ABIERTAMENTE PENDIENTE del DESTINO,decidió salir a conocer mundo,a descubrir su sino.Mas se le cerró la puerta con un golpe de soledad.Trató de abrirla de nuevo pero no pudo,fue en vano.
Buscó un objeto PUNZANTE y trató de forzar la cerradura.Al final lo consiguió,pero fue casi peor,al abrir de nuevo la puerta se encontró frente a un desierto.
Por fortuna había carteles,decían:Por aquí,por allí,por la sed,por la ausencia,porque sí.
Dudó en enfrentarse al desierto o encerrase en su cueva,como su "cayarí".
Un manantial inesperado brotó en el caparazón del alma del anacoreta,pero no podía beber de él,el agua estaba contaminada de desconocimiento y el quería conocer.
Se adentró en el desierto,caminó perdido sobre la arena,desconocía la senda,todo lo desconocía.Él,que quería conocer el amor,la alegría,la comunicación,no encontraba palabras para definir su soledad,ni siquiera sabía que soledad se llama así,soledad.
¿Cómo sería ser social?.Anacoreta en el desierto buscaba amigos a través de la red tejida por años de soledad.
El destino se apiadó un poco de él,a lo lejos intuyó la silueta de un oasis,acercándose lo confirmó,sonaba música,pero no se veían los músicos,era música de soledad.Pero él podía escucharla claramente,entendía de soledad,pero no de compañía.
Su sorpresa aún fue mayor,pues la silueta de una mujer se le apareció,bailaba envuelta en sus velos,era bellísima,él apenas conocía la belleza pero no dudó,eso era belleza,eso era deseo,eso era lo que buscaba.
Más grato le fue aún comprobar que la mujer le hacía señas y le sonreía.Se acercó más,su mapa y su destino iban a cambiar.Conocería el amor,la alegría,la compañía.Había merecido la pena salir de su cueva.Sería por fin un ser social,se haría comerciante,se enriquecería,construiría un castillo,una morada adecuada para su princesa.Daría limosna a los mendigos,cumpliría las leyes,acudiría al Senado,enviaría la ropa a la lavandería,se bañaría en los baños públicos,tendría amigos dramaturgos y poetas que animarían sus noches en compañia de su amada,la que ahora lo reclamaba ampliando más su sonrisa y balanceando con frenesí las caderas.Por fin sabía,eso creía,lo que es vivir,ser social,ser amado.
Se acercó aún más a la joven muchacha,pensó en las primeras palabras que le diría.Le diría prontamente:te quiero.Sí,ya había perdido bastante tiempo.
Casi con sus manos la rozaba,el color de sus ojos era miel,sus cabellos negros,su mirada alegre y profunda,su cuerpo esbelto.
El ya antiguo anacoreta se dispuso a besarla mientras pronunciaba sus palabras:te quiero.
-"Berzotas"-le contestó airada la bella mujer-,no bailo ni sonrió para ti.Bailo y sonrió a la soledad que viene detrás de ti.Yo soy la anacoreta de la belleza y tu eres un anacoreta arrepentido.Apártate de mí.No has sabido estar sólo,tu sino.
El anacoreta no se entristeció demasiado,conocía de sobra la frustración y el desaliento.Volvió sobre sus pasos,esta vez no le resulto difícil encontrar su cueva con la vieja puerta de madera desvencijada.La cerró de cualquier manera y se sentó en el suelo.Calmándose pudo ver el cayarí que se había refugiado en su cueva.Se miraron a los ojos y se comprendieron,pero el anacoreta no podía soportar que le vieran a través de sí.
Se levantó y le arrojó una piedra,crac,lo aplastó.Injustamente porque el cayarí era el único que había sabido interpretar su sino.
" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.
Hugo Fernández Moira
29-03-2013 13:26
COCINA CREATIVA
Siempre quise ser cocinero. Se adivinaba mi destino desde niño, cuando la curiosidad me inducía a introducir la cabeza en los estofados de mi madre con manifiesto peligro para mi epidermis.
Soñaba con un futuro brillante, fama universal y el reconocimiento unánime de la crítica culinaria siempre pendiente de mis nuevas creaciones.
Mis comienzos fueron prometedores: pronto conseguí un puesto de jefe de cocina en el restaurante más importante de la ciudad. Pero fue el extraño error de uno de los pinches lo que me procuró el primer -y último- gran éxito como chef. El muy berzotas mezcló los ingredientes de mi exquisita bechamel con la morralla triturada de cangrejos y tripas de pescado que guardábamos en la cámara frigorífica por orden del propietario, que así alimentaba a su gato Empédocles.
Un cúmulo de desgraciadas casualidades provocó que se le sirviese este mejunje a Don Usted, uno de nuestros clientes más exigentes.
-¡Delicioso! ¡Néctar y ambrosía! ¿De qué modo ha bautizado el chef esta maravilla? -preguntó al camarero.
Cuando se me consultó al respecto y, perplejo, caí en la cuenta del error, hube de improvisar una respuesta mientras maldecía para mis adentros la estupidez del pinche:
-Estoooo...dile que es la nueva "Sopa de cayarí y frutos del mar".
Desde aquel momento los pedidos de sopa se multiplicaron, aparecieron reseñas elogiosas en las principales publicaciones de crítica gastronómica y a diario se elevaba un entusiástico canto en el comedor cuyo eco llegaba hasta mis oídos destrozándome los nervios: ¡Sopa de cayarí! ¡Soopa de cayariiií!
Silencié el error del pinche y le convertí en mi principal ayudante pero el muy bribón, cuando nos hallábamos a solas, se mofaba abiertamente de mi "éxito" entonando entre dientes una cancioncilla cuya letra me era bien conocida: "Sooopa de cayariiii´"
Aquellas tres palabras malditas, obsesivamente repetidas durante semanas, meses y años me atrormentaban hasta el punto de que en algún momento barajé la posibilidad de abandonar la profesión y hacerme agente inmobiliario, como todo el mundo en aquella época.
Pero vedme aquí, todavía en pie, a solas con mi ayudante y en pleno proceso de creación del que será mi próximo gran éxito, mi receta estrella. También ha nacido de un pequeño error pero al menos puedo argüir que el error ha sido solo mío. Por otra parte, es perfectamente natural que confundiese el cuello de mi ayudante con unas mollejas de cerdo y un simple mondadientes con este otro objeto punzante, ligeramente más largo y afilado, que ahora atraviesa la carne.
Ya me parece escuchar el nuevo cántico devocional de nuestra selecta clientela: "¡Pinchooo de pincheeee! ¡Pinchoooo de pincheee!"
Estela
28-03-2013 22:05
CAUCES SECOS
La comunidad estaba muy preocupada, por la prolongada sequía que se había producido; no llegaban las lluvias, los cauces de los ríos estaban secos, y aunque todos pensaban como modificar ese DESTINO, era difícil cambiar el curso de lo que decidía la Naturaleza.
Por añadidura, eso de que todos los terrenos estuvieran en PENDIENTE, dificultaba aún mas la construcción de sus hogares; por supuesto, que se recibían todas las ideas, aún las que parecían mas disparatadas e inverosímiles , para continuar con la subsistencia.
Todos estaban ABIERTAMENTE decididos a resolver el problema; aunque nunca falta algún desubicado que diga: - Pero… ese… ese es un BERZOTAS! Solo dice sandeces!- ;lo cual era injusto…¿cuántas veces en la historia lo que parecía un disparate resultó siendo un maravilloso descubrimiento?
Pero hay gente a la que le divierte ser PUNZANTE, y en lugar de pensar algo que pueda serles útil a los componentes de la sociedad , se la pasan molestando al resto de la humanidad.
Mientras todos pensaban como resolver este asunto, Obdulio, el CAYARÍ, iba retrocediendo para ver si lograba encontrar un lugar húmedo para hacer su casa ¿Cómo hacerlo,si los cursos de agua estaban secos? No obstante, él no se dio por vencido y caminó largo tiempo ; después de todo había leído que en algún lugar había un acuífero y algo de humedad encontraría al acercarse, para cavar el agujero donde viviría.
En tanto toda su comunidad –ya lejana- seguía dando ideas, discutían por ellas, se enfrentaban, sosteniendo que una era mejor que la otra, enojándose porque cada uno se sentía muy superior a los demás.
Obdulio encontró su lugar en el mundo, hizo el agujero en el terreno húmedo y se acostó a descansar; había caminado un trecho muy largo para conseguir su objetivo.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Gregorio Tienda Delgado
28-03-2013 15:14
¿TORRE DE MARFIL?
No entiendo qué pasa. Puede que todos sean malvados conmigo. Aunque no creo que sea maldad, sino indiferencia; y eso es peor. La indiferencia es igual a desprecio. Quizá soy un BERZOTAS y nadie quiere hablar conmigo. O quizá soy diferente y les cuesta entenderme. Me gustaría que me lo dijeran ABIERTAMENTE. Lo cierto es, que realmente estoy solo aunque vivo en una conglomeración de gente. O, posiblemente, estoy soñando
A menudo me confundo entre ellos. Unas veces el resultado es vano, pero otras, logro verlos como son y su comportamiento me asusta. Todos hablan, todos gritan. Nadie escucha. Todos piden. Nadie da. Todos son reyes. Ninguno es peón. Cuando veo eso trato de aislarme. Me encierro. Me encierro en mi... castillo y fracaso.
Últimamente, un dolor intenso, PUNZANTE, me llega en forma de mujer. Mi castillo cada día está más solitario. Me pone de mal humor vivir en él. Pero no es culpa del castillo. También me siento mal cuando estoy fuera. A veces pienso que es demasiado bajo y me gustaría que fuera más alto. Creo que así podría ver su casa desde mi ventana. Sería maravilloso volar hasta su ventana. Sería un sueño llevarla hasta el cielo y verla sonreír. ¡Y mostrarle el mundo desde arriba tal como es!
Siempre creí que sería mejor incrementar mi castillo. Ahora me pregunto y dudo cuando pongo cada ladrillo. Es que ahora no sé si realmente esa es mi ambición. Si es mi gran meta en la vida. Si nací para construir un castillo con torre hasta el cielo, o para habitar un castillo sin torre y solitario. Mi sueño siempre fue poblarlo. Pero no demasiado. Lo necesario para que no esté vacío. Esa es mi asignatura PENDIENTE. Pero lo que no logro decidir es, qué voy a hacer primero; si primero debo terminarlo o debo comenzar a habitarlo ya. Supongo que todos los proyectos de vida humana pasan por ese proceso. Siempre me he preocupado en construir una atalaya para ver mejor el mundo que me rodea. Sé que tiene ya una buena altura y estoy orgulloso de ella. Pero a veces, siento que está muy deshabitada. Cierro los ojos y la veo colmada de gente. Los abro y sigue sola. Triste. Confío en que habrá alguna que quiera vivir en ella. Pero todavía no la he encontrado. A veces tengo miedo de que sea tan alta que me haga viejo subiendo las escaleras y nunca llegue hasta la cima. Otras veces temo no terminarla. Seguramente no la terminaré. Siento que ella tiene miedo a subir. Pero no entiendo porqué, sabe que construiría un ascensor para que pudiera mirar desde la ultima ventana.
En ciertos momentos pienso que ella podría hacerla caer solo con soplar. Y yo la tiraría si me lo pidiera. Pero no creo que el problema sea ese. Estoy muy solo en mi torre de... ¿marfil? Me he hecho un buen trono, pero muy frecuentemente me queda grande. No sé. Hay días que estoy contento viendo el sol y otros me siento muy triste viendo la luna.
Creo que debería dejarla. Bajar las escaleras corriendo, salir por la puerta, cerrar con la llave y arrojarla por la alcantarilla. Correría. Me iría. Quizá me iría a navegar. ¿Quién sabe? Llegaría a una isla. Viviría del sol, del agua y de los cangrejos CAYARÍ. Pero... mi torre seguiría aquí. Muy alta en el horizonte pero vacía. Estaría recordando que prometí terminarla y sería mi fantasma.
Pero no. Sigo estando aquí. En mi torre. En mi encierro. Triste. Casi sin aire. Solo con el perfume de su recuerdo. Sin aliento. Casi sin corazón. Como mi torre. Sin playa. Sin agua. Sin cangrejos. Esperando que venga. Sufriendo... por ella. Es mi DESTINO.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Des
28-03-2013 14:08
Entre líneas un círculo.
Yo no soy tu confesor ¿ me sigues? te has quedado atrapado en tu propia verdad , has arrancado de cuajo cualquier posibilidad de despegar a otros mundos , te has convertido en una especie de narcisista estratégico , en un BERZOTAS ,cuya imagen no esconde más que una serie de intereses en tu propio beneficio ,sin importarte lo que los demás piensen , sientan o les ocurra, todo es prescindible menos tú.
- Solo eres una pu ta, no te pago para que hagas de terapeuta.
- Sí, soy una pu ta, capaz de sostener las escenas más estúpidas y PUNZANTES que puedas imaginar, pero tú no vienes a fo llar , vienes una y otra vez a defender ante mí tu moral, mantienes conmigo un idilio vacilante, te desnudas ABIERTAMENTE, eres un hombre roto ,que olvidó todo lo que amaba, siento compasión por ti.
- No me compadezcas, te lo ruego , te amo.
Hubo un silencio.
Ella cogió un papel , escribió TE AMO, se lo puso en la mano con el lápiz.
- Por favor, borra la A.
Permanecer inmóvil, dar por supuesto un DESTINO que pasa entre nosotros buscando el camino más corto, protegerse como un CAYARÍ, no lograr entender porque hicimos lo que hicimos , caer por una PENDIENTE lineal es una opción y viceversa.
( TE (A)MO, película, El secreto de sus ojos )
Eratalia
27-03-2013 14:18
LA NUEVA VIDA DE DON SERAFINO.
Dicho así, abiertamente, Serafino Repulido de Sotogrande era un berzotas. En su casa lo sabían, pero desde chico se lo habían consentido todo, e incluso más. Sería por aquella afección pulmonar que dio la cara cuando aún era un chavalín, que sus papás lo mimaron sin mesura, y que cualquier paparrucha salida de su boca era festejada cual si de un accésit del Nobel se tratase, lo que le fue engrosando la autoestima hasta tal punto que casi no le cabía en el cuerpo.
Tal cúmulo de memeces convirtió a Serafinín en el hazmerreír de sus compañeros de colegio, que no por el hecho de ser de alta alcurnia y tronío, estaban menos ávidos de vapulear al prójimo en cuanto la ocasión se presentase, y dado el proceder melindroso y gazmoño del sujeto que nos ocupa, las ocasiones se multiplicaban como hongos en abril, haciendo las delicias de compañeros y “amigos”, que nunca antes habían tenido tan a mano un mequetrefe con aires de grandeza a quien lanzar los dardos más punzantes o hacer objeto de las bromas más pesadas.
Serafino se debatía entre su necesidad de notoriedad y la incomprensión del por qué de la chacota general en cuanto abría la boca, pues, no era consciente del grado de mentecatez de la que hacía ostentación, como otros la hacen de su agilidad mental.
Pasados los años de la tiranía estudiantil, de los que salió ileso a duras penas y con su inconmensurable autoestima algo magullada y ligeramente adelgazada, Serafino se entregó a la labor ardua y difícil como pocas de saber en qué gastar su tiempo, ya que su peculio familiar le eximía de la necesidad de dedicarse por obligatoriedad a ningún tipo de trabajo remunerado.
Viajó por todo lo largo y ancho del planeta, empleando su fútil existencia en gastar ingentes cantidades de inhaladores antiasmáticos , haciendo exhibición de sus inagotables caudales y sus afectadas maneras, para conseguir que, en cualquier reunión, las miradas, por uno u otro motivo, se mantuviesen pendientes de él y de sus melifluos ademanes.
Pero he aquí que el destino caprichoso, ese hado juguetón y a veces incoherente, que decide lo que va a ser de cada uno, tenía algo muy especial reservado para él.
Llegó pues a Cuba un buen día, convertido ya en impenitente trotamundos, -de lujo, eso sí, siempre acompañado de un escogido séquito de bien pagados acólitos- y decidió escudriñar a fondo el lugar: se le había terminado el mundo conocido y sólo le quedaba aquel pequeño reducto de connotaciones exóticas y seductoras.
Queriendo hacer de la experiencia un acto sublime, decidió embarcarse en un cayuco para remontar el Toa. Con ánimo de dotar a la excursión de aires aventureros y arriesgados, decidió prescindir de la casi totalidad de su comparsa, que quedaron resignados a su suerte en el hotelito cinco estrellas de la playa caribeña donde habían asentado sus reales.
Antes de subir a la pintoresca y típica embarcación, con los enseres precisos y su primero de a bordo como única compañía, vio en la orilla del río un cayarí de vivo color rojo que se entretenía en hacer un agujero donde ubicar su residencia.
Don Serafino, que a la sazón ya peinaba canas, permaneció pensativo largo rato: había pasado su vida de acá para allá y no se le conocía morada fija, ni ganas de tenerla, y ahora, a la vista del humilde cangrejo sentía la imperiosa necesidad de fundar un hogar.; le abrumaba el deseo de cambiar de vida, de dar el salto…
Y, antes de que pudiera percatarse del suceso, el cayuco cogió gran velocidad y… saltó en mil pedazos arrastrado por la corriente, al abalanzarse sin freno al vacío sobre una monumental caída de casi veinte metros de altura.
Cuando despertó, aún se hallaba tumbado sobre una parihuela, rodeado de beldades que le cuidaban con esmero. No recordaba nada de lo sucedido, pero de momento tampoco parecía importarle mucho. Pensó que, a lo mejor, no había en su vida anterior nada digno de recordar y que, quizás, todo lo bueno estaba aún por venir…
Con rimas y a lo loco
Rodrigodeacevedo
26-03-2013 20:18
Edición corregida para que el cayarí encaje a gusto.
AMANECER
El mirlo bajó deslizándose veloz por el primer rayo de sol, todavía frío, de aquella mañana invernal. Ya habían sido los áloes, con sus punzantes, rojos gritos, los precursores. Ahora comenzaban las mimosas, con sus limonados copos amaneciendo tímidos, temerosas de anunciar antes de tiempo el sensual despertar de una precoz primavera. El muérdago ya había declinado en un casi translúcido agrisado el llanto glauco de sus flores globosas, aceptando junto a su destino de eterno prisionero y con la altanera humildad de los austeros, la savia que recibía del frondoso pino, donde vivía su cautiverio.
Pronto serían los almendros los blancos heraldos, con “las aladas almas de sus rosas de nata“, los que, pacientes, una vez más esperarían la eterna cita con el compañero improbable, que seguiría muriendo abiertamente una nueva primavera en la voz del poeta asesinado.
El pequeño jilguerillo bajó en insólito vuelo y entonces fue la epifanía de trinos y colores. Sumergiéndose en el amarillo primario de las flores de la mimosa, convocando con sus trinos a las avecillas menudas que aún dormían en sus nidos, parecía un nuevo San Francisco, retando al humilde santo a trocar su pardo sayal por la sinfonía de colores que era su plumaje. Pero el Santo estaba absorto ante la polícroma procesión de cayaríes, bogavantes, carramarros, taracoles que a su mística llamada acudían desde los más remotos puntos de la playa.
Al fondo la durmiente planicie del mar, inclinada en plácida pendiente hacia el infinito, estremecida ya en rosas de alboradas y en todos los grises de la noche -aún no le habían nacido los azules ni los verdes- me esperaba a mí, a este pobre berzotas enamorado de su rutilante belleza, para el rito cotidiano de aceptar el nuevo día. La monodia de su arrullo, que me acunó toda la noche, era ahora el bajo continuo que esperaba las armonías superpuestas del canto de las gaviotas, del ronroneo monocorde de los barcos que salían a la pesca, del chapoteo de los cormoranes en su recurrente sumergirse, buscando el plateado alimento.
Era la fiesta de la vida en aquel amanecer de un invierno que moría. Entonces, ya era urgente. Tenía que crearme una amada, nacerme en el costado ese fruto femenino que colmase mis ansias de amar. Yo solo no puedo digerir tanta vida, tanta belleza. Sólo en dolor las trocaría mi soledad.
Rodrigodeacevedo
24-03-2013 21:28
Bueno, compañero/as: Ya tenemos las SEIS palabras que exigen las rigurosas normas de este hilo para poder dar la salida a la carrera de relatos. Helas aquí:
ABIERTAMENTE
BERZOTAS (sin mirar a nadie)
CAYARÍ
DESTINO
PENDIENTE
PUNZANTE.
Así que... preparados, listos, ¡YA!
Adelante con los relatos.
Ana Alonso
24-03-2013 18:45
ESPEJISMOS
Recuerdo todo como si estuviera sucediendo ahora mismo, aunque no sabría decir cuántos años pasaron desde entonces, aunque ni siquiera estoy seguro de que realmente haya ocurrido. Lo primero que vi fue el reflejo de los edificios en los charcos que había dejado la lluvia de la mañana. Después, un sol que rodeaba al sol, y otro sol más, como si fueran a repetirse hasta el infinito, un parhelio, como lo llamaste más tarde vos cuando me animé a contártelo, y rompiste de esa manera el encanto de lo que para mí era pura magia: el sol que se desdoblaba para iluminar un poco más ese precioso momento en que íbamos a encontrarnos. Tanto tiempo había pasado desde la última vez y no sé si alguno de los dos conocía entonces cuál era el motivo de nuestro alejamiento, el núcleo, la razón primordial de ese silencio en el que nos habíamos sumergido como si estuviéramos cumpliendo una sentencia, y ahora, por fin, alguna autoridad oscura nos hubiese otorgado el perdón para darnos la libertad de encontrarnos.
La tarde desplegaba un abanico de colores y los pájaros abemolaban sus trinos que se entibiaban suspendidos en el aire, preparado para envolvernos. Te vi llegar y todas las horas que nos separaban se esfumaron, porque estabas igual. No sé si tuve tiempo de pensarlo en ese momento o me lo pregunté más tarde, pero hubiera dado la vida por saber si sentiste lo mismo. Lo cierto es que estábamos ahí (y entonces vuelve esa sospecha de irrealidad casi onírica, ese temor de que nunca haya pasado lo que veo una y otra vez, reflejándose sobre sí mismo hasta aparentar un espejismo, una trampa de la memoria). Y es que el recuerdo quiere detenerse en esa espera, en ese primer instante de promesa que le sigue al encuentro, y borrar todo lo que ocurrió después, verlo desintegrarse en una inexistencia que sería menos dolorosa que esa realidad que barrió con años de expectativa, que le puso un límite al sueño de volver a estar juntos. Porque lo que veo a continuación es tu espalda alejándose. Por suerte yéndose sin mirar atrás, llevándose ese rostro desconocido en el que se convirtió en pocos minutos aquel que yo evocaba. Ese rostro que realmente no sé si existe, o si hubo una tarde en la que soñé que el sol se desdoblaba para iluminar un reencuentro que nunca debió ocurrir.
Ana Alonso
24-03-2013 02:31
PENDIENTE
1 Que todavía está sin resolver o sin terminar
2 Que pone mucha atención en una persona o una cosa o se preocupa mucho por ella
3 Que está inclinado o tiene inclinación
4 Adorno que una persona se pone o lleva colgando de alguna parte del cuerpo, generalmente del lóbulo de la oreja
5 Terreno que está inclinado o tiene inclinación
6 Ángulo que forma el terreno con respecto a la horizontal
7 En matemáticas, inclinación que tiene una recta del plano con respecto al eje de las x