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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
09-08-2013 14:28

Mis queridos compañeros:
Ya veo que habéis tratado de respetar mi lecho de dolor y habéis suplido con vuestro entusiasmo la ausencia del... amigo. Eso es extraordinario. Se consolida con esta actitud una de mis aspiraciones más fervientes: la de vivir en una sociedad acéfala, abierta y generosa, como aquella que describió Don Quijote en su discurso a los cabreros: "Dichosa edad y siglos dichosos aquellos..."

Y en agradecimiento propongo la palabra

ACÉFALO, A

adj. Falto de cabeza:
feto acéfalo.
[Grupo] social que no tiene jefe o dirección:
comunidad, secta acéfala.

Ahora, a ser formalitos y a escribir como los magníficos chicos/as que semos.
¿?
Pues ya voy mejorcito, gracias.

Des
Des
09-08-2013 11:55

Tríada o tríade.

(Del lat. trĭas, -adis, y este del gr. τριάς, -άδος, trío, número tres).

1. f. Conjunto de tres cosas o seres estrecha o especialmente vinculados entre sí.


Eratalia
Eratalia
09-08-2013 11:23

CADENCIA

*Serie de sonidos, movimientos o acciones que se suceden de un modo regular o armónico:
cadencia de una melodía.
*Distribución armónica de los acentos y las pausas de un texto:
cadencia de un poema.
*Ritmo, compás:
la suave cadencia de su voz.


Con rimas y a lo loco
juan fozara
juan fozara
09-08-2013 09:33

Mi palabra es ENFERMEDAD.

Leve, pero enfermedad.
Que te mejores, maestro.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Estela
Estela
09-08-2013 07:32

Lo dicho: Rodrigo nos tiene tan dominados, que aquí estoy obediente(JA) , abriendo el contador conla primera palabra.

NORAY

1. m. Mar. Poste o cualquier otra cosa que se utiliza para afirmar las amarras de los barcos.

2. m. Mar. Amarra que se da en tierra para asegurar la embarcación.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

No es tan rara. Después de todo es bueno incorporar lenguaje naútico. Esto me recuerda las novelas de SAlgari.

He comenzado a "volver" , nada de acacia, jabalí, almena, ardilla... y palabras tan sencillitas; y recuerdo que hay otros sujetos/as por aquí,q ue de vez en cuando también ponen unas palabritas... que da trabajo ubicar...ja!

Después de todo, si significa amarra... son tantos los significados simbólicos que se le pueden dar...


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Estela
Estela
09-08-2013 07:01

DUEÑOS DE LOS HIJOS

Aurora estaba muy angustiada; sus padres no lograban entender que ella sí quería entrar al convento de clausura, y no así su hermana Laura, a la que por ser la tercer hija ,habían destinado a que profesara en forma obligatoria, a fin de que rezara por el perdón de los pecados de la familia;ese era su destino, el que le habían elegido y debía aceptarlo.

Laura también sufría mucho, porque estaba enamorada de Alberto, quien la correspondía, y se veían a escondidas;hasta habían hecho planes de casarse ;muchas veces, ella le decía que le encantaría esperarlo como una especie de Julieta, pero en lugar de estar en un balcón, asomarse por la ALMENA de un castillo ; eran muy felices cuando estaban juntos; Alberto insistía que si iba a hablar con sus padres, los convencería de sus buenas intenciones, y los haría desistir de hacerla infeliz y terminarían dando la BIENVENIDA a los planes que tenían; Laura pensaba que nada lograría vencer el deseo de sus progenitores, que los consideraban de su propiedad,a todos sus hijos. Allí se hacía lo que ellos decían, y nadie tenía ni voz ni voto.

Tanto Mario como Josefa, sus padres, estaban muy enojados con las dos, y le decían a Aurora, que no era posible que ella entrara al convento, que tenía que casarse, porque no era quien estaba destinada a profesar; la joven habló con su confesor, y logró llegar hasta el OBISPO, quienes le dijeron que ambas debían obedecerlos ; la pareja conversaba entre sí, coléricos, porque ellas tenían que aceptar su voluntad ,que era SOBERANA; decían que resultaba ABOMINABLE que sus hijas no entendieran, que lo que decidían era lo mejor, que les dijesen que ellos podían cometer un error, y que iban a ser infelices.
!Cómo se atrevían!

Se preguntaban que error habían cometido para que dos de sus descendientes fueran tan rebeldes; si bien ambas eran muchachas hacendosas, enemigas del OCIO, y trabajaban con esmero y alegría en las tareas que se les encomendaban, esta falta de respeto los tenía asombrados. ¡Ellos no iban aceptar que se pusiera en duda que querían lo mejor para todos sus hijos!
¿Acaso al hijo primogénito, que quería cursar estudios universitarios, no había aceptado y obedecido cuando le dijeron que ni lo pensara, que debía hacerse cargo de la fábrica?
¿Acaso la pequeña Agueda,de 16 años, cuando le dijeron que debía casarse con un hombre que la triplicaba en edad, y que no era necesario que estuviera enamorada , no había bajado la cabeza y aceptado lo que ellos habían decidido?

Sus decisiones eran irrevocables, Aurora se casaría y Laura profesaría como monja de clausura. Ellos sabían que era lo que convenía a sus hijas.


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
juan fozara
juan fozara
08-08-2013 20:32

LA CACERÍA.

El OBISPO roncaba y retumbaba toda la sabana.
- Hagan callar a ese cura, nos va a espantar la caza. ¿A quién se le ocurre traer un obispo a una cacería?
Un hombre algo lacónico le contestó.
- Es una orden de nuestro SOBERANO. Un misterio más sin resolver pensará usted, hermano, pero no es así.
- ¿Usted también es cura?
- Lo somos todos menos los porteadores, yo soy el auxiliar del obispo. No se lo hemos querido decir en principio. Temíamos que ABOMINASE de ser nuestro guía y rastreador, mañana continuaremos hablando.
- Mañana no, hoy, ahora, no nos entretendremos en una descripción del campamento, con sus fuegos, con la luz de gas que ilumina las tiendas, con el olor a cansancio y calzones lavados con jabones "El lagarto", con los porteadores haciendo sus turnos de guardia, con los innumerables y estremecedores ruidos de la selva, con las picaduras de mosquitos, con lo buena que está la enfermera con su cofia blanca...
- Chist...no es una enfermera, es una monja.
- ¡Cristo! ¿Por qué me han contratado a mí como guía? Soy el más blasfemo, bebedor, jugador, mujeriego e inescrupuloso de todos los guías.
- Pero es el mejor.
- Ahora si le digo que voy a dormir, hasta mañana.
- Hasta mañana.
El rastreador entró en su tienda, bajo una piel de leopardo le esperaba su última amante, Frida.
- Hoy va ser mejor que no metamos ruido- le dijo.
El auxiliar se quedó rezando hasta altas horas provocando la intriga y extrañeza de los porteadores a los que les tocaba hacer guardia.
Amaneció un día cálido, recogieron rápido el campamento que subieron a las carretas tiradas por bueyes.
El obispo iba en la última, la más grande, todavía OCIOSO, desesperezándose. Mandó un recado para su auxiliar por medio de un sacristán. Ya podía explicar el motivo de su cacería, a quién querían cazar. El sacristán dio bien el recado.
En la cabecera de la caravana, Mr.Müller, el guía y Cipriano, el auxiliar, retomaron la conversación.
- Sr.Müller- dijo Cipriano- es hora de que le digamos el animal al que queremos cazar, el más peligroso, el más taimado, el innombrable...el diablo.
Mr.Müller tiró de las riendas y paró a su caballo, miró fijamente a Cipriano. Iba a contestar pero se guardó la respuesta. Bajo del caballo y se sentó apoyando la espalda en un árbol liándose un cigarro de picadura. Reflexionó:
"¡Panchito! Quieren cazar a Panchito, pobre diablo, retirado ya, son sus bisnietos los que hacen el trabajo sucio y ahora vienen a sacarle de su merecido retiro".
Müller solía visitar a Panchito, vivía humildemente en un castillo de arena con sus ALMENAS y un cartel de BIENVENIDA a la entrada. Era muy viejo, estaba sentado siempre en su hamaca bebiendo su batido de coco con una pajita, unas gafas de sol siempre puestas y su sombrero de paja y sus pantalones bermudas. Vivía de las propinas que le daban los turistas. Le contaba a Müller en sus charlas que estaba arrepentido. Que fue un error ser diablo, nació diablo, no pudo elegir. Eso sí, le gustaban las mujeres y tuvo muchos hijos con el mismo sino. Tampoco pudo evitar nacer golfo, pero mala intención no tenía, de hecho su abuelo Mefistófeles le reprendía: "Tú no vales para diablo".
A Müller le divertía su charla y le consideraba su amigo, jugaban a la sombra de las palmeras en las soporíferas tardes a cartas. Eso sí, Panchito siempre hacía trampas.
Müller acabó su cigarrillo, se levantó parsimoniosamente y se dirigió a Cipriano.
- ¿Ve aquella loma con piedras allá arriba? Lo podrán encontrar allí, pero yo no puedo acompañarles, me encuentro indispuesto, les será fácil encontrarlo.
- Pero...- replicó Cipriano.
- Confíen en mí. No me necesitan.Les será muy fácil.
- No le pagaremos.
- Da igual.
Müller dio media vuelta a su caballo y recogió a Frida, quien se sentó a la grupa.
Frida dijo.
- ¿A dónde los mandaste?
- Yo que sé, al diablo, además hace tiempo que Panchito fue desahuciado.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
07-08-2013 20:55

EL SACRÍLEGO

Introibo ad altarem Deo.

El día anterior su Obispo había pronunciado esas mismas palabras cuando inició la ceremonia de la consagración de los nuevos sacerdotes. Eran, desde entonces, ministros soberanos para representar al único Dios en esta Tierra que Él creó. Eran bienvenidos a la selecta élite que con su palabra y con su ejemplo dirigiría al pueblo elegido por el arduo camino de la eterna salvación. Ya no cabían ocio en la tarea, ni flaqueza ante las tribulaciones, ni dudas antes los mensajes oscuros con los que su Dios le marcaría su camino. La fe sería el faro y la almena, su luz y su castillo.

En el cerebro de Álvaro el recuerdo de estas palabras retumbó como un seco acorde de timbal, como gruesos granizos cayendo sobre un tejado de metal.
Apenas ayer, no hacía ni veinticuatro horas, ofició su primera misa. Su vibrante sermón movió a los emocionados feligreses a abominar de sus servidumbres, aquellas que los ataban al pecado, particularmente a los pecados de la concupiscencia. Apenas ayer sus bellas y cuidadas manos de aristócrata elevaron por vez primera la sagrada forma. En ese momento de unción, todos los acosos del Maligno se disolvieron como azúcar en agua. El deleite casi extático de la transustanciación en carne del Espíritu de Dios, dentro de aquella delgada oblea de trigo ácimo, tuvo el efecto místico que tantas veces había leído y oído y que envolvía en esos sublimes momentos a las almas grandes.

Kirye eleison, Chiste eleison, Kyrie eleison

Ahora, apenas dos días después de aquellas ceremonias de iniciación, las manos de Álvaro, nerviosamente, deshacían, uno tras otro, apenas encendidos, los perfumados cigarrillos turcos que solía fumar. Los aplastaba en el cenicero tallado, colocado en el alféizar de la ventana, frente a la cual contemplaba el placentero amanecer entre los castaños del vecino parque. La tibia penumbra del dormitorio, en el que los abundantes cortinajes de raso, el valioso mobiliario y la brillante lámpara antigua, proponían una escenografía acorde con el boato del propietario. En el lecho adoselado, la figura desnuda de Herminia, la bella cocotte, yacía como un pequeño y lánguido animalito, saciado su apetito de placer tras una intensa noche de amor. Sus voluptuosas formas, abandonadas entre las sábanas sedosas, parecían irisar con sus nacaradas carnaciones los rincones más oscuros de aquel nido de lujurias.

De profundis clamavit, Domine

Porque aquello no había sido un simple tropezón. No. Álvaro tuvo que elegir entre las dos carnes: la divina, encarnada en la sagrada forma y la deliciosamente humana, creación majestuosa de aquel Dios transustanciado, una exquisita figurilla de Tanagra hecha con carnes delicadas, huesos y sangre, amasados con colágenos, la de aquella cocotte, Herminia, que tanto placer le daba. Y Álvaro mancilló, apenas unas pocas horas después de consagrarla, la carne del Dios de sus padres, de su mismo Dios, aquel que, por unos breves minutos le mostró en éxtasis su divina grandeza y los placeres de su gloria. Álvaro eligió a Herminia, su placer inmediato, su gloria, quizá efímera, pero también magnífica criatura de ese mismo Dios. El neófito misacantano eligió, entre las dos encarnaciones divinas, la suculenta, la de las delicias del Venusberg. La otra, la de la enteca oblea, quedaría para las celebraciones diarias en las frías madrugadas de las iglesias.

caizán
caizán
05-08-2013 03:22

BIENVENIDA
Alguna vez fue joven, alguna vez madre de hijos perdidos,de hijos ajenos. Nunca niña, nunca padres que la cobijaran, que la educaran, que le dieran al menos: cariño. Familia nunca tuvo, no abominaron de ella, pero amor, lo que se dice: amor, no lo conoció.
¡Tantas cosas sin conocer! El más importante fue el ocio. Estar siempre ocupada fue una constante de su vida, a partir de los seis años siempre tuvo tareas superiores a su fuerza, a su edad; ir con el rebaño, juntar leña, acarrearla en hatos, ordeñar, lavar, planchar, cocinar, bañar a niños; a viejos olvidados por la familia en la casa del fondo, lejos de la principal, donde se presumía de caridad cuando llegaba el señor Obispo. Toda la familia de gala, vajilla de porcelana, copas de cristal para vinos franceses, pocillos con café tostado, puros y licores, dulce para las damas, brandy Soberano para los hombres, mientras allá en el fondo, esos viejos abandonados manducaban las sobras de la fiesta, sin vinos, puros, café, ni licores, solo unos jarros con agua y una bacinilla como retrete. En la casa principal se seguía hablando del amor por los pobres, la caridad cristiana para los necesitados y enfermos, la familia como entidad primigenia y las botellas vacías de vinos y licores como mudos testigos de esa beatitud.
Jamás una queja, aceptó la vida que le tocó en suerte con resignación, y agradecimiento por tener un techo, un lecho, un plato de comida. Como los perros guardianes lamía la mano del amo, y como buena guardiana de esa inmensa casa, que llamaban la estancia, alguna vez, desde las almenas de la pared que la rodeaba tuvo que defenderla de la chusma con una escopeta, hasta que llegó el ejército y aplastó la rebelión de los cosecheros – reclamaban dos pesos más por día – Algunos murieron en el intento. Los que quedaron aprendieron. La palabra del señor de la finca no se discute, se respeta, es la voluntad de Dios. Siempre habrá pobres, desposeídos,y señores que cuiden de ellos dándoles trabajo, cobijo, un plato de comida, un salario acorde con el concepto original de esa palabra, pero, avasallar la casa del señor con desmedidas pretensiones ¡Eso no! Todo estaba en su cabeza mientras recargaba la escopeta para defender su vida, el señor le dijo que si entraban, la mataban. No tenían más que odio. ¡Qué se podía esperar de esos bandidos! Solo eran comunistas soliviantados por agitadores profesionales que buscaban el cáos social. Alterar la paz y el orden que reinaba en los dominios del señor.
Ella recordaba todo lo pasado, lo vivido. ¡Tantos años en esa casa! Entró siendo una niña fresca, rosada, y se iba vieja, enjuta como una uva pasa, su piel reseca había perdido el colágeno que la mantenía turgente, no tenía aquella agilidad para escapar de los abrazos pecaminosos de quienes no le gustaban y darse un felino revolcón con los que sí. Eran tiempos pretéritos. Hoy parada al costado del camino, esperaba algún camión hasta la ruta, para tomar el ómnibus que la llevara al hospital. La artrosis de sus manos no le permitía juntar el pulgar como oponente. El señor le había dado una carta dirigida al director del nosocomio, para su internación; una de recomendación para una posible nueva familia que la tomara y otra para la abadesa de las monjas, para que la recibiera en caso de fallar las dos anteriores, en ella le decía que si era aceptada en la orden, sería bien visto por el señor Obispo y, en agradecimiento, todos los meses les llevaría: aves, huevos, leche, frutas y verduras de la estancia.
Además de todo eso, le dio su sueldo del mes: doscientos pesos.
JSM

Eratalia
Eratalia
04-08-2013 12:53

LA AMBICIÓN

El obispo del condado de Fliesburg descendió del carro de modo majestuoso, con orgullo y parsimonia.
No le importaba hacer esperar al Conde, bien al contrario, quería dejar patente desde el principio que él no estaba sometido a sus órdenes ni a sus fueros. Desde que el soberano había confirmado su nombramiento conseguido tras múltiples y oscuros manejos, estaba dispuesto a seguir escalando hasta llegar a lo más alto, costase lo que costase.
Esperaba que el Conde saliese en persona a darle la bienvenida, pero no fue así. Sabía que Grosventre abominaba de él y que había intentado por todos los medios a su alcance boicotear su nombramiento como obispo, pero finalmente él había salido victorioso. Siempre era bueno guardar un as en la manga, y las mangas de su abigarrado traje clerical eran suficientemente anchas como para ocultar entre sus pliegues no una, sino varias barajas completas.
Llegaré a lo más alto –pensó una vez más- esto es sólo un primer peldaño. El arzobispado de Blackcrow, quedará en breve desierto, si todo marcha según mis planes. Después vendrán los ropajes cardenalicios, y luego, ¿por qué no? el solideo blanco sobre mi cabeza y el anillo del pescador en mi dedo…
Mientras, el Conde Grosventre, se retorcía las manos, intentando urdir un plan que le librase de aquel obispo petulante y odioso, al que sabía capaz de las más funestas artimañas. Algo se le habría de ocurrir, se imponía pensar con astucia, maquinar la treta que le salvase del abismo al que, si no encontraba una solución adecuada, se vería abocado en breve.
Un criado con librea bicolor anunció con voz potente:
-Wicked Nogood , Excelentísimo Obispo de Fliesburg.
Con la más hipócrita de sus sonrisas dibujada en el rostro, el conde dio la bienvenida al recién llegado, sin ni siquiera levantarse del ostentoso trono sobre el que descansaba su rolliza figura. Cruzadas las cuatro frases protocolarias y aduciendo que el obispo debía estar muy cansado tras el largo viaje, despachó al recién llegado, emplazándole para una audiencia al día siguiente.
La noche fue eterna. Reunido con Sir Fawning, su hombre de confianza, Grosventre elucidaba estratagemas para librarse del malquisto convidado. En un par de días seguiría su camino para tomar posesión del palacio episcopal y una vez instalado allí y rodeado de su séquito sería más complicado tenerlo a su merced. Se imponía hallar una drástica solución a los futuros problemas que adivinaban.
Podríamos preparar una emboscada cuando reanude su camino –terció Fawning- los proscritos son frecuentes en estos bosques, a nadie le extrañaría… O quizás unos polvos disueltos discretamente en su copa harían un buen trabajo.
-No quiero que eso ocurra puertas adentro de mi castillo, sería demasiado engorroso. Creo que la primera opción es la más acertada. No quiero saber los detalles. ¡Se acabó el ocio! Vamos, vete y prepáralo todo.
Al día siguiente, tras el copioso almuerzo y antes de retirarse a sus aposentos para el apetecido descanso, Wicked Nogood pidió visitar el castillo. Amante del arte y del lujo, era conocedor de las joyas que en él se encerraban, tapices de incalculable valor, piezas de orfebrería de inusitada belleza… El condado de Fliesburg era de los más ricos del país y él quería verlo todo antes de partir.
Recorrieron las fastuosas estancias hasta las escaleras que subían hacia la torre del homenaje, que también insistió en visitar. Comenzaron la ascensión por la angosta escalinata que se retorcía sobre sí misma en incontables ocasiones. A medida que progresaban, los escalones eran cada vez más altos y estrechos y el ascenso más arduo, pero ninguno de los dos quería confesar su manifiesto cansancio y continuaban penosamente…
Faltaba poco para alcanzar las almenas, final del recorrido, y ambos presentaban una respiración jadeante y entrecortada. El obispo fue el primero en doblarse sobre sí mismo, miró al conde con los ojos llameantes de miedo e indignación, mientras se asía a él balbuciendo:
-Canalla, me has envenenado…
Pero antes de desplomarse, pudo observar que, a su vez el conde, con una mueca de dolor crispándole el rostro hacía esfuerzos por mantenerse en pie.
Unos segundos más tarde ambos se precipitaban al vacío por el hueco de la escalera de caracol, aferrados el uno al otro, unidos para siempre en su mutuo odio.
Abajo, Sir Fawning, disimulando una sonrisa de júbilo, pensó en las explicaciones que daría, sencillas y convincentes: El obispo y el conde se enzarzaron en una feroz disputa y cayeron desde arriba, cuando estaban a punto de llegar a lo más alto.
Y se escabulló como una sombra felina.


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