Desgraciadamente, querido jota, a diferencia de esa superabundancia creativa con la que nos regalas, se me complica la sequía con un traslado de domicilio que implica toda una mudanza, muebles y enseres incluídos. De manera que es muy posible que tenga que estar ausente durante ocho o diez días de este querido foro. Te he de dejar solo, pero no abandonado, pues aunque sea a través del móvil procuraré seguir leyendo este riquísimo caudal literario que está siendo el alimento, tan nutritivo, de Rayuela. A ver si alguno de nuestros lectores en la sombra se anima y se pone a tu lado a plena luz.
Te dejo un poema satírico-erótico en el que trato de jugar con la polisemia medio picaresca de ciertos vocablos. Lo encontré en otro pendrive abandonado y aquí lo dejo.
NOCTURNO
Con mi esperanza y mi Estrella
amanezco cada día;
brilla una ciega osadía
en mi aventura tras de ella.
Ella, sueño o nube negra
de una noche de alcoholes
-como luz de los faroles-
me apareció pelinegra.
Pelinegra de ojos claros
¡qué peligro, que ocasión,
que escultura, qué primor!
Salgo pitando tras ella.
Y desde entonces mi vida
insoportable se ha vuelto.
Mi Estrella me lleva al huerto;
la esperanza ya he perdido.
A Estrella, como nocturna,
la comparto con mil hombres.
maqueró ahora es mi nombre
y ándome triste y soturno.
Pero un amigo me dijo
después de catar mi Estrella:
“Bragada es la tal doncella,
aunque sin bragas me vino.
Montemos, amigo mío
un suculento negocio,
¿quieres que seamos socios
y la llevemos al río?
Acuérdate del poeta,
el que la creyó mozuela
y a poco si se la cuela
en cuanto abrió su bragueta.
Una estrella reflejada
en las aguas caudalosas
son dos estrellas sabrosas
que doblarán tu soldada.”
No pensé más; así lo hice
patentando mi negocio:
el profano sacerdocio
de duplicar meretrices.