tres dimensiones) en cierto sentido, expresa oposición geométrica con el hexaedro y señala simbólicamente la simultaneidad del centro con el acabamiento perfecto de la manifestación (esto concuerda exactamente, en la referencia simbólica y numeral, con el proceso, en el acto de la Creación, que se describe en el Génesis bíblico y que nos da el numero clave de siete, 7; que es también sagrado en Amerindia, ya que se corresponde por un lado con el Dios de los "Mantenimientos" (Dios Numeral 7) y por otro lado con la cuenta agraria septenal que junto con la trecenal conforman el contenido de la cuenta civil (solar de progresión vigesimal) o Baktún de 400 años). Pero volvamos a la referencia hexagonal que nos ha de aportar otra relación del numero 13, el número sagrado por excelencia para la intelectualidad indiana en la medianía de América. Notemos, que esta no es una cifra arbitraria, obtenida por una suerte de juego lúdico, en función de las conveniencias sistemáticas. Tal y como se inclinan a creer no pocos de los investigadores del tema. Efectivamente, el hexágono (recordemos la importancia de la raíz cuadrada de tres con relación al hexágono, que permite la simetría en las medidas de la tierra y en los términos de proporción temporales respecto del círculo de 360º) se halla representado tridimensionalmente por tres sólidos relacionados de los cuales el más importante es el cuboctaédro, cuya red atómica muy a menudo, aporta entre otras cosas, las claves en cristalografía y mineralogía, de donde se destacan la sal, el oro y la plata. Elementos, cuya inestimable importancia es bien conocida dentro del simbolismo tradicional (para comprender cabalmente lo que queremos señalar es necesario recordar la equivalencia analógica exacta de estos elementos, entre otros, con el orden celeste tanto como terrestre). La serie de los números centrados del cuboctaédro equivalen espacialmente a los números del hexágono cuya extensión isotrópica de esferas se disponen en una serie de doce de ellas iguales y tangentes a la primera, es decir, en total trece, 13.
Recordemos que la base de crecimiento de los números hexagonales en el plano requieren de un círculo central rodeado de otros seis iguales, es decir de siete círculos tangentes desde y donde se extienda la red hexagonal (la misma disposición nos recuerda la septuarquía en la que se hallan ordenadas las organizaciones tribales conforme a las seis direcciones del espacio y, consecuentemente, a las clasificaciones tradicionales análogas de todos los elementos del mundo. Como un ejemplo de estas últimas, que completa la mención anterior del Dios de los "Mantenimientos" o Chicomecóatl [Serpiente 7] representado por siete mazorcas de maíz incrustadas en el cuerpo de una serpiente - recordemos también - que es precisamente el símbolo bajo cuya influencia es iniciado el Tsol'kin). Esto, a los efectos de contener a esa serie ensamblada de trece esferas tangentes e iguales y a los fines de que los centros coincidan con los vértices y con el mismo centro del cuboctaédro. Podemos inferir de ello, cierto patrón de conocimiento que subyace en estas relaciones numéricas y configuraciones geométricas perfectamente equivalentes y análogas a las aplicaciones cosmológicas (como pueden ser, por ejemplo las 13 constelaciones de la ecliptica), ya que contienen los mismos efectos de angulación, de entrelazamiento triangular (requisito fundamental en la formación de los volúmenes, de donde se extrae la importancia del cubo como símbolo del mundo formal, perfecto y terminado) y de unión que caracterizan a los diversos ciclos de crecimiento y acabamiento. Evidentemente, no queda lugar a dudas sobre una real cualificación intelectual, ya que implica todo ello, como hemos venido insistiendo, de un conocimiento profundo de la manifestación por parte del hombre indiano.
El Horizonte visible
Cabe añadir, con relación a esto último, que el desconocimiento de los aspectos metafísicos, simbólicos, arquitectónicos, rituales y agrarios de lo que hemos dicho, conlleva, indudablemente, a una muestra cabal de ciertas incompatibilidades de comprensión de la realidad tradicional aborigen, en cuanto esta es observada desde puntos de vistas ajenos. La consecuencia más radical de ello consiste en la imposición de determinaciones mentales y psicológicas sobre un supuesto "primitivismo" en la visión del mundo por parte de aquella. Evidentemente, las incontestables y abrumadoras pruebas de la índole superior que caracteriza a la intelectualidad indiana refutan dicha calificación. Por solo dar un ejemplo, señalamos el caso de los cómputos indígenas, cuando son estos mismos, encarados por los postulados matemáticos, geométricos y astronómicos "reales"de la actualidad científica moderna. Este tipo de incompatibilidades desencadena generalmente interpretaciones al margen de la concepción original. En el caso de orden astronómico, que no es de los menores, vemos como la diferencia fundamental entre los criterios de la cultura occidental y los del acervo tradicional es que se refieren a cosas totalmente distintas, ya que la intelectualidad indiana basaba sus conocimientos en la observación directa del teatro natural de las cosas y en el movimiento "aparente" de los planetas en el horizonte visible de los sentidos normales y naturales. Entre tantas confusiones dadas por este motivo podríamos traer a colación la referencia (por ejemplo en el Tzolk'ín) del punto saliente del sol que tradicionalmente es tomado en un sentido diverso al de la actualidad equinoccial, siendo sus reales referentes los puntos de latitud que no solo determinaba la proporción económica, la medida y la cualificación del espacio, sino también la señalización esquemática en la arquitectura y el establecimiento del centro del mundo.
Aspectos simbólicos
Estamos convencidos que el Tsolk'in es mucho más que un soporte calendarico, para nosotros expresa un como equivalente simbólico del universo, un compendium aritmosófico y primordial cuya cualidad trasciende ciertas economías particulares que se hacen necesarias en muchos de los símbolos tradicionales. En este caso, es muy notable la perfecta aptitud a la concordancia iniciática rigurosamente universal Notemos, en uno de sus aspectos, que en la misma circunferencia, como representación geométrica universal el centro de la circunferencia o el medio equidistante es el lugar donde convergen los opuestos y donde se resume, en cierta manera, el equilibrio a que llegan todos los elementos contrarios o de oposición. Esto mismo se halla señalado en el Tzolk'ín en aquello que concierne a los "pasos del sol" por la "medianía del mundo", es decir la latitud del lugar (cuando su ruta coincide con el paralelo) o su ubicación "aparente" se halla en el zenit. Momento ritual donde se ejerce la "acción del símbolo", cuya influencia contempla, en una síntesis integradora, las determinaciones cualitativas del cielo y de la tierra. Es precisamente en el centro donde se neutralizan los extremos, aquí representados por la doble temporada invernal y estival que prefiguran y simbolizan las dos orientaciones, impulsos o movimientos complementarios de ida y vuelta, es decir el centrífugo y el centrípeto (insistimos en que hay todo un simbolismo universal relacionado con esto: las mareas altas y bajas, el movimiento de sístole y de diástole del corazón, la respiración, etc.). Por otro lado es el punto de expansión y de contracción, además de ser, en un sentido totalizador, el origen y, al mismo tiempo, el punto de partida y el de llegada
De tal modo, por la signatura que le rodea, es probable que el carácter simbólico del Tzolkín integre, como hemos dicho, aspectos mucho más profundos de los que puedan inferirse. Su guarismo o grafía no solo nos revela su origen primordial como símbolo universal extendido por todas las latitudes, sino que también expresa la misma doctrina de unidad celeste desplegada en todos los movimientos cíclicos. Así, es muy probable que la proyección e integración de 260, sea dentro del simbolismo tradicional indiano, la clave sagrada, al mismo tiempo numeral y nominal que registre y conmemore, como ciclo entre los ciclos a la suprema unidad. Del mismo modo, no sólo representaría, sino también registraría el mismo inicio de la manifestación, el instante de la primera pronunciación de la Palabra Primordial, ya que los 13 números combinados con los 20 nombres de día se erigen en una suerte de "pivote" o punto, en medio de círculos mayores que se hallan incluidos en otros círculos de duraciones.
Este es el modo en que el Tsolk'in, entre otras cosas, supone una geometría sagrada que refleja las figuras primordiales con las cuales se ha constituido al mismo universo. Por supuesto que esto tiene que ver con la fundación misma de nuestro mundo y luego con todo aquello que lo sugiere; como es el caso particular de aquellos ejemplos arquetípicos en los que intervienen la geometría plana, los cinco sólidos regulares y la construcción de los poliedros, tan necesarios para toda cosmología tradicional. (Se sabe que la base de dicha cosmología tradicional se remite a las coordenadas esféricas, en realidad de origen primordial, es decir mucho mas allá de las referencias dadas por Platon en el Timeo; y de donde se deduce el conocimiento "cósmico" implícito en las relaciones tridimensionales que tenían no solo los antiguos egipcios y los indios prehispánicos con sus pirámides, plataformas de piedra circulares y objetos de los mas variados, sino también se lo puede constatar en los prehistóricos de las más diversas latitudes, tal como lo demuestran las compleja construcciones de los círculos de piedra).
Es probable que estas definiciones nos aproximen a cierto develamiento de las funciones fundamentales del Tsolk'in consistentes, entre varios órdenes simultáneos, a un registro real y cuidadoso (ambivalente, por ejemplo, a la aplicación simbólica e iniciática) de las posiciones del sol y del cortejo de estrellas, constelaciones y planetas. Por otro lado, es necesario tener muy en cuenta, además de advertir, sobre la inagotable multiplicidad de sentidos de las voces tradicionales que traslapan unas en otras. Por ejemplo, en la descomposición de la voz maya Tsolk'in (las diversas lenguas mayas como el chortí, ixil, zapoteca o cakchiquel, tanto como la lengua nahuatl, aún con distintos matices, coinciden en el sentido esencial de este término como "contador del día" "rueda" o "cuenta de los días" designando e indicando también, en sus respectivas raíces, ya sea al poder, a la vida o al sol) que nos ocupa, vemos que la voz K'in puede referirse del mismo modo, en un primer grado, tanto al día, al sol y al tiempo; como también para designar al Sacerdote y al Rey. Además, es posible describir un conjunto de atributos análogos de ordenes secundarios que pueden considerarse como terminos derivados y predicados correlativos. En la "ciencia tradicional de los números" el K'in representa tanto a la unidad como a la veintena y a sus múltiplos concebidos como días, ciclos, años o soles. Cabe señalar el hecho notable que en distintas sociedades mayas y mexicanas fuera utilizado una misma grafía (parecida a un cero para representar ya sea al día, al año o al sol) tanto para el K'in como para el Tun Lo mismo para la voz Tsol, donde la mayoría de los sentidos coinciden en expresar orden, fila, hilera, serie sucesión, etc. Sin dejar de señalar otras acepciones directas que nos aportan al mismo tiempo el sentido de "calabaza" o cáscara" por un lado, y, por el otro lado, la acción de "desollar" (como se hace, por ejemplo, con el "ollejo" o "cascara" de una fruta). Entre otras cosas, esto nos recuerda - por asociación y homofonía- a Xipe-tótex ("Nuestro Señor Desollado") que no hay que olvidar que es también el dios de la primavera, donde el ciclo renueva la piel muerta de la tierra para cambiarla por una nueva hacia otro "esplendor" de la verdura, lo cual va mucho mas allá de la crueldad y del horror que se adjudica, por lo general, a los respectivos rituales sacrificiales conmemorados, en este caso, en la segunda veintena del año.nahuatl.
Conclusión
De todos modos, aunque lo hemos adoptado, debemos reconocer que (si bien es apto, por su vigencia, para las aproximaciones indicativas que hemos dado) el término Tsolk'in (o Tzolkin) no expresa todo lo que desearíamos de aquello que verdaderamente se trata, ya que esta denominación registra una procedencia maya convenida mas o menos recientemente, confirmando en cierta medida lo que decíamos inicialmente. En cambio, las nomenclaturas de ciertas referencias cosmológicas, teogónicas y rituales asociadas a su actual aplicación en ciertos sectores de América central se revisten aún de evidente originalidad, por lo cual se supone que no deberían escapar a los conocedores del simbolismo tradicional. En especial se debería prestar atención a aquellas relacionadas con ciertos ritos subsistentes (nos referimos particularmente a los de índole mas elevada o de carácter iniciático que acompañan connaturalmente, es decir, análogos e inherentes al esquema universal de manifestación) que reflejan al mismo tiempo el gesto primordial y un acto fundacional, aún en la reiteración de las alternancias cuyas manifestaciones eran - y parecen serlo aún - estrictamente revisadas y aún modificadas, ya que cada día, cada año y cada zona son siempre cambiantes. De tal modo, que por la ciencia tradicional correspondiente, el sacerdote indiano se hallaba no sólo en posesión de una "métrica" divina que regulaba el acto sagrado de "medir" el tiempo y el espacio, basándose en la disposición y aplicación de aquellas formas geométricas arquetípicas; si no también, en condiciones de ajustar el cambiante orden humano en aquellas orientaciones y ubicaciones parcelarias, templarias y rituales; a los efectos de corregir y volver a establecer el orden cíclico en consonancia con el ritmo universal. Así, en dicha ciencia tradicional se resumían sintéticamente los principios que permitían relacionar al teatro celeste con el fluir temporal y, al mismo tiempo, con el cuadro espacial y con el teatro de la naturaleza en nuestro mundo. Con relación a todo ello, no hace falta esforzarse mucho en inferir las posibilidades de la intelectualidad indiana en aquel sentido de una posesión de "conocimientos completos", que generalmente, caracterizan a toda sociedad tradicional. Es decir, estamos hablando de la disposición universal de los tres aspectos que se incluyen en todo saber universal: la ciencia superior y divina (que contempla los estadios no formales e informales superiores del ser), la ciencia media o el saber numérico/nominal (aritmología y ciencia de los nombres, utilizados tanto cosmogónica, teogónica como antropogenéticamente.) Y la tercera como ciencia de la naturaleza (donde se incluyen entre otros, aquellos saberes tradicionales derivados, y que son relacionados simbólicamente, tanto con las ciencias agrarias, con la botánica, con la mineralogía y con la zoología).
Indudablemente que los números, las grafías y los nombres indianos componen el carácter de aquello que se define como lengua sagrada o "hierática" que es el reflejo de la lengua original, y que, según René Guénon, tradicionalmente siempre se la relaciona con la constitución de un centro espiritual secundario, que dentro de los diversos períodos, expresan como una imagen del Centro supremo y primordial. Toda lengua sagrada contiene la energía de los objetos de que se habla, siendo el soporte de las formas tradicionales correspondientes. Así, cada nomenclatura, sin importar el período determinado al que se refiera, sería la sucesiva transferencia del nombre primordial. Evidentemente, que esto no sólo descarta plenamente todas las especulaciones, efectuadas hasta hoy en día, en torno al período y al lugar de "invención" del Tsolk'in, nos trae también, aspectos insospechados que trascienden ampliamente las referencias cosmológicas/agrarias resumidas en un mero "culto solar". De tal modo, que todas las representaciones fundamentales del Tsolk'in - ya sea como rueda, orden, fila, hilera, etc. por un lado, o como rayo, luz, lluvia, día, tiempo; sol, sacerdote o rey por el otro lado - no solamente velan y revelan la naturaleza y la causa de la manifestación, sino que ejecutan, además, el acto primordial del nombre (ya que la manifestación es producto de la Palabra Divina) en concordancia con aquello que los griegos sintetizaron en el verbo kosmei ("establece un orden") y que, por oposición, surge del abismo ininteligible donde reinaba una obscuridad sin límites.
Aproximaciones al Tsolkin Y EL FIN DE LOS TIEMPOS