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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
Observador
Observador
13-09-2013 19:25

DESAHUCIO

m. Acción y efecto de desahuciar:

1. tr. Quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea. U. t. c. prnl.

2. tr. Dicho de un médico: Admitir que un enfermo no tiene posibilidad de curación.

3. tr. Dicho de un dueño o de un arrendador: Despedir al inquilino o arrendatario mediante una acción legal.

Eratalia
Eratalia
13-09-2013 16:18

DISGUSTO

m. Pesadumbre, tristeza, preocupación:
el suspenso le ha traído un buen disgusto.
Fastidio, aburrimiento, enfado:
me causa disgusto ver cómo todo sigue igual.
Disputa, riña provocada por un desacuerdo o una desavenencia:
cada vez que se ven tienen un disgusto.
a disgusto loc. adv. Contra la voluntad y gusto de una persona, de mala gana:


Con rimas y a lo loco
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
13-09-2013 11:25

¡Cómo pasa el tiempo! Ya está otra vez nuestro saco palabrero con su boquita abierta, pidiendo alimento nuevo. Como un pollo de gorrión.
Seamos generosos.

Mi palabra:

COMPROMISO

m. Obligación contraída por medio de acuerdo, promesa o contrato:
nunca cumples tus compromisos.
Documento en que esta obligación se firma.
Dificultad, apuro, situación incómoda o embarazosa.
♦ Se usa sobre todo con los verbos estar y poner: me puso en un compromiso y no pude negarme.
Acto en el que los novios se prometen en matrimonio:
celebraron su compromiso invitándoles a cenar.

lluvia
lluvia
13-09-2013 00:37

Hasta el Senado

Yo era un niño feliz. La vida en la reserva se limitaba a los quehaceres diarios, y los niños, de algún modo, encontrábamos la forma de disfrutar de ellos. Nunca olvidaré el desmadre que solíamos provocar cuando correteábamos por la estepa boleando* ñandúes, tampoco podría olvidar el maravilloso sabor de la fruta que nos ingeniábamos en alcanzar de lo alto del árbol, ni cuanto nos divertíamos con los partidos de palin* o en las noches de Purrum*, contorneándonos alrededor del fogón creyéndonos viento. Es cierto que sufríamos la escasez de alimentos y agua potable que —incrementada por los largos períodos con ausencia de lluvias que dieran vida a los sembradíos— nos obligaba a racionarlos hasta rayar el hambre; pero a pesar de todo, amparado en la inocencia infantil, no me sentía un niño desdichado.
Siendo ya un adolescente me tocó acompañar al ülmen* en un viaje a la ciudad. Ese viaje dio un vuelco definitivo a mi visión de la vida, me abrió las puertas a un mundo diferente, a otras realidades y ya no me sentí feliz. Comencé a notar nuestras terribles carencias y lo insignificante que es un mapuche* para la sociedad. Me di cuenta de que en el afán de mis mayores por preservar nuestra cultura, por defender nuestras costumbres, quedamos sepultados en un lodazal de indiferencia.
Comprendí entonces que había llegado la hora de despedir al niño y de recibir y cultivar al hombre con hambre de justicia que nacía en mí, y ya no tuve duda ni sospecha de qué era lo que debía y quería hacer.

Hace tiempo que llegué a la gran ciudad, no he vuelto a ser feliz; hoy sé que la majestuosa urbe abre sus fauces tras las luces que la engalanan y devora las ilusiones de todo incauto aborigen que se atreve a desafiarla, pero también sé que no podrá conmigo: nada ni nadie impedirá que un día —no muy lejano— defienda los derechos de mi gente desde el mismísimo Senado de la Nación.

*Bolear: dar caza a los animales con boleadoras
*La chueca o Palin: deporte autóctono de la raza mapuche. Se juega entre dos equipos con número impar de jugadores por lado hacia arriba. El objetivo de cada equipo es el de llevar la bola a la raya del equipo oponente y evitar que el equipo contrincante obtenga la posesión de la bola y anote rayas. La bola puede ser llevada o golpeada con la chueca o Palin en cualquier dirección, sujeta a las restricciones del presente reglamento”.
*Purrum: danza típica de la comunidad mapuche imitando los movimientos del aire;
*Ülmen: Lider (mal llamado cacique)de la comunidad mapuche.
*Mapuche: pueblo aborigen sudamericano que habita el sur de Chile y el suroeste de Argentina.

Observador
Observador
10-09-2013 19:32

AISLADOS

Todo comenzó como una broma o quizás una apuesta de uno de ellos (aún se desconoce el origen real).
Aprovechando una de las reuniones que mantenían cada cierto tiempo, esta persona propuso al resto llevar a la práctica su ocurrencia. En un principio lo tomaron en broma y ni siquiera le prestaron atención, pero después, ante su insistencia, decidieron escucharle. Aunque la idea era disparatada, los argumentos del orador tenían bastante coherencia. Cuando terminó su discurso, se sometió la propuesta a votación entre los presentes y, sorprendentemente, fue aprobada por mayoría. Las instrucciones eran claras y precisas: durante los tres meses que iba a durar la experiencia, pasara lo que pasase, no sería interrumpida bajo ningún concepto. Tampoco habría seguimiento por parte de los medios de comunicación, para que nada ni nadie les distrajese y pudiesen llevar a buen puerto este pionero experimento. Sólo cuando finalizase el período acordado, se podrían retransmitir las primeras imágenes.
Antes de despedirse de sus familiares y amigos en el aeropuerto para iniciar su aventura, los miembros del grupo se hicieron la foto oficial muy sonrientes. Entonces nadie tenía la menor sospecha de lo que iba a ocurrir. Se imaginaban que iban a vivir una experiencia plácida y enriquecedora, que serviría de ejemplo para el resto de la humanidad.
Los primeros días en la isla fueron tranquilos. El grupo se adaptó lo mejor que pudo al medio, parecía reinar la cordialidad y había un buen ambiente de cooperación entre ellos. Con las primeras lluvias llegaron los problemas y la situación dio un vuelco importante. Debido a la ausencia de materiales y a que ninguno de ellos sabía construir una cabaña, ni tan siquiera un techado, se refugiaban del agua a duras penas y permanecían empapados durante la mayor parte del día y la noche. Ante esta adversidad, quisieron buscar una solución, pero no había manera de ponerse de acuerdo: aquello era un auténtico desmadre; se quitaban la palabra unos a otros y todos pretendían que su opinión prevaleciera sobre la del resto. Entonces se formaron grupos independientes y con ellos llegaron también los saqueos. Primero al almacén de víveres, que contenía todos los alimentos necesarios para los tres meses de supervivencia. Eran grupos minoritarios, de tres personas como máximo, que aprovechaban el descuido del resto o las horas nocturnas para entrar en el almacén y llevarse todo lo que podían. En menos de un mes, el depósito de alimentos quedó vacío. Los siguientes saqueos se produjeron en el huerto. En pocos días quedó devastado. Por último, algunos pretendieron apropiarse de los animales que les habían proporcionado, pero como nadie se había ocupado de su alimentación y cuidado, la mayoría llevaban varios días muertos y el olor a putrefacción se hacía insoportable.
Así fue como en menos de dos meses arrasaron, como si de una plaga de langosta se tratase, con todos los recursos y víveres que les habían facilitado para poder subsistir. Se convirtieron en verdaderas alimañas. Ya no había grupos independientes; la isla era un erial de supervivencia donde cada uno se buscaba el sustento diario como podía. Las escenas de violencia eran constantes; algunos perdieron la vida en peleas con otros miembros del grupo, otros murieron de inanición. Sólo unos pocos, los más fuertes físicamente, lograron adaptarse precariamente al medio y se mantuvieron con vida.
Fueron unos indígenas, que provenían de algún lugar remoto, los que llegaron a la isla y se percataron de que había supervivientes. Estos se acercaron temerosos a los recién llegados desde varios rincones dispersos. Sólo quedaban cinco personas del grupo inicial. Hicieron ademán de pelearse entre ellos, pero los indígenas pusieron paz y les proporcionaron auxilio y alimentos. En días sucesivos, les enseñaron a hacer fuego por fricción, a pescar, a construir cabañas y a aprovechar adecuadamente los recursos naturales del terreno.
Cuando se cumplió el plazo de tres meses que habían acordado los veinte máximos mandatarios de los países más ricos y desarrollados del mundo, el panorama que encontraron en aquel lugar los grupos de salvamento y los medios de comunicación era desolador. Había cadáveres dispersos en avanzado estado de descomposición. En aquella isla desierta no quedaba rastro alguno de vida. El mundo entero pudo ver aquellas patéticas imágenes. Todos pudieron comprobar cómo los dirigentes del llamado G-20 habían sido incapaces de organizarse para sobrevivir durante tres meses en una isla desierta, teniendo alimentos y recursos suficientes para ello.

En algún lugar perdido de alguna isla desconocida permanecen ocultos los cinco supervivientes de aquella experiencia fallida que un día horrorizó al mundo. Viven modestamente de los recursos que logran obtener de la naturaleza, como cinco miembros más de la tribu de aborígenes que les salvó la vida en aquella isla desierta.

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
09-09-2013 19:23

EL EREMITA

Prefirió denominarse con la palabra italinianizante “luthier”, en lugar del barbarismo “lutero”, por las connotaciones heréticas que ésta última presentaba ante aquella sociedad antigua, todavía cerrada a las iluminaciones que provenían de la cultura europea. Además, publicitariamente, “Secundino Mazarrón, luthier”, quedaba perfecto: esféricamente castellano. Su contacto con la música, aquella emanación del “nous” que los dioses permitían discernir a los humanos, le hizo adentrarse en el terreno de la mística. Particularmente el problema de las hipóstasis le absorbía como cuestión cardinal. Así que para sumergirse en aquella búsqueda de la espiritualidad buscó refugio y apartamiento en una de las ermitas de la Serranía de Córdoba (España), aunque tuvo que esperar algún tiempo para conseguir una libre, pues se había puesto de moda entre los directivos de las multinacionales dedicar algún tiempo al retiro espiritual.

Después de un período iniciático de adaptación, que llevó a cabo en la Ermita de San Saturio, junto al río Duero, en la recoleta ciudad de Soria, junto a los chopos machadianos, nuestro fabricante de laúdes y mandolinas se instaló en la ermita cordobesa que le cupo en suerte. Allí reestudió a Plotino y los neoplatónicos; buscó las fuentes en Anaxágoras, Aristóteles y los pitagóricos; hizo mentalmente juegos malabares con los conceptos de “nous” y “Kairós”, pero no encontraba el sentido último de lo hipostático.

Las raíces de arbustos, mendrugos de pan duro y un poco de agua que, además de las piadosas jaculatorias, constituían su sustento físico y espiritual, hacían que su mística y su energía fuesen decayendo; por otra parte, una cierta pestilencia que despedía su cuerpo, cada vez más a lo San Jerónimo, en lugar de irradiar el aura de los santos, hizo nacer la sospecha en aquel antiguo epicúreo de que no; que todo aquello de la mística y el castigo al cuerpo eran pura propaganda de los poderes oficiales para mantener unida a la grey con la turbia amenaza del castigo divino.

Un día, radiante para los hombres y nebuloso para él, recibió la visita de un ex-ermitaño, hombre recio y jovial, empresario del sector de la ganadería, que fue vecino suyo de ermita. Se daba la circunstancia de que, además, era argentino. Esa visita de aquel aborigen de La Pampa hizo dar un vuelco a la actitud vital de Secundino. Hablaron y hablaron y el español le hizo sabedor al gaucho de la profunda preocupación que embargaba su espíritu: las tres hipóstasis plotinianas y la definición de la esencia. El ganadero rió abiertamente y le dijo: “Che, Secundino; tenés que venir a mi ranchito. Comeremos asado criollo y eso te iluminará.” Ese fue el principio del desmadre y la reubicación del luthier castellano en el mundo de la realidad, que es el único que nos toca vivir. Recordó éste sus antiguas convicciones epicúreas y deseó que, de nuevo, su vida se inmolase en la búsqueda del placer y la ausencia del dolor.

Cuando Secundino albergó en su pituitaria los efluvios del asado, ya casi olvidados, se sintió embriagado por empíreas sensaciones. Cuando el primer bocado de carne llegó a su paladar todos los tronos y dominaciones celestiales entonaron la música de las esferas, acompañada, eso sí, por los salterios y tiorbas de su fabricación. Se abrazó al jovial ex-eremita y con los ojos llenos de lágrimas felices le dijo: “Esta es la esencia; ésta la primera hipóstasis. Es el Uno que todo lo hace inteligible. Gracias, amigo mío.”

Naturalmente no volvió al eremitorio: fue directamente a Soria, ciudad mística y, sin embargo, gastronómica.

Laus deo.(en aragonés de pueblo: alabau saba dios)

Estela
Estela
09-09-2013 19:23

INDRA, LOS INDIOS WICHI Y EL ANTRÓPOLOGO

Corría el año 1950 y todos los dìas Indra, habitante de un pequeño poblado de SAlta, cruzaba en chalupa el rìo Pilcomayo; muchas veces en AUSENCIA de su marido, era acompañada por los ABORÍGENES wichis; aunque ella sabìa remar, su estado de gravidez no le permitìa dominar correctamente la corriente de AGUA, que en ocasiones,por su fuerza, podía haber producido un VUELCO de la pequeña embarcación.

Ella y su marido esperaban que les llegara una hija mujer, dado que ya habìan nacido dos varones con anterioridad; Ernesto e Indra se amaban profundamente, y habían hablado cada vez sobre el nombre que le pondrìan a la niña ; la madre insistìa en Clara Estela, y él en Indra.

Le faltaban aùn dos meses y medio de gestaciòn, y en aquel dìa de junio, cruzaba nuevamente el Pilcomayo, hacia el pueblo en que se había criado, ya que quería DESPEDIRSE de sus tíos, que regresaban a la ciudad; una vez màs iba acompañada de los wichis.

De pronto, comenzò a sentir los dolores de parto; los indios rápidamente la bajaron al agua y la ayudaron a parir, como hacìan con sus mujeres.

Asì nació Sally, que era muy pequeña y débil; todos SOSPECHABAN que no sobreviviría; un antropólogo que estaba haciendo estudios de campo, tomó una pequeña caja de cartón que tenía algodones y gasas, y la acostó allí; observando que declinaba a ojos vistas, tomó su petaca de cognac, y puso dos o tres gotas en los labios de la niña, que comenzó poco a poco a respirar mejor, y a recuperar el color.

Y el llanto de Indra rodó, por los valles, por la montaña, por el río, dando la bienvenida a la vida.


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Tigana
Tigana
09-09-2013 19:03

¡QUÉ NO ME CASO!

Juro que cuando hace una hora me metí en la ducha había decidido con una firmeza que me sorprendió a mí misma que iría hoy, Nochebuena, a cenar con mi familia. Pero con el agua se me fueron las ganas por el desagüe.

Y es que lo estoy viendo venir, despediremos el año con sonrisas, algunas más forzadas que otras, y “Qué tales” siempre poco efusivos por si a alguien se le ocurre contestar. Nos sentaremos a cenar y entre “Pásame ese Rioja que lo cato” y “Mira a tu tío lo que zampa” se oirá la voz grave de mi primo el mayor “Soso, chicas, algo soso pero mejor, porque asín no bebemos agua y comemos más”. Que tiene narices el hombre, mucha carrera, mucha cultura y con el “asin” entre los dientes desde que cruza el umbral de la casa del pueblo.

A media cena y si todo va bien todavía no se habrán fijado en mí, pero mi padre ya habrá gritado un par de veces lo de “¡Pero qué suerte hemos tenido con estas mujeres, hermanos!”, y los maridos de mis primas, incorporados hace poco a la casta de los Rodríguez, pondrán esa sonrisa que aparece en algunas caras cuando no se sabe si lo dicho va en broma o va en serio. ¿Y los pequeños? Se pasarán la cena armando jaleo, comiendo deprisa y gritando “¿Cuándo llegan los regalos, papá?”, a lo que el susodicho progenitor contestará apretando los dientes “¿Cuántas veces tengo que decirte que te calles?”.

Entonces algunos se darán cuenta de mi presencia y se escuchará “Y tú ¿qué? ¿Sigues sin novio?”. Esbozaré una sonrisa ambigua y mi madre, tan lenta para otras cosas, y a pesar de que estará en la otra punta de la mesa, soltará como una bala “pero quién la va a querer, con esa mala leche”. Masticaré el lechazo rápido y tragaré para evitar alguna burrada con tropezones, claro que mi padre añadirá “ni pa´la virgen chicos, no la casamos ni pa´la virgen”. En ese momento, mi mirada de odio se cruzará con la de mi tío, el más joven, que estará sonriendo levemente y del que sospecho que se casó en verano sólo para que le dejaran en paz y así poder pasarme el testigo de la soltería.

Ahora bien, tendremos suerte si este año no se habla de política, porque entre comunistas nostálgicos y socialistas, saltará la banda de “centro”, que de todo tiene que haber, con alguna de sus habituales frases, tales como “si no hubieseis sido tan rojillos”, lo que los otros completarán con “mejor os calláis y tragáis, que es lo que mejor hacéis…” Entonces algún rezagado para suavizar, me preguntará en un tono más alto que bajo “pero tú, ¿te casas o no?”. Supongo que a esas alturas del desmadre, mi hermana volcará su copa de vino sin querer y, roja cómo un tomate, propondrá jugar un cinquillo y mientras me apresuro a levantarme para coger las cartas tararearé con la música de “hacia Belén va una burra”: “Ya sólo queda Navidad rin, rin…”.

Así que decidido, no iré, este año no vuelvo a pasar por el aro y me quedaré en mi casa, cenando con mi recién estrenada independencia. ¿Notarán mi ausencia?

Vaya, justo ahora el teléfono:

-¿Sí?
-…
-Sí, papá, ya salía hacia allá, llegaré un poco tarde… No empecéis sin mí, ¿eh?
-…
-No, ni pa´la virgen, no me caso ni pa´la virgen.


Fuera de los límites de la raza canina, el libro es el mejor amigo del hombre; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer. Groucho Marx
Eratalia
Eratalia
08-09-2013 12:02

Al DESPEDIR al ABORIGEN se acabó el DESMADRE; la actividad dio un VUELCO, y las AGUAS volvieron a su cauce, por lo que tengo la SOSPECHA de que su AUSENCIA fue una auténtica bendición.


Con rimas y a lo loco
lluvia
lluvia
08-09-2013 07:03

Mi nombre es Uma —agua de lluvia en la lengua aborigen de mis ancestros—, salí de mi pueblo escapando a mi destino. No me pude despedir, y tengo la sospecha de que mi ausencia causó un gran desmadre en la familia; pero necesitaba dar un vuelco a mi historia... y aquí estoy.

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