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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
Tigana
Tigana
04-10-2013 16:58

MI PALABRA:

LABIOS


Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
Jose Jesus Morales
Jose Jesus Morales
04-10-2013 15:12

Tengo un Santo en el Cielo

Escúchame bien Vicente, nadie, absolutamente nadie te da algo sin esperar alguna cosa a cambio; no creo en regalos, ni dádivas desinteresadas, te lo digo yo; que soy un buscavidas, me he criado en la calle, en este barrio y no he podido salir de aquí, me ha costado un mundo y sabes que le he echao un cerro e bolas.
En este arrabal tuve mi casa, la construí yo mismo bloque a bloque. Apuntalé las columnas con barras de metal que me fui trayendo una a una de la construcción en donde trabajé y ni eso detuvo la fuerza del agua que se llevó en un segundo mi esfuerzo y hasta la ilusión que me daba vivir allí con la Carmela, todo lo perdí con las últimas lluvias, el rancho se vino abajo con la cocina, la cama y los corotos del salón, no me quedó nada. Nosotros nos salvamos de milagro. Esa noche antes del vendaval, de la tormenta, de la lluvia que se llevo la casa y hasta los sueños, nos fuimos a celebrar el cumpleaños del papá de Carmela, llegó a los ochenta y baila salsa brava como los buenos, bebimos ron puro, como le gusta al viejo, yo le llevé una botella de Santa Teresa de Solera, ese de 1.796 y no dejamos ni una gota, se nos hizo tarde y Carmela me pidió que nos quedáramos, no debemos tentar la suerte me dijo.
Tú sabes Vicente, que en el barrio no te conocen después de las 11 de la noche y cualquier culo cagao quiere asaltarte.
En la mañana cuando llegamos encontramos a los bomberos y los vecinos buscándonos entre los escombros, cuando nos vieron no podían creer que estuviéramos vivos.
Yo tengo un santo en el cielo que me protege.
A los días apareció Nicolás por el barrio, con su buen carro, ropa de marca y hasta con perfume, siempre le gustó lo bueno al Nicolás, hacia un buen tiempo que no lo veía, se decía que tenía negocios y había triunfado en la vida.
Se ve que conserva algunos contactos en el barrio, porque al verme me abrazo y me dijo:
-Hermano tengo una casa para ti, aquí están las llaves, no necesitas nada, está equipada con todo. No creas que es un regalo, solucionas tu problema inmediato y me cuidas la casa, yo no vivo allí y no quiero dejarla sola, iré de vez en cuando a buscar alguna cosa, cuando tengas donde vivir haces la mudanza, para eso estamos los amigos, para la solidaridad desinteresada.
Lo vi a los ojos, le di las gracias, le dije que no, con la entereza de quien creé en el esfuerzo y el trabajo para enfrentar la vida que nos toca, insistió y me dejo este papel con la dirección y su número telefónico para que lo llamara si cambiaba de opinión.
Cuando le comente a Carmela, ella que nunca ha sido voluble y que no cree tampoco en regalos desinteresados me dio la fuerza para continuar con mayor esfuerzo y enfrentar la mala hora con decisión.
Cuando te digo Vicente, que tengo un santo en el cielo que me protege no es mentira, mira el periódico de hoy:
Allanada quinta número 48 en la Calle El Roble, Urbanización el Paraíso, se encontraron armas y 50 kilos de droga de alta pureza en un sótano, detenido y puesto a la orden de los tribunales su único habitante, quien dijo no saber nada, que le cuidaba la casa a un amigo llamado Nicolás.

Jose Jesus Morales
Jose Jesus Morales
04-10-2013 15:00

Palabra propuesta

acucioso/a

Estela
Estela
04-10-2013 14:08

NUTRIA

1. f. Mamífero carnicero, de tres a cuatro decímetros de altura y unos nueve desde el hocico hasta el arranque de la cola, que tiene cerca de seis; cabeza ancha y aplastada, orejas pequeñas y redondas, cuerpo delgado, patas cortas, con los dedos de los pies unidos por una membrana, y pelaje espeso, muy suave y de color pardo rojizo. Vive a orillas de los ríos y arroyos, se alimenta de peces, y se la busca por su piel, muy apreciada en peletería.
2. f. Piel de este animal.
3. f. Arg. coipo.
~ de mar.
1. f. Especie de nutria que vive en las costas, y de cuya piel se hace importante comercio en China.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

ACOTACIÓN: Duele leer " su piel, muy apreciada en peletería" Por suerte parece que soplan otros vientos en la actualidad y se las protege? espero que sea realmente así


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
caizán
caizán
04-10-2013 13:37

AUDIENCIA

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
04-10-2013 11:21

Gracias, Juan, compañero madrugador. Sigo con las palabras:

AISLAR

tr. Dejar una cosa sola y separada de otras:
aislar una vivienda. También prnl.:
ante la amenaza de bomba, se ha aislado el edificio.
Incomunicar, apartar a una persona del trato con los demás:
aislar a un preso. También prnl.:
aislarse de los amigos.

fís. Evitar o disminuir la propagación de un fenómeno físico, como el calor, el sonido o la electricidad, por medio de un material aislante:
aislar una discoteca.
quím. Separar un elemento de un compuesto del que forma parte o separar un elemento o un compuesto de una mezcla:
aislar un elemento químico para identificarlo.

Feliz y productiva semana, compis.

juan fozara
juan fozara
04-10-2013 10:50

Mi palabra es POESÍA.

Composición literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, en especial aquella que está que está sujeta a la medida y cadencia del verso.
Género literario constituido por esas composiciones.
Arte de componer versos y obras en verso.
Conjunto de cualidades que caracteriza el fondo de esas composiciones, independientemente de su forma externa.
Cualidad de una cosa o de una persona que produce un sentimiento o emoción estética y afectiva: "La poesía de la vida".


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
03-10-2013 21:00

EL PROSTITUTO
(continuación)

Volvemos a encontrar al joven Teodulfo en el salón de aquella casona, en aquel ambiente de estufa fría en el que sus buenas tías, devotas y beatas, cultivaban su espíritu cual si de flor exótica y delicada se tratase.

A pesar de ello, al joven Teodulfo su naturaleza vigorosa e inquieta (con inequívocas trazas del carácter aventurero de su padre y la fogosidad carnal de la madre) la vida en el pueblo le parecía una barra rígida y pesada, a la que se encontraba atado, como si estuviese en galeras. Poco amigo de mudanzas, sin embargo, y menos aún buscavidas, quería encontrar su hueco, todavía indefinido, en aquella sociedad que, al tiempo, le atraía y le repelía.

La paz olorosa de los campos o la umbría tranquilidad de la casona eran su hábitat; pero le faltaba el ámbito adecuado para el desahogo de sus ímpetus juveniles. De su madre, encerrada en el lóbrego caserón del arrabal, nunca supo nada. Era el secreto que muchas familias tienen y que sólo se desvela en las telenovelas o en los reality shows.

Comenzó a frecuentar la compañía del pastor del pueblo, hombre excéntrico y cordial, querido por las gentes y vigilado por el cura teósofo, quien admiraba en él una extraña y superior cultura y conocimientos casi mágicos que salvaron más de una vida humana, además de numerosas ovejas, terneros y otros seres vivos más importantes para aquella sociedad pueblerina.

Con él Teodulfo gustaba retirarse a las brañas, tras los montes, y allí el joven se inició en los mundos filosóficos y en los esoterismos rurales del pastor, quien además, vaya usted a saber porqué, conocía y recitaba pasajes completos de las obras de Kierkegaard :”¡Qué estéril está mi alma y mi pensamiento!... etc.,etc.”. El pastor, además, le introdujo en el más inmediato mundo de los placeres carnales, dejándole gozar de las ovejas más placenteras del rebaño. Una inesperada dádiva que turbó el sereno espíritu del joven.

Así se abrió a la vida aquel fruto de ausencias: una dualidad entre la vigorosa juventud que le había sido regalada y las ansias de trascendencia que le imbuían sus tías beatas y el pastor filósofo.

Las tías de Teodulfo Sangróniz decidieron trasladarse a la capital de la provincia.
Habían leído recientemente “En busca del tiempo perdido”, y les entró el gusanillo de abrir un salón al estilo de Mme. Verdurin, pero más religioso, menos volteriano, que decían ellas. Y, evidentemente, en el pueblo no tenían parroquia.

Entretanto Teodulfo se había transformado en un guapo mocetón, fornido y lenguaraz, para desesperación de sus tías, estereotipo del joven rústico, desclasado por familia, pues no tenía compromisos ni con el campesinado, a los que consideraba todavía como siervos de la gleba, ni con la escasa y rancia aristocracia que aún no había dado el salto a la capital, para dilapidar la menguada fortuna que heredaron de sus antecesores. Ello no lo hacía, sin embargo, voluble ni indeciso en su idea de futuro.

Los intentos de Teodulfo para orientar su vida se veían frustrados, uno tras otro, en aquel ambiente pueblerino. La intención de las tías beatas de trasladarse a la capital abrió en su imaginación la posibilidad de experiencias inéditas, aventuras impensables en el círculo ovejuno de sus relaciones sexuales. Nunca se llevó moza alguna a la era, por miedo a la inevitable coyunda eclesiástica. Como mucho, y si las condiciones de total discreción se daban, algún beso furtivo, como jugando, en los columpios de las afueras.

En la ciudad, pensaba, aquello debía de ser otra cosa. Las mujeres se ofrecerían a él, ejemplo de virilidad según las amigas beatorras de sus tías, cansadas de aceptar los rudimentarios y rutinarios placeres que les ofrecían sus maridos o los que, imaginaban, ofrecerían los mozos capitalinos, escasos de fuerzas, pálidos y sicalípticos.

Se efectuó el traslado y, como estaba previsto, sus tías abrieron un coqueto salón, donde los miércoles recibían a lo más granado de la sociedad capitalina, toda ella, naturalmente, adscrita a la Iglesia y a su ámbito: conferenciantes de San Vicente, novenarias de San Antonio... Y allí se le iluminó el camino a Teodulfo. Pronto su estampa recia de joven campesino, sano e ingenuo, caló entre las solteronas, viudas y casadas mal abastecidas que conformaban las tertulias.

Discretos mensajes, encargos subrepticios, llevar y traer las capillitas de los triduos y novenas a los castos y cerrados domicilios de las damas... De ese caldo de cultivo brotó, poderosa y nítida la auténtica vocación de Teodulfo: sería prostituto; satisfaría a aquellas pudorosas damas a cambio de ciertas prestaciones pecuniarias. Y de esa situación pasó, por concesión de un marido cornudo, a ser empleado municipal. Pero eso ya es otra historia.

juan fozara
juan fozara
03-10-2013 13:29

UN POLVO FRUSTRADO

El BUSCAVIDAS tenía un puticlub o barra americana como entonces se denominaban, era simpático. ¿Alguien conoce un buen y auténtico buscavidas antipático?
Siempre he tenido debilidad por ellos, te engañan, se aprovechan de ti si tienes dinero, pero que bien se pasa con ellos. Son golfos y su amistad es VOLUBLE pero ven la vida de una manera lúdica. He llegado a tener admiración por ellos.
Este, concretamente, era familiar lejano mío, para todos los primos jóvenes, apenas diecisiete años, era un ídolo. Le imaginábamos un f.ollador empedernido y así era, cambiaba de chica cuando quería. Tenía oportunidad de elegir entre las que se acodaban detrás de la BARRA. Su antro no estaba en los ARRABALES de la ciudad, sino en el centro.
Nos invitó un par de veces a su casa. En una de llas estaba realizando la MUDANZA de los muebles del SALÓN.
Era un poco hortera y su gusto era escaso, para él su máxima era: Cuanto más caro mejor. Encargó como alfombra una especie de piel de tigre, supongo que de imitación y los muebles eran para aquellos tiempos modernistas, aunque también de dudoso gusto. Tenía un mueble bar y siempre nos invitaba a tomar unas copas.Parecía un rey, con una sonrisa encantadora nos servía, aunque nos decía que tuviéramos cuidado, no nos fuera a sentar mal. Llevaba una cadena de oro en el cuello, usaba siempre pantalones acampanados y blusas ceñidas con unas exageradas solapas en las mismas y por supuesto era guapo.
Frecuentábamos su bar con la esperanza de comernos algún rosco, pero el dinero era el justo para pagar alguna copa que otra. El, nuestro héroe, nos invitaba de vez en cuando.
En una ocasión, como DÁDIVA me invitó a ir con una chica.
- Tú, Luisita, vete con mi primo.
Luisita, me llevó a su casa un poco indolente. Estaba como un cañón, pero tenía cara de cansada.Se desnudó y se metió en la cama.
- Échate a mi lado.
Así lo hice, ya con poca esperanza, su aburrimiento era notorio.
Desnudo con ella en la cama empecé a acariciarla. Nada, ella era como un pedernal. Me puse encima de ella. Nada, otra vez como un pedernal. A duras penas abrió las piernas.
Pues yo sin polvo no me quedo - pensé-.
Como un abrelatas introduje lo que hay que introducir en ella. Otra vez sin reaccionar, bostezaba. Supongo que para ella yo era un pardillo sin interés y probablemente acertara. No obstante, con esfuerzo comencé a moverme con dificultad, casi esfuerzo porque yo tampoco estaba muy excitado, terminé cansado, al final logré con dificultad mi objetivo.
- Te ahogas para echar un polvo - me dijo ella -.
Fue la peor experiencia sexual de mi vida. Me levanté y me fui. Supe que nunca sería un buen buscavidas.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
lluvia
lluvia
03-10-2013 07:51

El viaje

Laura es una jovencita muy alegre y peculiar, parece extraída de otra época; su vocabulario es muy pintoresco, especialmente por las muchas palabras del lunfardo que lo adornan. Le encanta el tango. Hace unas semanas la encontré en el salón, parada sobre una silla, cantando “Melodía de arrabal”; tiene una voz poderosa y muy melodiosa. Si Gardel o Le Pera* pudieran escucharla seguramente se quitarían el sombrero y aplaudirían a cuatro manos, igual que la aplaudimos nosotros en ese momento. Parece que la niña heredó de su abuelo ese amor por nuestra música ciudadana. Ella suele decir con orgullo que su abuelo era un tanguero de ley y que tocaba el bandoneón mejor que Pichuco*. Me hubiera gustado conocerlo.

Pablo tiene los ojos más pícaros que haya visto en mi vida, y ni qué decir de sus ocurrencias: para todo tiene una respuesta ingeniosa y, a veces, pasa los límites de mi paciencia con tantas acotaciones que hace sobre todo lo que digo o dicen; pero es querido y admirado por todos sus compañeros, se sabe el líder de la barra y nada lo para en su desparpajo, ni siquiera mis enfados. Debo confesar que tengo cierta debilidad por Pablito y, aunque intento no demostrarlo, creo que él ya lo descubrió.

Ana es una chiquilla tímida y muy sensible, tal vez la más voluble del grupo, pasa de la risa al llanto con una facilidad pasmosa. Arrastra una historia trágica: su padre era un ex combatiente de la Guerra de Malvinas -uno más de los tantos ignorados por los sucesivos gobiernos-, las secuelas psicológicas por la guerra lo obligaron a ganarse el sustento como un buscavidas más. Vendía chucherías de ocasión en la vía pública cuando quedó en medio de una balacera entre un policía y un par de delincuentes que habían asaltado una joyería; con tanta mala suerte que uno de los disparos impactó en su pecho provocándole la muerte. Ella aún no ha superado tal pérdida pero, como una dádiva del destino, llegó a nuestra escuela y encontró un clan de amigos que la adoran y que siempre están pendientes de ella para levantarle el ánimo y ayudarla a sobrellevar su tristeza.

Larysa se sumó a la clase este año, llegó desde Ucrania hace unas pocas temporadas y aún sufre las consecuencias de la mudanza: no se adapta a nuestras costumbres ni al idioma, le cuesta bastante expresarse en español y eso complicó su integración, pero se hizo muy amiga de Ana y a través de ella, poco a poco, fue acercándose a los demás.

El jueves partimos de viaje de egresados hacia Bariloche, todo era alegría y yo me sentía muy feliz de ser la profesora escogida por ellos mismos como acompañante en esta aventura. Y ahora estoy en este lugar, viendo los rostros desencajados de sus familiares y compañeros, sin saber qué decir, esperando que alguien salga por esa puerta a informarnos sobre alguna novedad que avive las esperanzas. No recuerdo nada del accidente, solo sé que el micro en que viajábamos se desbarrancó y cuando desperté todo era un caos. No es justo que yo esté aquí, con solo unos rasguños, y que ellos estén allí, al otro lado de la puerta, debatiéndose entre la vida y la muerte. No lo entiendo, no es posible, no lo acepto. Tiene que ser un mal sueño.
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Melodía de arrabal”: Tango. Letra: Carlos Gardel – Alfredo Le Pera / Música: Mario Battistela

Pichuco: Aníbal Troilo, alias “Pichuco” fue uno de los grandes músicos del tango argentino, bandoneonista, compositor y director de orquesta.

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