LA REBELIÓN
Alguna vez, en el siglo XX, a Buenos Aires se la llamó: “La París de América”, por su bullicio artístico y por algo de lo que no se hablaba, no había negros ni indios, cosa común en el resto de la América hispano-lusitana
De los negros se ocupó Rivadavia. De los indios, antes aborígenes; ahora les llamamos “pueblos originarios”. Eso no les otorga ningún derecho. Ningún gobierno se lo reconoció ni reconoce, se habla mucho y no se hace nada, ni documentos tienen; ergo: no existen. Los hacen vivir escondidos en la selva de todo el norte argentino, con el único objeto de que las enfermedades los vayan diezmando, hasta desaparecer. No hay culpables tangibles. Es el destino de su ignorancia. En el sur hay otras etnias reducidas a similares circunstancias, son más guerreros y reclaman su tierra a sordos gobiernos.
Sobre todo esto reflexionaba frente a las ruinas jesuíticas de la provincia de Misiones, con nuestros ojos del siglo XXI no se comprende como levantaron esas paredes (fueron templos techados), uno las compara con las pirámides Mayas o Aztecas y piensa en el desastre de la colonización. Esto fue un adelanto de los jesuitas, inauguraron las encomiendas y enseñaron a los indios guaraníes todas las artes de “la civilización”: sembrar, cosechar, moler, construir, trabajar el hierro, la madera. Surgieron artesanos y artistas que perduran en el tiempo.
Estaba solo, el mediodía de verano solo es para lagartijas. Alguien apareció, se asomó a uno de los pórticos y caminé hacia él, por curiosidad, vestía un pantalón raído que lo cubría hasta la pantorrilla, el cinturón era un hilo sisal y calzaba las clásicas ushutas indias.
Cuando llegué a su lado lo saludé—Buenos días.
Respondió en voz baja y sin mirar a la cara, era una forma de demostrar respeto a “los blancos”, sus ancestrales amos –Buenos días señor. Los guías hasta después de las cinco no vendrán.
--Lo sé. No los necesito, ya escuché muchas veces sus relatos sobre los jesuitas y el pueblo que aquí vivía.
--¡Conoce la historia de la frenería, que ellos crearon?
--No—me detuve a mirarlo con atención, era un pobre cristo, esmirriado, pequeñajo.
--Los jesuitas respetaban a nuestro Rey, lo consultaban siempre antes de tomar decisiones.
--¿Rey? ¿Con trono y cetro?
--No. Era una figura sin atuendo. Tenía nuestro respeto y dictaba leyes orales que todos obedecíamos. Nada más.
Seguimos caminando y nos fuimos internando en la abigarrada y fresca umbría con pájaros, mariposas y algún tucán --¿Qué es eso de la frenería?
--Es la historia de un malentendido que devino en tragedia ¿quiere que le cuente, señor?
--Sí. Pero dejemos el trato de señor ¿cómo se llama?
--¡Cómo ha de ser: Cunumí.
--El mío es Alberto.
--Los curas enseñaban de todo, a tallar, a fundir el hierro, a forjarlo y a hacer frenos de metal para las caballerías, único medio de transporte rápido y personal. Ese taller se llamaba: LA FRENERÍA. Allí se gestó la desgracia, por el malentendido que generaron las malas gentes que en todos lados hay. Los curas se llevaron unos cuarenta, entre hombres y mujeres, para hacer una encomienda y plantar tabaco, lejos. Coincidió con una ausencia de nuestro Rey. Los pérfidos aprovecharon, a su vuelta hicieron correr la voz que esas personas fueron llevadas castigadas por intentar rebelarse y serían matadas. Cómo el tiempo pasaba y nadie volvía ni traía noticias, nuestro Rey aceptó el infundio como verdad, por ello, llamó a uno de los que hacían frenos y le dio un orden. A partir de eso, los caballos se desbocaban y sus jinetes eran despedidos de las cabalgaduras, no eran buenos jinetes, morían al golpear sus cabezas contra árboles o piedras. Nadie entendía lo que ocurría hasta que fue encontrado uno de los caballos y se develó el misterio. El freno tenía unas puntas qué, cuando el animal tascaba se insertaba en su paladar y enloquecía de dolor, cuanto más apretaba más se hincaba.
Descubierta la causa, se halló al culpable; el rey dio sus razones y se aclaró el malentendido. Los que lo difundieron fueron desterrados.
--¿Y el que fabricó los frenos?
--Se suicidó, arrojándose a las cataratas.
--¿Le parece, no lo habrán matado?
--Es lo que dice la tradición del boca a boca.
JSM
GLOSARIO
ushutas: ojotas
Cunumí: chico, niño (en guaraní)
Rodrigodeacevedo
31-03-2013 20:28
Muchísimas gracias, querida Era, por ese delicado diploma que concedes a nuestro hilo. Gracias en nombre de todos nuestros compañeros.
Rodrigo de Azevedo, paladín de las bellas letras.
Rodrigodeacevedo
31-03-2013 20:19
Salú, compañer@s:
He aquí las nuevas palabras que habéis propuesto para los relatos de esta semana post-santa. De lo más selecto, oiga.
Como gérmenes u ósculos que nos regala la recién estrenada primavera, serán ellas las que alegren con sus brillos esas primorosas tallas verbales con las que nos mantenemos a salvo y por encima de esa mediocridad que es ámbito y ciénaga en la ... (ehto... ¿por ande iba? Ah, sí: las palabras.)
Mi palabra es TUCÁN (si es que estamos dentro de los límites del saco palabreril)
Ave americana trepadora, de unos tres decímetros de longitud, sin contar el pico, que es arqueado, muy grueso y casi tan largo como el cuerpo, con cabeza pequeña, alas cortas, cola larga, y plumaje negro en general y de colores vivos, comúnmente anaranjado y escarlata en el cuello y el pecho. Se domestica fácilmente.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Eratalia
30-03-2013 00:06
¡SIETE RELATOS, SIETE!
Con rimas y a lo loco
Eratalia
29-03-2013 22:59
¡Atención, palabra va!
FRENERÍA.
(De frenero).
1. f. Lugar en que se hacen frenos para caballerías.
2. f. Tienda donde se venden.
Con rimas y a lo loco
juan fozara
29-03-2013 22:15
Mi palabra es:
MALENTENDIDO.
Dicho,hecho o suceso que se interpreta equívocadamente.
"un malentendido puede resolverse dialogando".
" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Gregorio Tienda Delgado
29-03-2013 21:46
Palabra.
ABIGARRADO, DA.
(Del part. de abigarrar).
1. adj. De varios colores, mal combinados.
2. adj. Heterogéneo, reunido sin concierto. Un extraño y abigarrado libro. Una multitud abigarrada.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
caizán
29-03-2013 21:10
A tono con la semana:
CRISTO
Rodrigodeacevedo
29-03-2013 21:02
Estimados tod@s: Un nuevo viernes nos convoca ante el ya exhausto saco palabreril. Nuestro cuerno de Pomona particular, que nos pide semanalmente los repuestos alimenticios necesarios para subsistir. No me seáis rácanos, aunque estemos en crisis; una palabrita, porfi, aunque sea difícil.
Yo empiezo con una que me gusta: polisémica ella y acorde con estos días de acendrado fervor religioso.
TRONO
m. Asiento con gradas y dosel que usan los reyes, emperadores, papas y personas de alta dignidad, especialmente en los actos de ceremonia: salón del trono.
Dignidad de rey o soberano: ocupó el trono su hijo.
Tabernáculo colocado encima de la mesa del altar, en el que se expone el Santísimo Sacramento.
Lugar en que se coloca la imagen de un santo cuando se le quiere honrar con culto más solemne.
vulg. Retrete, váter:
se pasa el día sentado en el trono.
pl. Tercer coro de los ángeles.
Adelante, cofrades: flohito y lihero, como dicen los mayordomos de pasos.