A mi amiga Claudine CC
Navegamos mares distintos, Claudine.
Mares ajenos
y también cercanos.
Navegamos en umbrales
de incertidumbre
y allí, somos múltiples.
Navegamos mares de nostalgias
con límites
y barreras de coral.
En cada ventarrón
en cada tempestad
y hasta en la calma,
descubrimos con sorpresa,
aguas difusas y profundas.
Sobre la efímera ola
somos compañeros:
en su intensidad primera
y en su resignación última.
En esta travesía
de espuma inadvertida
navegamos sin brújula
por rutas distintas.
La bruma acompaña
esta complicidad nuestra
de honestos timoneles
enfrentando dificultades.
Tú, Claudine, navegas
sobre aguas tranquilas y cristalinas.
Yo, sobre aguas turbias y turbulentas.
Tú, viajas con vientos amables
y velas enardecidas.
Yo, en cambio,
viajo entre sombras y cuchillos.
Tú, navegas con destreza en aguas profundas.
Yo, me quedo atascado en bancos de arena.
Tú, lo tienes todo al alcance de la mano
y navegas sin lastre.
Yo, navego con el peso de los días
y con la bárbara carga de mis recuerdos.
Tú, navegas segura
asistida por instrumentos.
Yo, observo impaciente la luna, las estrellas,
los cambios de temperamento.
Yo, navego sin rumbo
en estos espejismos
por puro instinto.
Tú, permaneces despierta
en un instante eterno,
iluminas el riesgo
y me regresas al sosiego.
Tú, creces con mi presencia
sin promover encuentros.
Yo, acepto esa condición
como acepto otras tantas
imposiciones en mi vida.
Yo, navego bajo reglas.
Tú, en cambio, navegas
en la serena quietud,
bajo el rigor de otras normas.
Ausentes los recuerdos.