¡Ah, estos calores mediterráneos...! Gravemente afectadas mis neuroncillas y fruto de algún que otro insomnio he dado a luz, a la poca luz de la luna creciente que ilumina el jardín allá por las dos o tres de la madrugá, un poemicidio alboreado por aquello de la jitanjáfora. Qué recuerdos: amor, jitanjáfora y calores medievales...
CANCIÓN DE AMOR
(Con interferencias acústico-paranoideas)
¡Oh versiloquios del alba
lunaciones nebuladas!
estréllulas son tus óculos
y rióforos tus miradas
(Sueltos tus cabellos de oro
y tus manos alas de hada
tus manos como poemas)
Silirrosas en mordículas
Plauciones de color malva
cancabuses heliofínilos
concaleñas perforadas.
Baustias de suarecillas
Helioformas acibadas
(Envuélveme entre tus brazos
ínrigenos, tal vez plasma.
Haylailos y norúgenos
treman castielas doraces
Los norúgenos acracen
los haylailos crueces pacen.
en delirios sin mañana)
Caranduelas saborosas
palatillos montaraces
azures cortan los gules
rocamontes de torcaces.
No sin tí noches ni albas
arrullos de hiedra y agua
nobles palacios morunos
son para mí tus enaguas.
¡Ah de los rasgueamientos
erizados de montañas,
yegujuelas dormitadas
cocican entre mis sábanas!
Yazgue el coroco blandiente
pitiminíes y pulsanas
acurrúcate mi niña
entre mis labios de nácar.
Como dijo aquel: Lo siento, no volverá a suceder...