La convocatoria de palabras para esta función de las varietés relateriles ha sido casi un éxito. Han llegado CINCO palabras; ha faltado la que puntualmente nos deja Estela, ahora de merecidas vacaciones. No importa; es un resultado más que estimable. Yo propongo la sexta palabra para no dar más el peñazo con mis peticiones.
Palabras aportadas por la querida parroquia:
ABLUCIÓN
CAPILLA
EQUILIBRIO
MUDO/A
SOLEDAD
La sexta que yo os propongo:
PEREGRINO/A
(Del lat. peregrīnus).
1. adj. Dicho de una persona: Que anda por tierras extrañas.
2. adj. Dicho de una persona: Que por devoción o por voto va a visitar un santuario, especialmente si lleva el bordón y la esclavina. U. m. c. s.
3. adj. Dicho de un ave: Que pasa de un lugar a otro.
4. adj. Dicho de un animal o de una cosa: Que procede de un país extraño.
5. adj. Extraño, especial, raro o pocas veces visto.
6. adj. Adornado de singular hermosura, perfección o excelencia.
7. adj. Que está en esta vida mortal de paso para la eterna.
8. f. Cuba. Arbusto de las Euforbiáceas, del que hay varias especies, que da flores rojas.
□ V.
concha de peregrino
halcón peregrino
No obstante, si antes de las doce de la noche (G.M.T.) llegara o llegase la sexta palabra propuesta por algún despistadillo/a, pues mañana se incorpora y santa palabra. La norma es la norma.
Que seáis felices.
Gregorio Tienda Delgado
19-05-2013 21:23
No sabía yo que se podía llegar tarde, y menos con un relatillo de poca monta. Bueno, aquí lo dejo.
PERROS VAGABUNDOS.
Jaime poseía ciertas particularidades. No sólo el color de su pelo llamaba la atención; su andar era también muy peculiar. Caminaba de un modo inconfundible cuando paseaba por la plaza o cuando deambulaba por las calles. También era peculiar su forma de detenerse erguida y segura. Siempre solitario, con la mirada atenta, no perdía detalle de lo que sucedía en torno a él. Aunque no siempre fue así. Su vida estuvo sentenciada por la desgracia y la tragedia. Su familia humana, murió en un accidente cuatro veranos antes cuando estaban de viaje. Él se salvó de milagro.
Y, con esa capacidad olfativa e instintiva que poseen los cánidos se las arregló para volver a la ciudad de sus dueños y durante un tiempo, vivió sólo. Jaime se acostumbró a los golpes y al hambre callejeando por de barrio.
―¡Cómo la vida puede tratarte tan mal! ―Le susurraba un policía local mientras lo acariciaba.
Pero Jaime le echó coraje y se las arregló como pudo. Y si bien un tiempo atrás nadie daba un céntimo por su vida, después, fue uno de los perros más escurridizos del barrio, al que seguían varios perros más. Una manada cuyo líder era él...
La lluvia era intensa y el viento soplaba con fuerza. Los caminos del parque estaban casi desiertos, los bancos solitarios. Delante de mí, caminaba un hombre con paso lento, cuesta arriba, arrastrando una deteriorad VALIJA. Su aspecto, sombrío. Su ropa y su paraguas, anticuados y sucios. Portaba un CACHIRULO de hojalata, quizá con vino o algún licor. Parecía mayor. ¿Cómo será su rostro? ―Me pregunté― Lo imaginé dulce y arrugado por el paso del tiempo.
El viento me empujaba hacia atrás, me retenía. Moderé el paso. Las intensas ráfagas movían mi paraguas que se agitaba y se dio la vuelta. Me detuve y observé. Varios perros legaron a mi lado. El primero desafiante y fuerte, me miró con amenazador gesto. Era Jaime. Su pelo liso y negro brillaba como sus ojos fieros. Me conocía, pero tenía hambre. ¡Quieto... tranquilo! ―Le dije―. Él me miró inclemente. Le sostuve la mirada, y esbocé una sonrisa, pero sin mostrar los dientes. Se giró, miró a sus subordinados, gruñó y continuó hacia delante. Todos le siguieron obedeciendo su CONSIGNA. Cada tanto se volvía y nuestras miradas se cruzaban. Al fin se introdujo entre los árboles y desapareció...
Ya no llovía. Sacudí y cierre el paraguas. Las varillas estaban torcidas. Lo forcé un poco, intentando arreglarlo. Ráfagas de viento se sucedían sin piedad. El REVOLOTEO de las ramas de los árboles, dejaba caer gotas de agua sobre mí. También el viento retrasaba mi avance. Pensé que debía volver. El día estaba gris y desapacible. Entre los setos divisé a los perros que seguían corriendo enérgicos. El viento instigaba al hombre que más adelante caminaba con paso vacilante. Su cabeza, escondida bajo el viejo sombrero de fieltro mojado. Parecía agobiado. Después de una leve indecisión, se sentó. Su aspecto retraído me inquietó, pero algo despertó mi curiosidad, no supe qué. Llegué al banco y como gesto de solidaridad me senté a su lado. No veía su cara, el paraguas estaba inclinado y se la cubría. Mientras intenté acondicionar las varillas del mío hubo gran agitación en un parterre en forma de CUADRO adornado con plantas y flores. Se oían gruñidos amenazantes. Observé inquieto a mi vecino de banco que descorrió el negro telón que lo cubría. Vi su rostro, crispado. Sus ojos abiertos, sensibles. Instintivamente me puse de pie y retrocedí.
Su voz amenazante y dura, gritó:
―¡Quieto! La mano derecha empuñaba un revolver. Un feroz gruñido me sobresaltó más que el gesto y el arma. De entre los arbustos una cabeza brillante y negra se acercaba veloz. Los blancos dientes en actitud de ataque. El negro cuerpo se precipitó hacia el hombre del paraguas, que giró su arma hacia él. Un ¡No! Profundo salió de mi garganta. El perro fue rápido pero lo bala más. El arma se disparó, le alcanzó la bala y cayó moribundo.
Me di la vuelta sin mirar y corrí. El viento me empujaba cuesta abajo. No miré atrás. Los ruidos se mezclaban. Salí del parque. Crucé la calle y entré rápido en la cafetería. La alteración por los acontecimientos vividos, hizo subir la SOFLAMA a mi rostro. El local estaba casi vacío. El televisor en marcha pero sin AUDIENCIA; nadie lo miraba. Llamé a la policía municipal con mi móvil. Mi respiración agitada me hizo hablar entrecortadamente. Describí la situación...
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Eratalia
19-05-2013 20:31
Señores/as:
Llego casi tarde y presento una birria de relato que acabo de componer por no quedarme al margen, pero soy consciente de su falta de envergadura. He metido las palabrejas y he cumplido. Dice el refrán que el que hace lo que puede no está obligado a más.
SOLEDADES.
El pequeño cachirulo que me había llevado a puerto era ya tan sólo una mota lejana en el horizonte. Deposité un momento mi valija en el suelo antes de tomar fuerzas para enfrentarme a lo que allí me esperaba y aproveché para mirar como la insignificante silueta de barco se desdibujada a los lejos. El recuerdo de lo sucedido me volvió a provocar una angustiosa soflama; miré el revoloteo de las gaviotas alrededor de los restos de pescado recién desembarcado de un pequeño bote y con resignado empuje emprendí el camino hacia la casa de mi tía. No bien hube dado unos pasos, comprobé que el peso de la maleta era excesivo para mí y decidí dejarla en la consigna, esperando que alguien me pudiese acompañar más tarde a recogerla.
Iba despacio, tampoco era excesiva la prisa por llegar a mi destino y me entretuve mirando los vetustos edificios de la zona. Me llamó especialmente la atención uno que ostentaba el rótulo de Audiencia Nacional, porque me pareció imponente; estaba enmarcado por un par de columnas salomónicas, con dos gárgolas que parecían asomarse desde lo alto, acechando la ciudad.
Volví a pensar en los aciagos acontecimientos que habían dado tal giro a mi vida, tranquila y cómoda hasta hacía pocos días y que de la noche a la mañana se había tornado azarosa e insegura.
No conocía a mi tía y casi no había oído hablar de ella, pero ahora que mis padres ya no estaban era mi único pariente vivo sobre la faz de la tierra y, hasta que cumpliese mi mayoría de edad me veía obligada a estar bajo su tutela.
Cuando, por fin, llegué frente al portal de la que sería mi casa en adelante, tragué saliva, me pasé la mano por el cabello y me alisé la falda. Acto seguido pulsé el timbre y esperé con el corazón golpeándome fuertemente dentro del pecho.
Pasados unos minutos que me parecieron eternos la puerta se abrió y en el umbral apareció una mujer mayor, enjuta y seria, con unos ojos grandes y claros como los míos, que reflejaban soledad, ansiedad y temor... al verla me pareció frágil y desvalida, una imagen muy alejada de la que, mentalmente, me había hecho de ella. Y pensé que ella estaba tan asustada como yo, sin saber muy bien qué decir ni como comportarse. Detrás de ella, tímidamente, un pequeño bichón maltés, absolutamente negro, asomaba unos ojillos vivarachos y redondos tras el hirsuto flequillo.
Ante aquel cuadro todas mis reservas se fundieron como por ensalmo y, sin pensarlo, me colgué de su cuello sollozando. Ella me abrazó, conmovida y me susurró al oído: Estás en casa.
Con rimas y a lo loco
Eratalia
19-05-2013 19:34
mudo,da
adj. Privado físicamente de la facultad de hablar:
es mudo de nacimiento. También s.
Muy silencioso y callado:
el presidente asistió mudo al debate que se planteó en la junta.
Sin palabras,voz o sonido:
cine mudo.
ling. [Letra] que no se pronuncia:
la "h" es muda en español.
[Mapa] que no tiene ninguna indicación escrita:
señala sobre el mapa mudo los ríos de la lista.
MUDO, del verbo mudar
tr. Adoptar o adquirir otra naturaleza,estado,figura,lugar u otra cosa:
mudar de aspecto.
Dejar una cosa y tomar otra:
mudar de ambiente.
Cambiar de sitio o empleo:
mudaron el negocio a una calle más céntrica.
Efectuar las aves la muda de la pluma:
el canario está mudando el plumaje.
Cambiar periódicamente de epidermis algunos animales:
mudar las culebras.
Cambiar,variar:
mudar de parecer.
prnl. Cambiarse de ropa,refiriéndose sobre todo a la ropa interior:
me mudo todos los días.
Dejar la casa que se habita y pasar a vivir a otra:
Con rimas y a lo loco
Ana Alonso
19-05-2013 19:27
EQUILIBRIO
1.m. Estado en que se encuentra un cuerpo cuando las fuerzas que actúan sobre él se compensan y anulan mutuamente:
puso en equilibrio la silla apoyándola solo en dos patas.
2. Contrapeso, compensación, armonía entre cosas diversas:
las dos culturas mantenían un difícil equilibrio.
3. Estabilidad, situación de una cosa que, pese a no tener una base sólida, se mantiene sin caerse:
el equilibrio financiero se está desmoronando.
4. Ecuanimidad, mesura, sensatez en los actos y juicios:
actúa siempre con equilibrio.
5. pl. Actos de prudencia o astucia para sobrellevar una situación peligrosa, arriesgada o complicada:
tengo que hacer equilibrios para llegar a final de mes.
caizán
17-05-2013 15:32
SOLEDAD
Gregorio Tienda Delgado
17-05-2013 15:19
ABLUCIÓN.
(Del lat. ablutĭo, -ōnis).
1. f. lavatorio (‖ acción de lavar).
2. f. Acción de purificarse por medio del agua, según ritos de algunas religiones, como la judaica, la mahometana, etc.
3. f. Ceremonia de purificar el cáliz y de lavarse los dedos el sacerdote después de consumir.
4. f. pl. Vino y agua con que se hace esta purificación y lavatorio. Sumir las abluciones.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Rodrigodeacevedo
17-05-2013 13:55
"LA PALABRA SEMANAL", Club de varietés, invita al personal adicto a las fantasías a visitarlo. Entrada libre; salida voluntaria. Se garantiza buen rollo y calidad en las atracciones.
Dejen su palabra a la entrada.
En los entreactos hay Ambigú en La Barra Libre, dos hilos más adelante.
Mi palabra:
CAPILLA
(Del lat. *cappella, dim. de cappa, capa).
1. f. Edificio contiguo a una iglesia o parte integrante de ella, con altar y advocación particular.
2. f. Oratorio privado.
3. f. Oratorio portátil de los regimientos y otros cuerpos militares.
4. f. Cuerpo de músicos asalariados de alguna iglesia.
5. f. Cuerpo o comunidad de capellanes, ministros y dependientes de ella.
6. f. En los colegios, junta o cabildo que hacen los colegiales para tratar de los negocios de su comunidad.
7. f. Pequeño grupo de adictos a una persona o a una idea. U. m. en dim. U. m. en sent. despect.
8. f. Capucha sujeta al cuello de las capas, gabanes o hábitos.
9. f. coloq. Religioso regular, a diferencia del clérigo secular.
10. f. Impr. Pliego que se entrega suelto durante la impresión de una obra.
11. f. ant. Capu.llo o vaina en que se cría la semilla de algunas hierbas.
~ ardiente.
1. (Por estar alumbrada con muchas luces). f. La de la iglesia en que se levanta el túmulo y se celebran honras solemnes por algún difunto.
2. f. Oratorio fúnebre provisional donde se celebran las primeras exequias por una persona, en la misma casa en que ha fallecido.
3. f. Cámara donde se vela un cadáver o se le tributan honras.
~ mayor.
1. f. Parte principal de la iglesia, en que están el presbiterio y el altar mayor.
~ negra.
1. f. ant. paro carbonero.
~ privada.
1. f. oratorio privado.
~ real.
1. f. La de regio patronato.
2. f. La que tenía el rey en su palacio.
estar en ~, o en la ~.
1. locs. verbs. Dicho de un reo: Estar desde que se le notifica la sentencia de muerte hasta la ejecución, en cualquier pieza de la cárcel dispuesta como capilla.
2. locs. verbs. coloqs. Dicho de otra persona: Hallarse en el trance de pasar una prueba o de conocer el resultado de algo que le preocupa.
□ V.
maestro de capilla
Rodrigodeacevedo
13-05-2013 18:03
LUCINDA, O LA DECADENCIA
-Pues, sí, Lucindita. No debieras hacer melindres a la propuesta de matrimonio que te ha hecho llegar el Marqués del Santopernil. Ya sabes que tu señor abuelo y benefactor, el barón de Viñasverdes, a quien Dios tenga en su gloria, incluyó un codicilo modificando su testamento, con la consigna explícita de que no percibirás ni un real de vellón si persistes en tu celibato. Piensa que eres el último eslabón de los Viñasverdes para perpetuar su linaje, aunque he de reconocerte que el Marqués del Santopernil es casi septuagenario y de no muy buena salud, cuadro que no propicia esas expectativas de procreación; aunque eso, y que Dios perdone mi juicio temerario, es más futuro beneficio tuyo que quebranto para tus humanos apetitos.
Quien así se expresaba era el Padre Constancio, director espiritual de la joven Lucinda de Sotomediano, heredera de la baronía de Viñasverdes. Ambos paseaban por el sotillo próximo al reseco cauce del río, bajo los fresnos, ahora desprovistos de su espléndido follaje. Hasta los paseantes llegaban los aromas de la campiña, salpicada de espliegos, romeros, tomillos… La luz del sol empezaba a amortiguarse y el canto de grillos y cigarras anunciaba fuerte calorina para la noche que se avecinaba. El revoloteo de las bandadas de gorriones buscando sus nidos y la algarabía de su piar ponían en aquella tarde de estío una nota de amable cotidianeidad.
El buen mosén, ajustándose una especie de cachirulo que llevaba a la cabeza, prosiguió:
- Además, querida Lucinda, la marcha de tu señor padre a París, con aquella tal Margot, dejó la economía de los Viñasverdes en una situación casi de bancarrota, y tu boda con el del Santopernil sería un alivio para tan maltrecha hacienda.
- Sí, Padre Constancio. Veo claro el destino que me aguarda y le prometo cumplirlo con la mayor entereza.
Los bellos ojos de Lucinda eran una amalgama de reflejos en los que un observador avisado distinguiría un brillo festivo, muestra inconsciente de un estado de ánimo no justificado por la pacífica soflama del Padre Constancio.
Llegados a la casona familiar, Lucinda cenó frugalmente una sardina y un vaso de vino.
Reclinada ante su cama leyó unos reconfortantes pasajes de “Justine, o las desgracias de la virtud”, del Marqués de Sade, disimuladamente encuadernado con unas bellísimas tapas de cordobán, en las que se leía en letras de oro: “Santo Devocionario”
Antes de subirse a su alta cama adoselada, Lucinda comenzó una carta: “Queridísima Margot:...” Y aquel brillo que el avisado observador ya había advertido en los ojos de la bella muchacha durante la plática con el reverendo se acrecentó hasta hacerlos fulgurar con un relumbre apasionado, encendido tal vez por la premonición de felices y rutilantes tiempos.
Al poco, celebrados casi simultáneamente el matrimonio y las exequias del Sr. Marqués del Santopernil, la bella Lucinda preparó sus valijas y, previa audiencia del consejo familiar, constituído en la persona del Padre Constancio, decidió marchar a París, de donde había llegado una prometedora carta de respuesta remitida por una tal Margot.
Aquel otoño el todo París, asombrado y enardecido, pudo contemplar la magnificencia de los encantos de “La Belle Lucinde”, en el espectáculo montado en un nuevo cabaret: “A l’hirondelle bleu”, bajo los auspicios de Margot Duplessis y con los relucientes dineros del difunto Marqués del Santopernil. El Padre Constancio, disfrazado de bandolero andaluz, tocaba palmas flamencas en el proscenio.
Estela
13-05-2013 16:59
EL ATELIER
NO había podido dormir en toda la noche; estaba muy preocupado; se dirigió a la biblioteca, buscò un libro y se sentò en su sillòn favorito frente a la chimenea, en la que apenas se vislumbraba una pequeña SOFLAMA; colocò en la mesa , a su derecha, el CACHIRULO cargado con aguardiente, ¡què bien lo necesitaba!.
No logró concentrarse; abanbonò el libro y mientras bebìa, comenzó a mirar por el ventanal; las hojas otoñales REVOLOTEABAN barridas por el viento, y después de girar se detenían, convirtiendo el parque en un tapiz dorado.
Estaba sumamente angustiado, y no lograba encontrar la solución, la puerta de salida a su problema; èl cada vez había cumplido la CONSIGNA, pero jamàs hubiera imaginado que las cosas se complicarìan. ¡Nunca había pasado antes!
Como era un hábil pintor, una vez mas, le habían encomendado una falsificación, para colocarlo en el mercado para la venta; esta vez se trataba del CUADRO Pelirroja con blusa blanca de Toulosse-Lautrec; la copia era magnìfica, nadie hubiese descubierto que no se trataba de la obra original.
REalizò el trabajo en su atelier; pocos días después lo envolvió cuidadosamente, y lo ocultò en una VALIJA, para trasladarlo hacia el lugar en que se lo habían solicitado, en uno de sus próximos viajes.
¡Pero ahora estaba en un verdadero problema! Habìan robado del Museo la obra legìtima de Toulusse; y èl era un habituè de ese lugar! Todo el mundo lo conocía, y aunque no supieran su nombre, sin duda que tratarìan de ubicarlo de inmediato.
De pronto, una insistente llamada telefónica lo sobresaltó; no atendió y siguió bebiendo durante largo rato; también escuchò que llamaban a la puerta, pero hizo caso omiso.
Finalmente decidió salir a dar una caminata para despejarse, y seguir rumiando alguna solución; se dirigió a la puerta, y vió que habían pasado un sobre por debajo; lo abrió y empalideció ; se trataba de la citación a una AUDIENCIA.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar