| POEMAS |
 |
| Gregorio Tienda Delgado |
|
|
|
Gracias, Oncina. Como soy algo mayor, me da por escribir esas cosas. También a mí me pasa que no puedo subir imágenes, siendo que antes he subido muchas. Algo ha cambiado que ahora no me deja.
Extraordinario el romance, Lunes en la oficina. La poesía se te da de maravilla. Seguiré pasando. Saludos a todos/as. |
|
|
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas. |
|
|
|
 |
| Oncina |
|
|
|
Lunes en la Oficina Una escena de ciudad,
un cristal de la oficina
para un nuevo lunes gris
y otro monótono día,
individuos en trayectos
hacia el ocaso con prisas
no detienen sus miradas,
del hastío no me libran,
no conozco sus pesares
ni cuáles serán sus citas
pero me temo que no
son el amor de su vida. Entre tanto me imagino
el final de mis desdichas,
un abrigo con capucha
me recuerda tus enigmas
y mi pluma vuela sola
describiéndote de niña:
entre bufandas y plumas
el rubor de tus mejillas,
entre gritos del recreo
los sonidos de tus risas,
entre miedos y vergüenzas
el calor de tus caricias,
entre carreras de niños
parejas de pilla-pilla,
entre dudas resquemor
por si todo fue mentira. Perdona si tú no fuiste
quien me provocó los síntomas
de nostalgia en la mañana,
de fugaz melancolía,
a veces quiero soñar
con la piedra de mi chispa
que es rugir de mi motor,
el florecer de las briznas
de un pasado aletargado
del que ahora soy cronista. Perdona que hable de ti
si mi vida es aburrida,
si no tengo más consuelo
que recurrir a la química
que mantuvimos los dos
con secretos, a hurtadillas. Perdona que sea tonto
y te quiera todavía
como musa encapuchada,
como luz en la neblina.
Escribiéndote recuerdo
cuando éramos poesía. |
|
|
|
 |
| Oncina |
|
|
|
He de decir que me costó sobremanera subir una imagen en una de mis publicaciones hasta que desistí. El soneto sobre la vida y volover a empezar me ha gustado mucho, con ese trepidante ritmo en -ia final y ese mensaje amargo pero a la vez pienso, "si quiere volver a empezar no debió ser una mala vida" Encantado de leerte Gregorio. |
|
|
|
 |
| Gregorio Tienda Delgado |
|
|
|
Gracias, Rodrigo, por hacer que se vea la imagen. Algo han cambiado, porque antes subía imágenes sin problema. |
|
|
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas. |
|
|
|
 |
| Rodrigodeacevedo |
|
|
|
Si después de este poema, querido Oncina, nuestra Eratalia sigue desaparecida, habrá que comunicar el hecho a las autoridades. Mejor convocatoria, imposible. |
|
|
|
 |
| Rodrigodeacevedo |
|
|
|
Gregorio: me he permitido editar tu texto; así tendremos acceso directo a tu magnífica poesía. Advertencia: el señor del banco no es nuestro compañero Gregorio Tienda Delgado. 
|
|
|
|
 |
| Oncina |
|
|
|
Ya que nuestra amiga Eratalia no se anima a escribirnos nada nuevo, dejo un soneto que es una imitación menor de su estilo desenfadado. Neuronas Socarronas En mi cabeza estallan las ideas
cursis, tristes, repipis y ramplonas,
no cesan de bailarme las neuronas,
me provocan perennes cefaleas. Influyen como luna en mis mareas,
se ríen en mi cara socarronas,
groseras, insolentes y bufonas
se traban en mi mente sus correas. Me impiden disfrutar de la pacífica
soledad de silencios y vacíos
que derrumban mi alma frigorífica, me comprenden y alivian los espasmos,
se muestran en mis muchos desvaríos,
quizás son necesarios sus sarcasmos. |
|
|
|
 |
| Oncina |
|
|
|
Tengo varios sonetos de corte amoroso, diferentes entre sí, da para una recopilación, uno de mis favoritos es este. Intimidad - Aroma a Café
El monótono día será largo,
nos cruzamos miradas somnolientas,
precisas descansar y me hago cargo
que es de mí. —¿Del trabajo?—No me mientas—. No logramos salir de este letargo,
películas francesas, vidas lentas,
en nuestra radio suena “Sin Embargo”
y el silencio retumba las afrentas. Acaricio tu nuca, mas no espero
que pruebes el poleo de mi boca
al posarse en los labios de la tuya. El olor del café sí que te arrulla
en un susurro plácido: —Te quiero—,
con la serenidad que ahora toca. Aun sabes que me evoca,
el íntimo placer de conocerte,
el regocijo por mi buena suerte. |
|
|
|
 |
| Rodrigodeacevedo |
|
|
|
A los tres últimos poemas de Oncina, que sigue teniendo abierta para nosotros su enorme vena poética, bien sea de archivo, bien de producción directa, lo que además de un regalo, es todo un privilegio. El pequeño primer poema tiene, para mí, todo el valor del balbuceo ingenuo, de ese pasmo inicial de asomarse a dos mundos inéditos: el de la poesía y el del amor. Si hubo entonces una destinataria debió sentirse extrañamente transida por un especial sentimiento. Si no, ella se lo perdió. El poema “Seguir vivos” es todo un canto al amor joven, al fogoso caminar durante la noche para iniciar con la experiencia del “ser vivo” la travesía del nuevo día. Un excelso canto a ese poderoso motor que nos lleva a paraísos de inocencia al tiempo que nos ofrece la fruta prohibida -para otros, para los no inocentes- que es el Amor. Excelente. Y el último, un muy perfecto soneto en endecasílabos, que canta al Amor fuera de los tópicos habituales, dedicado a una Musa desconocida para el lector, aunque supongo que su destinataria estaría (o estará) al tanto y se regodeará con tan sabrosa lectura. Me entusiasma de este poema su originalidad de tratamiento, la rotura de los habituales cánones del “poeta enamorado”. Pues nada, querido Oncina; aquí seguimos. Tienes abierto para tí lo del Adolfo permanentemente, barra libre y recado de escribir, como decíamos antes los antiguos. No te prives (ni nos prives.) |
|
|
|
 |
| Oncina |
|
|
|
A una Lectora. Escribo para ti, la blanca musa
que apacigua mi pluma entre los dedos,
la dama que suspira en mis enredos
y visita mis hojas como intrusa. Lees porque te sabes la reclusa
de mis cuentos de amor y de mis credos,
lees por alejarte de los miedos
y de tu soledad, no tengo excusa. Pero imaginas versos para ti
cuando la claridad en tu cristal
muere, y tiembla el renglón que consagraba
recuerdos que en papel languidecí.
Adivino en ti el odio visceral
al cruel anochecer que regresaba.
|
|
|
|
|
|