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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
juan fozara
juan fozara
28-06-2013 10:18

LA CABAÑA ENCANTADA.(Cuento)

-Despacito, muchacho, despacito, todavía nos queda mucho que ascender. ¿Ves aquella cabaña de piedra? Allí pasaremos la noche,haremos un fuego,calentaremos la cena, te contaré un cuento y nos acostaremos.
Aquella cabaña servía de refugio a los montañeros, un refugio más cálido y acogedor que necesario pues la montaña se podía ascender y descender en un día. Era una cabaña para excursionistas.
-Abuelo, ¿es la cabaña de los tres cerditos?
- Sí, jaja.
- ¿Y vendrá el lobo por la noche?
El abuelo echó una MIRADA a la cabaña. Dudó como responderle al nieto...
- ¿Tú que quieres?
- No lo sé.
- Yo tampoco.
- Los mayores lo saben todo.
- Sí, pero aunque soy tu abuelo no soy mayor del todo,nunca dejaré de crecer, o nunca he crecido, no sé.
- Papá dice que eres un niño grande.
- ¿Eso dice?
- Sí, ¿te enfadas?
- No, al contrario.
Abuelo y nieto se acercaron a la cabaña, abrieron la puerta que chirrió en sus goznes y entraron. Allí pudieron ver a una bruja de RODILLAS preparando un brebaje.
- Pasad,pasad- dijo la bruja-.Os estaba esperando...y tú muchacho, no tengas miedo que soy una bruja buena, no me llaman hada porque soy fea,aunque de joven tuve algunos magos como pretendientes. Pero a ti qué te importa eso.
- Abuelo, ¿nos vamos?
- No, tengo curiosidad y realmente no parece nada mala, puede que sea una noche especial.
- Tendréis hambre- dijo la bruja-. Primero primero comed estas viandas, sabía que vendríais y tengo que contaros un cuento. Esta vez el abuelo se va a quedar calladito fumando su pipa después de cenar, ¿de acuerdo?
- De acuerdo-,respondieron asombrados los dos niños,uno grande y otro pequeño, sentían curiosidad.
- ¿Qué,esta buena la serpiente?
- Serpiente, abuelo, hemos comido serpiente.
- Pues estaba buena.
- Qué ALIVIO - dijo la bruja -. No soy tan buena cocinera como contadora de historias. ¿Quieres un yogur,chaval? jaja, te crees que las brujas no estamos al día?
Al acabar de cenar la bruja se puso a lavar los platos, Juanito, que así se llamaba el niño, se impacientó.
- ¿No nos ibas a contar un cuento?
- ¿¡Eh!?, sí, sí, pero es muy cortito, además como me habéis caído bien y parecéis muy simpaticos os voy a dar una sorpresa.
La bruja secándose las manos en el mandil les mandó sentarse en el MEDIO de la cabaña y comenzó a relatar.
- Una vez había un cuento que era muy corto, además en vez de palabras tenía hechos, a veces son mejores los hechos que las palabras, otras no, claro.
- ¿Qué hechos?
- Veréis...
Y tomando su varita mágica que guardaba en un estante de la cocina,hizo con ella un giro en el aire y "plof", apareció una niña de unos diez años,una niña muy guapa y que parecía muy simpática.
Juanito se alegró de tener compañía.
- ¿Cómo te llamas?
- Talita, y me gusta mucho reír y gastar bromas, mañana vamos a ir de excursión, verás que bien lo pasamos.
La bruja no se detuvo ahí, dando otra vez un giro en el aire con su varita,se tocó el sombrero y "plof". Apareció una mujer de unos sesenta años pero muy hermosa y afable.El abuelo se relamió, ¿habría también excursión para él?
- ¿Cómo te llamas?- preguntó el abuelo.
- Me llamó Hestela, la reina de la montaña.
- Pero no hablemos más,ahora vamos a descansar y dormir,hay cuatro camitas, venga, sin rechistar.
El abuelo y el niño asombrados obedecieron y para su sorpresa, a pesar de su excitación se quedaron pronto dormidos.
Al amanecer comenzó la excursión, fue el día más maravilloso del abuelo y Juanito,cantaron,rieron,comieron,vieron el paisaje desde la cima de la montaña...En definitiva,fueron felices. Pasó demasiado rápido el tiempo,antes de lo que deseaban se encontraron de nuevo en la cabaña. Tenían que marcharse. Con pena lo hicieron,después de despedirse comenzaron a caminar por lo que era ya una corta y suave cuesta abajo, pero a los pocos pasos se detuvieron y volvieron la vista atrás, pudieron ver el PERFIL de la cabaña y a Hestela y Talita diciéndoles adiós con la mano. Abuelo y niño reanudaron la marcha.
- ¿Nos van a creer, abuelo?
- No.
- ¿ Y si se lo contamos como un cuento?
- No lo sé.
- Qué bien lo pasamos, ¿verdad?
- Sí, y dile a tu padre que es un crédulo, pero con suavidad.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Observador
Observador
27-06-2013 14:58

EL FABULADOR

Antonio Sevillano daba clases en un estudio de pintura. Su trabajo no le desagradaba, porque era bastante creativo, pero su verdadera vocación era contar historias. Siempre que tenía ocasión, narraba anécdotas a sus alumnos. Estos dejaban a un lado el pincel y se quedaban embobados escuchándolo.
Antonio tenía una imaginación portentosa; era capaz de inventar las fábulas más increíbles. Sus pupilos estaban encantados, porque además de aprender a pintar, escuchaban los relatos más sorprendentes que jamás habían oído.
Al principio, el profesor comenzó contando anécdotas que duraban cinco o diez minutos, pero después, sus alumnos le fueron pidiendo que ampliara la extensión de sus relatos.
Antonio se hacía, casi siempre, de rogar. Le llenaba de orgullo que sus discípulos le pidieran que contara historias y, con una actitud de modestia ensayada, comenzaba un nuevo relato para satisfacer a sus oyentes.
La fama de Antonio como narrador se extendió con la fuerza del canto de un gallo en la madrugada. Los alumnos fueron diciendo a sus amigos, familiares o conocidos que tenían un profesor de pintura que contaba unas historias increíbles. Las clases se llenaron y, en poco tiempo, no quedó una sola plaza en la academia.
Cada vez que Antonio Sevillano entraba en el aula, se hacía un silencio expectante. El profesor cogía un taburete y lo situaba en medio del estudio, después de sentarse apoyaba sus manos en las rodillas, y como un predicador que sabe que sus palabras van a causar un efecto hipnótico en sus discípulos, lanzaba por su boca de hechicero frases que hacían esbozar sonrisas de felicidad a sus alumnos.
Las historias eran de lo más variopinto; hablaba de poetas desorientados que vagaban perdidos por las montañas en busca de la ansiada inspiración, o de miembros del cuerpo humano que hacían una huelga en contra de los duros trabajos a los que eran sometidos por el cerebro; y también de abogados respetables que al llegar la noche transformaban sus honorables perfiles en los de unos sangrientos asesinos, o de animalillos del bosque que se ponían de acuerdo para dar su merecido a un lobo abusón...
Algunos alumnos, inspirados por los relatos de Antonio, abocetaban las escenas de los protagonistas de las historias. Otros cerraban los ojos e intentaban imaginar los lugares y personajes que describía el narrador.
La academia de pintura se convirtió en una fábrica de imágenes inéditas inspiradas por el peculiar profesor.
Una mañana, Antonio entró desorientado al estudio. No parecía reconocer a sus alumnos. Estos enseguida notaron el desconcierto del maestro y se miraron unos a otros sin saber qué hacer.
De repente, el fabulador, con la mirada perdida, comenzó a decir frases inconexas. Se acercó a la mesa de las herramientas y cogió unas tijeras cuyo filo brillaba amenazador en el aire. Varios alumnos intentaron detenerle, pero...

-Señor Sevillano, señor Sevillano... ¿Es que no me oye?
-¡Ah!... Sí... perdón, señor director. Estaba distraído.
-Usted siempre está distraído, tiene la cabeza en las nubes. ¿Ha terminado ya los informes que le pedí?
-Pues... el caso es que los estaba ultimando y...
-No sé qué voy a hacer con usted, lleva toda la mañana para redactar esos malditos informes. Los quiero dentro de quince minutos, ¿me oyeeee? ¡Quince minutos!

caizán
caizán
27-06-2013 01:35

MONOLOGO
Ustedes tienen que creerme, mis hijos me critican por pensar como pienso. Es el mundo al revés, ellos están medios[b][/b] anquilosados y yo, siempre con la mirada puesta en todo aquello que me haga vivir feliz.
Les cuento. Tengo 55 años, viuda, 3 hijos entre 20 y 30 años, que son “los viejos” de ésta historia. Tengo una buena pensión y la renta de un departamento que alquilo, todo sumado me da un buen ingreso mensual. Mi problema no es económico. Tengo un perfil de señora paqueta
Para decirlo de una manera elegante: es social. Significa que estoy “abierta” a la búsqueda, con quien compartir los años que me quedan. Y aquí intervienen mis hijos y mis prejuicios –que creía no tener - ¡Ja!
De mis hijos no voy a hablar, sé que les gustaría verme de rodillas, abdicando, pero no es mi problema. El mío, que recién descubro, es una montaña que trato de escalar. Una habla en las reuniones de lo amplia y liberal que es, pero una cosa es estar en las tribunas y otra, muy distinta, en el ruedo, frente al toro. De afuera todo es fácil, arreglarle la vida al prójimo es una tarea a la que somos proclives. No soy la excepción. Les cuento:
A los dos años de enviudar, apareció la inquietud. Las amigas con las que arreglábamos vidas ajenas, ahora se ocupaban de componer la mía, con mi anuencia. Ellas comenzaron a motivarme:--Tenés que salir, Maru – me dijo Beatriz y Laura replicó:--No, no. Primero se tiene que producir, no puede salir así a la vidriera. Masajes, peluquería, nuevo look y nuevas pilchas, lo que estas usando, lo vendes, regalas, tiras, cualquier cosa menos usarlo.
--¡Che, no será para tanto!
--Sí querida—terminó Rosario—tenés que salir al mundo, renovada. La señora Maru, no existe más, hay que darle paso a la tigresa Maru ¿OK?—Todas asintieron. Yo acepté.
Al poco tiempo, estaba en rodaje, lista para salir a la pista, según ellas: era un fórmula uno, de ahí la figura. “El plan de lucha” proyectado era salir con una de ellas, siempre distinta, a lugares de pesca. Aquí debo reconocer a fuer de ser sincera, que ninguna de nosotras tenía la experiencia necesaria para ese cometido. Éramos todas amateurs. Confiterías, restaurantes, academias de tango, exposiciones. En todo lugar que hiciera de pasarela, donde mostrarme, podías encontrar a Maru y una amiga.
Jamás creí que esa búsqueda fuera tan difícil como fue. Establecido el contacto, el paso siguiente era una cita a solas, el señor y yo. Juro, re juro y perjuro que siempre fui con la mejor predisposición, el fracaso fue el resultado de todas las citas, muchas veces en la primera, otras, pocas, en la tercera o cuarta. Eso me llevó a una consulta psicológica. Quería saber por qué ocurrían esos fiascos.
¡Demoledor! –Usted compara—me dijo—Nunca va a encontrar a nadie si no borra la imagen abocetada e internalizada, de su anterior pareja.
--No puedo. Quiero, pero no puedo.
-- Hay algo peor, cuando comienza a gustarle alguien, se lo imagina desnudo y usted quitándose la ropa ante él y no acepta el hecho. Creo que está demasiado estructurada, la ansiedad de la búsqueda le crea más conflictos que soluciones. Los encuentros tendrían que ser más casuales, menos armados. No ir con la guardia levantada.
En ese momento, comprendí que no era tan libre como decía, que la historia de mi vida me condicionaba a seguir viviendo sola. Lloré. Mis amigas se enojaron y criticaron mi actitud, dejaron de visitarme.
Caí en una profunda depresión, la señora paqueta había dejado de existir, a veces, me batía el cabello para verme mejor. La cosa fue para peor, ninguna medicina le daba alivio a mi problema.
Había tomado el hábito de salir a caminar de noche, sola. Esta ciudad no es apta para ello, lo supe cuando alguien me interceptó y salí corriendo. Tomé el primer taxi que pasaba y ya en él, me eché a llorar. El chofer detuvo el auto, me dio un pañuelo y esperó que me tranquilizara, cuando lo logré, le di mi dirección. En el trayecto le conté mi problema, toda la historia, larga, detuvo el motor en la puerta de casa, para no interrumpirme. Cuando lo advertí, le dije que me esperara y le traería el dinero del viaje —Vivo, en el tercero A, ya bajo-- Cuando volví, se había ido. Al día siguiente a las once, sonó el timbre, era él, lo hice pasar, le serví un café, seguimos la charla. No me quiso cobrar. Y fíjense lo que son las cosas, ésta ex señora paqueta se terminó liando con un taxista, que no era dueño. Era peón. Pero me dio felicidad.
JSM

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
26-06-2013 19:49

EL HACEDOR DE MARAVILLAS

Naturalmente su aspecto tendría que ser el de un mendigo vagabundo, pero su perfil no se ajustaba exactamente al tópico; él era un mendigo digno, limpio y educado, pero mendigo al fin y al cabo. Su currículo de maravillas era modesto y, en una primera lectura, integrado por actos aparentemente banales. Por ejemplo, voltear una tortilla de patatas sin que se le cayese al suelo; enhebrar una aguja manteniendo los dos ojos medio abiertos; elevar cometas casi sin viento; y cosas así. Era, por así decirlo, un artífice de lo cotidiano, de cosas que siempre se han hecho como normales, pero que hoy día han pasado a ser extraordinarias, acervo de muy pocos.
Quizás una de sus actuaciones más aplaudidas era la de, en medio de un corro de niños de miradas embelesadas, hacer girar un plato sobre una varilla que sostenía en la punta de uno de sus dedos. Nada importante, pero que, como las demás, muy poca gente conseguía hacer. O tal vez mucha gente, pero poca con su ingenuidad, con su sonrisa y su modestia. También, si su público conseguía vencer la resistencia de su timidez, intentaba abocetar unos hermosos pasos de danza, con mudanzas insólitas o, incluso, unos exóticos pasos de charleston con apabullantes cruces de rodillas, aunque esto sólo era posible verlo en las fiestas que espontáneamente se organizaban en la especie de corrala donde vivía. Alli su público, como él mismo, eran gentes humildes, calladas, muchos seres al borde de la marginación, pero que resistían estoicamente los cambios de su suerte.
Nuestro héroe todas las mañanas, aseado y limpio, cubierto con sus ropajes raídos pero llevados con gran dignidad, salía a hacer su habitual recorrido. La cotidiana y discreta búsqueda en los contenedores, en las papeleras, en las puertas traseras de los restaurantes, buscando aquellos objetos o restos de alimentos que la sociedad más o menos opulenta había arrojado por inservibles o, sencillamente, sobrantes. Con un poco de suerte y huelga de los servicios de limpieza mediante, hallaba verdaderas montañas de deshechos. Él siempre encontraba alguna utilidad a aquellos restos: cuántos apaños había hecho en las modestas viviendas de la vecindad; cuántas mesas había servido en aquellas noches en las que el paro, la desesperación o el infortunio habían desprovisto de alimentos, siquiera parvos, a las humildes familias de sus convecinos, cuántos alivios, en fin, procuraba aquella especie de ángel bueno del arrabal. Pero entre todas sus habilidades, entre todas las maravillas que tejía para las almas ingenuas, eran aquéllas, la de crear esperanza y esparcir el polvo dorado de la felicidad, sin duda las más difíciles, pero las que más le reconfortaban, aunque él era completamente ajeno a esas complejidades.

Ana Alonso
Ana Alonso
26-06-2013 16:32

Cuando vi las palabras me acordé de este relatito que ya tenía varias de ellas. La experiencia es real y ocurrió hace cuatro o cinco años. Como las musas están esquivas, colaboro esta semana con él.

TURISMO AVENTURA

De un lado la montaña, del otro lado el río, y una ruta angosta que va serpenteando esa frontera. En una curva del camino me decido a bajar. Por la 173, el colectivo transita los 37 kilómetros que hay desde el centro de la ciudad de San Rafael, Mendoza, hasta el principal recreo turístico del Valle Grande; pero no me interesan los lugares concurridos, por eso al subir arreglé con el chofer que me quedaría en algún punto del recorrido, en el cuál se detendría a levantarme al regresar. Tendría que estar atenta para que no siguiera de largo.
“Media hora como mucho” me dice cuando desciendo y le contesto que prestaré atención: a mí me importa más que a él. Es el último colectivo del día y si se va sin verme tendré que pasar la noche en medio de la nada.
Quiero internarme en los cerros y el agua me llama; resulta tan placentero el rumor de la corriente que desearía quedarme cerca del río a descansar. Le concedo unos minutos, pero no vine para eso.

Cruzo nuevamente la ruta, paso bajo el alambre pensando las montañas son del mundo y avanzo hasta donde me lo permiten las insociables plantas silvestres que crecen por esos parajes. Miro hacia arriba y allá, de perfil, pegadito a las nubes, como abocetado sobre el cielo, el Trichocereus Candicans más bello que, como coleccionista de cactus que soy, me hubiera podido imaginar. Empiezo a trepar con entusiasmo, sin pensar que voy a tener que bajar alguna vez, chocando con las piedras, apartando ramas y llevándome puestas todas las púas que puedo, ni una más, eso sí, hasta que al fin lo alcanzo: espinas apuntando al infinito, raíces que crecen buscando cómo aferrarse entre las rocas. Me parece bellísimo. Lo contemplo con un pie apoyado sobre una grieta amable y el otro no quiero pensar dónde. Después, miro hacia abajo y empiezo a descender.

El dolor de los rasguños me resulta soportable y el temblor de las rodillas causado por el esfuerzo se mezcla con el de la fuerte impresión de plenitud que me brinda el paisaje. Estoy destruida, pero emocionada.
Alcanzo al fin la ruta y le echo una mirada al reloj. El canto del Atuel quiere atraparme de nuevo, pero esta vez no cedo. Calculo que quedarán unos minutos y decido caminar a lo largo de la carretera esperando ver llegar al micro de un momento a otro. Ahí es cuando descubro que el pie de los cerros está repleto de los mismos cactus por el que me largué a las alturas, sin pensarlo mucho, ni bien llegué.

No, no perdí el colectivo. Con alivio lo vi llegar puntual y se detuvo a levantarme como habíamos quedado. Ya sé que si hubiese tenido que pasar la noche en la montaña el relato habría resultado más entretenido, pero al menos regresé a Buenos Aires después de un viaje corto, y no tuve que lamentar que no me alcanzara el tiempo para conocer con cuerpo y alma la magnífica naturaleza de la precordillera de los Andes.

Estela
Estela
25-06-2013 17:36

MODELAJE

Hace muchos años que soy modelo, y aunque digan que a las mujeres no nos gusta decir la edad, puedo afirmar con orgullo que llevo muy bien mis cuarenta y dos años; nadie me da mas de treinta.

El problema es que ahora, con la crisis, hace tiempo que no tengo trabajo; por esa razón, cuando me ofrecieron hacer la publicidad de un perfume para la TV en un paisaje de MONTAÑA, sentí un enorme ALIVIO; fue como si se me abrieran las puertas del Paraíso.

Cuando el director me mostró lo que había ABOCETADO, me pareció muy interesante el proyecto.
Claro que al comenzar a filmar las cosas se complicaron, porque hacía un frío horrible en la montaña, alredededor de – 3° y me ví obligada a estar vestida con ropa muy ligera.
Después de filmar varias jornadas durante ocho horas seguidas, me cansé ; odiaba hasta el PERFIL del director ,pero él hacía caso omiso de mis protestas y mis MIRADAS asesinas, diciéndome que cumpliera con mi trabajo, como lo establecía el contrato que había firmado.
Por supuesto, el señor no pasaba frío; mejor dicho, nadie lo pasaba, excepto yo que no podía abrigarme como ellos, que tenían sueters, MEDIAS y abrigos.
La toma 728 no lo conformaba ,me repetía que no tiritara, y la hicimos ¡cincuenta y seis veces! hasta que finalmente se dio por satisfecho.

Cuando le pregunté por qué me había torturado de esa manera, que era inhumano, me contestó que el temblor de mis RODILLAS se trasladaba a todo mi cuerpo, y arruinaba las tomas, una tras otra.

¡Y luego hay que escuchar por ahí, que la vida de las modelos es maravillosa!


Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Ana Alonso
Ana Alonso
24-06-2013 03:06

Con la mirada perdida en las montañas imaginó el paisaje que pensaba abocetar. Sentía el alivio de estar en medio de la nada pero sus rodillas temblaban mientras su perfil se recortaba contra el cielo.

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
23-06-2013 19:01

Vamos con la sintetifrase:

Con mirada de alivio comprobó que la herida de la rodilla no era importante. Continuó con el medio boceto que ya había hecho del perfil de la montaña

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
23-06-2013 18:53

Con mayor del retraso del previsto (vosotros sí habéis cumplido con vuestra parte de acabar la relación de palabras: gracias una vez más) publico las SIETE que habéis propuesto. Ya sabéis, han de incluirse obligatoriamente SEIS de ellas. Quien quiera ir a por nota puede incluir las siete.
Calcamonía, bienvenido y aquí tienes la ocasión de exhibir tus cualidades de escritor.

Palabras:

ABOCETAR
ALIVIO
MEDIO/A
MIRADA/O (esto en realidad ya son dos palabras; pero, en fin: lo pasamos.)
MONTAÑA
PERFIL
RODILLA.

Feliz semana, primera del verano. No sus acaloreis.

Gregorio Tienda Delgado
Gregorio Tienda Delgado
23-06-2013 12:27

Ahí va la séptima.

ABOCETAR.
1. tr. Ejecutar bocetos o dar el carácter de tales a las obras artísticas.
2. tr. Insinuar, apuntar vagamente algo.



Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
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