| VAMOS A CONTAR HISTORIAS. |
 |
| Gregorio Tienda Delgado |
|
|
|
CORAZÓN ILUSO. Enigmática te has vuelto. ¡Te asemejas al ca-pu-llo de la rosa que bajo el manto oscuro de la noche se cierra, y en la claridad del amanecer abre sus pétalos y deja escapar esa fragancia hechicera que cautiva los sentidos en una eterna danza donde se conjugan los elementos: tierra, aire, agua y fuego, como una gran marejada de pasiones incontenibles! Luego te vas convertida en gran oleaje, te llevas parte de mi vida y la arrastras cual marejada enfurecida. Y quedo aquí, como duna de arena arrastrando mi ABDOMEN en la playa del silencio. Solo la luz se mueve, se acelera, impulsa mis sentidos... permanezco a la deriva, con RESQUEMOR, pero abandonado a ti, tan pronto brisa, como vendaval... Quizá mire por la ventana y vea fuera un sol radiante iluminando el exterior y de repente sienta ganas de salir. Quizá me engañe a mí mismo, con la idea HERESIARCA de no creer en nada espiritual, de no volver y así trotar por un mundo que desconozco pero que guarda sorpresas escondidas sólo para los que saben buscarlas. Descubrir así que siempre habrá algo nuevo que explorar, hermosos paisajes que descubrir, llenos de SAVIA nueva. Y talvez cuando regrese, si regreso, me sorprenda al encontrar en mi teléfono un mensaje y sienta esa emoción anterior a escucharlo, anterior a conocer su procedencia, cuando tenga el auricular en mi mano y pulse el botón que me lleve a esas palabras sean de quien sean. Al escuchar ese mensaje me daré cuenta, de pronto, que soy amado. Que hay personas en mi vida que valoran mis esfuerzos, que valoran mi amistad, que me valoran, me quieren y tras esos instantes de felicidad plena, de ese reconocimiento, esté alegre. Entonces tendría una buena razón para desear que llegara una mañana más y me sentiría feliz al saber que mi vida no es tan triste. Que al forzarme a salir de mi mundo e internarme en la realidad, me identifique con uno de mis sueños y crea que aún no he salido de mi ensimismamiento y en ese sueño estés tú aunque seas irreal. Quizá por ello actúe con arrojo, sin miedo a nada y me manifieste aceptando el desafío al que deseaba retarte y desde entonces los dos nos sepamos inmersos en ese sueño, en esa irrealidad y nos amemos, siendo yo sólo para ti, y siendo tú sólo para mí. Pero, no. Apacible frente al mar de la tristeza y su brisa amarga, espero que vengas. El tiempo corre libre, el VIENTO me trae tu recuerdo evocador y aquieta este corazón que ansioso espera fundirse con el tuyo y latir al unísono. Sentir una y mil veces tu hermosa piel, inundarla con mis caricias, deseos, pasiones, un amor infinito, de este iluso corazón mío... Si no vienes, mi vida no tendrá sentido y me inscribiré en una SECTA religiosa para llevar una vida contemplativa, siempre pensando en ti. |
|
|
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas. |
|
|
|
 |
| Ana Alonso |
|
|
|
Este cuentito estaba entre los que se borraron cuando desapareció el hilo, y más que nada porque el noventa por ciento es real y me gustaría que quede en la página, decidí reponerlo adaptándolo a las palabras de esta semana. Lo curioso es que, con los cambios, creo que sigue teniendo el mismo porcentaje de realidad. EL PARRAL Mi casa, típica casa “chorizo” que construían a principios del siglo pasado quienes llegaban de España o Italia a Argentina para establecerse, tenía una parra que cubría todo el patio y a veces parte de la terraza. Su tronco leñoso emergía de un cuadrado de tierra de más o menos treinta centímetros, recortado en el cemento que continuaba a la galería, esa sí, con sus correspondientes baldosas que formaban rombos negros y blancos. La regaba la lluvia, y nunca entendí cómo la pobre planta se las arreglaba para renovar su savia y regalarnos ese follaje opulento y los generosos racimos de uva chinche que recogíamos todos los años en canastas y baldes, y que, después de separar nuestra porción, regalábamos a los vecinos. No había forma de aportarle nutrientes, ocultas como estaban sus raíces. Crecía libre y salvaje abandonada a su suerte y, a pesar de su solidaria sombra que tanto extrañamos el día que no estuvo más, nos quejábamos siempre de que el patio era oscuro y que había que barrer las hojas secas que se desprendían los días de viento o lavar las manchas que dejaban los racimos al madurar y caer. Estábamos inaugurando la juventud, y mis hermanas y yo, como una secta de inadaptadas, nos confiábamos en secreto la vergüenza que nos daba el aspecto antiguo que le daba a nuestro hogar el añoso parral.
Mi padre no quería saber nada de sacarlo; es más, le había construido un precioso sostén con vigas de cemento que imitaban troncos con sus correspondientes nudos y ramitas, pero no sé de qué artimañas nos valimos para convencerlo y un buen día, seguro considerándonos unas heresiarcas, nos dio el permiso para echar todo abajo. Él se mantuvo aparte, refugiado en su dormitorio, con el pretexto de un dolor en el abdomen que tal vez sintiera de verdad ante semejante sacrilegio. Nosotras, sin ningún resquemor, prometimos reemplazar el parral por un moderno toldo metálico corredizo que nunca llegamos a colocar.
El nuevo patio lucía luminoso y soleado, tanto que en los veranos ni se lo podía pisar y había que refugiarse en los interiores, con las persianas cerradas. Nunca más charlas y mate, lectura o ajedrez a la hora de la siesta debajo de la frondosa enredadera. Y no hay mucho más para contar, pero ocurre que ahora, a la distancia y después de ciertos años, sigo pensando que pocas veces en mi vida debo haber hecho algo más tonto y más dañino que talar esa parra que tanto daba y que muy poco pedía, y como siempre que lo recuerdo, vuelvo a arrepentirme. |
|
|
|
 |
| Rodrigodeacevedo |
|
|
|
UN CUENTO DE DOMINGO. ...Pero eso era antes. Ahora Blas está en paro, separado de la mujer (nunca de su mujer) y la abulia se adueña de todo su ser en estos días que antes eran felices, los domingos. Con su pierna renqueante -también hubo un penoso accidente de coche: él conducía borracho- deambula sin consuelo por las calles “calientes” del casco viejo. Ya ha tomado tres vermúts, venenosa savia, y la niebla empieza a adueñarse de su cerebro, disolviendo en su retorta mágica, los recuerdos y añoranzas. Pequeñas centellas chisporrotean en el fondo de sus ojos y una especie de valor impostado le empieza a impulsar a la bronca. Eso también era antes, y por eso lo de su mujer, que entonces sí era suya. ¿Qué extraña violencia lo poseía cuando tomaba? Él era de natural tranquilo, amable y pacífico. Su ya incipiente abdomen lo delataba como tal. Por eso y por otros valores más carnales aquella mujer era suya. Y eran felices. Hasta que llegó la primera bofetada. Vió los ojos de ella transformarse en los de un pobre animal, sorprendido y humillado, pero aceptando casi amorosamente la vileza de ese gesto. Ese recuerdo, hasta que el alcohol lo difuminaba, era el cuchillo lacerante que parecía seccionar su espíritu en dos partes. Y su vida; porque luego todo fue un después, una lenta succión hacia el abismo. Aquellos ojos, fuego negro cuando se amaban, eran, en ese después, primero mortecinos destellos que acusaban: así no, Blas, así no. Después carbúnculos donde anidaban el odio y el rencor. Habían sustituído su verdadero amor por un amor heresiarca, ofrendado a un ídolo vengador. Y él necesitaba recuperar aquel antiguo fuego, el que daba vigor y belleza al amor que seguía sintiendo por aquella mujer que, ahora, lo había abandonado. Y por eso, ahora, su mente era campo erial donde crecían los resquemores. El viento gélido de la noche le empuja a buscar refugio. También su alma desolada. La puerta de un nuevo local, insidiosa, le animaba a entrar en aquel ambiente de secta donde iba, lentamente, muriendo. Un nuevo vermú. Alguien quiso conversarle con palabras llenas de pedantería. La mano de Blas acariciaba la navaja dormida junto a su sexo. Ambos, navaja y sexo, necesitaban carne donde entibiar sus fríos cuerpos. Y aquella mujer parecía ofrecerle con su marchita belleza -irremediablemente tuvo que recordarle la de ella- los conjuros ocultos, la valentía del héroe que va a liberarse de odiosas servidumbres. Cuando la hembra, profesional, aulló en el fingido orgasmo, el acero, en un único e impulsivo brillo, ocupó el lugar donde había yacido el ya agostado sexo del hombre. Pero ahora como tantas veces, sus ojos, los de ella, fueron negros pozos de los que emergió la comparsa de la muerte. |
|
 |
|
|
|
 |
| Eratalia |
|
|
|
EL HERESIARCA "Así, cuando la tarde acabó de caer, los habitantes de la pequeña aldea abandonaron, en silencio, la plaza, dejando a merced del viento el cadáver carbonizado del heresiarca. Fin."
Edelmiro suspiró al concluir su última frase y cerró el pequeño portátil, quitándose las gafas, que depositó, parsimonioso, en el interior de su funda.
Era su primera novela y le había llevado años documentarse a fondo en un tema que siempre le pareció de una atractiva y morbosa oscuridad: el de las sectas, los herejes y las inquisiciones a lo largo de la Edad Media. Tanto le había apasionado este asunto que su tesis doctoral, al acabar la carrera, se había centrado en él y había conseguido una puntuación cum laude de la que se sentía orgulloso.
Años después la idea de convertir todo el saber acumulado al respecto en una novela se había abierto camino en su cerebro y ahora, era el momento culminante, la apoteosis, el colofón… ¡estaba terminada!
Su mujer, mientras había vivido, le había tildado de pusilánime y falto de empuje, de haberse adocenado en su insignificante puesto de profesor de instituto sin sacar partido a sus supuestas cualidades como escritor, de no atreverse a nada fuera de la rutina, y ahora, a pesar del resquemor que aquellos recuerdos le producían, se sentía pletórico de dicha, como si por sus venas corriese una nueva savia que le confería el gozo incomparable de saberse capaz, de haberlo logrado. Estaba seguro de que sería un éxito, no le cabía la menor duda. Cuando abandonó el despacho del editor, unas lujosas oficinas situadas en el corazón de la ciudad, sus hombros estaban tan hundidos que el ligero abombamiento que la edad había proyectado sobre su espalda se veía ahora magnificado, de tal manera que parecía haber envejecido de golpe más de diez años. Aun resonaban en sus oídos las frías palabras del librero:
-Su libro plasma sin duda su buen hacer y su pericia en el manejo de la sintaxis, pero carece de interés para ser un best-seller, no creo que se vendiesen más de diez ejemplares, lo siento muchísimo, pero esta editorial no piensa hacerse cargo de su publicación.
Era el mismo argumento, con parecidas palabras, que le habían repetido en cinco editoriales distintas tras haber leído su novela…
La frustración se le había atravesado en el abdomen como un nudo indisoluble, su alegría, evaporada, su autoestima, desvanecida; se sentía realmente un fracasado, incapaz de volver a experimentar el menor atisbo de respeto por sí mismo.
Cuando cruzó el zaguán de su edificio, se le veía desencajado, macilento y visiblemente turbado, y tan abstraído que ni siquiera oyó al portero del inmueble, que le saludó al verlo:
-Buenos días, Don Edelmiro. ¿Se encuentra usted bien?
Ignorándolo, siguió su camino sin desviar la vista del suelo. Llamó al ascensor de manera automática, y, una vez dentro de la cabina, pulsó el último botón sin reparar, aparentemente, en lo que hacía. Una idea fija ocupaba toda su mente: huir. Huir de la vergüenza y acabar con aquel sentimiento angustioso que le atenazaba la garganta como una garra invisible.
Cuando el ascensor se detuvo en la azotea no dudó, se encaminó con paso decidido hacia el angosto pretil que se asomaba sobre la bulliciosa ciudad y, mirando fijamente hacia el infinito y sin titubear, se abalanzó resueltamente hacia el vacío. |
|
| | Con rimas y a lo loco |
|
|
|
 |
| Rodrigodeacevedo |
|
|
|
Bueno, coleguitas; como se que estáis impacientes por conocer el palabrero seminal y empezar a lucubrar vuestros relatos, he aquí la lista y adelante con los faroles: ABDOMEN
HERESIARCA
RESQUEMOR
SAVIA
SECTA
VIENTO No digáis que no está abierta las más variadas opciones relateriles. Feliz semana. |
|
|
|
 |
| Rodrigodeacevedo |
|
|
|
Turbado por la efusión palabreril que en respuesta a mi volátil desmadejamiento se ha producido confirmo, mis queridos feligreses, que sí, que ya está completo el palabrero. Pero para evitar algún atisbo de confusión que veo, lo publicaré mañana domingo por la noche. La norma es la norma. Mientras tanto espero ansioso vuestros nuevos relatitos con las palabras todavía vigentes. Gracias, compañeros. Os debo una torrá de costillicas y choricicos, que desgraciadamente tendrá que ser virtual. El vino también lo pongo yo. |
|
|
|
 |
| Estela |
|
|
|
TUNEL TURÍSTICO
Esta posibilidad de trasladarme hacia atrás en el tiempo, tiene sus encantos; ya he visto espectáculos de lo mas variados.
Claro que hay que armarse de valentía y disposición, y en mi caso, además, se me dificulta bastante, con el voluminoso ABDOMEN que me acompaña, por lo cual me es difícil introducirme en el túnel del tiempo. Muchas veces me quedo atascada, pero la SAVIA de mis intensos deseos, logra que finalmente llegue a destino.
Les resultará extraño que pueda hacer estas cosas, pero no es tan difícil lograrlas, cuando se tiene un profundo interés en ver muy cercanamente. a los que llamaban HERESIARCAS, por oponerse a los preceptos de la Iglesia Católica, tales el caso de Martín Lutero o Juan Calvino.
Allí asimismo tuve el privilegio de conocer a Ulrico Zuinglio, y otros personajes,categorizados como tales, y a los que ,en muchos casos, consideraban creadores de SECTAS.
Espero que a quienes leen mis aventuras, no los habite el RESQUEMOR, al no haber podido realizar estos viajes; les digo que solo se trata de ponerle decisión para lograrlo.
Eso sí, tengan en cuenta que este túnel tiene sus inconvenientes, aunque cuando volvía –y otra vez quedé atascada- un fortísimo VIENTO me dio un intenso empujón, con lo cual aterricé de vuelta en mi ciudad, en mi casa, el 23 de febrero de 2013. |
|
| | Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar |
|
|
|
 |
| caizán |
|
|
|
 |
| Observador |
|
|
|
Mi aportación a la causa de don Rodrigo. Larga vida a este hilo.  Savia. (Del lat. *sapĕa, de sapa, vino cocido y jugo). 1. f. Bot. Líquido que circula por los vasos de las plantas pteridofitas y fanerógamas y del cual toman las células las sustancias que necesitan para su nutrición. 2. f. Energía, elemento vivificador. |
|
|
|
 |
| Eratalia |
|
|
|
Mi palabra es: SECTA
1 Grupo de personas, generalmente dirigidos por un líder, que son seguidores de una doctrina religiosa que se separa de la considerada ortodoxa: la Inquisición perseguía a las sectas heréticas. |
|
| | Con rimas y a lo loco |
|
|
|
|
|