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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
juan fozara
juan fozara
31-07-2013 13:30

REUNIÓN DE BORDONEROS.

Se acercaba el día de San Bordón, patrón de los BORDONEROS. Llegaron de todas partes del mundo, se iban a reunir en Cabo Cañaveral (U.S.A.)
La reunión era en la Luna y allí se iban a dirigir en un gran cohete espacial. Bordoneros de todas clase y condiciones pero con un denominador común: Vivían en la luna, pero aquí en la Tierra, eran soñadores. Así que el día de su patrón lo festejaban en la Luna de verdad. Una auténtica romería.
Pero este año era especial, iban a establecer una base permanente en este satélite y ESTURREARSE después por todo el universo. Pioneros. No les llegaba el mundo o les sobraba. Estaban hartos de las TRIQUIÑUELAS de la sociedad. Soñaban con un mundo nuevo, sin ABOLLAR, ya no tenían fe en este, ¿para qué intentar cambiarlo? Era SIMPLE, liarse el petate y adiós.
¡Ja, fácil! Tuvieron muchas dificultades para emprender el viaje. Hubo que superar una serie de pruebas.
Primero los recluyeron de nuevo en sus escuelas, con las antiguas maestras. La letra con sangre entra. Pudieron superar esta primera prueba, todos habían faltado a clase, luego cumplían los requisitos.
Después los recluyeron en el servicio militar. ¡Uno, dos, tres, cuatro! Todos aprobados, pues todos desertaron.
Después los recluyeron en sus primeros empleos con sus primero patrones. De nuevo superaron la prueba, todos habían sido despedidos.
Posteriormente los reunieron con sus antiguas novias, ahí la mayoría sacaron matrícula, pues fueron abandonados por hombres de provecho, no ilusos como ellos.
Se acerca una prueba más difícil, allí descartaron a algunos. Les presentaron ante sí los primeros caminos que conducían a la libertad. Algunos delinquieron,fueron eliminados, algunos se refugiaron debajo de un puente para siempre, suspendieron. No digamos los que se dedicaron al alcohol y a las drogas.
Ya quedaban menos, tuvieron que pasar la prueba de la alegre lejanía. ¿Quién había llegado más lejos y más tiempo autosuficientes, sin arrepentimientos, orgullosos de su destino,supervivientes del desaliento.
¡Cuántos cayeron por el camino!
Ya quedaban pocos. Siguiente prueba.
¿Quién permanecía con la CABEZA sana? ¿Quién no se había vuelto loco ante la injusticia, la insolidaridad, el hambre, la guerra, la miseria?
Nueva criba.
Hubo un día de descanso antes de las últimas pruebas, la partida estaba próxima, los que no fueron eliminados en las pruebas estaban impacientes.
Amaneció y el rumbo de las pruebas también viró.
¿Quién estaba dispuesto a no pelearse y dejar el sitio voluntariamente a los compañeros más capacitados? ¿Quién no iba a sentir codicia y envidia?
Allí también hubo una purga.
Quedaban ya un par de veintenas de hombre y la prueba definitiva. ¿Quién no anidaba sino sólo amor en su corazón?
Todos aprobaron, todos eran buenos, así que hubo que echar a suertes. A nadie le pareció mal, para este viaje sólo cabrían trece. Después habría más travesías.
Se realizó el sorteo, le tocó de capitán de la nave a un tal Jesús y como viajeros me acuerdo sólo de algunos nombres, Pedro, Juan, Lucas, Mateo, Marcos, Judas Tadeo, Judas Iscariote y algunos más.
Subieron a la nave que salió propulsada con rumbos nuevos, la Luna, Marte, Júpiter, Saturno, así hasta llegar al fin del Universo. Iban a tratar de crear una sociedad justa y buena. A ver si esta vez tenían más suerte pues en la Tierra no les fue muy bien.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Jose Jesus Morales
Jose Jesus Morales
30-07-2013 21:55

Sucesos
El mismo día que Carlos Sotillo perdió el trabajo, también perdió a su mujer, la Matilde, no alcanzó a contarle que lo habían despedido, al llegar a su casa Matilde lo esperaba sentada en un sillón, el rímel corrido y los ojos hinchados. Había llorado y mucho, entre sollozos alcanzó a decirle “no podemos seguir juntos”.
Carlos había crecido en medio de las discusiones de sus padres, quienes nunca lograron divorciarse, ni siquiera separarse, aunque cada día amenazaban con hacerlo. Se había prometido así mismo, que jamás discutiría con su esposa y lo cumplió.
Atinó a decir, está bien. Dejó las llaves del apartamento sobre la mesa, dio media vuelta y cerro con cuidado la puerta al salir.
Mientras bajaba en el ascensor recordó las estrofas de una canción, nunca pudo recordar una canción completa, mucho menos quien la cantaba, apenas recordaba retazos, quizás aquellos que en algún momento había hecho suyos:
“yo sentí que mi vida
se perdía en un abismo
profundo y negro
como mi suerte”
Al acercarse al auto, una ardilla salió disparada y se subió a uno de los tantos arboles de la vereda en donde vivía, las preguntas le asaltaron y sucedieron sin respuestas.
¿Sí en vez de hombre hubiera nacido animal?
¿Sería la vida diferente?
¿Más simple?
¿Mejor?
¿Sin este dolor?
¿Sin este vacío?
El estomago le daba vueltas, el plexo solar se había convertido en un remolino, logró sentarse frente al volante, tomó aire y mecánicamente se concentró en manejar con mucho cuidado, no quería abollar el auto. En ese instante entendió exactamente lo que decía su abuela cuando un evento extraordinario la sobrepasaba.
“Bienvenida la desgracia, cuando viene sola”
Carlos había convertido su vida en un eje de una sola vertiente, el eje por supuesto Matilde, su esposa, a quien prácticamente adoraba, le encantaba mirar su rostro cuando lograba complacer el mínimo deseo, sorprenderla; se maravillaba al verla iluminada de alegría. La vertiente, el trabajo, al que se dedicaba con atención y esmero ocho horas de lunes a viernes y servía para hacer perfecta su vida con Matilde.
Tomó una autopista y siguió manejando mecánicamente, todos sus sentidos concentrados en el manejo del auto. No se detuvo en ningún lugar, había perdido el apetito por completo, el paisaje fue cambiando, había dejado la ciudad y por puro instinto, con ganas de perderse para siempre, sin pensarlo, tomó un camino vecinal.
Frenó con fuerza al ver a un hombre desgarbado, barbudo, con sombrero y un cayado, que intentaba espantar unos animales imaginarios, tenía toda la facha de ser un bordonero, o en este caso un pastor sin rebaño, y lo comprobó cuando el hombre se acercó y le dijo con claridad:
“Acabo de esturrear esos animales que estaban en medio del camino, ocasionan muchos accidentes lamentables, de gracias a que andaba por aquí, quien sabe lo que hubiera pasado si no logro espantarlos con mis gritos.
Mecánicamente Carlos buscó algunas monedas, pero esta vez se equivocó, el hombre le dijo: “voy al próximo pueblo, está muy cerca en auto ¿me podría llevar?”
“La vida no vale nada” dijo el bordonero apenas entró al auto. “Nos pasamos el tiempo haciéndole triquiñuelas a la muerte y siempre nos alcanza” luego de esta afirmación guardó silencio.
Carlos siguió manejando sumido en su propia bruma.
“Detenga el auto, quiero mostrarle algo”, dijo el personaje sacando a Carlos de su ensimismamiento y obligándolo a detenerse.
Bajaron del auto, el sol estaba a punto de morir detrás de una montaña y en un estertor de fuego ensangrentaba el cielo.
Con un ademan que abarcaba todo el paisaje le mostró los campos de trigo que se perdían de vista, con el mismo ademan le mostró el cielo y con los ojos desorbitados, gritó: “polvo en el viento. Solo somos polvo en el viento” mientras le abría la cabeza con el cayado.

Eratalia
Eratalia
30-07-2013 13:28

FRACASO

Necesito una simple triquiñuela, un subterfugio, algo que me haga salir airosa del atolladero en el que me encuentro: Hace días que soy incapaz de escribir nada.
En mi cabeza hay mil palabras esturreadas surgiendo aquí y allá, que se empujan y desplazan las unas a las otras, pero ni una sola idea creativa; las frases se suceden huecas cuando intento darles forma, unión, sentimiento y coherencia, y acaban deshaciéndose como helados de vainilla bajo el sol de agosto.
Quizás sea eso, el sol del verano me hace languidecer. Al igual que en invierno soy una ardilla veloz y eficiente, en verano me metamorfoseo en lagarto, indolente y perezosa, apabullada bajo el tórrido calor.
No tengo ganas de desfacer entuertos ni correr aventuras, ni tan siquiera en mi imaginación.
Soy como un bordonero que, exhausto del camino, sólo desea sentarse en la orilla de su vida, echar un trago de su vieja y abollada cantimplora, ser feliz no ansiando nada que no posea y disfrutando de cada bocanada de aire que entra a sus maltrechos pulmones y que le hace constatar que sigue vivo.
¿Por qué es fácil hablar de lo que uno siente, cuando uno siente que no hay nada de que hablar?
Pero… ¡un momento! Mi contador de palabras dice que sumando todo lo escrito ya hay doscientas veinte.
Entro al hilo, miro la cabecera y una sonrisa triunfal se dibuja en mi rostro cariacontecido hasta ahora. He superado los mínimos, la triquiñuela funcionó y una semana más, por suerte, puedo salir airosa del intento.
¿Que no es una historia, me decís? Sí, sí que lo es. Es la historia del fracaso de mis sueños de escritora.


Con rimas y a lo loco
Estela
Estela
30-07-2013 00:01

SIMPÁTICO ANIMALITO.

Ya te dije mil veces, Emilio, que no es posible tener una ARDILLA en un departamento tan pequeño como este!

Ya tenemos suficiente con el Pulky, que araña , rompe las fundas de los sillones, ABOLLA todo lo que encuentra; no me vas a convencer, no seas CABEZA dura.

¡Y te pido por favor que no dejes todo ESTURREADO por ahí! En un lugar tan chico,el desorden se nota mucho mas! Es algo tan SIMPLE de lograr, bastaría con que guardaras cada cosa en su lugar, cada vez que las usas.

Te aviso que ayer vino la vecina del 5to, a quejarse porque dice que eres un BORDONERO, que no solo no la saludas, sino que el otro día, le sacaste parte de la mercadería que traía del Super, y anteayer, te las arreglaste para hacerle una zancadilla, de modo tal que terminó con su humanidad en el suelo.

! No pongas caras de “yo no fui”, porque te conozco, Emilio! Siempre encontrás una TRIQUIÑUELA, para convencerme de que sos inocente de todo lo que te acusan.

¡Y sacá esa ardilla de mi vista, que se está royendo las cortinas y está destrozando los muebles! ¡Qué me importa que sea simpática y que ya le hayas comprado nueces para que coma! Está haciendo trizas todo! Ya sé que te gustan todos los animales, pero con ese criterio, ¿Por qué no traes una cría de elefante?
–¿ Ah, porque es muy grande? Al menos, un elefante no roería los muebles, ni desgarraría las cortinas con sus uñitas.

¡Noooo! !NO me estoy conmoviendo porque hablé en diminutivo, Emilio! Ya te dije muchas veces que no quiero mas animales en casa, suficiente con el Pulky!

Y vas a tener que elegir, la ardilla o yo; esto no fue lo que conversamos, querido, el día de nuestro casamiento.


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
caizán
caizán
29-07-2013 03:31

EL BORDONERO
En los alrededores de la capital federal existen varias localidades invadidas por los capitalinos los fines de semana. Todas ellas tienen un común denominador: TIENEN HISTORIA y están relativamente cerca, en éste país hablar de 100 o 200 km., es decir: “al lado de casa”. Se eligen para ir con la familia a comer asados, empanadas, locros, tamales. Etc. El menú dependerá de la época del año, pero siempre comenzará con una tabla de quesos y fiambres, vino y soda – ésta última, ignorada en Europa- y gaseosas para los niños. El cabeza de familia pedirá como plato principal, lo que las distintas edades demanden. Ese almuerzo comunitario, coronará la mañana campestre que fue matizada por un paseo por los boliches, almacenes y lugares pseudo históricos del lugar, compras de chucherías locales con la común y simple frase: “recuerdo de…”
Las tardes, después de las 16 horas, tienen otras motivaciones. Hay: carreras de sortijas; de embolsados, para chicos y jóvenes; paseos en sulky y paseos a caballo. La atracción principal de la fiesta, es la doma de caballos, en realidad no es una doma, son jineteadas de caballos expresamente preparados para ello. Saltan y corcovean para lograr sacarse al jinete de encima ni bien le quitan la venda de los ojos. El jinete, sin estribos, ni riendas, ni freno, debe tratar de mantenerse en el lomo del animal hasta que suene una campana, que dará término a su jineteada; normalmente antes de ello ya está en el suelo. Es interesante ver en estos caballos, ágiles como ardillas, la cantidad infinita de triquiñuelas que usan para desmontar a su jinete. Es también una maravilla cómo caen o se tiran éstos del animal, casi siempre quedan de pie, mientras los presentes esperan una abolladura de huesos o un esturreado de sesos, como cuando miramos a los trapecistas. Aquí nos dejan con la boca abierta, por el asombro que nos causa su habilidad
La merienda siempre es torta frita, mate cocido –o de bombilla, si uno ha sido previsor – y pastelitos de dulce de membrillo o de batata. Cae la noche y en todas las pulperías hay un gran fuego, a su alrededor se van sentando los visitantes y nunca falta un guitarrero o un conjunto folclórico – for turist – momento que el jefe de familia utiliza para demostrar cuanto sabe del folclore argentino.
--¡Qué bordonero!—dice, aplaudiendo. No faltará otro jefe que le retruque:
--¡Bordoneo!
En estos casos, ningún jefe aceptará una descalificación pública, por lo tanto dirá:
--Me refiero al que toca— La respuesta será rápida, como manda la ocasión.
--Ese es el guitarrero, el que toca la bordona, por eso es: “bordoneo”-- En este punto, las familias han tomado partido, cada una por su jefe y ambos, cansados, en un día agotador, permitirán que los azucen, está en juego “el honor familiar”, como en los juegos de preguntas y respuestas, todos colaborarán para que gane su jefe, con lo cual, amablemente, se levanta el tono de voz y eso hará que quienes no intervienen en la disputa, demanden silencio para oír al que toca y si también alguien canta, el reclamo será más importante. Momento en el cual, los contendientes, establecerán con una sonrisa mutua que hubo un empate entre las dos familias “en litigio”, y retomarán su primigenia opción: ser público.
La sangre nunca llega al río. Todos estos acontecimientos serán motivo de charlas durante el trayecto de vuelta a casa, que siempre es largo y tedioso. Todos vuelven a la misma hora, cansados e intolerantes. Lo que dará más horas de viaje, con embotellamientos de varios kilómetros de largo y un agotamiento total de los ocupantes del vehículo.
Igual, en el trayecto, cada grupo dará por ganada su postura, ya sea Bordonero o bordoneo.
JSM

Des
Des
29-07-2013 00:32

Cierto Eratalia, te doy la razón , aquí se usa esa palabra y el ejemplo que pones es muy adecuado.
Lo que no sé es si yo al esturrear los años en lo que he escrito la he sabido utilizar adecuadamente.

Ya me dirás.


Estela
Estela
29-07-2013 00:32

ERATALIA: !Es una absoluta DELICIA la caricatura que le has dedicado a Rodrigo!

Felicito no solo tu buen hacer, y tu talento, sino tu natural simpatía, para asimismo divertirnos.


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Des
Des
28-07-2013 19:28

“El destino no es una cadena, sino un vuelo”
Alessandro Baricco.

Instantes de papel.

Hace rato que he vuelto del trabajo, preparo la comida .
Se encoje de hombros cuando le pregunto si volverá pronto, siempre estás en otra parte, le digo , me contesta que no está de humor para discutir.

Cuanto más dura el silencio más invisible me siento, se me pasa por la cabeza abollar su coche, le importa más que yo, no es una buena idea , mañana tengo una reunión a primera hora y no puedo dejar de asistir , dedicaré la tarde a prepararla.

-Hazme el amor , susurro mientras le oigo cerrar la puerta.

No puedo más, no quiero comportarme como si nada pasara en mi vida, en mi trabajo, cuando hablo con mis hijos, estoy desapareciendo entre mi propia soledad.

Hay vida al otro lado de esta vida , empiezo a entenderlo

Trato de sentir un poco de lástima por él mientras preparo “la mochila” que he sacado del trastero .

Una lástima muda ,que penetra dispuesta a esturrear todos estos años por las ventanas de una casa que da al mar, un mar a ras del suelo que no siempre he visto y que hoy resucita como un espejo en el que dejo de contar los días para no morir.

Viene a mí la cara de aquel viejo bordonero , le llamaban “Ardilla” construía instantes de papel, que regalaba cuando le dedicabas una sonrisa, fue un momento, un encuentro fugaz, alguien me dijo, ese hombre tiene siete vidas y alguna más , de vez en cuando escribe versos que “salvan” a la gente.

Acaricio su mochila, la que me regaló ese día , dentro está ese instante de papel olvidado, dispuesto a salir después de tantos años .

“ No te has visto
no te has detenido
no te has descubierto,
sin duda lo harás.
No necesitarás
negociaciones
ni triquiñuelas.
No tengas miedo,
abre la puerta “

- ¿ No me has oído llamarte?
- No, estaba distraída.
- Tengo que hablar con un cliente, me voy al despacho, pasa a recogerme a las diez, nos espera tu hijo para cenar y presentarnos a su nueva novia , intenta ir arreglada, por favor.
- No.
- ¿No, qué?
- Que no voy a ir.
- Vas a ir, por supuesto que vas a ir ¿ pero qué co jo nes te pasa?
- Es simple, me voy.

No es tan complicado, su voz desaparece, el aire me sabe a gominolas, la puerta se abre por todas partes, el corazón me late con fuerza y no tengo miedo.

Pintura de Paul Bond.


Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
27-07-2013 18:44

EL DESARRAIGADO.

El fuerte y cálido viento de poniente esturreó las compactas nubes, sólidos y oscuros cúmulos que, amenazadores, cubrían los montes. Se deshicieron plácidamente en simpáticos “borreguitos” (el cielo está aborregado, quien lo desaborregará….) que la sabiduría popular vincula a la lluvia próxima y que pronto adquirieron la coloración múltiple y armónica, desde el cárdeno hasta el amarillo, de los atardeceres de tormenta .

El viajero, a pesar de saber que aquello no era más que una triquiñuela óptica, perfectamente conocida, admiró el magnífico espectáculo que le regalaba la naturaleza; él no estaba acostumbrado a recibir regalos. Es más, la soledad de su deambular, le había hecho refractario a la compañía humana, intensificando en cambio sus sensibilidades hacia la belleza simple, elemental que le ofrecían los campos, los ríos, los bosques y las montañas, el mar cuando se acercaba a las costas.

El bordonero, como le conocían en los lugares en los que su presencia ya se había hecho familiar, pensó que lo mejor sería buscar un refugio, pues su experiencia de caminante le decía que sí, que aquellos “borreguitos” eran precursores de agua. Se adentró en el tupido bosque y recordó que, cuando era chico e iba a la escuela (pero ésta era una puerta que le costaba abrir por la cantidad de dolorosas asociaciones que le comportaba) el maestro les contaba que una ardilla, viajando de árbol en árbol, podía cruzar toda la Península Ibérica.

El viejo maestro, la escuela, la Península Ibérica, aquella su patria doliente y dolorosa. Incontrolados, aquellos amargos recuerdos habían renacido en su cabeza y desde ella, irremediablemente, pasarían a su alma. Su cuerpo estaba encallecido por la vida a la intemperie, pero su alma no; su alma era una delicada tela de araña que captaba los sutiles alimentos espirituales que le eran necesarios: la mirada de un cervatillo, el armonioso canto del mirlo o de la alondra. Pero también era sumamente frágil; se desgarraba con las violencias artificiales e innecesarias que en la convivencia con otros humanos veía como espectáculo corriente.

Entonces tenía que seguir, alejarse nuevamente y persistir en su tozudez huraña de no convivir con los que, decían, eran sus semejantes.
Hundirse en los bosques y en las soledades que, todavía, le ofrecían con generosa crueldad aquellas tierras que eran su patria. Despertados los dolorosos recuerdos sabía que durante la noche estaría de nuevo acompañado por sus viejos fantasmas, aquellos que un día hicieron soportable su vida. Una esposa que le traicionó; una familia acomodada que resultó ser una vulgar estafa; unos amigos que le abandonaron cínicamente. Todos sus odiados y temidos fantasmas que, tenazmente, se empeñaban en ser el ronco coro en la tragedia de su vida.

Encontró una vieja cabaña, de las que suelen usar los pastores o los leñadores, cuando los había. Dentro aún se podían ver, en la ya muy tenue luz del ocaso, restos de fogatas, troncos, alguna botella vacía y suciedad, mucha suciedad. Comenzó a llover, una lluvia pausada y serena, que dejaba a su paso entre las hojas aún verdes del verano, una música suave, tranquilizadora, de las que a él, viajero desclasado, le reconfortaba y le mantenía unido con ese algo indefinible que él se empeñaba en llamar espíritu universal.

Con la limpia agua de la lluvia lavó su plato de aluminio abollado y se dispuso a tomar el parvo alimento que algunas almas caritativas le habían ofrecido en el último pueblo que pasó, pidiendo caridad. Al fondo, sobre el ya negro horizonte, silueteados por los relámpagos de la tormenta, se adivinaban nuevos montes, montes amigos que le esperaban, con pequeños pueblecitos en los que todavía quedaban resquicios de humanidad. Sabía que en uno de aquellos rincones apartados estaba el final de su camino. Pudiera ser que… Pero no; no quería nuevas decepciones, nuevas heridas sobre las que todavía seguían abiertas en su alma.

Ilust.: Tommy Ingberg

juan fozara
juan fozara
27-07-2013 10:05

LAS ARTES DE LA CAZA Y EL AMOR.

Maya, la TALNETE, preparó una pequeña FIESTA para dos. Invitó a un topo con gafas. Iluminó bien la estancia y la decoró con banderitas. Sabía que el topo no podía ver pero ella se lo contaría.
Maya era muy buena, pero ¿qué le prepararía para merendar?, ¿que comerían los topos?, ¿hormigas?, ¿talnetes? ¡Oh, no!, con PRONTITUD cambió de idea.Sembró un campo de minas, ¡pobres gafas del topo!
¿Por qué?, se preguntaba Maya, seré tan buena y tan tonta. ¿Por qué querré a todo el mundo porque sí? ¿Cuál es el destino de los buenos?, ¿vivir bajo tierra, servir de alfombra como máximo, exiliarse, comprarse un globo?
Milito, que así se llamaba el topo e iba siempre embadurnado por una pátina de barro, se creyó que la invitación iba en serio y decidió cambiar de dieta y hacerse amigo de Maya. Lentamente se dirigió a su casa para que la abejita le contará cómo eran las banderitas y cómo era el sol. Todo contento llamó a la puerta.
TOC TOC.
- ¿Quién es? - dijo aterrada Maya-.Vete, no te quiero ver, te tengo miedo.
- Pero si yo también soy bueno, abre mujer que no te voy a comer
- ¿De veras?
- De veras.
Maya abrió la puerta y pudo ver la cara de sinceridad de Milito, le dejó entrar arrepentida de ser tan mal pensada.
- Hay que ver lo que son los malentendidos - dijo Maya-.
- Sí, yo también soy bueno.
- ¿Y ahora que hacemos para animar la fiesta?-dijo Maya.
- No sé
- Y yo tampoco - dijo Maya -, aunque se me ocurre una idea, ¿tú no estas cansado de ser siempre bueno?
- Un poco.
- Y yo también, ¿por qué no hacemos maldades? jaja. Vamos a ABOLIR lo bueno por un rato.
Casualmente, bajo tierra se oyeron los pasos claros y rotundos de dos hombres, eran exploradores de un MUSEO que iban en busca de bichos raros.
- Corré - dijo Maya -.
- Si puedo. ¿a dónde vamos?
- A un campito que tenía preparado por si las circunstancias, aprieta esta palanquita, que tú eres más fuerte.
- Bueno, clac.
BOOOOOOUUUUUMMMMMM.
Allá salieron los dos exploradores volando camino del espacio exterior.
Maya y Milito no pudieron ver mucho pero se echaron a reír, la fiesta se animaba.
- Qué divertido es ser mala, ya estaba cansada de ser buena.
- Pues yo tengo una idea -dijo Milito-
- ¿Cuál?
- Juguemos a disfrazarnos.
- Vale, vale, me gusta, y de qué nos disfrazaremos.
- Yo de malo -dijo Milito-.
- ¿Y yo?
- Tú de buena, será fácil disfrazarte.
- No me gusta, no me gusta nada, no juego.
- El guión lo exige -dijo Milito-, hazme caso, es solo un rato.
- Y qué guión es ese, explícamelo.
- Verás, es muy sencillo, tú eres buena e incauta y yo soy malo y taimado, te engaño y te como, jaja.
- ¡No!
- ¡Sí!
Maya quiso empezar a volar y escaparse pero a Milito le dio tiempo a agarrarla por las patas. Cuando Maya creía que iba a ser devorada Milito es echó a reír. Maya, entre desconcertada y aliviada se echó a llorar.
- No llores- le dijo Milito-,estábamos jugando a malos. Me parece que tú no sabes jugar a malos.
- Dame la revancha - dijo Maya.
- De acuerdo -dijo Milito-.
- Disfrázate de hombre.
Así lo hizo con gran dificultad el topo
- Ahora yo me disfrazaré de mujer. Declárate, dime que me quieres.
- Te quiero (el topo-hombre lo decía en serio).
- Pues yo no, tonto, feísimo, jajaja
Milito se echó a llorar.
- ¿Ves como tú tampoco sabes jugar? jaja, no llores hombre, no lo decía en serio. Ahora vamos a merendar.
- Merendar si que no puedo -dijo Milito-.
- ¿Por qué?
- Ya sabes cual es mi dieta.
- ¿Entonces acaba mal la historia? -dijo Maya-.
- Me temo que sí -dijo Milito-, y se alejó presuroso.
- Adiós Milito, pero sé bueno.
- Adiós Maya, sé buena tu también.
Los dos fueron buenos pero vivieron bajo tierra, qué final más triste.
.....................................

- ¡Maya!
- ¡Milito!
- Era otra broma, mi dieta no son las abejas, viviremos juntos y felices para siempre.
- Pero nuestro amor es imposible -dijo Maya-.
- No importa.
- ¿Qué dirán?
- Que somos malos por fin, abre la ventana y deja entrar el sol.


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