Como veo que Eratalia ha colocado una palabra poco conocida, por esta semana estarè zoològicamente sencilla.(Pero ya volverè, no crean)
Mi palabra es
ARDILLA
(Del dim. de arda1).
1. f. Mamífero roedor, de unos 20 cm de largo, de color negro rojizo por el lomo, blanco por el vientre y con cola muy poblada, que dobla hasta sobresalir de la cabeza. Se cría en los bosques, y es muy inquieto, vivo y ligero.
~ voladora.
1. f. Méx. La que tiene unos pliegues que van de las patas delanteras a las traseras, que le permiten dar saltos muy largos.
ser alguien una ~.
1. loc. verb. coloq. Ser vivo, inteligente y astuto.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Jose Jesus Morales
26-07-2013 16:36
No se si me corresponde, pero la mía es triquiñuela
Eratalia
26-07-2013 15:46
Pues ese bordonero se merece una palabra de bastante uso por aquí y quizás poco por allá: Mi palabra es un verbo:
ESTURREAR
tr. Esparcir, desparramar.
tr. Dispersar, espantar a los animales, especialmente con gritos.
Con rimas y a lo loco
caizán
26-07-2013 14:50
SIMPLE
juan fozara
26-07-2013 14:15
Mi palabra, querido Rodrigo "el bordonero" es CABEZA y como me duele la misma, ya es casualidad, pido permiso para no buscar sus acepciones en el diccionario, pues son muy comunes. No vale cabezón, es una pena.
" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Rodrigodeacevedo
26-07-2013 13:57
Bienvenidos a un nuevo viernes. Palabras. Nuevas palabras para seguir el camino; palabras refrrescantes, alimenticias, originales...
La mía: BORDONERO/A.
Adj. Vagabundo. U.t.c.s.
Como me consta que esta palabra tiene varios localismos que enriquecen la simple definición del DRAE me permito sugeriros que visitéis la página que copio a continuación. Aquí encontraréis una sabrosa ampliación del uso de este término. (Yo, cuando niño, era un bordonero según mis padres.)
También se admiten y agradecen las variantes de los países hispánicos, que también las tienen.
Estamos hechos de la misma materia de los sueños...
(W. Shakespeare)
Solitaria, silenciosa, como un universo en desuso, sus patas embarazadas siempre dispuestas a parir monstruos, su monótono y forzado aspecto de praderío agostado, allí, formando ya parte del sueño, estaba la mesa del juego de billar. Posiblemente la energía cinética generada por las bolas en sus choques y carambolas, haya sido absorbida por sus límites elésticos y ello la transforma, como al huevo que depositó Virgilio en el Castel dell'Ovo, allá en la luminosa bahía de Nápoles, en un enorme depósito de latente fortaleza. La vieja casa, con sus muros patinados por los siglos, testigo de tantas y tan espléndidas fiestas se vendría abajo si la mesa de billar fuese retirada algún día.
En el centro del salón, teatralmente iluminada por la luna o las farolas de la calle, cuya luz se filtra a través de unos altísimos ventanales, junto a los espíritus de los jugadores de antaño, vive sus intermitencias la vieja mesa. El crepúsculo que antecede a la mañana deshace el encanto, lleva a los espíritus nuevamente al taller donde les repararán amorosamente los roces, repondrán las esquirlas que este involuntario contacto con el mundo de los vivos ha producido en ellos. Su vida ya está abolida; ni siquiera su existencia como espíritus en este museo del tiempo adquiere ya su valor de inutilidad. Todo alrededor de la mesa ha de ser ahora útil; la prontitud, la eficiencia, la fugacidad sin poso de cuanto aquí acontece anula estridentemente las calladas presencias de aquellos que dieron en su día vida al noble salón.
La vieja araña entretanto, único vestigio iridiscente, cuyas luces propias ya nadie enciende, se ilumina gozosamente con esos brillos ajenos de la calle y de la luna -siempre la luna, esa misma luna que por un misterioso juego de espejos, añadía su claror a las lánguidas lágrimas en las noches que había partida. Esas lágrimas, lenguas vibrátiles, que contienen todavía toda la música de las veladas románticas, todos los susurros que aún las hacen titilar sobre la mesa. Luz de luna, vicaria de los ausentes fuegos, proyectada sobre los espíritus desahuciados de los jugadores; un pálido declinar de armonías y suspiros se extiende, formando esa sutil atmósfera en la que nos encontramos plenos, expandidos, fuera de nuestra corporeidad: la atmósfera inefable de los espíritus. Imposible vociferar. Ni siquiera el afelpado paso de los que todavía juegan, incorpóreos, evanescentes, podría, si los tuvieran, transmitir los ecos de su deambular silencioso.
Sólo la música de la lámpara, la callada música que ahora me envuelve y que sólo yo puedo oír -yo, también materia de sueños- está presente en esta noche. Sólo esa música y como un intempestivo bajo continuo el zumbido de los talnetes, que aprovechan la desidia del lugar para habitarlo con omnímoda presencia.
Recuerdo ahora, intempestivamente, las blancas flores de las gardenias. Tal vez porque la noche se acaba y la nueva luz me expulsa. Recuerdo aquellas gardenias embelleciendo, si eso era posible, el cuello perfecto de ella, junto al ventanal altísimo. Ella, deliciosamente desnuda bajo su túnica de tul, con su efervescente femineidad atrayéndome hasta aquí, hasta esta mesa de billar absurda, donde me pedirá que la posea; ella, la Muerte que ya desde entonces, con tanta insistencia me reclama.
Ilust.: Marc Lagrange
Estela
23-07-2013 06:37
EL DESCONOCIDO
Se le había hecho tarde y no tenía forma de llegar a su casa; estaba en un lugar deshabitado,en medio de la nada, con el auto roto, y se avecinaba una furiosa tormenta ; comenzó a buscar preocupado alguna casa cercana ; decidió caminar, mientras las sombras y la lluvia se le venían encima, pensando como resolver con PRONTITUD su problema.
De pronto, divisó una casa semi-derrumbada; al menos iba a pasar la noche bajo techo; se acercó, empujó la puerta rota y entró. Comenzó a recorrerla, y vió que tenía algunos viejos y destartalados muebles , cubiertos por una PÁTINA de polvo; en el suelo, en uno de los ángulos había una colmena rota de TALNETES; conocía esas abejas sin aguijón de la época en que trabajaba en el MUSEO ; se ubicó donde estaría protegido de las inclemencias del tiempo, dado que aquel lugar aún conservaba un gran pedazo de techo; se acurrucó en ese rincón y comenzó a adormecerse; un ruido lo hizo despertar sobresaltado; de pronto, en las penumbras, distinguió un hombre que tenía un puñal en la mano y las ropas manchadas de sangre, que se le acercaba...
Aterrorizado, se encogió aún más pensando que quizá no lo vería, pero se equivocaba; el visitante se acercó y arrastrando una silla desvencijada se sentó frente a él, le dijo:
-¿Por qué está tan asustado?¿Me tiene miedo? ! Pues hace Ud.muy bien! Vengo de hacer justicia; ! De mí no se burla nadie!
¿Sabe una cosa? ! Yo no iba a permitir que ella me siguiera engañando ! !La señorita de FIESTA con su novio; soy su padre y me debe respeto!; fueron tantos años de compartir buenos momentos, escondiendo nuestra relación a mi mujer y a todos...
Desde chiquita, ¿sabe? éramos el uno para el otro! !Y encontré a esa p.u.t.a, acostada con el novio! ! Sí, la maté! ¿y qué? Por qué me mira? Me tiene miedo?
¿Quién era ese hombre? se preguntó; ¿Quién era que venía así, de improviso a contarle su crimen, y por qué a él, que no lo conocía?
El desconocido prosiguió:
Recuerdo como en los ojos de Marina se pintaban el terror y la desesperación cuando la mataba; no podía respirar, sacaba la LENGUA, y trataba de abrir la boca, hasta que finalmente cesó de debatirse. Entonces aflojé la presión de mis manos, y mi hija cayó a mis pies; instantes después, llegó mi mujer y entró a la cocina.
Recuerdo su desesperación, la furia con que se abalanzó sobre mí, y su mirada de odio, de asco;yo miraba idiotizado a mi mujer, y a mi hija; a mi hija y a mi mujer; también me abalancé sobre ella, pero se resistió y huyó.
Se preguntó una vez más: - ¿Quién era ese hombre, que se solazaba con esa sangre fría de su asesinato, y lo contaba como una hazaña?
Estaba sentado frente a él, con la cabeza reclinada hacia la zona en penumbras, como si tratara de ocultar su rostro. Vestía un traje oscuro, raído y sucio; su boca dibujaba un rictus de amargura, y tenía una voz monótona y cansada.
El hombre continuó:
- Mi mujer hizo la denuncia, pero aunque la policía me ha buscado, sus pesquisas son inútiles; huí hacia una casa en ruinas, que solo yo conocía y ahí es donde vivo; nadie va por allí.
¿Qué le sucede, amigo; ¿Tal vez tenga miedo que le mate a Ud., ahora que conoce mi secreto? ¿Sacará su pañuelo del bolsillo para enjugar el sudor que arranca el terror de su frente?
Furioso porque se burlaba de él, y sin medir el peligro, se acercó rápidamente al asesino, tomó su mano retorciéndosela, y le clavó el puñal en el corazón.
Al escuchar el estrepitoso ruido, advirtió que había recuperado la vista, y había confesado el crimen a su propia imagen reflejada en el espejo.
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Gregorio Tienda Delgado
22-07-2013 23:03
TRÁFICO.
Manuela, una joven preciosa, con su negra y rizada melena, sus espectaculares ojos verdes y su cuerpo perfectamente moldeado, llamaba la atención de hombres y mujeres. Causaba admiración a los hombres, y envidia, a las mujeres en la universidad donde estudiaba. Pero esa hostilidad desaparecía al conocerla, porque era dulce, sencilla y honesta. Estaba enamorada de Paco, con quien salía desde hacía un tiempo. Sabía que él, a veces, salía con otra compañera de curso desde hacía unas semanas, y aunque deseaba ABOLIR la relación, su amor por él era tan grande que esperaba con impaciencia que fuera algo pasajero y que todo volviera a la normalidad, y que se sintiera aún más enamorado de ella. Por eso había optado por callar para que no imaginaran que ella lo sabía. No solía salir sin Paco, pero un día, su enfado creció y cambio de opinión.
Una amiga la invitó a una FIESTA y aceptó. Conocería a otra gente. Por una vez se sintió tentada y decidió salir de su letargo. Conoció a un guapo joven. Su físico y su simpatía eran extraordinarios y cuando le invitó a marchar juntos a otra fiesta, se ilusionó al imaginar que la noticia llegaría a oídos de Paco y volvería con ella.
La idea de que sintiera celos, le alegraba considerablemente. Manuela reía junto a su guapo acompañante, pero no se sentía cómoda. En cualquier otra situación, que no estuviera enfada no hubiera aceptado la invitación. Aun así, optó por marcharse con él a otro lugar, junto al MUSEO de Ciencias Naturales, donde sus amigos habían organizado una fiesta. Se sintió un poco defraudada al ver que había poca gente y no conocía a nadie. Sin duda, no era lo que ella había planeado. Pero no quiso ser descortés por lo que aceptó el refresco que le ofrecieron.
Al poco tiempo, sintió que su cuerpo se debilitaba. Sus fuerzas disminuían y un calor soporífero la abrumaba. Se agarró a su acompañante por miedo a caer, y le pidió que la acompañara con PRONTITUD a su domicilio porque se encontraba realmente mareada. Él asintió con una sonrisa, mientras se dirigían al exterior. Después, una sombra cegó sus ojos. Intentó abrirlos pero le fue imposible. Sus párpados pesaban como dos losas que no podía mover.
Su mente estaba casi despierta pero su cuerpo no. Se esforzó por recordar pero no lo consiguió. Todo era pesadumbre y silencio. Transcurrió un largo tiempo hasta que sintió frío. Un frío intenso. Poco a poco sus párpados fueron perdiendo rigidez y consiguió con mucho esfuerzo entreabrirlos y empezar a moverse pausadamente. Se estremeció al verse sentada en una bañera llena de hielo y completamente desnuda. Empezó a entender la causa del insoportable frío que sentía. Frente a ella, escrito con grandes letras pudo leer la dirección donde se encontraba y las palabras: "pide ayuda" Giró la cabeza y vio su teléfono móvil sobre un pequeño taburete. Estaba aturdida y según transcurría el tiempo el dolor se adueñaba de todo su cuerpo. Sentía como si le desgarraran la piel. Unas lágrimas rodaron por sus mejillas, para inmediatamente romper en un llanto deprimente.
Con gran esfuerzo, se incorporó para coger el teléfono y marcar el número de emergencias; 061. Le respondió una voz pausada y explícita. Manuela, con su LENGUA trémula, intentó explicar la situación en la que se encontraba. La voz amablemente le pidió que se levantara y se mirara en el espejo. Con mucha dificultad, tambaleante, lo consiguió. Al espejo lo cubría una PÁTINA blanquecina que dificulta la visión. No obstante, se asustó al ver la palidez de su rostro. La voz al otro lado del teléfono, le pidió que se observara para comprobar si tenía algún pinchazo o corte en su cuerpo. Ella le comunicó que no veía nada anormal. La voz insistió en que se diera la vuelta y se volviera a mirar.
Esa vez el corazón le dio un vuelco al ver un corte en el lado izquierdo de su espalda, suturado con hilo grueso.
Manuela con un fino hilo de voz apenas perceptible, explicó a su interlocutora lo que estaba viendo. Delicadamente la convenció para que estuviera tranquila, volviera a sentarse en la bañera y esperara a la ambulancia. Así lo hizo. Cerró los ojos y suspiró con rabia. Le asaltaron, temblores terroríficos causados por el frío, el miedo y la consternación. Era joven pero no por ello ingenua. Comprendía que esa herida era producto de la sustracción de un riñón. Llorar no servía de nada, y gritar no tenía ningún sentido. Apretó con fuerza sus manos clavándose fuertemente las uñas para que el dolor físico mitigara el gran vacío interior que sentía que le estaba causando violentos espasmos. No pudo más que quedarse en silencio y esperar a la ambulancia o a la muerte. Cerró los ojos y con lágrimas abundantes, esperó...
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
caizán
20-07-2013 23:06
CONSULTA MÉDICA
--Saque la lengua—Obedecí con prontitud—Hum. Tiene una pátina blancuzca, seburrea. Esto me dice, a las claras, que usted participa de muchas fiestas, pediremos un hepatograma. Cuando uno es propenso a los excesos, el hígado puede ser un museo de toxinas, debemos desechar una posible cirrosis. Espero que el colédoco este limpio y la bilis migre hacia el intestino sin interrupciones, que no haya cálculos en él, ni en la vesícula; eso agravaría la situación orgánica.
Veremos que nos dicen los análisis que le voy a indicar. No creo que me hagan abolir mi diagnóstico—Empezó a escribir en varios formularios para esos estudios clínicos y una receta con la medicación adecuada.
Me había quedado con la boca abierta, por la sorpresa que me produjo su evaluación médica. Asustado no estaba, sorprendido sí. No entendía la valoración dada por el profesional ¿Debía aclararle que yo era abstemio? ¿Cómo explicarle su error de diagnosis? ¡Qué momento! No se me ocurría nada, cualquier cosa que aclarara echaría por tierra la opinión del doctor ¿Y quién era yo para contradecir a un médico? Nadie. Ni siquiera me devolvería la pasta que había pagado por la consulta, más todo lo que estaba escribiendo ¡Madre mía! ¡Qué lío! ¿Cómo se sale de esto? Todos estos pensamientos corrían a velocidad supersónica dentro de mi cabeza, como émulos de Alonso. Si aceptaba la prognosis de mi salud, estaría tirando a la basura el costo de esta consulta; porque, volver aquí, ni loco. No haré ningún análisis, eso seguro. Pero, como le digo que soy abstemio, que nunca bebo alcohol, soy como un musulmán ¡Santo Dios, que se me ocurra algo! Porque todo este lío fue por culpa de mi primo el Santiago, entre él y la Maripepa, su mujer, me invitaron a comer un cocido gallego, que era gallego de verdad; tocino, panceta, orejas, morro, patitas, rabo, hueso de jamón (lo quedó en el jamonero)cuero de cerdo. Vamos, como dijo Maripepa:”Menos los interiores, nos estamos comiendo todo el cerdo” todo esto venía acompañado de patatas, garbanzos, alubias, repollo, nabizas (que te hacen un caldo ¡te chupas hasta los codos!) un poco de boniato y unas pechugas de pollo (para la noche), con lo cual tuvimos un almuerzo y cena como si estuviéramos en nuestras casas de la aldea, amén de chorizos y morcillas que nos mandaron de allá. El Santiago y la Maripepa tenían la bota con un vino tinto de la ostia, en estos casos no usan vasos ni cuncas, para no ensuciarlos con la grasa del cocido. A lo mejor, si no fuera abstemio, el vinito me haría digerir adecuadamente ese potaje ¡Glorioso! Dos ollas de cincuenta centímetros de alto, llenas. Hasta que no vimos el fondo limpio, no paramos.
El médico, terminó de escribir y le pasó las indicaciones y la receta. Se quedó con el brazo extendido, observó que el paciente estaba distraído, ausente. Le espetó:--¿Se siente mal? ¿Tiene algún otro problema?
--No. Verá. Me parece que tendría que comentarle algo que me ocurrió antes de ayer.
--Pues, dígalo—Y se lo dije, todo, pero todo, menos lo de que no bebo alcohol, eso no lo dije, me dio vergüenza ponerlo en ridículo. ¡Ya está, se lo dije! Como mínimo, que me haga una quita en el valor de la consulta.
El doctor recogió su brazo con los papeles y dijo:-- Creo que todo lo que usted hizo, ha exacerbado la zona hepática, la intestinal y la abdominal, creando un cuadro grave, hace dos días que no tiene deposiciones. Si usted no tuviera el antecedente del abuso de alcohol, le diría que es un atracón descomunal; que un buen digestivo lo solucionaría.-- Extendió su brazo con las recetas en la mano—-Amigo, haga cuanto antes lo que aquí le indico, por su bien—- Se puso de pie, lo imité y nos despedimos.
Tenía un solo pensamiento: “éste tío ni siquiera me dejó hacer tablas” Si llego a venir por una picadura de talnete, me interna por envenenamiento. ¡Qué morro tiene!
JSM