La interpretación nativa de las alteraciones climáticas en curso, para el caso de los grupos del Caquetá-Putumayo, tiende a basarse sobre la responsabilidad humana. Los indígenas ciertamente han escuchado, en las noticias y a través de visitantes, sobre el cambio global del clima, pero principalmente se refieren a ellos mismos como causa de los cambios que afectan su subsistencia y bienestar. Puede ser verdad que «los blancos» han contaminado la tierra con sus fábricas y sus bombas, pero también es verdad que los indígenas, dicen ellos mismos, tienen una parte de la responsabilidad por no vivir y manejar la vida como es debido.
Según la Historia mítica —ellos narran—, anteriormente los seres humanos manejaban el tiempo y el territorio según las fases del ciclo anual. Al principio del año —durante la época de friaje— los ancianos hablaban del principio de la vida y del crecimiento y rechazaban todo el mal. Esto se hacía por medio de diálogos y bailes rituales.
En la siguiente fase, evaluaban la estación anterior antes de preparar la venidera, y así se continuaba hasta que el ciclo completo terminaba —siempre con actividades rituales que requerían productos hortícolas abundantes y diversos—. Cuando tumbaban el monte, llamaban a la Madre del Verano. Después de quemar llamaban al Abuelo de la Lluvia, y en su diálogo hablaban sobre los procesos de gestación para hacer que las semillas brotaran9. Este comportamiento, afirman, contribuía a que la sucesión de las estaciones fuera regular y que las cosechas fueran abundantes. «Hablando de esta manera, la naturaleza se mantenía saludable. Si las plantas están bien, entonces los niños y las mujeres están bien y saludables. Hoy en día esto ya no se practica, aunque el conocimiento existe», sentencian con preocupación. El desorden en la naturaleza es reflejo del desorden en la sociedad.
Es lo social, no lo natural, lo que está en el centro de la interpretación indígena amazónica de la situación actual ¬—incluido el clima—. La sociedad humana está afectada no solo por la inestabilidad de las condiciones naturales, sino también por todos los otros cambios y transformaciones generados en su modo de vida, por el contacto con la economía de mercado, la educación escolarizada, los medio masivos de comunicación y el contacto con toda la clase de agentes externos.
Estas nuevas condiciones han erosionado precisamente el manejo de la vida a través del diálogo y las prácticas rituales. De nuevo, la culpa, en su visión, no se pone en la gente blanca que los ha conquistado y asimilado cada vez más en una sociedad global, sino en la falta de capacidad de los indígenas para manejar y resistir a estos cambios con maneras innovadoras. Así, el cambio climático y el cambio social están interrelacionados y se ubican en una perspectiva ética que incorpora tanto las maneras tradicionales de hablar y relacionarse con las entidades naturales, y las nuevas maneras de lidiar con la sociedad envolvente.
9 Esta forma de diálogo, que interpela los elementos naturales (el verano, las lluvias, el fuego, el (...)