Queridos amigos y amigas. Quiero que sepáis que leo todo lo que publicáis, aunque no os deje comentarios. Comentar con acierto, nunca se me dio bien, y menos aún ahora. Como dice Rodrigo, os leo calladito, y disfruto vuestros textos, sin decir ni pio, pero, sigo entrando a este nuestro lugar de amistad y letras.
Como no hay un hilo específico, os dejo aquí este intento de obrita de teatro. En su original, tiene omágenes que no he podido subir. Un abrazo, para todos y todas.
(EL GRAN TEATRO DEL MUNDO) UN DÍA INOLVIDABLE
Obra de teatro corta.
Título: Un día inolvidable.
Autor: Gregorio Tienda Delgado.
Personajes: Narrador, Javier, Pedro y Marta,
Escenarios: una sala de baile, un hotel y una casa particular.
Narrador: Es agosto, y dos amigos están de vacaciones en un pueblo de la costa. Por el día van a la playa y a visitar la ciudad, y por la noche al baile. El más joven, Javier, tiene 18 años, y Pedro, 25 años.
Javier: (En el baile) Mira Pedro, qué chica, qué hermosa es, literalmente me ha dejado boquiabierto. Con su tez morena sus ojos grandes, negros, su cabello ondulado que corta el aliento meciéndose al ritmo de la música. Lo siento por ti; es un bombón para no repartir con nadie. Pero no tengo claro cómo abordarla. ¿Puedes allanarme el camino? Quiero bailar con esa chica despampanante, pero no sé cómo pedírselo.
Pedro: Por supuesto. Contacto con ella y después te la presento. Ahora que ha parado la música. Hola, guapa. Me llamo Pedro y estoy con un amigo. No somos de aquí, y andamos un poco perdidos. Necesitamos a alguien que nos oriente. ¿Podemos hablar un momento? Te presentaré a mi amigo. Supongo que tú sí eres de aquí.
Marta: Sí. Vivo en este acogedor pueblo y puedo ayudaros; estoy de vacaciones y tengo tiempo.
Pedro: Gracias. Javier, ven, acércate. Te presento a mi amigo Javier. Javier, ella es Marta.
Javier: Hola Marta, un placer conocerte, eres muy bella. ¿Quieres bailar conmigo? He visto que bailas muy bien, al contrario que yo, que no soy buen bailarín.
Marta: Sí, bailemos. Verás que es fácil.
Javier: (Piensa) Estoy bailando con Marta, y no lo puedo creer. Su con-versación es fluida y agradable y baila maravillosamente. Es tan hermosa que al mirarla, hace que sienta un calor llameante en todo mi cuerpo. Una mujer ideal al alcance de mis manos y probablemente, de mi gozo.
Marta: (Ilusionada) Tengo que marcharme. Es tarde.
Javier: ¿Puedo acompañarte?
Marta: Sí, claro que puedes, mi casa está cerca.
Narrador: Rebosante de felicidad, Javier acompaña a Marta hasta su casa, y se despide de ella muy tímido, con un beso en la mejilla. Quedan en verse al día siguiente en su casa. Javier vuelve al hotel dando saltos de alegría y su amigo lo está esperando, en el hall para felicitarlo por su éxito.
Pedro: Hola Javier, qué éxito. ¿Cómo te ha ido? ¿No te ha invitado a pasar a su casa?
Javier: Me ha ido muy bien. No me ha invitado a entrar, pero hemos quedado para mañana; iré a buscarla. Gracias, Pedro, por habérmela presentado. Me voy a dormir y a soñar con el ángel que he conocido esta tarde. Soñaré despierto imaginando fantasías sexuales.
Narrador: Javier se despertó a las once de la mañana. Después del aseo pertinente, bajó, compró un ramo de flores en la floristería del hotel y se encaminó a buscar a Marta. Le había prometido pasar a buscarla a las doce para almorzar. Caminó con el ramo erguido en su mano derecha y con el corazón a mil por minuto, con la convicción de que sería un día inolvidable para él. Llegó, pulsó el timbre y esperó unos segundos. Se abrió la puerta y apareció Marta tan hermosa como la noche anterior, pero más sensual aún, cubierta con una bata blanca cuya transparen-cia dejaba percibir sus encantos.
Javier: Buenos días, Marta. Estás preciosa. Apenas he dormido pensando en ti. Te he traído unas flores, espero que te gusten. Es la primera vez que ofrezco flores a una chica, y temo no haber acertado.
Marta: Sí que has acertado; son preciosas, me gustan mucho.
Narrador: Marta cogió el ramo, le invitó a pasar, y nada más llegar al salón, sin pensárselo, le ofreció sus labios que él besó con pasión incon-tenible. Fue un largo beso en el que sus lenguas se enredaron sin inten-ción de soltarse. Cuando por fin separaron sus labios, el corazón de Ja-vier palpitaba acelerado por la emoción del momento.
Marta: Siéntate mientras me cambio la bata por ropa de salir. Aunque… ¿Prefieres salir? O almorzamos aquí.
Javier: Sinceramente, prefiero almorzar en tu casa, pues, quiero estar a solas contigo para hablar y… conocernos mejor.
Narrador: Acabado el almuerzo, Javier se encontraba excitado a la es-pera de que Marta le ofreciera las delicias de su cuerpo como postre, y saciar el deseo que anidaba en su mente y en todo su ser. Marta le pidió que esperara en el salón y en tres minutos que para él fueron larguísimos, apareció cubierta con una bata blanca más transparente que la anterior y le invitó a que la siguiera hasta su habitación. Al verlo tan ner-vioso, le ayudó a desvestirse. Ella se quitó la bata y se puso en la cama con sólo sujetador y braguitas. Su cuerpo era extraordinariamente bello y su excitación excesiva. Javier le quitó el sujetador y saboreó sus pezones y sus labios con toda la pasión que un ser humano es capaz de sentir. Y cuando intentó quitarle las braguitas, notó un pubis muy abultado, y acto seguido, miró su cuello. Comprendió entonces, que si tenía nuez no tendría castaña. Su desilusión fue tan grande, que su excitación bajó de repente como si se hubiera dado una ducha de agua helada.
Marta: Perdona, creí que sabías desde el primer momento que no soy una mujer al completo.
Javier: Marta, Manolo, o como te llames, me disculpo por mi ignorancia. Me siento como un parvulito.
Narrador: Javier se marchó avergonzado, sin saber qué decirle a Pedro cuando le preguntara por sus andanzas con Marta. Y… sí que fue un día inolvidable para Javier... FIN.