Bueno, compis: el hilo está que se sale. Compromiso, seriedad, agilidad, calidad... No. Estas no son las palabras semanales. Estos son los calificativos que, como mínimo, se merecen las componentes y componentos de esta tan acogedora, singular y cordialísima mesa-camilla en la que semana tras semanas "arrimamos todos el hombro" para disfrute nuestro y de todo el foro en general.
Y aquí (por fin) están las palabras para la semana:
1. f. Sentido corporal con que se perciben los objetos mediante la acción de la luz.
2. f. visión (‖ acción y efecto de ver).
3. f. Apariencia o disposición de las cosas en orden al sentido del ver. Hay muy buena vista desde aquí
4. f. Campo de considerable extensión que se descubre desde un punto, y en especial cuando presenta variedad y agrado. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.
5. f. Ojo humano y de los animales.
6. f. Conjunto de ambos ojos.
7. f. Encuentro o concurrencia en que alguien se ve con otra persona. Hasta la vista
8. f. Visión o aparición.
9. f. Cuadro, estampa que representa un lugar o monumento, etc., tomado del natural. Una vista de Venecia
10. f. Conocimiento claro de las cosas.
11. f. Apariencia o relación de unas cosas respecto de otras. A vista de la nieve, el cisne es negro
12. f. Intento o propósito.
13. f. Parte de una cosa que no se oculta a la vista; p. ej., la parte de la teja, pizarra u hoja de plomo que queda fuera de los solapos; los puños, cuello y pechera de una camisola; las vueltas que guarnecen por delante una americana, un abrigo, etc.
14. f. Mirada superficial o ligera.
15. f. Sagacidad para descubrir algo que los demás no ven.
16. f. Der. Actuación en que se relaciona ante el tribunal, con citación de las partes, un juicio o incidente, para dictar el fallo, oyendo a los defensores o interesados que a ella concurran.
17. f. ant. visera (‖ parte del yelmo que cubría la cara).
18. f. pl. Concurrencia de dos o más personas que se ven para fin determinado.
19. f. pl. Regalos que recíprocamente se hacen los novios.
20. f. pl. Ventana, puerta u otra abertura en los edificios, por donde entra la luz para ver.
21. f. pl. Galerías, ventanas u otros huecos de pared, por donde desde un edificio se ve lo exterior.
22. m. Empleado de aduanas a cuyo cargo está el registro de los géneros.
Jose Jesus Morales
25-10-2013 16:36
Palabra propuesta
Tránsfuga
juan fozara
25-10-2013 15:10
Mi palabra es DEPRESIÓN.
Parte o porción de la superficie de una cosa, especialmente de un terreno, inferior o más hundida que las partes que la rodean.
Enfermedad o trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, perdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas.
Período de baja actividad económica general que se caracteriza por la caída de las inversiones o de los salarios y el aumento del desempleo.
" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Estela
25-10-2013 14:00
Aquí va la palabra
LOCOMOTORA
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Gregorio Tienda Delgado
25-10-2013 11:32
ABOTONAR.
1. tr. Cerrar, unir, ajustar una prenda de vestir, metiendo el botón o los botones por el ojal o los ojales. U. t. c. prnl.
2. intr. Dicho de una planta: Echar botones.
3. intr. p. us. Dicho de un huevo: Arrojar grumos de clara cuando se cuece en agua.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
caizán
25-10-2013 11:31
ESTIBA
1) Cilindro con que se limpian los cañones.
2) Carga de cada bodega u otro espacio de un buque.
lluvia
25-10-2013 10:55
Solo para darte el gusto Rodrigo, siendo por aquí las cuatro de la madrugada, entre dormida y mareada de tanto corregir relatos, me tomé un ratito para escribir este divague, que no es gran cosa pero que espero que sirva aunque sea para hacer bulto en el hilo y no envidies tanto a Gregorio. jajaja.
Rebelión
Si la doñita se cree que me va a poder seguir tratando como a una inmigranteanalfabeta está muy equivocada. Yo seré muy pajuerana*, pero de puro distraída nomas; que sepa esta mujer que aunque venga de la puna soy tan argentina como ella y que no necesito comerme todos esos libracos que tiene en la sala para hacer valer mis derechos. ¡Cinco pesos!¡cinco mugrosos pesos por tres horas de planchado! La gota gorda me chorreaba por la frente de tanto plancha que te plancha en ese cuartito de dos por dos que ni siquiera tiene ventana, mientras la muy guanaca usa ropa del Pier carden ese y no sabe lo que es un agüita de colonia barata, noooo, si ella huele a perfume francés de esos que cuestan lo mismo que la comida de mi familia pa'cuatro meses.
¡Cinco pesos me ha pagado! Sabe que se acercan las navidades y ni eso la conmueve. ¿Qué piensa que voy a poné en la mesa navideña?, ni que los críos comieran las hojitas de muérdago seco que me regaló diciendo que no puede faltar en la mesa festiva porque atrae la prosperidad, suerte y todas esas pavadas* que se dicen por boca'e ganso*. ¡Jua jua jua jua!¡y después dice que la ignorante soy yo! La única prosperidad que conozco me la dio el trabajo, pero con patronas como esta ni trabajando de sol a sol conocería el progreso. Otra cosa era la patroncita Elena, esa sí que era buena gente y se preocupaba por pagar lo justo a sus empleadas, lástima que se enfermó de los pulmones y tuvo que mudarse pa'la Sierra de la Ventana como le recomendó el doctor. ¡La pucha que lloré esa despedida! Me pegó fuerte la tristeza y ningún placebo me la podía calmar. La doñita Elena era como mi segunda mamá, quince años trabajé para ella. No me quiero ni acordar porque me pongo a moquear otra vez y no está pa' lágrimas la cosa.
A esta la voy a denunciar por negrera y me va a tener que pagar por estos diez años de trabajo cobrando migajas, dejando mis sueños en el tintero y pasando necesidad, todo porque ella no paga lo que tiene que pagar. Juro por mi Virgencita del Cerro que esta vez no me voy a callar, no le va a alcanzar el rol rois para saldar todito lo que me debe. Hoy mismo cuelgo el delantal y que trabaje Magoya*, vamos a ver de donde saca otra infeliz que le cocine esta noche para todos sus invitados de la alta suciedad.
¡Cinco pesos me pagó! Cinco miserables pesos que no alcanzan ni para el pan dulce de Navidad. ¡Qué se olvide! ¡No le vuelvo a trabajar!
.
.
*Pajuerano/a: fuereño, hombre del interior argentino que ignora las costumbres de la ciudad de Buenos Aires.
*Guanaco/a: de uso despectivo en américa. Tonto, imbécil.
*Magoya: de uso popular en Argentina, Magoya, es un NN. No existen definiciones ciertas sobre el origen de esta expresión, más allá de que comparte cartel con Fulano, Mengano y Zutano, que son "personas indeterminadas o desconocidas"
* Hablar por boca de ganso: repetir lo que otros dicen sin que conste veracidad.
Rol rois: Rolls Royce Pier carden: Pierre Cardin
Rodrigodeacevedo
25-10-2013 10:36
Nueva convocatoria palabreril (Es decir, que ya es viernes otra vez.) Vamos a estimular nuestras imaginaciones con un palabrero primavero-austral y otoño-boreal; que haya pa tó.
INFIEL
(Del lat. infidēlis).
1. adj. Falto de fidelidad.
2. adj. Que no profesa la fe considerada como verdadera. U. t. c. s.
3. adj. Falto de puntualidad y exactitud. Intérprete, imagen, relación infiel.
MORF. sup. irreg. p. us. infidelísimo.
Feliz finde, compañeros.
lluvia
24-10-2013 22:53
"El inmigrante"
Eran épocas de vacas flacas en Argentina, la desocupación aumentaba día a día, los salarios eran deprimentes y, como siempre, la crisis económica del país golpeaba con saña a los más humildes, pero aquella vez también nosotros sentimos el cimbronazo de la economía en nuestros propios bolsillos y nos vimos obligados a reducir gastos. Fue así que aquel viaje programado a las playas brasileñas terminó quedando en el tintero y tuvimos que conformarnos con unas breves vacaciones en un pueblito cercano a Tandil, en “El inmigrante”: la estancia de una tía lejana de mi esposo que nos había invitado a visitarla mil veces pero que, por una u otra razón, nunca habíamos considerado. Aunque los chicos protestaron y a mí no me gustaba mucho la idea, terminamos aceptando la invitación; necesitábamos unos días de descanso aunque fuera en un lugar sin el encanto del mar: al menos por una semana el aire de la sierra actuaría de placebo y nos ayudaría a despejarnos del caos capitalino. El viaje estaba decidido.
Llegamos el sábado, muy temprano; el sol aún remoloneaba bostezando sus primeros rayos en el horizonte, justo detrás de la alameda adornada de muérdagos que llamó mi atención por su degradé de verdes y plateados. Nos recibió una sinfonía singular: el trinar mañanero de los pájaros, el cacareo tardío de un gallo, el mugido somnoliento del ganado y el ruido lejano de un tractor solitario cruzando el campo. Apenas atravesamos la tranquera, dos baqueanos a caballo se acercaron para saludarnos e indicarnos el camino hasta el casco principal. La casa era amplia, sencilla pero muy bonita, el blanco de las paredes contrastaba con el verde de la naturaleza que la rodeaba y con las matas de malvones rojos que bordeaban el camino. Una mujer robusta de rasgos duros y ojos negros como la noche nos dio la bienvenida y nos invitó a pasar a la cocina donde la tía Griselda mateaba con María junto al fogón. Apenas entramos nos embriagó el olor a pan recién horneado y ambas nos llenaron de besos y achuchones. María era la hija de corazón de Griselda: la chica había llegado a la finca pidiendo trabajo cuando solo tenía once años, su aspecto era deplorable. Sucia, analfabeta, al borde de la desnutrición y con rastros de haber sido brutalmente golpeada, esa niña, más que trabajar necesitaba contención y cariño, y tuvo la fortuna de llegar al lugar preciso en el momento indicado: Griselda acababa de enviudar y su único hijo hacía mucho tiempo que vivía en España; ambas se necesitaban. En solo tres años, gracias a los cuidados de su nueva madre, María se había convertido en una señorita extremadamente cariñosa, tan dulce como educada, y era la alegría del hogar.
Desde un primer momento me llamó gratamente la atención la paz que se respiraba en esa casa, una paz a la que no estaba acostumbrada.
Esos días en el campo nos cambiaron la visión de lo que son unas verdaderas vacaciones. Los chicos eran libres, se peleaban por ordeñar las vacas, por dar de comer a las gallinas o por cepillar el pelaje de los caballos antes de ensillarlos para la cabalgata de cada atardecer; ellos se hicieron muy amigos de María y, a los tres, les encantaba corretear y perderse entre los maizales desde donde solo se escuchaban sus risas. Yo andaba feliz como perro con dos colas fotografiando todo, contrario a lo que pensaba, aquel lugar estaba colmado de detalles dignos de las mejores fotografías. Mi esposo disfrutaba leyendo, recostado panza arriba en la hamaca paraguaya, y comiendo de todo: la tía Griselda no paraba de mimar a su sobrino con manjares autóctonos preparados por sus propias manos.
Imposible olvidar las nochecitas de truco y payada compartidas con los peones; entre naipes y guitarra las horas pasaban volando, mientras tanto, en el asador, un costillar de res o un cordero se doraba muy lento al calor de las brasas para deleitarnos en la cena. Quizás, lo más divertido de esa estadía fueron las sobremesas, momento de charlas interminables y de las increíbles historias de la tía Griselda; jamás conocí mujer con más encanto para contar cuentos y leyendas.
La calidez de esa gente hizo que el tiempo compartido nos resultara escaso y cuando llegó el momento del regreso nos costó la despedida, mucho más de lo que imaginábamos.
Aquellas “vacaciones de pobres” terminaron siendo parte importante de los recuerdos familiares más lindos que todos conservamos.