Aquel pueblo estaba a caballo entre la fábula y la tragedia. Todos sus habitantes, al menos los más representativos, disfrutaban o padecían peculiaridades que los hacían singulares, algo anómalos. Así el cura, viejo teósofo; la pareja de guardias civiles, reputados cómicos de la legua; el maestro de escuela, anarquista de maneras dieciochescas o el pastor de ovejas, profundo conocedor de la filosofía existencialsta, curandero y experto en pócimas y brebajes. Quedan el Alcalde y el cacique, que además de albergarse en la misma persona física representan en las fiestas del pueblo, por separado, los papeles de Don Quijote y Sancho Panza, en versión para la ópera de Jules Massenet, con la Banda Municipal.
Entre aquel paisanaje vino al mundo Teodulfo Sangróniz, hijo del pecado. Su padre, marino mercante, que siempre fue un poco buscavidas, a quien el pueblo se le antojaba insoportable, se lo encontró en casa a la vuelta de una expedición a las Islas Feroe, islas que entonces, como ahora, estaban en el fin del mundo. Hombre de natural tranquilo no quiso asesinar a la esposa infiel, que hubiese sido lo correcto, lo bien visto y perdonado por la sociedad rural en la que vivían, vengando así, según la costumbre, el baldón que esa infidelidad arrojó sobre el escudo de armas, barrado en gules, de la familia.
Pero la enclaustró en un enorme caserón aledaño al pueblo, junto al arrabal, cuidada por dos mujerucas medio brujas que, para desmotivarla de aquellos desmedidos apetitos de la carne que fueron la causa de su caída y, como consecuencia, del nacimiento de Teodulfo, la sometieron a un riguroso régimen alimenticio, que determinó en poco tiempo que aquella lozana mujer, de curvas suculentas y alegría contagiosa, pasase a ser una especie de deforme imitación de mujer rubensiana, sin las carnaciones y lozanía exultantes, que era fama que tenían las felices hembras de aquel pintor, barroco y vitalista.
Gorda, fofa y ojerosa, Baudilia Fuentidueñas, la madre de Teodulfo, que fue tan voluble y casquivana, ya no era, ya no podría volver a ser el objeto de pasión de ningún otro buhonero trashumante y desvergonzado que la volviese a preñar. Su cuerpo ya no sería dádiva generosa a cambio de una noche de pasión: ya no era apetecible.
La criatura fue entregada al cuidado de dos hermanas de su padre, solteronas y beatas, que siempre vieron en aquel hijo del pecado un motivo de redención de su propia esterilidad y falta de productividad como madres. Teodulfo se crió físicamente sano y fuerte y anímicamente desvaído y con tendencia a la melancolía.
Asiduamente practicaba toda clase de rezos, jaculatorias, triduos y novenas que sus buenas tías le imponían, pensando que, por aquello de que la cabra tira al monte, no fuese el mozo a salir otro pendón como su desnortada madre. El sombrío salón de la casona solariega, cuajado de imágenes y altarcillos donde se veneraba, en continua mudanza, todo el santoral en sus más variadas advocaciones, según las necesidades del momento (sequías, plagas, enfermedades) fue el marco donde Teodulfo creció supuestamente protegido de las perversas atracciones del mundo y de la carne.
Pero dejemos por ahora (por limitaciones de espacio) al joven Teodulfo, constreñido a vivir en aquella rutina, monótona y nada estimulante, que hizo que un día el marido de su madre huyese del pueblo buscando la aventura y ésta, la pobre, aburrida de tanto triduo y tanta novena, cayese en brazos de aquel jovial buhonero que, por una sola noche, la hizo tan feliz.
(continuará)
OMAR
02-10-2013 17:22
Voluntarios
Ya entraban al tercer arrabal; allí tenían que completar los cuarenta voluntarios que necesitaban; y por esto decidieron aumentar la dádiva a los buscavidas del marginal barrio que visitaban.
Apenas habían caminado dos cuadras y un poco cuando encontraron con una bifurca entre ocho o diez muchachotes. Con esos ya completaban.
—¡Suelta esa barra de acero chiquillo! —gritó con voz enérgica Graciela, una mujer de fuerte carácter que iba al frente del grupo.
Todos los involucrados en la pelea quedaron inmóviles; y poco a poco giraron sus cuerpos en la dirección de la voz.
Cuatro de los soldados, orientados por Graciela, se acercaron al grupo haciendo que estos se sentaran en la acera. Después se acercó la jefa:
—Considérennos como enviados del cielo; venimos a proponerles un radical cambio en la voluble e inconstante vida de cada uno —ella esperó un momento pero ninguno se decidía a pronunciar palabra—. Los llevaremos ahora a un salón bien grande para que pasen la noche. Monten en aquel ómnibus —concluyó con firmeza.
Ya estaban los cuarenta «voluntarios». A mitad de la tarde partirían.
Segundos antes de salir al vacío se realizaría la mudanza para la nave que lograría colocarlos en la superficie del planeta rojo: ¿cómo reaccionarían?
«...solo el amor convierte en milagro el barro...»
S.Rguez
Estela
02-10-2013 04:12
YO SOY LA LOLA
Soy la Lola, y desde que tengo recuerdos, siempre viví en el ARRABAL, en realidad, no me hubiese gustado tener que hacer una MUDANZA; este es un hermoso lugar; he conocido compadritos, cafishios, pero a mí no me van a hacer trabajar para un tipo, que yo ponga el cuerpo, y la plata se la lleva él, y a mí me da unas míseras monedas, como si fuera una DÁDIVA. Yo soy muy BUSCAVIDAS, trabajo para mí, y algún día voy a tener una casa de chicas, la regentearé y seré una madama.
Habrá gente que diga que esta no es una buena vida, pero yo les aseguro que ver los compadritos bajo la luz de un farol tiene su encanto, lo mismo que verlos acodados en la BARRA de algún bar , bebiendo sin parar.
Hay que ser inteligente; yo tengo mi carácter ,y no soy nada VOLUBLE para cambiarlo, a mí me no manejan; y tampoco me van a enganchar con eso de enamorarse; nada de besos en la boca de los hombres, que después estás perdida para siempre.
Sé que soy una mujer hermosa; lo supe desde muy chica; empecé a trabajar a los dieciséis años; estoy acostumbrada a entrar en el SALÓN de un bar y ver que los hombres se pelean por una mujer, o bien por deudas de juego, o un ajuste de cuentas ; en seguida comienzan a las puñaladas.
Me acuerdo cuando llegó al pueblo el Gabino Amaya; venía precedido por su fama de cuchillero y su mal carácter cuando no conseguía lo que quería ¿Y quién fue el motivo de su antojo? Sí, yo.
Estaba sentada con el Sempronio,un buen tipo, y el Gabino se acerca, me tironea de un brazo y me dice:
- ¡Vos sos mía! Y yo que le contesto que no quería ir con él ; el Sempronio se metió a defenderme y ahí nomás empezaron a los cuchillazos, él es un tipo pacífico, pero en ese momento se lo cargó al Gabino, que se llevó su merecido. !Con la Lola no se juega!
CAFISHIO: rufián.
MADAMA: Mujer que regentea un prostíbulo.
COMPADRITO: Hombre provocador, jactancioso y pendenciero
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Tigana
29-09-2013 14:07
YO FUI UN CALLO
Gracias a la regresión hipnótica he podido saber el motivo de mis fobias, pesadillas y algún que otro trauma que me tenían en vilo desde mi niñez. Y todo gracias a Maruja, que está muy versada en estos temas.
Al verme en un estado de ansiedad continuo, me regaló, a modo de dádiva, estas pasadas navidades un cedé que contenía una grabación de hipnosis muy especial. Seguí sus indicaciones al pie de la letra:
-Relajarse y concentrarse.
-No hacer ejercicios que conlleven esfuerzos físicos muy grandes. Olvidarse por unas horas de la barra del gimnasio.
-Acostarse en una cama enorme y no cruzar las piernas en ningún momento.
Es muy cómoda y práctica esta nueva modalidad de autosugestión, ya que tus vidas pasadas quedan al amparo de las cuatro paredes de tu salón. Algo tan intimo debe resguardarse de oídos indiscretos que, quizá, no dudarían en airearlo a los cuatro vientos. ¡Cuántas veces nos salpica el pasado invadiendo nuestros presentes?
No creo que tenga mucho interés, para nadie, saber que en mi vida pasada fui un callo; y lo digo en el buen sentido de la palabra. Mi breve existencia fue bastante miserable y llena de sufrimientos.
Mi regresión fue muy nítida. Pude observar que nací en el seno de un dedo de pie humilde. Convivía con una uña presumida y voluble que desde el rojo cascado de su esmalte, me miraba de forma despectiva, avergonzándose de mi existir. Supe también que suponía una molestia para todos.
Desde mi aparición, la cabeza pensante en la que estábamos integrados maldijo mil veces mi nacimiento. No me deseaba.
Me vi a mí misma soñando con ver la luz del sol, el cielo y la hierba, pero sólo en contadas ocasiones tuve el privilegio de hacerlo, sobre todo cuando la cabeza pensante no tenía compañía. Pues era muy dada a liarse con cualquier buscavidas que le dijera alguna frase bonita.
Todo eran reproches contra mi sencilla vida. Las uñas vecinas criticaban mi aspecto y cuando menos, sentían lástima por mi desagradable rostro. Llegó un momento en que ni siquiera paseábamos, porque cuando crecí la que tomaba las decisiones del cuerpo se quejaba de mi presencia. Para ella yo era un trozo de piel engorrosa y molesta.
Sin embargo, el momento más crítico de mi vida vino poco después cuando pusieron sobre mí un parche opresor que impedía mi crecimiento y, lentamente fue quemando mi juventud y deseos de vivir.
Deseé terminar y liberarme de una vez por todas de aquella cárcel, ese oscuro reducto que me impedía cualquier contacto con el exterior. Un día, tan débil e indefenso estaba, que no pude seguir aferrándome a mi sustento y abandonándome a mis fuerzas me desprendí lentamente pero en silencio, sin un lamento, sin un adiós para el lugar que había sido mi hogar.
Me vi agotado, ubicado en un contenedor en los arrabales de la ciudad, pero había un sol que brillaba con toda su fuerza para mí y un aire tibio que acariciaba mi tez rugosa y envejecida de forma prematura.
Por ello, aunque el fuego del sol acortaba aceleradamente mis horas, fueron esos y no otros, los momentos más gratos de mi vida como callo. Fui feliz, por una horas, rodeado de cientos de deshechos humanos que al igual que yo habían sufrido una mudanza prematura.
Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
caizán
28-09-2013 15:19
En nuestro arrabal, una barra de buscavidas, voluble;pedía una dádiva para hacer la mudanza del salón.
Eratalia
27-09-2013 21:43
En la BARRA del bar de aquel ARRABAL un BUSCAVIDAS esperaba una DÁDIVA de la VOLUBLE diosa fortuna. Desde que tuvo que llevar a cabo aquella forzada MUDANZA, su casa era un SALÓN vacío.
Con rimas y a lo loco
Rodrigodeacevedo
27-09-2013 20:13
En esta época de mudanzas triunfan los buscavidas, gentes volubles salidas de los arrabales, que aceptan dádivas de los que están bien asentados en los salones palaciegos, los corrompidos en una barra de bar a cambio de unas promesas.
Rodrigodeacevedo
27-09-2013 20:04
Pues hay que cumplir la palabra dada, como vosotros cumplís con vuestros compromisos, colegas.
Auí están, recién salidas del horno, o recién pescadas, eso va en gustos, las palabras propuestas:
ARRABAL
BARRA
BUSCAVIDAS
DADIVA
MUDANZA
SALON
VOLUBLE.
Ahora a relatear, buenas gentes. Feliz finde.
Jose Jesus Morales
27-09-2013 19:46
Como una dádiva la voluble Salome, con una sonrisa y la barra del pinta labios en la mano, invitó a su salón al sorprendido buscavidas de arrabal, quien hizo la mudanza de la pesada cama sin utilizarla.
Tigana
27-09-2013 19:04
En mi salón,Rodrigo, no cabe ni el gato. Es de proporciones minúsculas. Tanto es así, que el fantasma que habitaba en mi mini casa hizo mudanza de cadenas. Le noté que era un poco voluble en sus pasiones, un buscavidas de pacotilla. Prefiere un chalete en los arrabales de mi ciudad; me dijo que ahora están tirados de precio. Me dejó como dádiva una barrita de chocolate.
Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx