Hilaria, la NUTRIA, tenía un problema muy serio; no aceptaba las pautas establecidas por la colonia nutrieril, de la cual formaba parte.
Todos estaban enojados con ella, porque no cumplía con ninguno de los roles que le habían asignado; un grupo funciona si cada uno hace lo que le corresponde; es parte del engranaje para que todo sea minucioso, exacto, perfecto.
Pero Hilaria, no; le encantaba la POESÍA, y desaparecía largas horas; cuando comenzó a hacerlo se preocuparon, pero luego advirtieron, que le gustaba AISLARSE para estar tranquila, y poder leer a sus preferidos; hablaron mucho con ella, diciéndole que no podía manejar sus tiempos a su ARBITRIO, pero su respuesta fue que no iban a impedirle que disfrutara a Becquer.
Ya no sabían que hacer para lograr que colaborara; la empezaron a seguir para espiarla; la observaban escondidos y se asombraban, cuando veían como movía los LABIOS con deleite mientras leía; Hilaria fue motivo de charlas, conciliábulos, consejos, máximas, en los encuentros que realizaban a menudo, ACUCIADOS por la preocupación de no lograr que cambiara de idea.
Ya habían hecho catorce reuniones multitudinarias, y de pronto… ¡En la reunión número quince sólo había veinte nutrias!
Armaron pequeños grupos, se distribuyeron las zonas para localizar al resto de sus congéneres.¡Es que faltaban muchísimos!
¡ Los descubrieron! Hilaria estaba recitando los poemas de José Martí delante de una gigantesca y emocionada AUDIENCIA.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Tigana
07-10-2013 17:43
SUS LABIOS... EN LA CÁRCEL
Sentada frente al minúsculo espejo de su celda, Carla se arreglaba. No le gustaba usar maquillaje, apenas una discretísima sombra de ojos. Pero sí pintaba sus labios de un fuerte color rojo.
Pasaba la barra de carmín suavemente, acariciándose más que pintándose, recreando su imagen en el espejo. A sus labios les gustaba el sabor de la barra, les gustaba el tacto de la crema. Con el perfilador terminó su obra, unos labios perfectamente decorados.
La palidez de su cara hacía resaltar sus labios de una forma insolente y, eso pretendían.
Sabía que en el funeral iban a decir cualquier cosa sobre ella, y ninguna buena, así que por lo menos les molestaría con su presencia todo lo que le fuera posible.
El vestido negro se le ceñía al cuerpo igual que el carmín a sus labios. Parecía que estaba pintada de negro y rojo. Para terminar, un poco de perfume, pero no demasiado. Se puso un sombrero y se colocó un velo negro para ocultar su rostro. Sería más efectivo que se viera al levantarlo.
Los vigilantes vienen a buscarla. Hora de ir al tanatorio y estar por última vez con quien fue su marido hasta hace unas horas. Seguro que a Carlos le habría gustado el adorno de sus labios, pero ya no puede verlos.
Allí se encontró con sus cuñadas, con sus caras de nutrias adocenadas. Nada más verla, se marcharon. “Bueno, que se vayan, no las va a echar de menos su querido hermano”. De aquellos labios no salió ni una sola palabra, ni buena ni mala, aunque podrían haber dicho muchas.
Había más familia del difunto y ella estaba sola, siempre ha estado sola con Carlos. Lo que pasa es que el difunto, Carlos en vida, nunca ha estado solo, siempre buscaba compañía y, lo que es peor, la encontraba, y a ella eso no le gustaba, a su cuerpo no le gustaba, a sus labios no les gustaba. Hablaban con ella diciéndole cosas de Carlos que resultaban duras de creer, sus labios le decían con qué otra mujer estuvo aquella tarde, con cual aquella otra, quién viajó con él en aquella ocasión, entonces sus oídos se cerraban y rechazaban cualquier sonido que saliera de aquellos labios mentirosos y poco dados a la poesía.
¿O no mentían? ¿Y si todo era cierto? Porque a los labios no les hacía falta el camino de los oídos para hacerse entender, sus ojos los leían frente al espejo en el que los pintaba; y a los labios no les importaban los ojos cerrados, porque el corazón, acuciado por la tristeza, siempre escucha.
Hasta que llegó el momento en que se le acabó la paciencia. Fueron muchas discusiones, muchas horas de sueño perdidas para no conseguir apenas nada. Sus labios decían palabras que parecían no tener sentido para él, pues Carlos siempre tenía una disculpa y ella no podía consentirlo.
Pero ya nada importa, no hay vuelta atrás, él sólo lamentará no volver a besar los labios rojos de Carla. A ella le da igual, nunca ha podido decidir, son sus labios los que le dicen cómo debe pintarlos, de qué color y para quién. Son sus labios los que tienen el arbitrio de su vida, y no volverán a solicitar una miserable audiencia con el embustero.
Y ella obedece.
Sus labios componen y ordenan sus palabras, aceptan o rechazan otros labios.
Y ella obedece.
Unos días le piden que se pinte para agradar, otros no debe pintarse… Hoy sus labios le habían pedido que se pintara para darle el último homenaje a Carlos.
Y así lo hizo.
Ayer le dijeron que se pintara para matarle. Hoy sus labios se aislan de cualquier palabra.
Y ella ya no está.
Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
Tigana
05-10-2013 14:42
¡Qué bueno tu comentario JJ! Soy un poco vehemente pero tú no te asustes que tengo un fondo bueno, normalito (cara de niña buena, jajaja).
Me lo pusisteis a "huevo".
Nota: gracias por ese espacio. Me siento genial entre vosotros.
Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
Jose Jesus Morales
05-10-2013 07:01
Interesante declaración de los principios elementales de libertad, Tigana.
Aquí hace rato que te ganaste un merecido espacio,no hace falta que lo defiendas.
Tigana
04-10-2013 23:50
Tengo la acuciosa necesidad de dejarte claro unas cuantas cosas. ¡ A ver si te enteras! Odio ver a las marujas con pieles de nutria en sus cuellos. No me gusta Dios ni aunque me lo envuelvas en una poesía. Jamás pediré audiencia al rey, pues soy antimonárquica. Intentas aislarme de mis amigos, qué iluso. Por último, mira bien mis labios: no pienso dejar en tus manos el arbitrio de mi vida. ¡Soy libre!
Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
Rodrigodeacevedo
04-10-2013 19:52
Mi cortifrase:
"Acarició con sus labios la delicada piel de nutria que abrigaba su cuello. Fue un gesto aislado. Lo hizo deliberadamente, como un acucioso arbitrio, a sabiendas que la audiencia prefería su poesía a ese uso salvaje de las pieles.
Jose Jesus Morales
04-10-2013 19:52
Intentaba ser acucioso al aislar los labios de la nutria, esperaba el arbitrio favorable de la audiencia, que recitaba enloquecida poesía de Whitman
caizán
04-10-2013 19:47
El cazador acucioso, quiso aislar a su arbitrio, a la rápida nutria. No pudo. En la audiencia convocada, no salió de sus labios:poesía. Solo improperios.
Rodrigodeacevedo
04-10-2013 19:28
Pues, queridos compañeros de mesa-camilla, ya tenemos las SIETE palabras; todo un récord de rapidez y buena voluntad. Felicitemosnos con la emoción que merece la cosa. Dejo un par de rondas encargadas (no pagadas, ojo) en lo del Adolfo, que hace tiempo que se aburre como una tenca.
Muy feliz semana a todos y que las Musas os inspiren bellos relatos, que esta semana hay material.
Eratalia
04-10-2013 17:16
Arbitrio
m. Facultad humana de adoptar una resolución con preferencia a otra:
dejo esta decisión a su arbitrio.
Voluntad que no responde a la razón, sino al capricho:
no te sometas a su arbitrio.
econ. Impuesto establecido por un municipio o ayuntamiento con el que se arbitran fondos para gastos públicos:
arbitrio municipal.
der. Facultad conferida al juez de resolver según su criterio los supuestos no regulados por la ley o los que, encontrándose regulados, son oscuros o insuficientes:
arbitrio judicial.