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VAMOS A CONTAR HISTORIAS.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
11-06-2013 21:23

ÁNGEL

Apareció en casa de improviso; era un hombre con apariencia de mendigo, pero una observación más detenida hacía apreciar en él un aire de dignidad, unas maneras que rechazaban esa catalogación. Era, simplemente, uno de tantos hombres derrotados, con el desencanto flotando en su mirada; vestía pobremente y llevaba un zurrón de lona al hombro, tal vez todo su equipaje. Preguntó por mi padre; mi madre, azorada, le invitó a pasar; él no tardaría en regresar de su trabajo. El visitante dijo simplemente: “Soy Ángel”. En mi madre pareció aumentar el nerviosismo, pero le ofreció un asiento y un café, de aquellos de “pucherete” que hervían permanente en el fogón de la cocina. Él, Ángel, aceptó con una sonrisa bondadosa y humilde.

Al poco llegó mi padre y vio al visitante sentado casi en el borde de la modesta silla, con las manos sobre las rodillas y su zurrón en el suelo, junto a sus pies. Mi padre se quedó inmóvil y exclamó casi en un susurro:”¡Ángel!” Aquel hombre se levantó lentamente y los dos se fundieron en un abrazo interminable. Cuando se separaron ví que ambos lloraban en silencio. “¡Ángel! Cuánto tiempo…” El silencio que siguió me indicaba la callada conversación, los intensos monólogos interiores con los que los dos hombres trataban de situar este ahora desde unos recuerdos dolorosamente guardados. “No me quedaré mucho tiempo, Ángel” –mi padre también se llamaba Ángel- “no debes de preocuparte, ni Marichu tampoco” –Marichu era el nombre de mi madre. “Pero te quedarás a comer y después hablaremos. Tenemos tanto que contarnos…”

La frugal comida transcurrió casi en silencio. Apenas unas palabras de reconocimiento del visitante hacia mi madre, alabando la calidad del guiso.
“Estoy perseguido, Ángel. Mi presencia en esta casa os compromete. En cuanto anochezca me marcharé. Padezco insomnio y lo aprovecho para algunas actividades nocturnas, clandestinas; ya me entiendes. Pero mientras hablamos quiero dejaros un pequeño regalo.”

Pidió permiso para extender sobre el mantel de hule un poco de arcilla, que había sacado del astroso zurrón. “Mira, chaval, lo que pueden hacer las manos de un hombre. Igual que las de Dios.” Yo contemplaba sus movimientos con todo el asombro y la atención a los que la insólita situación me obligaban. Comenzó tomando unos pellizcos de barro y haciendo con ellos unos pequeños zurullos. Con el resto del barro (arcilla, precisó él) manipulándola con gran destreza, casi como un juego de prestidigitación, moldeó lo que resultó ser… una cabeza de ciervo. En pocos momentos, los zurullos preparados anteriormente calzaron la portentosa cabeza con una espléndida cornamenta.

Aquello era todo un milagro para mí. Para él, para Ángel, era una manera de sobrevivir. Con las pequeñas obras de arte que modelaba ganaba algún dinero, escasas monedas, dada la miseria general del país. Pero Ángel, junto a su destreza, unía una enorme simpatía. Nada en él sugería vagancia ni sus actitudes tenían resabios de peligrosidad. Sin embargo, en cualquier momento, la entonces vigente Ley de Vagos y Maleantes podía caer sobre su inocente y obligada trashumancia. Y después… su militancia política lo colocaría frente al paredón. Desde luego, su presencia en nuestra casa era muy comprometedora. Pero él ya lo sabía; estaba acostumbrado a estas breves acogidas y era consciente de la responsabilidad que su anfitrión asumía con ellas. Su singladura le obligaba a frecuentes acurrullamientos del somero velamen de su navío.

Finalmente, como había anunciado, con las primeras sombras de la noche Ángel volvió a su hábitat natural, al hábitat de todos los marginados: la calle inhóspita y peligrosa. Nunca supimos más de él. En casa quedó durante mucho tiempo la cabeza de ciervo que moldeó para nosotros con sus manos, manos demiúrgicas, como las de Dios.

Mucho después supe que mi padre y él fueron compañeros de armas, ambos prisioneros de guerra y sufrieron juntos muchas penalidades. Algunas situaciones muy comprometidas debieron solventarse con su ayuda mutua. Según mi padre, el otro Ángel era su hermano.

juan fozara
juan fozara
09-06-2013 23:18

De acuerdo,haya paz,vale,pero,¿habrá lógica?.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
09-06-2013 20:06

Compis, compas: haya paz. Creo que esta minicrisis ha venido al pelo y con carambola: por un lado reiterar mi solicitud de que se aporten palabras de uso común y significado polisémico, aunque sea cansino el decirlo. Por otro que la aportación de palabras extemporáneas, siempre que estén incluídas en el Diccionario de la Real Academia Española puede dar lugar, como dice Ana Alonso, a crear cierto tipo de relatos un poco heterodoxos en su asunto. Pero siempre enriquecedores. Aunque, como certeramente apuntaba Eratalia (¿y cuándo no apunta ella certeramente?) este tipo de relatos que algunos pueden considerar "marginales" (para mí el de Ana no lo es en absoluto) ya tienen cabida en la "Prosa Leprosa", siempre dentro de las normas generales que rigen el foro, en cuanto a tener en cuenta todas las sensibilidades: nada de radicalismos políticos o religiosos, nada de insultos o groserías, etc. etc. Por otra parte las interpretaciones jocosas de algún significado, como ha hecho Observador, pueden llevar el relato a otro hilo, como ya dijo Era: "El Camarote", donde tiene cabida todas las risas, hasta las autorrisas, si se me permite el palabro.
Creo que las palabras, nuestras queridas palabras, nunca pueden ser motivo para "cargarse" este hilo. Todos tenemos recursos intelectuales suficientes para marcarnos límites. Y aquí lo dejo, que me estoy desmoderando. Salud y buenas tardes a todos.

Ana Alonso
Ana Alonso
09-06-2013 17:13

Bueno, ustedes dirán si lo dejamos acá o le damos un empujoncito para otro lado. A mí las palabrotas me vinieron al pelo para explayarme sobre un tema que me andaba rondando desde hace rato.

VILLA LAREDO, SAN RAFAEL, MENDOZA, ARGENTINA

Del agua casi siempre estancada emergen los pañales descartables, las botellas plásticas de gaseosas, algún neumático podrido; esa protuberancia que se ve ahí: tal vez piel y huesos de algún gato en avanzado grado de descomposición. Zurullos de todo tipo flotando por acá y por allá. No, ningún barco sería capaz de acurrullar sus velas en estas aguas. ¿Quién echaría el ancla, si en lo primero que se piensa es en cerrar los ojos y huir?
A un paso del canal unos muchachos arman un porro. Los rodea el estiércol y restos de todo tipo de esas cosas que la gente usa para vivir y no sabe como deshacerse de ellas cuando no le sirven más, al menos por estos barrios. Yo digo “los muchachos arman un porro” porque es lo primero que se me ocurre que pueden hacer ocultos entre el yuyal, pero es mi ignorancia y la costumbre de desconfiar por defecto lo que me hace pensar de ese modo: en realidad no sé qué pueden estar haciendo cuatro muchachos en medio de esa pestilencia. ¿Estudiando para rendir un parcial? Creo que no. Pero seguro que tampoco puede resultarles muy placentero el porro que yo les puse en las manos.

Me viene a la cabeza la palabra “vagancia”, la primera que tenemos siempre a mano para nombrarlos, la que vengo escuchando desde que tengo memoria. Son unos vagos que pierden el tiempo. El adjetivo vuelve como un búmeran y se estrella en la solapa de mi abrigo, del lado izquierdo. Las solapas de mi abrigo son a prueba de las balas de otros, pero no de las mías, así que la palabra las traspasa y se me filtra en el cuerpo, desplazando a su paso los últimos resabios de vergüenza propia y ajena. El líquido que sale de la herida se desliza hasta el agua sucia y aporta su tono rojizo, pero qué le puede hacer una mancha más al tigre.

El problema, en realidad, es que me molestan las cosas que no entiendo o aquellas a las que no puedo inventarles una resolución lógica que encaje en el panel de control, en el juego de encastres que se me dibuja en la mente. Un arabesco que quedará suelto porque sólo tengo formas cuadradas, rectangulares o redondas; tal vez triangulares para acomodarlos. ¿Encajarán en algún lado? En todo caso, no tengo más herramienta que la supervivencia para ajustar las tuercas que me permitan seguir soportando esta inoperancia quejumbrosa.

Me siento cansada; fatiga ser conciente de la propia mojigatería, sobre todo cuando se vincula tan estrechamente con la podredumbre del entorno y sus motivos. Fatiga andar en medio de montañas de basura, a sólo veinte cuadras de la civilizada zona céntrica, embellecida para el turismo. Y un poco más allá, los ríos de aguas azules surcados por gloriosos veleros, ríos protegidos donde la práctica del rafting y el kayak deja excelentes ganancias para la provincia. Acá, hasta estos suburbios, sólo llega el olvido, envasado en una máquina que recoge la basura cada quince días, que generalmente se hacen treinta (siempre hay alguna excusa).
Por esa calle se acercan guardapolvos blancos. Niños que vuelven de la escuela, cargando sobre los hombros una mochila con el futuro encerrado en la tarea que no terminaron de copiar. Madres que no desayunaron para comprar por el camino de ida la figurita del prócer que pidió la maestra, que ellas quieren que sus hijos estudien para que no les pase lo mismo que a esos que andan por ahí drogándose o robando. A ellas todavía no las alcanzó el desencanto, pero yo lo veo paciente, siguiéndolas de cerca, esperando el momento para inyectarles la resignación.

Sigo caminando y el canal se bifurca; en uno de sus ramales el agua corre libremente, no sé por qué milagro. En el otro, la basura permanece armando barreras que la corriente intenta, sin éxito, saltear. Y yo sigo sin saber que parte es la que me toca en este guión que me escribió la vida. Tal vez sólo asegurarme otra noche de insomnio, que no terminará con la injusticia social, la desigualdad de oportunidades ni mis propios prejuicios y, en cambio, me pondrá muy a tono con el paisaje. Ojeras profundas donde naufragará la oscuridad de este barrio y sus habitantes, mientras las cosas continúan su marcha prescindiendo de mí y mis conclusiones.

Eratalia
Eratalia
09-06-2013 11:49

Vamos a... no enfadarnos y vamos a... ser amiguicos.
Que la sangre no llegue al río, plis.
¡Que no rueden cabezas!¡No pasemos a nadie por la quilla!
Al que le parezcan bien que participe y al que no (como yo) que se abstenga. Aquí paz y depués gloria.
Y es que lo que salga de esta propuesta va a quedar para insertar en el subforo de Prosa Leprosa , o en el Camarote
y no por la mala calidad del relato, sino porque los contenidos, a la fuerza, han de ser... desopilantes, aunque siempre los podemos adornar incluyendo una eufótida.


Con rimas y a lo loco
juan fozara
juan fozara
09-06-2013 11:19

M.ierda,a este paso nos vamos a cargar el "Vamos a...".
Una cosa es jugar y otra hacer malabarismos que no llevan a ninguna parte.¿Por qué estas palabras ridículas? Y me quedo con ganas de decir más,pero el aprecio por ustedes no me lo aconseja.


" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
caizán
caizán
09-06-2013 04:29

Pues nada, niña mía. Me gusta la acepción de Observador, sea o no correcta ¿qué sentido tiene traer esas palabrejas?
A palabras esdrújulas, respuestas monosilábicas. ¿Que es una burrada? ¡Es igual!
¡Feliz domingo!

Eratalia
Eratalia
08-06-2013 23:06

Mi micronarración es ésta, y viendo lo bien que me ha quedado, renuncio a escribir la macro, que la dejo para escritores con menos vagancia que yo.

Mientras acurullaba las velas, encontré un zurullo, fruto del resabio de algún marinero desencantado y con insomnio, que sintió vagancia al pensar en ir hasta los excusados.


Con rimas y a lo loco
Eratalia
Eratalia
08-06-2013 22:56

Mi querido Caizán: Observador es que es muy gracioso y tiene gran inventiva.
ACURULLAR
v. a. ant. de galeras. Man. Desenvergar las velas. Terreros dice: en las galeras, bajar las velas.
Es su única acepción en el diccionario de términos marinos.
Y eso lo encontré en el diccionario Histórico de las artes de Pesca Nacional, y en el Diccionario marítimo
dice:
acurullar
Meter los remos bajo la crujía.
acurullar
En las galeras desenvergar o arriar una vela.

No hay nada más. Sólo en el diccionario de catalá-valencià y balear he encontrado esto:
ACURULLAR v. tr.
Omplir a curull; cast. colmar. El carro de la botiga, acurullat a més no poguer, Girbal Oratjol 33. Prenia un bon corn de falda acurullat d'herbes balsàmiques, Oller Rur. Urb. 76.
Fon.: əkuɾuʎá (Barc.).
Conjug.: regular segons el model de cantar.
Sinòn.: acaramullar.
Etim.: format damunt curull.

La palabrita nos ha dado trabajo ¿eh? ¡Lo que se aprende aquí!


Con rimas y a lo loco
caizán
caizán
08-06-2013 22:20

Tía. Según Observador, acurrullar: es acunar al bebe. Como eso me gustó, lo usé.No sé quién escribirá algo que valga la pena, con esos términos.

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