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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
05-07-2013 13:41

Respuesta (muy cariñosa) a Juan Fozara.

Saludos y mis mejores deseos de que disfrutes unas exóticas vacaciones caribeñas, aunque en Peñíscola tampoco se está mal. Las nativas suelen ser oriundas de Albacete, Logroño y otros sitios igualmente tropicales y en Mandarina venden unas caipirinhas de auténtico vicio. Lo digo por si el overbooking de tu compañía aérea te impide llegar hasta tu destino y quieres probar aquí.

Te agradezco (te agradecemos todos) tu relato y la buena voluntad de que no falte tu colaboración. Eso es espíritu de convivencia.

Ya dejo faena para estos días de vacaciones; un relatillo a la semana es muy relajante, rompe la rutina y estimula las neuronas para los ligues vespertinos. Así que no faltes a tus citas con "Vamos a contar..."

Desde Peñíscola con amoooooorrrr....

juan fozara
juan fozara
05-07-2013 13:24

CERRADO POR VACACIONES. (Broma).

Lo siento, no voy a participar esta semana en "Vamos a contar historias" porque estoy deprimido. Un JABALÍ entró en el huerto por la noche y me lo dejó hecho trizas.
Le voy a meter un pleito. Llamé a mi abogado que es un buen navegante, pues practica la ABOGACÍA surcando con donaire entre los procelosos tochos que le obliga su oficio.
Llamé, pero está de VACACIONES en su bonito aunque MODESTO yate. Siempre que puede en la mar. Me ahorraré así ABONAR sus honorarios.
Esta historia no tiene GANCHO, pero tengo un primo que si lo tiene, lo llamaré por teléfono.
- Carlitos...
- Hombre, Juan, te iba a llamar yo ahora mismo.
- ¿Por qué?
- Te han plantado un pleito tus compañeros de foro.
- ¿Por qué?
- Por tramposo.
- ¿Y qué abogado tienen?
- Fíjate, el mismo que el tuyo.
- Ja ja ja.
- ¿De que te ríes?
- Porque creo que podré irme yo tranquilo de vacaciones también.

P.D. - Perdonen pero esto está escrito con cariño y por no faltar a mi cita con el "Vamos a..." Pero desde la playa del Caribe en que me hallo, la cosa no da para más. Hay unas tías estupendas en topless y estoy un poco distraído y esta tarde voy a salir a navegar con mi amigo el abogado Martinez.
Vamos a ir a pescar palabras para tener un buen cargamento de ellas para el invierno. Ahora es aquí la una y el aperitivo con los martinis está de miedo. Estamos sentados en unas mesitas al borde de la playa y el agua salada nos refesca los pies...

- Juanitooo, te llaman del foro, creo que te quieren echar una bronca.
- Diles que estoy de vacaciones...

Nueva P.D.- Un cariño a todos desde el Caribe.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
caizán
caizán
05-07-2013 00:30

CORAJE
El hombre venía acompañado por un guardia hasta la sala de visitas, tendría unos treinta años, de buen ver, sin señas especiales en su rostro. Un hombre común.
Lo esperaba su abogado. Lo recibió con:--¿Qué tal, Álvarez?
--Bien doctor, no lo esperaba tan pronto.
--Me pareció oportuno adelantarle la resolución del Juez.
--¡Ah! La única sorpresa es saber la condena, los años que me dieron. Nunca pensé en una absolución. ¿Cuánto, doctor?
--Veinte años.
--Esperaba algo más modesto, o la máxima: veinticinco. Me equivoqué. Siempre queda la apelación ¿Verdad?
--Sí. De eso quiero hablar.
--¿Conflicto de intereses, doctor?—El otro lo miro, sorprendido. Bajó la mirada.
--Sí. ¿Cómo se dio cuenta?
--Usted habrá estudiado abogacía. Yo hice la universidad de la vida. Allí se aprende a reconocer a los iguales, a los parecidos, a los distintos. Nosotros somos parecidos, pero distintos. Afronto mi destino y no niego lo que soy, en eso somos distintos, usted se oculta, le sirve el título y el entorno que ha creado para vender una imagen que oculte su realidad. Eso, a mí no me sirve. ¿Tendré que buscar otro profesional para apelar?
--Sí Álvarez. Espero que comprenda—Levantó la vista y lo miró, era una forma de pedir disculpas, sus ojos se disculpaban. Su boca nunca lo expresó—No creí que usted se daría cuenta. Me sorprendió. ¿Es tan obvio?—Ahora su mirada era la de un niño sorprendido en falta.
--Cuando le dije que no podría abonar sus honorarios, se le escapó un gesto y comprendí que éramos parecidos, con el tiempo, me di cuenta que no había nada más. Usted es un animal acorralado, como yo. La diferencia está en que no se va rebelar, morirá como un cordero, ni siquiera un balido. En mi caso, no solo me rebelé. Enfrenté a quien me ninguneaba, como un jabalí.
Ahora está asustado, ¿Lo coaxionaron, lo amenazaron con explicitar su vida real? Y tiene miedo, sabe que no lo podrá soportar, que su entorno lo excluiría, son modernos de la boca para afuera, no son progre, son hipócritas sociales; de nada le servirá el tocho de sus textos legales, solo le sirvieron para llegar al título, pero no lo protegen de una caída vergonzosa ¿es así, doctor?
--Trate de comprender, solo trate. No sé qué ganaremos con la apelación, creo que nada, quizás una rebaja sería lo máximo posible, para usted es importante. Acompañarlo en ese tramo, para mí puede ser una condena perpetua, mis clientes desaparecerán y los nuevos que vengan no me convienen. Económicamente, socialmente, me harán bajar a su altura. La familia del muerto me lo hizo saber, mi colega oponente lo ratificó. Él no lo haría. Eso no significa que no ocurra, solo cambiaría la cara de mi verdugo. ¡Compréndame, por favor!—Le tomó la mano, era su manera de pedir perdón por su falta de coraje. Álvarez se libró del apretón, no era cura, no tenía la autoridad necesaria para otorgar el perdón que le solicitaban. No estaba enojado con su abogado, le daba pena que no fuera capaz de asumir su realidad. Un título universitario no te hace mejor hombre, solo es un permiso para ejercer una profesión, un oficio. Nada más. En la vida lo único válido es la hombría, el coraje. Aceptar lo que su destino dispuso. Con esa idiosincrasia le habló:--No sé si voy a apelar, posiblemente me coma toda la vacación que me han dado. No por usted. Tengo que ser fiel a mis principios, que nos hace diferentes. En su mundo progre, usted es gay. En el mío, soy homosexual; lo tengo, lo tuve siempre asumido. Es mi forma de ser, no puedo cambiar, tampoco quiero. El vegetariano no reniega de sus hábitos culinarios, como ellos, yo no reniego de mi sexualidad por ser distinta. Lo que no acepté, acepto o aceptaré es el ninguneo de alguien que fue mi pareja por más de diez años. Comprendo que no haya más amor, pero la falta de respeto no. Que se vaya ¡Bien! Nos despedimos con un apretón de manos, un abrazo o una llamada telefónica para decir adiós. Pero que tu pareja te grite que se va, diciéndote con esa P explosiva y sus tres letras en minuendo: uto, después de más de diez años de convivencia, de amor. No. Fue el gancho de uppercut. Me noqueó. Me obnubilé. Por eso lo maté.
JSM

Gregorio Tienda Delgado
Gregorio Tienda Delgado
03-07-2013 23:21

¿DEMOCRACIA? O DESGOBIERNO.

Ocurrió, mirando escaparates. Antes iba en coche hasta la zona marginal, circulaba por el barro, y miraba la cara, entre resignada y complaciente, de los padres, cuando les daba bolsas llenas de comida para aliviarles un poco su situación. En cambio después, con sólo salir de casa y caminar las tres calles que me separan del centro comercial era suficiente.

La pobreza, poco apoco, se había colado por las rendijas de nuestra vida. Ya no era un flash en las noticias. Estaba a la vista de todos y poco o nada se hacía para mitigarla. Nos obligaba a arrugar la nariz al tenerla cerca, porque la miseria tiene un particular olor a humedad, a guiso repetido, cóctel particular de aromas impuestos por las circunstancias. Olor a tristeza, y a rabia contenida.

Esa vez sucedió un encuentro atrayente. Ojitos tristes, redondos y negros, pestañas pobladas, oscuras como su propia vida. Ojitos jóvenes pero cargados de cansancio. ¡Tan poca vida es suficiente para sentir ese frío abandono! Me miraba cabizbaja, quizá por esa costumbre casi sumisa e inocente que nunca mira directamente. Su mano extendida formaba un huequecito esperando recibir alguna moneda. La llevé al bar de la esquina, y le pagué un café con leche y unas galletas. Tenía las mejillas sonrosadas, quizá por el pudor que le daba verse expuesta a las miradas curiosas de los que ocupaban las otras mesas. Hablamos poco. Yo porque prefiero no encariñarme demasiado con esos angelitos, y ella porque no podía hablar con la boca llena. Después le ofrecí que viniera a casa donde le daría ropa de abrigo y algo más de alimento.

Una vez en casa, hice que la niña se desnudara y la bañé con agua tibia y un jabón suave aromado. Mientras la lavaba palpé sus costillas y pude notarlas como si fueran teclas de un xilofón. Sus piernas delgadas y cortas, y sus bracitos parecían mondadientes. Perfumada y suave, la vestí con ropa limpia y tiré a la basura los andrajos con los que la encontré cubierta. Le dije que le hacía falta llenar su cuerpecito con alimentos sustanciosos, así que abrí la nevera y puse frente a ella comida suficiente para que saciara su hambre. Ella comió, más bien devoró la comida mirándome como si no pudiera creer tanta generosidad.

Le pregunté por su familia y me dijo que no tenía; que vivía con otros niños en la chabola que fue de sus padres. Entonces decidí alojarla en el dormitorio especial para invitados. Día a día la alimentaba con comidas nutritivas. Menestra de verduras, pastel de carne, pollo asado, tallarines, hamburguesas caseras, potaje de lentejas, torta de chocolate, bombones de fruta, manzanas al horno, leche con cacao, helados, etcétera.

Pasado un mes, ya estaba para comérsela, pero no era esa mi intención. Se me planteaba un dilema; devolverla a la calle, o dejarla vivir conmigo. En numerosas ocasiones, recogí y cuide durante un tiempo, niños y niñas que luego devolvía a sus familias, como habíamos acordado de antemano. Lo que planteaba una cuestión de conciencia, ya que esos niños volvían a su vida de carencias, después de haber vivido un tiempo en la opulencia.

En esa ocasión, aún era peor, porque ni siquiera tenía familia que la cuidara, dentro de sus míseras condiciones. Era una gran oportunidad para ambas; ella tendría una madre y una buena vida, y yo, la hija que la naturaleza no quiso darme. Así que opté por regularizar su situación iniciando los trámites para su adopción.

Nunca imaginé que, el mismo sistema, la misma administración que dispendia, y muchas veces sustrae el dinero de los impuestos de todos, y permite que cada día haya más pobreza, pusiera tantas trabas para la adopción de esos niños desamparados. Para empezar, me querían acusar de secuestro por haber llevado a la niña a mi casa sin permiso de sus padres. Por suerte para mí y la niña, y por desgracias para la sociedad en general, eran sobornables, y les pude convencer para que me acompañaran al barrio marginal que ellos han creado, para que oyeran el testimonio favorable hacia mí de sus vecinos, que me conocían y apreciaban. Ciertamente, la niña estaba sola, sus padres habían muerto.

MODESTO, un amigo que ejerce la ABOGACÍA, pospuso sus VACACIONES para ayudarme a gestionar el TOCHO de papeles, luchó como un JABALÍ herido contra la burocracia, y no le tuve que ABONAR nada por su trabajo.

Los servicios de protección del menor, se llevaron a la niña mientras se resolvía mi petición de adopción y por fin, un año después, conseguí su custodia como hija adoptiva.



Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Estela
Estela
03-07-2013 02:31

EL CHEF DEL CASTILLO

Soy el chef del castillo de Dorignac; tengo una despensa magnífica que todos quieren conocer; es motivo de visitas varios días a la semana;yo mismo hago de guía.
Pasen, los invito a verla; por supuesto, no tendrán que ABONAR absolutamente nada. Bienvenidos los turistas, y un saludo a mis ya conocidos de siempre. ¿Cómo está, señora marquesa Turindat? ¡Conde Fening! Ud siempre tan elegante! Duquesa de Monteblanc! Qué placer verla por aquí! ¡Cuánto hace que no nos visitaba!
Como Uds. ven hay gran variedad de productos cárnicos, legumbres, verduras, especias, en fin, que pasar por mi despensa es una verdadera VACACIÓN.
Yo jamás quise trabajar en un lugar que tuviera una despensa MODESTA; es por eso, que lo hago aquí, en este castillo.
Levanten sus ojos, señores, observen la cantidad y variedad de productos que cuelgan de los GANCHOS.
Carnes de primera calidad, deliciosas, tiernas, con salsas que elevan el paladar hasta los cielos.
Justamente, quisiera mostrarles, alguno de los elementos que voy a utilizar para la cena de hoy a la noche; fíjense, que magnífico corte de JABALÍ hay allí ,sobre el ángulo izquierdo.
¡ Y pensar que mi padre quería que me dedicase a la ABOGACÍA! Y no es que me desagrade el tema de las leyes, que requiere grandes dotes de observador, investigar, descubrir y eso es interesante,pero lo mío es la cocina.
Pero sigamos adelante, una vez superado este corredor, ¡ aquí está la mini bodega, con las mas exquisitas bebidas!
Hemos terminado la recorrida, señores, volvamos a la antesala.

Pero…¿qué es esto?!ha desaparecido la pieza de JABALÍ que tenía pensado usar! Señoras, señores… de aquí no sale nadie, porque voy a averiguar quien la ha robado. ¿Me toman Uds. por TOCHO?
! Usaré todas mis dotes de observador para descubrirlo! Bien, tengo la seguridad que no ha sido ninguno de los turistas… pueden retirarse.

No se quejen, porque ya sé quien ha cometido el ilícito! ha sido la Duquesa de Monteblanc; no me lo niegue, señora duquesa, no voy a revisarla ,pero es obvio que con esas faldas Ud. puede perfectamente ocultar una buena pieza de carne entre ellas! Y todos sabemos que la familia de Uds., ha caído en desgracia y ya no pueden asistir a las fiestas de gente de nivel.
Le ruego, señora Duquesa, que me devuelva la pieza de Jabalí, y yo en compensación-pero solo por esta noche- le pediré a los dueños de casa que la inviten a cenar.


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
02-07-2013 20:04

HISTORIAS.

Sucedió en unas vacaciones de Navidad, hace ya muchos años. Yo vivía entonces en Aragón y practicaba asiduamente actividades de plena naturaleza, como la montaña y el senderismo. Lo hacía juntamente con un buen amigo que ejercía la abogacía en Zaragoza. Nos gustaba, en cualquier época del año, salir de vivaqueo por las vecinas serrezuelas, adustas y secas, características de los campos aragoneses, contrapunto modesto de los grandiosos Pirineos. Cuántas noches pernoctamos bajo las estrellas, bajo aquella luz lunar que iluminaba fantasmagóricamente los campos, blanquinosos por su abundancia en yesos, y que producía en ellos efectos espectrales y en nosotros una paz y sosiego que, durante la semana nos negaba la ciudad. Cuántos chorizos asados en las hogueras que encendíamos para combatir el frío, bien regados con el vino tinto de nuestra bota. Más de una vez fuímos visitados por la pareja de guardias rurales que nos confundían con cazadores furtivos. Y es que no era normal ver a dos hombretones, sentados junto a una hoguera, disfrutando de la indecible paz de aquellos campos y preparándose para pasar la noche al raso.

Algunos fines de semana estudiábamos la cartografía de ciertas zonas y elegíamos algún punto que nos pareciera especial por sus peculiaridades, de las que teníamos noticia . Por aquellos campos abundan las ermitas, solitarias, pero cuidadas por la devoción popular que las tiene siempre a punto para honrar al santo titular, celebrar las romerías en su honor o recibir eventuales visitas de algún turista interesado. Ese fue nuestro caso.

Nos habían hablado de la ermita de Villarroya de la Sierra, enclavada, naturalmente, en la Sierra de Villarroya, cerca del pueblo del mismo nombre y bajo la advocación de la Virgen de la Sierra. Una toponimia tan lacónica como el propio paisanaje. Villarroya es un pueblo de los que suelen calificarse como típicamente serrano, eufemismo que disfraza, al menos en aquella época, el de mísero y abandonado. Aunque su paisaje era grandioso, solemnemente áspero.

Localizamos al santero, personaje que cuida de la seguridad de las ermitas y depositario de las llaves de acceso. Era éste un gigante de unos cincuenta años, mal encarado, manco, con un tremendo gancho de acero que suplía la mano amputada y cojo de una pierna. La verdad es que su sola presencia disuadía de cualquier intención de pedirle las llaves o cualquier indicación acerca de la ermita bajo su custodia. Pero lo hicimos. Aquel día caía una ligera cellisca que, en cualquier momento podía transformarse en una tormenta de nieve. Los Pirineos están a tan solo una decenas de kilómetros.

“Quisiéramos visitar la ermita ¿Nos podría usted dejar las llaves?”
“Pero, hombres de dios. Con el día que hace. ¿Cómo se les ocurre?”
“Nos han dicho que el camino es bueno; iremos en coche.”
“Miren; yo tengo 'que dar vuelta' (1) por la ermita. Vayan subiendo y nos vemos allí.”
“Pues súbase con nosotros; tenemos sitio suficiente.”
“No, hombre, no; yo tengo que hacer algunas cosas por el camino. Pero suban, suban, que llego enseguida. Hay que ver estas gentes de la ciudad...”

No quisimos discutirle y emprendimos la subida. Ni el camino era tan bueno ni el día estaba para bromas. Otra imprudencia más, pensamos en silencio, concentrados en los vericuetos de la exigua carretera, atemorizados por la cellisca cada vez más fuerte. Al fin alcanzamos la pequeña ermita, situada casi a 1.700 mts. de altitud. Junto a ella se abría un gran patio que era utilizado en las fiestas patronales. Allí se bailaba, se comía, se cantaban jotas; en definitiva, se honraba a la virgen de esa manera tan peculiar y rústica como se suele hacer en esos olvidados pueblos de España.

Aparcamos el coche frente al patio y cuál no sería nuestra sorpresa al ver salir al santero a nuestro encuentro. Aún llevaba una vieja escopeta bajo su brazo entero y un pequeño jabalí colgado de su “mano” metálica. Comenzó a reírse con fuerza, con la primitiva franqueza de aquellas gentes, al ver nuestras caras de asombro. Un hombre cojo, sin coche y llegó antes que nosotros... Admirable.

“Ya veo que han llegao. Yo he aprovechao el camino pa cazar ésto”, dijo señalando al jabalí. “Luego lo estozaré en el tocho y me lo pueden bajar ustedes al pueblo. ¿Verdad?
“Claro, claro, señor Blas; no faltaría más. ¿Podemos ver ya la ermita?”
“Sí, pero antes tomaremos un poco de vino y unos peazos de queso en la “gloria” (2). Hace un frío pelón.”

Al poco, frente a un alegre fuego que ardía ya en la cadiera (3), confortados por el vino y sumergidos en una franca conversación habíamos olvidado casi el motivo de nuestra excursión. Se hacía tarde.

“No se preocupen, señores; si la cosa se pone fea pueden dormir en alguna habitación de abono que tenemos pa cuando vienen viajeros.”

Tal para cual; la tierra y sus lugareños, todos igualmente rudos y entrañables.

Léxico.-

(1) “Dar vuelta.” Expresión coloquial aragonesa; vigilar, comprobar.
(2) “Gloria”. Sistema de calefacción muy primitivo que consiste en hacer pasar el humo y aire caliente del hogar bajo un suelo elevado. Se está en la gloria, desde luego.
(3) “Cadiera” Son unos bancos situados normalmente a los lados del hogar o fuego. Suele llamarse así al conjunto de la “alcobilla” o llar y a los bancos laterales. Algunos incorporan un tablero abatible que sirve mesa. Se come de vicio, juntito al fuego.

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
01-07-2013 18:37

Muy bueno, Eratalia. Se nota que eres buena jugadora de scrabble. Y tu avatar veraniego de un exquisito buen gusto. Ahora, a por un buen relato.

Eratalia
Eratalia
01-07-2013 15:13

Estando de vacaciones, mientras removía con un modesto gancho la tierra abonada, un jabalí la embistió por detrás y se partió la cabeza contra unos pesados tochos de abogacía.


Con rimas y a lo loco
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
01-07-2013 14:44

Esta vez lo habéis puesto difícil. Muy buena la frase de Caizán. Yo recurro al surrealismo (!).

Después de empollarse tochos de legislación y abonarse a las sesiones libres de los Juzgados, el jabalí consiguió una modesta licenciatura en abogacía como gancho para su integración entre los hombres. Después, para él, todo fue vacación.
(En recuerdo de Monterroso y su dinosaurio.)

caizán
caizán
30-06-2013 17:10

Modesto, que ejerce la abogacía, de vacaciòn mató un jabalí, eso le permite abonar su éxito de cazador. Sobre un tocho lo trozó y luego, lo colgó de un gancho.

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