ESTA HERMOSA CIUDAD DE BUENOS AIRES.
(Hay tantísimas bellas imágenes sobre ella, que preferí dejarlo librado a la imaginación o deseo de búsqueda de cada uno)
Héctor Jose Olmos, un amigo, al mencionar hace un par de días, cuanto amaba la ciudad de Buenos Aires, me hizo recordar este poema que escribí hace más de 35 años,y creo que debe ser publicado tal como lo volqué con mis sentimientos, en aquella ocasión, porque sí que me siguen habitando desde SIEMPRE los duendes de la hoy llamada Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
EN LA CUAL NACÍ.(mi "estancia" se redujo a tres días de residencia allí,puesto que mi madre había ido a visitar a una hermana y estaba de paso; siempre viví en La Plata, pero...los duendes SON LOS DUENDES).
MI CIUDAD DE BUENOS AIRES
Criticada, aplaudida, cautelosa
intensa, terrenal, imperativa,
te levantas, esfinge misteriosa,
presente y vital, simple y querida.
Caleidoscopio de luces y colores,
que llevas en tu seno cada vida,
y se brindan tus calles tumultuosas
como marco total a tus artistas.
Me basta caminar por una calle
y doblar sin pensar, cualquier esquina,
para andar por dos mundos diferentes,
y sentirme palpitar, aùn màs viva.
Te he andado, amando tus veredas,
tu aspecto colonial, tus edificios,
mi emoción se repite, siempre nueva,
ciudad de rascacielos y de amigos.
Esquinas y faroles mortecinos,
que alumbraron alguna madrugada,
las palabras de amor de una pareja
o el beso del adiós a una muchacha.
Y nostalgias de dìas ya lejanos,
vividos en barriadas del antaño,
que quedaron envueltas en misterios
impresas en las letras de algún tango.
Amplio acento reflejan tus vidrieras
de voces extranjeras, ciudadanas,
que son parte tuya para siempre
has unido los credos y las razas.
Buenos Aires, querida y victoriosa
pujante en tu progreso meritorio,
que absorben cada instante los anhelos
del más lejano rincón del territorio.
Siempre abierta al alma ciudadana
si te acusan de cruel yo te distingo,
la madre que se brinda abiertamente
a la fuerza, al valor, al sacrificio.
Porque te llevo hundida en mis raíces
yo te nombro de pie, mi Buenos Aires
aunque tengas el ritmo enloquecido
febril compás el tiempo de tus calles.
Tus rincones de paz tambièn existen
si se busca un instante de sosiego,
no faltan en tu seno los lugares
para hundirse en tiempos de silencios.
Tus dìas y tus noches, Buenos Aires
traen presente su encanto casi mágico,
para darte completa y sin fronteras
a diferentes habitantes cotidianos.
Si no habito constante tus fronteras,
respira en mì cada una de tus calles,
porque abrì los ojos a este mundo
en un rincón de tu alma, Buenos Aires.
Y te llevo en las venas, sigilosa
duende profundo de mi propia sangre,
como parte bendita de esta tierra
yo te aplaudo de pie, mi Buenos Aires.
Estela Passaglia