Ni siquiera un parsec lograron los marcianos alejarse de su planeta. Las naves preparadas con tanto cuidado por sus científicos no respondieron en el momento preciso. Cuando debían ensamblarse todas para conformar una ciudad-cósmica; los motores no alcanzaron la fuerza necesaria para continuar el traslado.
Cómo explicarle a toda la población el obligatorio regreso. Algún analfabeto cósmico no iba a entender por qué lo hacían; y por otra parte estaba el que no aceptaría que algún detalle explicativo se quedara en el tintero.
Desarticular la ciudad en pleno cosmos era tarea bien difícil. Varios de los mecánicos más preparados se ofrecieron para salir al exterior y con la estrecha hoja de una sierra electromagnética, cuyas dimensiones requerían del esfuerzo de más de uno, eliminar los cientos de empalmes soldados. Ninguno de ellos podría introducirse nuevamente en alguna de las naves. Pero el sacrifico de varios era válido comparado con la desaparición de toda la especie marciano-terrícola.
Para el ingreso al planeta se utilizaron los mismos túneles subterráneos de salida.
Una decisión acertada fue haber dejado funcionando los satélites de comunicación, porque ahora serían utilizados para que cada comunidad informara cuando ya estuviera nuevamente instalada. Y poco tiempo pasó para que comenzaran a intercambiarse los primeros mensajes. Uno llegado desde el sur impactó a todos: ¡presencia extra marciana en la zona!
Comenzaron a llover las preguntas: ¿cómo lo saben?, ¿qué encontraron?, ¿tiene peligro?
¿Qué otro inmigrante espacial pudo llegar al planeta en el relativamente escaso tiempo que estuvo abandonado por ellos?
Quizás lo encontrado no merecía tal alboroto, eran unas extrañas plantas desconocidas totalmente por los habitantes de Marte, pero era necesario investigar y las fotografías se transmitieron a todos los laboratorios botánicos.
En algunas bibliotecas especiales, conformadas por la experiencia de los «voluntarios» aceptados, se encontró una imagen parecida a la planta encontrada y se identificó como un típico muérdago terrestre. Alguno de ellos tuvo que traer su semilla inconscientemente, pero cómo pudo sobrevivir tanto tiempo.
Esa incógnita alarmó a varios cientos de marcianos que aún se creían puros, y también a algunos de los que ya contaban en su genealogía con influencia terrestre. Los médicos se vieron obligados a utilizar algún tipo de placebo para calmar los diferentes estados de ánimo que fueron apareciendo.
Cuando todo parecía estar volviendo a la calma; y ya se iniciaban los trabajos de reparación en las naves para un nuevo intento llega la noticia; esta vez desde el oeste: Tenemos en nuestra ciudad a casi un millar de habitantes de la Tierra, parece que salieron de allá mucho antes que los primeros «voluntarios». Con gestos, nos intentan explicar que fueron capturados por hombres que bajaron del cielo, y congelados en sendas cajas metálica. Donde fueron encontramos ahora, porque el hielo que las cubría se ha derretido.
La difícil comunicación lograda, permite ubicarlos, según los mapas que hemos revisado, más o menos en el área de la extensa pampa Argentina. Pero en la línea del tiempo no ha podido determinarse el punto exacto.
«...solo el amor convierte en milagro el barro...»
S.Rguez
Estela
23-10-2013 03:11
PODRIA HABER SIDO MI ABUELA
No aguantaba más aquella travesía; hacía días que viajaban y ella estaba muy descompuesta; anhelaba llegar a destino; había estado casi siempre encerrada en su camarote.
Recordaba en su nostalgia, cuando al zarpar vió alejarse gradualmente las costas de su humilde pueblo natal, aquel maravilloso pueblo costero, en el cual acostumbraba caminar descalza por la arena, riendo y girando feliz, cantando con las amigas de su adolescencia; las SIERRAS que se recortaban contra el cielo azul; aquella ciudad cercana que la atrapaba con sus exultantes vidrieras, donde se desbordaban las dotes de las muchachas casaderas.
Al mismo tiempo recordaba su trabajo en la "casa grande", donde almidonaba siete u ocho enaguas para las vestimentas femeninas; les realizaba elaborados peinados a las mujeres de la familia; donde muchas veces lavó cortinas, lustró porcelanas, pulió cubiertos y el TINTERO de la biblioteca del señor, y se le arrasaban los ojos en lágrimas.
No, no quería otra cosa sino que aquel viaje terminara de una vez y llegar finalmente a América, donde la esperarían sus primos ARGENTINOS, a los que solo conocía por fotos.
Al llegar al puerto, buscó con la mirada entre la gente; estaba asustada, ya que si no los encontraba estaría en un país desconocido, entre gente desconocida; respiró aliviada al verlos que se acercaban.
Se alejaron del puerto, y al llegar a la casa, se asombró al ver el lugar donde vivían; ese patio grande rodeado de piezas que llamaban el conventillo; fue inevitable para ella establecer de inmediato la comparación con el lugar donde había servido;una casona con inmensos jardines, donde se respiraba el perfume de las flores, y se escuchaba el canto de los pájaros. Esto era Buenos Aires, ¿Esto?
Se sentía afisxiada, ahogada, pero reflexionó que era ella misma quien lo había querido así; desaparecida toda su familia directa en la guerra, no había porvenir alguno en su aldea natal, sabía que como tantos otros, se había convertido en una INMIGRANTE.
Trató entonces de llenar de color ese espacio donde le había tocado vivir en Argentina; no faltaban nunca las flores, las plantas, las coronas de MUÉRDAGO adornando los distintos espacios del humilde conventillo; y aprendió el español, porque no quería ser una ANALFABETA.
Pasó el tiempo y Lucía trabajando en la fábrica conoció un obrero del cual se enamoró y que estaba tan abrumado como ella por vivir entre las paredes de un conventillo.
Poco a poco reunieron el dinero para comprar la tierra y construir su casita en el campo.
Y Lucía, aunque no recuperó su amada playa, si encontró la maravillosa sensación de escuchar en nuestras pampas el canto de los pájaros al amanecer, y descubrió la alegría de escuchar el balido de un corderito recién nacido, o de ver los campos de lino florecidos meciéndose al viento.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Rodrigodeacevedo
21-10-2013 19:22
LA FLORI
La Flori era inmigrante; y además analfabeta. O viceversa, que viene a ser lo mismo. O tal vez no. En aquellas tierras marginadas ser extranjero era, dado el papanatismo de las gentes, una distinción, un mérito. Pasaba igual con los pocos mozos que en las épocas más duras abandonaron el pueblo y se fueron a la capital: regresaron extranjeros. Los escasos que volvieron lo hicieron, según la impresión que causaron a aquellos rústicos aldeanos, refinados, con estilo, mozos capitalinos. El ser iletrado, en cambio, como era lo habitual, no suponía descrédito alguno.
Pues quedemos que la Flori era, en primer lugar, analfabeta; lo cual era subsanable e irrelevante. También extranjera,una inmigrante más del otro lado de las sierras fronterizas. Pero eso no tenía importancia. Y menos cuando se tenía una presencia espectacular, a pesar del desaliñado aspecto con el que llegó al pueblo. Y una voz soberbia, argentina, cautivadora. Esos fueron “sus papeles”, por el momento.
El comandante del puesto policial, encargado de reprimir la inmigración clandestina que llegaba incesante desde el país vecino en plena revolución, desde que la vió llegar a su oficina se ocupó personalmente de ella. Los trámites, las diligencias e informes pasaron de su propia mano, desde el tintero que presidía su mesa de trabajo junto al cartapacio forrado de papel secante verde (los máusers y los “naranjeros” estaban detrás, en el desvencijado armero) hasta el liviano expediente que por pura formalidad hubo de abrirse. La Flori era “su” botín de guerra.
El comandante era joven y arrogante y no encontraba justo que sus jefes lo hubiesen arrinconado en aquella nada, rutinaria y sin lucimiento. Los revolucionarios del país vecino caían en sus manos sin apenas resistencia; algunos disparos se cruzaban a veces, pocas; después alguna paliza en el cuartelillo, por pura formalidad y gusto, un interrogatorio entre mudos (ambos bandos conocían sus idiomas respectivos, pero ninguno quería reconocerlo), concentrarlos en las antiguas escuelas, hoy clausuradas, y una vez a la semana el convoy de regreso al país en llamas, a la tortura y muchas veces, la muerte. Pero la Flori, no. Esta hermosura de mujer era para él.
Pronto descubrió que, además de su hermosa voz, tenía otras muchas virtudes; guisaba, cosía y era ardiente en las noches frías de aquellas soledades. La Flori, con su inteligencia natural y primitiva, sabía de su relativa buena suerte. En reconocimiento colgó un muérdago sobre la cama donde ambos, el guardia y ella, holgaban con demasiada frecuencia: les traería buena suerte, argüía. Además, con las hierbas que conocía confeccionaba brebajes para las dolencias de las gentes y los animales. No eran más que simples placebos, pero la sugestión lo hacía todo. Al fin y al cabo, si se los administraba la mujer del cabo, aquella mujer tan diferente a ellos, guapa, lista y que cantaba tan bien, tenían que ser buenos.
Entre tanto, de la mano del señor cura, quien hacía la vista gorda al concubinato del guardia, aprendió los rudimentos del nuevo idioma, incluso una aceptable escritura. Hasta que llegó “él”; era inevitable. En una de las visitas de inspección llegó el capitán al mando de las guarniciones de la zona. Y conoció a La Flori. Examinó su expediente y encontró alguna irregularidad; tendría que comprobarlo en la capital. La Flori pasaba a ser asunto de su competencia. Los ojos del guardia llamearon y un estremecimiento de impotencia despertó en él sus deseos de desafío y represalia. A La Flori, no; a ésa no se la llevaban.
Aquella noche, en la taberna del pueblo, La Flori cantó con todo el sentimiento de su maravillosa voz. Canciones extrañas, extranjeras, pero también propias: canciones de frontera, conocidas de todos. El capitán estaba extasiado ante aquella mujer. El aguardiente hizo el resto. A la mañana siguiente el cabo y la mujer habían desaparecido del pueblo. Imposible seguirlos por aquellas abruptas serranías, que ellos conocían tan bien. El capitán rompió en mil pedazos el delgado expediente de La Flori y abrió, iracundo, otro por la deserción cobarde y nocturna del cabo. Los revolucionarios vecinos incorporaron un valioso colaborador y una docena de armas en buen uso.
caizán
20-10-2013 23:10
PRIMER MUNDO
Irte de tu país, de tus afectos, no es para todos. La vida del inmigrante no es fácil ni linda. Abrir los ojos por la mañana y ver que todo a tu alrededor es desconocido,sin nada que te refleje,ni que forme parte de tu pasado. Allí no tienes pasado, solo un presente que se renueva todos los días; hoy es distinto de ayer e ignoras como será mañana, todo es difícil. En el siglo XXI, si no tienes nociones de computación, internet, Word, redes, etc, eres analfabeto. Si además agregas a eso qué en Argentina jamás practicaste idiomas, que saber decir: buenos días o buenas noches en inglés y francés, es solo un placebo idiomático que no te servirá para nada. Que tendrás que depender de quien hable el idioma del lugar,que solo puedes señalar con el dedo qué quieres comer;la mayoría de tus necesidades serán verbales, tendrás que escribirlas, pero no tienes tinta ni tintero para hacerlo. Eres un parásito, como el muérdago.
Los que te dijeron: “Andá tranquilo viejo, con esa pinta ¡matás!” están a miles de kilómetros y en este momento, recordándolos, los matarías a ellos. Sos prisionero de tu ignorancia, de tu petulancia; esas son tus cadenas y no conoces ninguna sierra que las corte, que te haga libre y te permita salir del submundo de los indocumentados.
Estas reflexiones ya carecen de valor. Hubo una redada de okupas, todos extranjeros, sin residencia, como vos, y los llevan en un carro celular hacia algún lugar que desconocen, ninguno habla inglés; por lo tanto cuando se abran las puertas del furgón alguien les preguntará en un idioma ignoto que nadie sabrá contestar, por la simple razón de no entender qué le dicen. Explicale a esos tipos la pinta que tenés ¿Cómo mierda se dirá en inglés? ¿Y dónde están las minas que se mueren por los rubios argentinos? En el aeropuerto no había ninguna, en Victoria Station, tampoco. ¿Qué carajo vine a hacer aquí? Reventé una tarjeta, que no pienso pagar pero, si me repatrían voy en cana, por estafa. Tengo que conseguir que me dejen aquí ¿pero, cómo? Todos estos pensamientos fluyen a tu cabeza y no tenés respuesta válida.
El policía va llevando, a medida que bajan del camión, a tus compañeros; serás el último. No querés bajar, él sube, te toma del brazo y te sacude para que salgas, cómo no entendés qué te dice le espetás: “ largame, botón y la p… q t par ió”. Él tampoco entiende por eso forcejea, tirándote del brazo para sacarte del vehículo. Y ahí, sin más, te la jugás y le tirás una piña y otra, y otra y…
¡Te despertás! Transpirado,tapado con cartones, en el portal de una casa abandonada ¡Y te asustás! ¿Será un sueño premonitorio? Los días de calle te han dado compañeros; nunca más de tres, si es posible: dos. El Bobby detecta a los indocumentados, la vestimenta los delata.
Comienza un nuevo día, en algún momento podrán enviarle un mensaje a sus familias, contándole lo maravilloso que es el primer mundo y lo bien que lo pasan.
JSM
Tigana
19-10-2013 22:51
Cuando duermo mis miedos chirrían como una sierra oxidada. Una luz argentina me obliga a descubrir otros mundos en las tienieblas del tintero en el que vivo. Sé que el chocolate es mi placebo ante el dolor. Soy una inmigrante en mi propio cuerpo. Sé que la palabra perro no muerde y que mi vida es tan parásita como el muérdago que crece columpiándose en las vocales de la peor palabra que me tiraste a la cara: analfabeta. Día llegará en que ya no pueda soñarte.
Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
caizán
19-10-2013 14:46
El vista aduanero de Sierra Leona, cogió el tintero y escribió:"Inmigrante argentina,analfabeta; trae un placebo, al que llama: muérdago.
Rodrigodeacevedo
19-10-2013 14:19
Mi frase sintetica (que no simbolica.)
Los inmigrantes argentinos cruzaban la sierra. No eran gente analfabeta, ni mucho menos. Aunque algunos trajesen placebos y el muérdago de la buena suerte y todavía escribiesen recetas utilizando tinteros.
Rodrigodeacevedo
19-10-2013 14:06
Por "oficializar" la nómina de palabros seminales (Juan Fozara no hizo uso del raro privilegio de poder colgar él la lista completa) aquí están, vivitas y coleando, las SIETE que conforman la relación definitiva. Ahora los relatos. Leña al mono hasta que hable inglés.
ANALFABETA
ARGENTINO/A
INMIGRANTE
MUÉRDAGO
PLACEBO
SIERRA
TINTERO.
Mis saludos.
Jose Jesus Morales
19-10-2013 01:04
Sintetifrase
En la sierra un inmigrante argentino, analfabeta, tomó un placebo contra la mordida de la hormiga de muérdago, humedeció la pluma en el tintero y no pudo escribir su carta de despedida.
juan fozara
18-10-2013 23:23
Mi palabra es TINTERO.
Recipiente de boca ancha para guardar la tinta de escribir.
Cartucho de tinta de una impresora
"Dejar en el tintero" Olvidar u omitir voluntariamente una cosa al hablar, o especialmente, al escribir.
" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.