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El Orientalismo Occidental - Antonio Pulido Pastor

“Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y ambos no se encontrarán jamás”

Esta frase del escritor hindú Rudyard Kipling con la que arranca la obra “Oriente y Occidente” del sabio francés René Guénon (1929), acabo de encontrarla en otra mucho más reciente titulada “Los orígenes orientales de la civilización de occidente”, del inglés John M. Hobson, obra que me ha sorprendido gratamente de manera audaz y notoria, por lo que hago referencia a ella, al encontrar finalmente algunas precisiones que consolidan las posturas de “La Revolución Islámica en Occidente”, de la que vengo ocupándome últimamente en algunos de mis escritos. Poco más tienen de común las obras de Guénon y de Hobson, en tanto que el primero es un estudioso y tratadista de las filosofias orientales, conocedor como pocos de la Tradición Primordial y las Ciencias Sagradas.

Por su parte el segundo trata en el libro que mencionamos de los aspectos más materiales de la Historia, haciendo una profunda revisión de las convicciones generadas en Occidente acerca de la superioridad de sus hombres y sociedades sobre la amplia variedad humana, social y cultural de la inmensa Tierra del Sol Naciente. Hobson revisa el llamado “eurocentrismo”, que propugna el éxito del hombre europeo como derivación de un destino especial originado por una superior condición innata y cultural y se enfrenta a él, para rebajarlo hasta la categoría de mito o fantasía artificial creada con unos fines muy concretos, con que afrontar por una parte el gran complejo de inferioridad que Occidente ha tenido siempre ante las grandes civilizaciones de Oriente (la china, la hindú y la islámica) y por otra la de generar una conciencia que justifique el carácter agresor y de expolio con el que siempre se ha aproximado el europeo hacia el continente Indo-asiático.

“El orientalismo o eurocentrismo es una cosmovisión que afirma la superioridad intrínseca de Occidente respecto a Oriente. Concretamente el orientalismo construye una imagen permanentemente de un Occidente superior (el <>) que se define en negativo frente al <>, igualmente imaginario , el Oriente atrasado e inferior”…”Así nacio el mito del Occidente primordial, según el cual los europeos, gracias a la superioridad de su genio, a su racionalidad y a sus cualidades socialdemocráticas, habían abierto la senda de su desarrollo sin recibir la menor ayuda de Oriente” (HOBSON).

Les une sin embargo un profundo respeto y tal vez admiración (conocida para el caso de Guénon) por aquellas culturas de las que se ocupan en sus respectivas creaciones.

No podemos dejar pasar la ocasión para recomendar la obra de Guénon, ésta en particular, que a los no habituales iluminará acerca de los valores tradicionales de Oriente, disipando terrores artificialmente creados con el único interés de generar tensión y distanciamiento, y otras en general, como herramienta que son para el acercamiento entre las culturas de ambos mundos, muy al contrario de lo que otros andan ocupados en hacer (FANJUL, VIDAL, AZNAR).

“Los dirigentes, …, saben bien que, para actuar eficazmente, les es menester ante todo crear y alimentar corrientes de ideas o pseudoideas, y no se privan de ello”…”los orientales no hacen proselitismo..los chinos son el pueblo más profundamente pacífico que existe, decimos pacífico y no <>” (GUENON). Sin embargo, la frase de Rudyard Kipling situada en cabecera, no encierra precisión, puesto que si bien ambas entidades culturales son distintas, podría decirse que, incluso enfrentadas o antagonistas, no deja de ser cierto que una y otra, o El Orientalismo Occidental mejor dicho una y otras, dado que es más atribuible a la entidad Occidental el carácter unificado al aglutinarse en torno a la herencia grecorromana frente a la multiplicidad cultural oriental en la que coexisten cuando menos hindúes, musulmanes, chinos y la cornisa birmano-malaya, han estado en contacto durante más siglos de lo que muchos imaginan. Por tanto, la cita debería hacer referencia al entendimiento más que al encuentro.

Tal imposibilidad de entendimiento vendría dada por el afán de superioridad por parte de Occidente, frente a la falta de interés de los orientales por lo vano, lo superfluo, lo cambiante y por ello imperecedero. “Los europeos tiene tan alta opinión de su ciencia, que creen que su prestigio es irresistible, y se imaginan que los demás pueblos deben caer presa de su admiración ante sus descubrimientos más insignificantes”….

“Los occidentales que proclaman tan insolentemente en toda ocasión la creencia en su propia superioridad y en la de su ciencia, van verdaderamente desencaminados cuando tratan a la sabiduría oriental de <>, con el pretexto de que no se sujeta a las limitaciones que le son habituales y porque no pueden soportar lo que les rebasa; es este uno de los defectos habituales de la mediocridad
“…”Los orientales no otorgan al tiempo más que un valor relativo, saben bien de qué se trata y no cometerían esos errores a los que los occidentales pueden ser arrastrados por la prisa enfermiza que introducen en todas sus empresas y que compromete irremediablemente su estabilidad”…”

“…Lo que los occidentales llaman progreso, no es para los orientales más que cambio e inestabilidad; y la necesidad de cambio, tan característica de la época moderna, es a sus ojos una marca de inferioridad manifiesta: aquel que ha llegado a un estado de equilibrio ya no siente esa necesidad, del mismo modo que aquel que sabe, ya no busca.” (GUENON).

Este nivel de conciencia superior procede de un profundo desconocimiento, característico de la educación secular en Occidente y transmitido a lo largo de la Historia con el convencimiento de que el origen de la civilización a que hemos dado lugar, tiene sus orígenes en la sabia y poderosa raíz helénica que Alejandro, conquistador de las tierras del Oriente Medio llevase hasta el Indo. Sin embargo, a pesar de que levemente se nos indica que la cuna del conocimiento tradicional y las primeras civilizaciones son ultramediterráneas (asirios, caldeos, sumerios, fenicios, persas), rápidamente se impone la versión conquistadora y civilizadora del mundo heleno, al que posteriormente se le da continuidad con los hijos de Roma. Es este uno de los condicionantes por los que a Europa y su creación hispana del siglo XV se le atraganta por ejemplo, el saber andalusí, negándole su condición autóctona y original así como el reconocimiento más alto que le es debido en virtud de su labor en favor del progreso de todo el occidente conocido.

Sin embargo, de forma contumaz y vertiginosa se le sustituye nuevamente por el protagonismo “romano”, encarnado esta vez en la Génova, Pisa o Venecia del “cuatrocento” italiano como generador de modernidad a través de sus creaciones y conquistas culturales del Renacimiento. Aprovecho aquí para advertir el papel falsificador que se imbuye a los conceptos a través del prefijo Re-, bien sea seguido de -nacimiento para el apéndice de suelo italoeuropeo o bien de –conquista, para el caso de la península hispanolusa. Hasta la más profunda ignorancia, se nos ha ocultado siempre el conocimiento de las cultura persa, india, egipcia o china, orígenes que son de las ciudades, la lengua escrita, la numeración decimal así como las ramas filosóficas actuales, sin mencionar siquiera el mínimo atisbo de toda la carga tecnológica y espiritual que posteriormente se vierte sobre Europa a partir del siglo VI.

Se nos induce a pensar que el origen de la cultura occidental procede de Grecia, surgida hace unos 2.500 años, desvinculándola de sus vecinos del Medio Oriente, a los que se les reconoce sin embargo, una ascendencia superior a los 4.000 años, e ignorando por competo la ascendencia del fenómeno chino. “a partir del Renacimiento, los occidentales tomaron El Orientalismo Occidental como costumbre de considerarse exclusivamente a sí mismos como los herederos y continuadores de la Antigüedad grecorromana, y de desconocer o ignorar todo lo demás; es lo que denominamos el <>” (GUENON). Por simple lógica y probabilidad, mayor superficie y población implican sin lugar a dudas mayor capacidad de pensamiento y creatividad que otra netamente menor y además, mucho más joven en su historia y desarrollo.
Del mismo modo es indiscutible su mayor potencialidad para una de las actividades más antiguas y generales que ha sabido manejar el hombre: el intercambio de bienes, hoy en dia llamado Comercio.

Hobson nos descubre la estafa que significa el Renacimiento italiano (el mito del pionero italiano), dado que en primer lugar no hay paralelismo entre las adquisiciones medievales europeas y el patrimonio de la Grecia clásica y en segundo, se debe al trasvase de ciencia y tecnología oriental, procedente en su mayor parte de la India y China, a través de los canales meso-orientales en los que sin duda el mundo árabe islámico es el principal hacedor y protagonista. Hobson restituye así el papel civilizador del Islam en Occidente, en el que indudablemente el mérito es, en su práctica totalidad, andalusí (Tudela, Zaragoza, Valencia, Murcia, Toledo, Santarem) y por ende, andaluz, (Córdoba, Sevilla, Granada Málaga y Almería). A partir de este argumento, el trabajo de Hobson, enlaza sin pretenderlo con la obra de Ignacio Olagüe “La Revolución Islámica en Occidente”, al que no conoce o al menos no considera en su extensa relación bibliográfica en la que sin embargo aparecen otros franceses o españoles como Braudel, Fernández-Armesto, Martin Bernal y Vernet. Como ya he tratado en anteriores ocasiones, la idea básica de Olagüe consiste en considerar la arabización y consecuente islamización del Occidente euopeo es debida ante todo a las estrechas relaciones humanas existentes entre el sur peninsular y la costa norte africana. Es lo que viene a llamar la transmisión de una idea-fuerza, frente a la idea de la conquista por un contingente militar procedente de Arabia o cuando menos del norte africano.

“La acción de romanizar, islamizar, occidentalizar u orientalizar un pueblo –que nos perdone el lector por el empleo de vocablos tan feos-, ha sido el fruto de amplios y potentes movimientos de ideas. Creer que naciones prósperas, que gozaban en su tiempo de una cultura importante, abandonaban de pronto sus creencias y modificaban su manera de vivir por verse invadidos por un puñado de nómadas recién llegados del desierto, pertenece a una concepción infantil de la vida social.

Cierto, evolucionan los hombres, pero lo hacen lentamente, cuando con gran anticipación a los hechos han sido alcanzados por conceptos superiores…Sabe todo el mundo cuán recalcitrante es la gens intelectual. Para deslumbrarla, se requieren prestigios…La observación de la expansión del Islam en los días actuales y en los tiempos modernos hace comprensible esta misma acción en los antiguos. No existe razón alguna –por lo menos la desconocemos- para que en la propagación de una idéntica idea no fuese similar el mecanismo ahora como antaño, en el siglo XVI como en el VII. Se han dado cuenta últimamente los historiadores de que no solamente se había difundido el islam por contagio, como toda idea-fuerza, sino también por la acción de una clase social determinada. Es sabido.

No existen en esta religión sacerdotes ni monjes misioneros que se desplacen a países lejanos para predicar los misterios de su fe, ni una organización burocrática como la que mantiene el cristianismo en Roma. Se había transmitido la idea por el medio de comunicación por entoces más rápido, el comercio, que servía de lazo de unión entre naciones alejadas las unas de las otras” (OLAGÜE).

Y concluye “Un conocimiento más preciso de la historia de Oriente nos descubrirá cosas aún más sorprendentes”. Y es así como conectan las tesis de uno y otro, pues Hobson remonta El Orientalismo Occidental a la aparición de las corrientes culturales orientales al siglo VII, época en que se genera lo que el llama El comercio global.
“El nacimiento de la globalización oriental debe mucho al Oriente Medio y al norte de África islámico.

Los musulmanes (y los negros) del norte de África así como del Oriente Medio fueron los verdaderos pioneros del capitalismo global, pues contribuyeron a tejer una economía global de unas proporciones y una importancia considerables. Hay claros signos de que en el Islam existía una mayor libertad personal que en la Europa medieval…El poder del Islam se difundió rápidamente a partir del s. VII, hasta el punto de que el Mediterráneo se convirtió de hecho en un lago musulmán[1] y la Europa occidental pasó a ser un promontorio dentro de la economía global afroasiática…Ante todo, el mundo musulmán constituyó ni más ni menos que el Puente del Mundo, a través del cual muchas “carteras de recursos” y mercancías oientales pasaron a Occidente entre 650 y 1800”.

“El acontecimiento clave en este sentido fue la aparición de una serie de imperios mundiales interconectados que permitieron el desarrollo de un ambiente marcadamente pacífico dentro del cual pudo florecer el comercio terrestre y marítimo. La ascensión de la China de los T’ang (618-907) y el imperio musulmán de los Omeyas y Abbasies en Oriente Medio (661-1258) así como el de los fatimitas en el norte de África (909-1171) fueron factores decisivos para la aparición de una red comercial global suficientemente extensa”. El significado fundamental de la economía global radicó no en el tipo ni en el volumen del comercio que llevó a cabo, sino en que constituyó una cinta transportadora hecha a medida a través de la cual se difundieron por Occidente las “carteras de recursos” orientales más avanzadas.

Estos flujos globales condujeron en último término a una configuración radicalmente nueva de las sociedades de buena parte del mundo. Por otra parte, conviene recordar que la realización de viajes transmediterráneos se vio impulsada por la necesidad de hacer la peregrinación a los lugares santos de Medina y Meka, recorriendo claramente este Puente norteafricano y en el que los principales sabios del momento pudieron intercambiar sus conocimientos y saberes.

Es claro el ejemplo del rey del imperio del Mali, Kanku Musa, que en su peregrinación a Meka conoció al granadino al-Sahili al que se convirtió en protagonista de la arquitectura emblemática subsahariana. “Melli se extiende a lo largo de un brazo del Niger sobre una distancia de 300 millas..El país abunda en cereales, carne y algodón. En esa población hay gran número de artesanos, indígenas y extranjeros…los habitantes son ricos por el comercio, pues abastecen Ghinea y Tombuctú de muchos productos,…,son los más civilizados, inteligentes y considerados de todos los negros. Y fueron los primeros en adherirse a la fe de Mahoma” (LEON EL AFRICANO).

Hobson pone en relieve igualmente a los pueblos siberianos (mongoles) y a los subsaharianos (negros)[2], incluidos en este sistema comercial a través de lo que considera como las rutas norte (en dirección a China) y sur (hasta Senegal y Golfo de Guinea).

En definitiva termina Hobson por dilucidar el concepto de la Idea-Fuerza que en su dia acuñara Olagüe provocando el rechazo en aquellos que no supieron entender o asumir el término. Por esta via llegaron a Occidente las técnicas y mercaderías más prestigiosas del momento, pero asimismo los aspectos concernientes al Pensamiento respecto a la manera de entender el mundo y las relaciones entre los hombres. Hay otros aspectos en el libro de Hobson que les reservamos como sorpresa y que posiblemente abran los ojos del lector hacia temas oscuros o poco conocidos, pero que han decidido la configuración del moderno Occidente. Entre una de sus más duras revelaciones se podrá encontrar la causa y explicación a la esclavitud americana, el colonialismo Occidental y sus ramificaciones modernas, vestidas de mitificaciones o veladas tergiversaciones de la realidad con las que justificar la miseria que genera El Orientalismo Occidental a los pueblos víctimas de ello.

Si, como parece, tanto la Genética en tanto que Ciencia Pura hasta la Historia, vista desde otro ángulo, dan apoyo a la teoría de Olagüe sobre la islamización y arabización de la Península Ibérica, el turno queda ahora en manos de los adeptos a Tariq y Musa para mantener el inmovilismo respecto de las tradicionales tesis de conquista y reconquista. Posiblemente, y siguiendo a Barceló, sea más razonable concebir la Historia como algo dinámico, forjado fuera de castillos y fortalezas, más vinculado a los sistemas económicos del momento que, en el caso andalusí fueron el regadío y la producción tecnológica y cultural asociada a una estrecha vinculación con el Medio Oriente que en aquel tiempo llegó a ser “El Centro del Mundo”.

Antonio Pulido Pastor
Octubre de 2006/Ramadán de 1427

BIBLIOGRAFIA:

BARCELÓ, M.; KIRCHNER, H., NAVARRO, C.: El Agua que no duerme, Fundamentos de la arqueología hidráulica andalusí. Edita Sierra Nevada 95/El legado andalusí. Granada 1996 FANJUL, S.: Al-Andalus contra España: La forja del mito. Siglo XXI de España editores. Madrid 2001.

FANJUL, S.: La Quimera de Al-Andalus. Siglo XXI de España editores. Madrid 2004

GARAUDY, R.: El Islam en Occidente. Córdoba, capital del pensamiento unitario. Editorial Breogán. Madrid 1987

GUÉNON, R.: Oriente y Occidente. Col. Sophia Perennis. Jose J. de Olañeta. Palma de Mallorca 2003

HOBSON, J.M.: Los orígenes orientales de la civilización de occidente. Colección Libros de Historia. Editorial Crítica. Barcelona 2006

LEON EL AFRICANO, J.: Descripción General del África y de las cosas peregrinas que allí hay. Fundación El Legado Andalusí. Granada 2004

LLAGUNO ROJAS, A.: La conquista de Tombuctú. La gran aventura de Yuder Pachá y otros hispanos en el país de los negros. Editorial Almuzara. Córdoba 2006

MENOCAL, M.R.: La Joya del Mundo. Musulmanes, judíos y la cultura de la tolerancia en Al-Andalus. Colección Así Fue. Editorial Plaza y Janés. Barcelona 2003

OLAGÜE, I.: La Revolución Islámica de Occidente. Editorial Guadarrama. Madrid 1974

VERNET, J.: Lo que Europa debe al Islam de Al-Andalus. Ediciones El Acantilado. Barcelona 1.999

VERNET, J.: Los orígenes del Islam. Ediciones El Acantilado. Barcelona 2.001 VIDAL, C.: España frente al Islam. La Esfera de los Libros. Madrid 2004

[1] de ahí su nombre Mar Blanco Central

[2] Descártese cualquier atribución peyorativa, pero ha sido el término usado tradicionalmente para aludir a los hombres de piel oscura, bien sea en latin “nigra”, “maurus”, en árabe “sudan” o inglés “niger”

Fuente:
http://www.andalucia.cc/axarqiya/orientalismo_occidental.htm


Me gusta la chacra dar de comer a los patos rezar el rosario y levantarme temprano
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