Pues tratando prolongar los ecos de la castiza expresión de Doña Era, aquí os dejo un poema maldito, rebosante de veneno (era mi día de limpieza cuando lo redacté) publicado en otro foro consentidor de mis desmanes. Aquí está algo depurado y repeinado, aunque mantiene su pesimismo original. Hala, a disfrutarlo.
EN LA MADRUGADA
En la noche violentada por la luna
y susurros de oraciones
dibujo mis abstracciones sobre un tabique cuarteado;
apenas un armario y el grabado de un lepidóptero
acompañan a mis fantasmas.
Es la noche abisal de la ciudad en sus áticos.
Chirrían los frenos de los autos
y las chicharras campestres (sólo soñadas).
A lo lejos, un viejo receptor devuelve al mundo
las canciones desgastadas de algún cantante francés.
Mis calurosas noches de azoteas bien pobladas,
recorridas por unicornios y celestiales pegasos
que hacen, como yo, su último viaje.
Espero a mi decrépita odalisca
con su venecíaca máscara deslustrada,
odre de caridad, lirio multicolor desdentado,
para que fume conmigo las últimas briznas de peyote
o bebamos la ayahuasca de los dioses.
A través de la vacía botella de coñac adulterado
veo, ambarinos, los brillos del neón como futuros gusanos
y algún Maldoror velado que me mira fijamente.
¿Ya es la hora de partir, desventurado?
Los olvidados versos me golpean con la insistencia
de una enciclopedia trasnochada.
Ya no quedamos poetas.
Sólo marionetas macabras alucinando entre eructos,
como insectos amarillos,
como odres vacíos, sin sustancia.
Aunque ha sido feliz esta fiesta
de los carmines ajados,
con guirnaldas cuajadas de ahorcados bailarines, sonrientes,
con farolillos que insisten en sus luces apagadas,
con las primeras voces que llaman desde la calle
recién limpia de sus destartalados maniquíes.
Oh, noche resplandeciente,
cuajada de suntuosas procelas que preparan
nuestro postrer vómito.

Ilust.: Fangó. Terraza del Café des Arts. Arlès
(Fangó, inspirador del poema.)