Don Anselmo se jactaba de abemolar sus frases en las tertulias del Casino. Por abemolar él entendía las inflexiones que daba a su voz abaritonada y que creía que eran el pasmo de cuantos la escuchaban. No en vano Don Anselmo fue en su juventud, ya lejana, actor aficionado de teatro. Presumía de haber sido felicitado por la crítica más rigurosa cuando en el Teatro Municipal, con ocasión de la Fiestas Florales, declamó el Hamlet sakhespiriano: “Fui comparado con el mismísimo Lawrence Olivier, oiganme”, era su sentencia favorita. Tenía la suerte de que nadie entre sus contertulios sabía de la existencia de Sir Lawrence y que nadie le pidió el famoso recorte de aquella extraordinaria crítica. Cosas de Don Anselmo, pensaban benévolamente.
Don Anselmo pertenecía al núcleo más exclusivo de los terratenientes locales. Sus centenares de hectáreas de tierras incultas, sólo utilizadas para algunas batidas de caza menor, le daban la libertad de atribuirse ciertos reflejos de rancia aristocracia. Y, efectivamente, muchas generaciones atrás la familia de Don Anselmo era de casa blasonada. Pero el paso de los tiempos no otorga perdón a quienes no saben adaptarse a ellos. Ahora podría decirse que la personalidad que se atribuía Don Anselmo era una especie de efecto parhelio: era un mero reflejo de algún lejano sol que un día brilló y dejó entre las frías nubes aquella luminosidad caduca y sin energía propia.
Por eso aquellos conceptos de nuevo cuño: transición, democracia, inversiones, urbanizaciones...
eran como ecos lejanos que se perdían en el confuso laberinto de su mente esclerotizada en lo antiguo. Y cuando él decía antiguo quería decir auténtico. Aunque no dejase de reconocer que “esto ya no es lo que era” Don Anselmo seguía aferrado a esa vana esperanza de “cosa transitoria”. Algún día, se jactaba desde el viejo sillón del Casino, todo volverá a ser como antes. Y entonces se van a enterar estos chiquilicuatres que ahora llegan con sus pretensiones de poder y saber hacer, cómo hacíamos las cosas las generaciones anteriores.
Claro que ni don Anselmo ni sus contertulios conocían nada de lo que se “cocía” en Madrid. Sólo rumores. Al Casino no llegaban más que el Diario de las Provincias y los periódicos deportivos. Orden de la Junta de Gobierno. El que quiera más información, que se la pague. Lo de la entrada en Europa, un bulo más. Lo de la corrupción política, cómo vamos a creernos semejante barbaridad. La debacle financiera... Pero si mi banco no me ha dicho nada, Ezequiel. Cómo que mis acciones de la Siderúrgica ya no valen. Cómo que mis tierras me van a ser expropiadas; qué es eso de "fincas manifiestamente mejorables”...
Así, de un aturdimiento a otro fue renaciendo Don Anselmo a la sociedad nueva. Deslumbrado, ciego y sin recursos, tan sólo con la compañía de aquel bulto negro, siempre velado, que era su esposa de la que no tuvo hijos, aquella excrecencia del pasado fue fruto apetecible para truhanes y especuladores. “Que sí, Anselmito, que a cambio de tus tierras y esas acciones que a tí no te valen nada, te gestionamos un pisito en la capital y un retiro que da el Gobierno a personas como tú. Y a disfrutar de la vida, oye. Con tu Matildita a conocer mundo.”
Pobre Don Anselmo; poco disfrutó de los placeres prometidos y que nunca cuajaron. Fue la suya una lenta agonía, pues ni valor tuvo para quitarse de enmedio. Primero se le fue su fiel esposa. De tristeza, dicen. A él, ya indigente, lo encontraron los servicio sociales, extrañados de su silencio, como un pajarito: tieso en su viejo sillón, con los ojos sin luz vueltos hacia el parque, como buscando la claridad de sus tierras yermas en su eterno ocaso.
Gregorio Tienda Delgado
19-03-2013 21:44
NO ENCUENTRO PALABRAS.
Hace tiempo que vengo dando vueltas a este tema sin saber como empezar. Si hoy lo hago, es debido a la necesidad interna de liberar la tensión que me produce el conflicto entre los sentimientos y la razón. Tal vez compartido y visto desde otro ángulo, puedan aceptar mi decisión con distinta visión.
Ninguna pérdida es fácil. Pues, si lo fuera, no seríamos humanos. Más aún, teniendo en cuenta que no hay explicación para ello. Y es entonces, cuando los planteamientos chocan de frente. ¿Cómo saber hasta qué punto se podría haber influido, o no, en lo que sucede, cuando sin pensarlo, faltan las palabras, y queda uno parado frente a la vida?
Desde la ciencia, el cuerpo humano es una máquina y el tiempo su peor enemigo. Desde el corazón, ¿cómo aceptar que aquellos que amamos, con el transcurrir del tiempo se deterioran, pierden su LIBERTAD de movimiento y su capacidad de entendimiento, a veces a pasos agigantados y aunque otras no tanto, también lo hacen y de todos modos su SENTENCIA está dictada por el Juez Supremo?
El cerebro es, por decirlo de algún modo, teniendo en cuenta mis exiguos conocimientos en esa materia, como una guirnalda de luces que con los años, sin poder evitarlo, algunas de ellas se van apagando como los soles de un PARHELIO. Las que quedan siguen alumbrando, pero las que se apagan, son tan importantes como necesarias, pero irrecuperables.
Rosalía tiene un daño cerebral denominado Alzheimer. Recuerda casi todo de bastante Tiempo atrás, pero no consigue saber la fecha del día en que vive. A veces confunde hechos, y otras, confunde a la gente que conoce. Va perdiendo referencias.
La razón indica que no puede estar ni un minuto, sola y sin cuidados, en lo que le reste de vida. De ahí la necesidad de tener una persona las veinticuatro horas del día para cuidarla.
Por lo general, la familia, nos adaptamos a esas circunstancias y nos vamos turnando para cubrir el día completo. La realidad, es que se llega a un punto donde los cuidados exceden a todo lo que cualquier persona con su mejor voluntad pueda ofrecer, máxime si se trata de personas sin conocimientos médicos, y en una casa sin medios adecuados.
Después de hablarlo mucho, la pregunta que surge es, ¿probamos para ver si se adapta? Y así se toma la durísima decisión de ingresarla en un centro.
Tomar la decisión de ingresarla en un geriátrico no ha sido fácil. Ese es el NÚCLEO de la cuestión. Sólo la palabra, “geriátrico” duele como una llaga que se aviva nada más pensar en ella. Rosalía tiene algunos momentos de entendimiento y sabe perfectamente que no está en su casa, y es entonces cuando la familia, sufrimos más.
Rosalía pregunta siempre, cuándo se va de ese lugar, porque sabe que no es su casa. Siente que ha perdido intimidad y así lo manifiesta. Llora mucho por no entender el motivo de su permanencia en ese lugar desconocido y frío para ella. De igual modo, sus hijos sufrimos por no saber aún después de dos años, si la decisión fue la correcta.
En las visitas hablamos, le cuento muchas cosas y trato de ABEMOLAR mis palabras para tranquilizarla. Me cuenta que además de su hija, tiene otro hijo como yo, pero más joven. No recuerda cuantos años, pero sabe que es menor y tiene el pelo más largo que el mío. Nos despedimos hasta la próxima visita, con la promesa de verlo algún día, tal vez, cuando la vaya a buscar para sacarla de allí. ¡No me reconoce!
Ninguna explicación es suficiente cuando la enfermedad aqueja a quien amamos. No hay respuesta para una pérdida de esa magnitud. Y, ¡es imposible obtener el PERDÓN de la propia conciencia! ¡No es posible perdonarse a sí mismo, aún sabiendo que se ha hecho lo mejor para ella!
En el geriátrico donde está Rosalía, hay otros treinta y nueve ancianos ingresados. Cuarenta historias con similares características y finales parecidos, que solo son el REFLEJO de lo que fueron.
No hay culpa, porque no se trata de eso en estos casos, pero sí hay muchas dudas. En la cara de cada uno de nosotros, hermanos, hijos o compañeros de vida, se ve reflejada la tristeza y la incertidumbre de no saber si hemos hecho bien al llevarlos allí.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Rodrigodeacevedo
17-03-2013 20:12
HABEMUS PAROLE!!!
Y es que da gusto participar en este grupito de escritorazos. A la primera llamada... ¡zas! saco completo. Felicidades, amigos; especialmente para los que se llamen José, Josefa, Pepa, Pepe o inclusive Secundino, por no ir más lejos.
Muy feliz semana y os deseo la mejor inspiración para dar buen uso a tan excelentes sustantivos comunes.
Estela
17-03-2013 01:45
Mi palabra es(si todavía estamos en el recuento) sino la dejamos para la pròxima.
PARHELIO
(Del gr. al lado Sol).
1. m. Meteor. Fenómeno luminoso poco común, que consiste en la aparición simultánea de varias imágenes del Sol reflejadas en las nubes y por lo general dispuestas simétricamente sobre un halo.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Eratalia
16-03-2013 22:17
Voy algo liadilla, pero para mandar una palabreja ya tengo un minutejo.
Mi palabra es REFLEJO
Con sus variadas acepciones , para que no se queje Don Rodrigo, y sencillica, para que no parezca una competición a ver quien mete la más complicada de poder ubicar en un relato.
reflejo, -ja adj./s. m.
1 Se aplica al sentimiento, al acto o al movimiento que se produce involuntariamente, como una respuesta inconsciente a un estímulo externo: la succión del pecho es un reflejo del bebé.
— adj.
2 Se aplica al dolor que aparece localizado en cierta parte del cuerpo cuando realmente está en otro: el masajista le dijo que el dolor que sentía en el pecho era un dolor reflejo de la contracción de un músculo de la espalda.
— s. m.
3 Luz reflejada: el sol formaba reflejos en los espejos y en los cristales de la ventana.
4 Imagen de una persona o cosa reflejada en una superficie: la niña miraba su propio reflejo en las aguas claras del río.
5 Representación, imagen o muestra de algo: sus palabras son reflejo de su pensamiento; mis palabras intentan ser el reflejo de lo ocurrido.
— s. m. pl.
6 reflejos Capacidad que tiene una persona para reaccionar de forma rápida y eficaz ante un hecho no previsto: los conductores deben tener buenos reflejos; gracias a sus buenos reflejos evitó que el jarrón cayera al suelo.
7 Mechas de distinto color en el pelo.
Con rimas y a lo loco
Rodrigodeacevedo
16-03-2013 20:03
Hola, compis. Sábado tarde; mal tiempo; puede que las Fallas vengan pasadas por agua. Así que hay que refugiarse en Rayuela.
Ha llegado la palabra de Ana, que solía cerrar el cupo; pero en esta ocasión aún faltan DOS palabritas más. Todavía tenéis la ocasión de ser alguno de los privilegiados que enriquezca con su joya léxica la grandiosa joya del relato semanal.
Venga, ánimo, que no se diga. Como los políticos: que la cosa no quede por palabras.
Ana Alonso
16-03-2013 17:06
SENTENCIA
f. Frase o dicho que implica un juicio,una enseñanza,etc.
Dictamen o resolución de un juez,un tribunal o un jurado
P. ext.,dictamen o resolución dados por otra persona
ling. Oración o periodo gramatical
Gregorio Tienda Delgado
16-03-2013 12:18
Mi palabra.
ABEMOLAR.
1. tr. Poner bemoles.
2. tr. Suavizar, dulcificar la voz.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
juan fozara
16-03-2013 10:52
Mi palabra:
LIBERTAD
" La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño ": Nietzsche.