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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
18-10-2013 23:06

Queridos compañeros:
Ya tenemos SEIS de las siete palabras. Falta una. Supongo que habrá muchos candidatos a presentarla; pero no os peleéis por ser los primeros. No obstante como aliciente dejo a quien proponga esa última palabra la facultad, si es que la acepta, de inmediatamente colgar las SIETE, para que la peña, o sea el personal, pueda dar comienzo a sus relatos.

Las seis palabras propuestas hasta ahora son:

ANALFABETA
ARGENTINO/A
INMIGRANTE
MUÉRDAGO
PLACEBO
SIERRA.

¿Cual será la séptima? ¿Y quien la propondrá?

Estela
Estela
18-10-2013 22:36

Si entra en el saco palabreril,

INMIGRANTE


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Observador
Observador
18-10-2013 21:09

SIERRA

1. f. Herramienta para cortar madera u otros objetos duros, que generalmente consiste en una hoja de acero dentada sujeta a una empuñadura.

2. f. Lugar donde se sierra.

3. f. Herramienta que consiste en una hoja de acero fuerte, larga y estrecha, con borde liso, sujeta a un bastidor, y que sirve para dividir piedras duras con el auxilio de arena y agua.

4. f. Parte de una cordillera.

5. f. Cordillera de montes o peñascos cortados.

6. f. pez sierra.

7. f. Ven. Pez marino comestible de la familia de los Escómbridos, de un metro de longitud, sin escamas, que tiene a ambos lados del cuerpo dos líneas de color amarillento pardo y manchas ovaladas del mismo color.

Tigana
Tigana
18-10-2013 19:02

PALABRA:

PLACEBO

Sustancia que carece de acción curativa pero que produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es una medicina realmente eficaz: es un hipocondríaco y el médico le receta placebos en muchas ocasiones.


Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
Jose Jesus Morales
Jose Jesus Morales
18-10-2013 17:18

Destino

La huella de un colchón de nubes en un cielo ensangrentado, el abanico de agua en una fuente, son detalles que vienen a suplantar el presente, arrastran el vago recuerdo de un pasado que pensé estaba muerto y enterrado, esta escena que presencio al pasar se conjuga con extraordinaria simetría con aquellos tremendos acontecimientos que viví y me empujaron a tomar decisiones contrarias a mi conducta, una vez más revivo aquel momento, los hechos vuelven a justificarme, no albergo dudas, me mantengo firme y por sobre todas las cosas estoy libre de culpas.

Hablo con propiedad, con certeza, sobre la incidencia del albur sobre mi vida, soy la expresión de un cambio radical de forma de vivir, un fiel exponente del juego del destino, un creyente de que un acontecimiento fortuito, casual, imprevisto, impensable; cambia tu vida, tu porvenir y te transforma en lo quizás nunca quisiste ser, pero ahora transformado por esos eventos impredecibles en otro, no puedes regresar a ser quien fuiste anteriormente y eres empujado por fuerzas desconocidas a vivir intensamente lo que nuevos sucesos te deparan.

No puedo darme el lujo de vivir hoy con las esperanzas que algún día tuve, con mis sueños anteriores, únicamente me toca esperar atentamente cuando cambie la dirección del viento y la ventura me muestre una nueva dirección, otra puerta que atravesar con su infinidad de sorpresas e imprevistos.

Soy un andoba, un tal por cual sin nombre y apellido, uno de tantos que arrastra los pies por estas calles y se mimetiza en esta ciudad, no solamente busco olvidar, principalmente busco que me olviden.

No recuerdo haber cometido falta alguna, o haber incurrido en un error de cálculo que me hiciera merecedor de este sino que ahora me empuja cada vez más hacia callejones oscuros en donde me arrincono, o mejor dicho me apertrecho, no estoy dispuesto a entregarme por difíciles y adversos que sean los eventos que me esperan. Seguiré en pie para cumplir con la vida a la que estoy predestinado, me reconozco como un instrumento del acaso y estoy dispuesto a seguir hasta el final.

Tuve una vida de promesas y la perdí, un futuro abierto en mis manos y se deshizo esa tarde, había llegado a la misma hora de siempre, me senté cerca de la fuente, del arco de de agua que se formaba y esperé pacientemente a que ella apareciera, me gustaba verla caminar y apenas la veía la tarde se iluminaba, me levanté al verla y de pronto un auto se viene encima a toda velocidad, deja dos cuerpos en el suelo y se da a la fuga, veo su rostro claramente mientras huye, desde el auto la mirada de una amenaza muda.

Dejé de ser quien era y busqué por meses ese rostro, un día finalmente lo encontré, le recordé esa tarde y los muertos, bajo amenaza confesó que era una pieza en una organización y que su misión era liquidar al hombre, la mujer apenas un imprevisto.

De ese sujeto obtuve una lista y ya no puedo parar en esta labor de exterminio que me he impuesto, la casualidad me tendrá reservadas otras sorpresas.

Jose Jesus Morales
Jose Jesus Morales
18-10-2013 15:19

Palabra propuesta

Analfabeta

caizán
caizán
18-10-2013 12:51

MUÉRDAGO
Planta parásita, vive sobre los troncos y las ramas.
Se emplea como adorno en navidad y es símbolo de buena suerte

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
18-10-2013 11:17

Muy buenas, queridos rayuelistas. Desde el punto 40º 20'58''N/0º21'40''E, o sea Peñíscola para los amigos, se os desea una muy feliz semana y se convoca otra colecta de palabras para ir alimentando el hilo, que va muy bien por ahora.

Mi palabra es:

ARGENTINO,A

adj. argénteo.
Que suena como la plata cuando se golpea:
timbre argentino;
risa argentina.

adj. y s. De la República Argentina o relativo a este país sudamericano.

Muchas gracias por vuestra gentil colaboración.

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
16-10-2013 20:58

LA SECRETARIA.

Aquella mañana llegó al trabajo vestida con un “pichi” bajo el cual una escotada blusa dejaba a la imaginación del espectador el cómo y el hasta dónde se prolongarían las curvas sensuales que delimitaban tan perfectamente aquellos atributos femeninos que nos dejaban absortos, como muertos, a los pobres operarios del taller cuando, con andar felino, erguida y clara como una talla en marfil, “nuestra” secretaria se dirigía a la modesta oficina del fondo. Hablando con propiedad, su presencia suplantaba la sensación de desorden en aquel desatinado abanico de tubos, perfiles metálicos, chapas y máquinas renqueantes, devolviéndole una vaga estética, una cierta luminosidad que nunca antes tuvo.

Era aquella manera de presentarse una inocente provocación, todos lo sabíamos, a la vez que una alegría para los del turno de mañana, que eramos los únicos que podíamos disfrutar de aquella feliz presencia. Los cristales de la oficina hacía tiempo que se habían vuelto opacos con la mugre; sólo algunos círculos, limpiados precariamente, dejaban ver el interior, en el que reinaba el desbarajuste más absoluto. Carpetas, papeles desperdigados, calendarios obscenos y el potos, aquel enorme potos que como una descomunal cabellera verde bajaba desde una invisible maceta, ocultando casi toda la estantería. Y ella: discreta, silenciosa, creando, tal vez sin saberlo, todo un universo de luz y belleza entre aquellos ásperos trabajadores, un cierto colchón que amortiguaba la rudeza de los hombres y su trabajo con la suavidad de sus formas y gestos, con su femineidad. Ante su presencia aquellos cuatro energúmenos que nos dejábamos el alma trabajando el hierro, olvidábamos nuestros deseos innobles; adquiríamos una dimensión de humanidad. Admirábamos la belleza y la distinción que emanaban de ella y, en cierto modo, renegábamos de nuestra suciedad y nuestra grosera presencia.

La primera ocupación de la secretaria cada mañana era regar y ordenar cuidadosamente el potos, cuyas ramas habían sido descompuestas la tarde anterior por su desorganizado jefe, buscando alguna carpeta de archivo que sólo ella podría localizar. Aquella planta, junto a la mujer que la cuidaba, eran las dos únicas presencias que suavizaban el duro mundo del tosco taller industrial. Y nosotros las disfrutábamos.

Después trataba de recomponer el orden en aquel caos de papeles y polvo, en aquel cubículo sucio y deprimente. No conocíamos nada de su vida exterior, de la vida de aquella mujer que desde hacía ya varios años era el insólito aditamento de nuestro pequeño taller de cerrajería, en el que cuatro ganapanes, cuatro andobas mugrientos y desaseados nos ganábamos malamente la vida.

Nuestro jefe, otro currante de nuestra cuerda, grosero y vociferante, se amansaba dócilmente cuando se dirigía a ella. ¿Porqué había llegado ella hasta aquí, a este viejo y destartalado polígono industrial, en el que apenas sobrevivíamos algunas empresas de poca monta? Al principio especulábamos sobre ello y se nos ocurrían leyendas disparatadas, procaces y deshonestas, que se desdecían frente a su comportamiento y que, finalmente, dejaron sitio a nuestro respeto por aquella mujer callada, nunca distante, aunque su comunicación con nosotros no pasase de una agradable sonrisa y un educado saludo, aquella luminosa barrera que era a la vez intimidad y distancia, y un fundamento esencial de nuestra admiración hacia ella.

Y ése es nuestro secreto y nuestro tesoro, la envidia de los talleres vecinos. A veces la vida ofrece compensaciones. Igual que en los desolados desiertos nacen ciertas flores de exquisita belleza, en aquel modesto taller, tal vez como resarcimiento a la penuria de su ámbito, había aparecido “la secretaria”. Algún día, alguien descubrirá las extraordinarias circunstancias de su llegada hasta nosotros.

Tigana
Tigana
16-10-2013 18:27

ALAS ROTAS

Desde pequeño mi mayor deseo era volar.

Mi primera cometa la construí con dos ramitas de roble, sedal de pescar que se clavaba en mis manos y la mejor blusa de seda propiedad de mi madre. Sólo voló un minuto, pero supuso mi minuto de gloria. Los azotes en el culo que me propinó mi madre fueron el mal menor ante mi gran aventura.

Con nueve años me lancé desde el granero en un paracaídas que me fabriqué con las cortinas de la cocina, fue espectacular mantenerme en el aire sintiéndome pájaro libre. Cómo si fuera un dios alado. Esta vez, tuve que pasar los tres meses de verano con una escayola en el pie, sufriendo el agobiante calor estival y sin pisar la piscina municipal. Y todo por no colocar en el sitio adecuado el viejo colchón para que amortiguara mi caída.

Ahora, por fin, he conseguido realizar mi sueño. Estoy volando sin alas y el tiempo está casi detenido, un segundo da para recordar toda una vida, el viento me acaricia la cara y no tengo miedo a estrellarme contra el asfalto. Estaré muerto en cuestión de segundos.

Me alisté en el cuerpo de aviación para hacer la mili. A mis padres no les hizo mucha ilusión, decían que era un andoba con delirios de grandeza y estaban seguros de que me rompería la cabeza. Mi primer vuelo fue fantástico. ¡Ay! Esa sensación de surcar el cielo dentro de esa quietud embriagadora, de libertad, que te hace creer que eres Dios oteando sus dominios. Fui expulsado por temerario y por pintar arabescos en el cielo.

Ahora vuelvo a tener esa sensación de libertad, aunque creo que me queda poco tiempo, el asfalto se acerca cada vez más deprisa. Puede que esto no hubiera ocurrido si el comandante no me hubiera quitado mis galones. Tuve que partirle la cara y él se ocupó de partir mi sueño de volar.

Esta vez nadie me quita las ganas de tirarme desde el veinteavo piso. Tengo cierto miedo a lo desconocido y, me surgen preguntas: cuando mis sesos se esparzan por la calzada ¿sentiré algo? ¿Me dolerá? Los viandantes tendrán que lavar sus ropas salpicadas con mi sangre y recordarán al suicida que les fastidió la mañana de paseo. Esto no habría ocurrido si no hubiera tenido que mendigar un trabajo digno o si mis amigos no me negaran el saludo. Un abanico de verdades como puños se agolpan en mi mente.

¡Pasa de largo ante las ventanas abiertas! Me recomendó un viejo amigo. Pero mi sueño de volar y el vacío que sentía me atrajeron con fuerza al marco de la ventana. Esa sensación de soledad no puede ser suplantada por nada conocido. Y entonces, de repente, todos mis miedos desaparecieron como por ensalmo. No me arrepiento, es la solución más digna, la única.

Ahora sigo mi camino, pero cuando pasé por el séptimo piso, que fue hace un segundo, tuve la sensación de haberme equivocado de ventana. No es nada bueno usar la del baño sin orinar previamente, que no me aguanto las ganas, ¡ay que fastidiarse! Me tengo que despedir, estoy pasando por el segundo piso y esto es el fin…

Me despierto en una habitación toda blanca, rodeado de personas con halos blancos. Debe ser el cielo. Yo creía que cuando uno se muere ya no se siente nada, pero yo estoy mareado. Y las historias frente al maestro escolar son ya vagos recuerdos.

Un ángel rubio me habla:
-Ha tenido mucha suerte. Hoy ha vuelto a nacer. Ha caído encima de un camión militar que transportaba paracaídas y le han amortiguado el golpe. Sólo tiene un pie roto y el culo dolorido.


Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
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