Por favor, compañeros. Los comentarios en el subforo correspondiente. TALLER DE RELATOS (COMENTARIOS DE TEXTOS)
Amigo César. Te sugiero que copies y pegues tus comentarios en el lugar correspondiente, y los borres de aquí, pera no interrumpir la continuidad de los textos.
Gracias.
Saludos.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Castelo
02-08-2012 00:42
Tienes mucha razón en lo que dices, amigo Caizán; aunque en este caso concreto, la expresión que tu usarías es también muy habitual aquí en España; de hecho puede ser incluso más correcta que la que he escrito yo. Maneras diferentes de expresarse, que ya no sólo va por países, sino por personas.
Un saludo.
(Perdonad por la interrupción, fue por responder a Caizán)
caizán
01-08-2012 01:19
LA DUDA Y LA FE . Castelo
Esto es una curiosidad, pero te la cuento:
Siempre me ha asombrado que dos países que hablan el mismo idioma, construyen la frase con otros términos (la misma).
Al final de tu cuento dices:"si tan siquiera le conocía"
Aquí sería: " ni siquiera lo conocía"
DECIMOS LO MISMO, DE DISTINTA FORMA.
Gregorio Tienda Delgado
30-07-2012 01:04
Amigos y amigas, dos días para publiacar textos. El día 1 empezamos a comentar.
Saludos.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Castelo
27-07-2012 22:38
LA DUDA Y LA FE
Pasa el tiempo y sigo aquí, en esta mustia y gris gasolinera, esperando; desesperando por momentos.
Ellos, otros perros como yo, abandonados dicen, vienen a menudo a visitarme, a convencerme o a intentarlo Tratan de hacerme creer que mi dueño me ha dejado, que jamás volverá, y que mejor me vaya con ellos a buscarme la vida; pero yo no les creo. Agradezco su interés, pero son, en mi opinión, unos renegados.
Cierto; Él, mi amo, me dejó aquí sin ninguna explicación, ninguna palabra, ninguna caricia; solamente las lagrimas de sus hijos guardo en la retina como una calida y triste despedida. Él les hizo callar y continúo viaje, sin más. La verdad que mucho llamarles “cariño” o “vida” y luego no les hace ni caso; pero Él es Él, y sus motivos tendrá. Cuando nada dijo será que ha de volver, estoy seguro de ello. Quizás no sea el momento, y sólo Él sabe cuando será necesario su retorno. Yo, en mi insignificancia, asumo y respeto su decisión, por supuesto.
Tendré paciencia. La resignación es un don al que entrego mi duda y mi temor.
Estos pobres infelices dicen que me equivoco, que espabile y no sé que más vaciedades, pero no, me niego a caer en la tentación de la desconfianza y la sospecha, tan cercana siempre a la desesperanza y la anarquía. Mejor pecar de ingenuo que de infiel.
Tan sólo una pregunta me repito, en mi debilidad ¿Cuándo?
Mientras, un empleado que cubre aquí el turno de la noche siempre tiene a bien traerme un plato de comida; jornada tras jornada, nunca falla. Creo que es un buen hombre, aunque es curioso, no me hace caricias ni carantoñas, y tiene la desagradable costumbre de, tras dejar el plato, mirarme muy serio y escupir a la carretera. Creo que no es por mí, no parezco caerle mal. Dicen los renegados que escupe pensando en mi dueño y su supuesta crueldad, pero no es posible, si tan siquiera le conoce.
Sea como fuere aquí estaré, y ese día llegará, estoy seguro. Cuando hace mucho ya, mi dueño compro mi cuerpo, yo le entregué mi alma; ella le pertenece. Así es y así será.
Y para ser sincero ¿qué sería de mi vida si no creyese en su vuelta? Cuestión de fe.
Rodrigodeacevedo
24-07-2012 19:58
Queridos amigos: entre el verano y el formato de este foro, al que no acabo de acostumbrarme (pero lo haré, seguro) me despisto más de lo habitual en mí. Tengo pendientes los comentarios a los últimos textos, que trataré de incluir aunque sea ya fuera de plazo.
Ahora dejo mi relato para esta convocatoria. La verdad es que me he encontrado cómodo en la piel de "Chucho".Que os guste.
CHUCHO
Este hombre con quien ahora vivo nunca ha tenido un perro. Eso puede verlo hasta un “mil-leches” callejero como yo. Pero sabe cómo tratar a un auténtico perro; es una intuición que pocos hombres tienen, como pocos tienen la sabiduría de tratar a las auténticas mujeres. Nos encontramos -¿me encontró, lo encontré? dejemos que la niebla del albur cubra la historia- en una tarde de abril con aguacero, como escribió algún poeta. Llovía a cántaros, pero a ninguno parecía importarnos la inclemencia de la lluvia (angélico llanto o meada celestial), tal era nuestro abatimiento, y seguimos caminando hacia lo obscuro.
Yo decidí seguirle a una prudente distancia y él parecía ignorarme. Pero yo olfateaba una cierta aceptación suya a mi distante presencia. Llegamos a un viejo caserón de recias puertas. El entreabrió un pequeño portillo en una de ellas y solo entonces volvió su mirada hacia mí. ¡Dios de los perros, que tristísima mirada! Nunca vi nada igual en mis congéneres. Casi en un susurro me dijo: “Pasa, chucho.” Desde entonces soy un chucho. Ese es mi nombre y mi orgullo. No soy, y lo he sido, Cuqui, o Lesli, o el muy humillante Rambo. Un perro que se precie debe de ser eso: un chucho. He aquí el primer acierto para conmigo de mi nuevo compañero.
Sacudí mi pelaje sucio y empapado, salpicando todo a mi alrededor. “¿Qué haces, bestia? Mira cómo lo has puesto todo. Mañana conocerás a la señora Dolores, la portera, y te vas a enterar.” Primera advertencia de que allí no valía todo. Pero, al menos, no me llegó la patada en la barriga como con otros amos. Alcanzamos su vivienda en el piso principal. Abrió la pesada puerta de madera tallada -una vivienda con solera, imaginé- y esperé prudentemente a que me invitara a pasar, que uno tiene ya muchas tablas. Se apartó a un lado y con una ligera señal de la cabeza me franqueó el paso. Un universo de olores infrecuentes a mi olfato me acogió amigablemente. Muchos de ellos no los sabría identificar; al fin y al cabo mi vida ha discurrido en la calle o en más humildes hogares. Pero aquello era agradable.
Pasamos a lo que debía ser la cocina de la casa. No he visto muchas cocinas, pero esa era, en cualquier caso, diferente. Junto al fogón y sobre él, mezclados con pucheros y cacerolas había libros, montones de libros. Una sencilla mesa en el centro, con dos sillas destartaladas eran el único mobiliario. Y libros, más libros. Puso al fuego una cazuela de la cual, al poco, comenzó a salir un olor apetitoso. Se sentó a la mesa y me miró detenidamente por primera vez. “Otro cochambre como yo.” musitó. Ese fue el inicio de nuestra convivencia. La señora Dolores, la portera, me aceptó a regañadientes, advirtiendo a mi amo que en aquella casa no se aceptaban ladridos y que me dejaba estar por ser él quien era.
¿Quien es mi amo? Sé que me quiere, eso es todo. Desde su soledad hombruna y sin manifestación alguna de cariño, pero mi intuición de perro sabe que me acepta y que, de alguna forma, me necesita. Llevamos una vida muy austera, aunque nunca me falta comida -muchas veces es su comida la que pasa directamente de la cazuela a mi escudilla. Paseamos por los parques, a veces muy lejanos. Alguna vez, rara vez, viene una hermosa señora a visitarlo. Entonces me deja solo y ellos se encierran en el dormitorio. Ya me imagino.
Después, generalmente, se emborracha, llora y pasa unos días francamente abatido. Pero nunca me maltrata. Al contrario, sus muy escasas y someras muestras de cariño se hacen más manifiestas. Se sienta en su sillón frente al fuego, si es invierno, y yo me tiendo a sus pies. Así nos pasamos horas. Me gusta sentir sus pies descalzos, y creo que ásperos, sobre mi peluda barriga. Allí se los frota y eso parece alegrarle un poco el ánimo. Nos miramos, yo con mi mirada lánguida y llorosa; la suya, directamente a mis ojos, al poco comienza a diluirse, a perderse en dios sabe qué oscuros abismos.
A temporadas se absorbe en la escritura; debe de ser escritor, un intelectual descarriado, un ser asocial en todo caso. Entonces puede pasarse días y noches sentado ante su escritorio y se olvida del mundo... y de mí. He de llamarle sutilmente la atención -apenas un golpecito de mi cola en su pantorrilla, nunca un gruñido y menos un ladrido- y él repara en mi presencia. Sí. Perdona, me había distraído. Acabo este párrafo y bajamos a hacer tus necesidades.
Poco a poco, suavemente, he tenido que amaestrarlo. Ya soy alguien que cuenta en su vida; ya me dedica mi tiempo y mis atenciones. Yo solo puedo gratificarlo con algún gesto de alegría y frotándome contra sus piernas. Pero eso, al parecer, le basta. Pobre hombre, tan solo. Con qué poco se conforma. Me alegra haberle encontrado y que sea él quien de un cierto sentido a mi perra vida.
Gregorio Tienda Delgado
24-07-2012 00:51
LA ESTACIÓN DE TREN.
Vivo en una estación de tren destartalada y poco transitada, mendigando alguna sobra de comida y recibiendo algún que otro puntapié de los pasajeros que, queriendo o sin querer me propinan, con la prisa que llevan. Ahora que es de noche, estoy echado sobre uno de los asientos alejados de las zonas más transitadas, inmerso en mis recuerdos...
...Se estaba preparando un viaje. Lo sabía por el movimiento que había en la casa; por el ir y venir de todos los miembros de la familia, y por sus caras de alegría. ¡Creo que nos vamos de vacaciones!-pensé.
Se movían por la casa con cierto desorden; tropezaban algunas veces unos con otros, pero no se enfadaban. Cuando se tiene alegría, se perdona todo. Pero noté un cierto despego hacia mí. No me decían nada, me miraban de una manera que me hizo sospechar que habían cambiado su actitud hacia mí. Incluso Nancy, tropezó conmigo y no se disculpó como otras veces. Ni ella que era mi mejor amiga, me dijo nada ni me acarició una sola vez. Algo estaban tramando; lo veía en sus ojos. Sus gestos lograban engañarme pero sus miradas, sus ojos, no. Después de insistir detrás de Nancy, me dijo: «¡déjame! ¿No ves que nos vamos al veraneo y tenemos que hacer los equipajes? Este año estaremos dos meses»
Para no estorbar, me fui a mi rincón y me hice el dormido. También a mí me hacía ilusión el viaje. Les había oído hablar muchas veces del mar y la montaña, pero no sabía con certeza qué habían elegido. Me daba igual porque podría jugar con Nancy todos los días durante dos meses, y lo pasaríamos muy bien donde fuera, siempre que estuviéramos juntos...
Llegaron dos taxis a la puerta; en uno no cabíamos todos. Bajaron las maletas, las cargaron y nos pusimos en marcha. En el primer taxi subí a la parte de atrás con la pequeña Nancy y su hermano; delante, el conductor y el señor Pedro, dueño de la casa. En el segundo, el conductor, la señora y la madre del señor. ¡Qué bien, de vacaciones!..
Cuando llegamos a la entrada de la estación, no me dejaron bajar. Bueno, –pensé-, seguramente querrán que espere hasta que descarguen todo el equipaje. Vi cómo se marchaban sin mí y mi pequeña Nancy miró hacia atrás, con tristeza en su semblante. Unos minutos después de que entraran en la estación, el conductor me abrió la puerta, y corrí. Corrí con todas mi fuerzas para alcanzarles. Pero cuando llegué, se habían marchado...
Y aquí estoy. No me quiero ir porque espero que vuelvan a esta misma estación donde me dejaron. Estoy muy triste. Creo que la pequeña Nancy vendrá a buscarme. Ella no puede haberme olvidado. Seguro que le obligaron a marcharse sin mí. Aquí estaré, hasta que vengan... duermo poco. Tengo que estar despierto para cuando lleguen... me siento muy solo en esta estación. Aquí estaré esperando... aunque algunas veces dudo, porque ha pasado mucho tiempo; ya es invierno. No sé por qué me han dejado aquí; nunca me porté mal. Jugué con los niños, aguanté el mal humor de los mayores, y nunca me quejé. He vivido con ellos desde que nací, y no recuerdo haberme portado mal. Pero no pierdo la esperanza. Seguiré esperando... la pequeña Nancy vendrá a buscarme. Vendrá, estoy seguro, vendrá... vendrá...
Sólo se me ocurre un motivo para que me hayan abandonado. Que soy viejo. Con mis catorce años, soy viejo y ya no puedo saltar y correr como antes. Ya no les sirvo para nada. Qué ingenuos son los humanos. No se dan cuenta de que llegarán a viejos, y los abandonarán en un asilo o en una gasolinera...
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Slictik
23-07-2012 12:29
DEDICADO A MI PERRITA TULA, ATROPELLADA POR UN CAMIÓN CUANDO YO TENÍA TRES AÑOS. NUNCA PUDE RECUPERARME Y NO HE VUELTO A TENER PERRO.
IN MEMORIAM
LOS DIOSES
Ellos creen que no les comprendemos, que son nuestros dioses, que están por encima de nosotros, como nuestros dueños y señores. Ellos creen que entre humanos y perros hay más distancia que entre su planeta, al que llaman Tierra y el confín del universo. Ellos creen muchas cosas pero nunca admitirán que están equivocados.
Dicen que no entienden nuestro lenguaje canino, que es muy simple, solo un “guau” para decir cualquier cosa. ¿Para qué más si con olernos ya sabemos todo del otro? ¿Acaso ellos entienden todos los lenguajes de todas las tribus de su planeta? Hay casi tantos lenguajes como humanos. Les ha llevado siglos decidir que hablando inglés podrán entenderse mejor.
Dicen que nuestro tipo de sociedad es muy rudimentario, que en realidad somos sus esclavos y que nuestra territorialidad es irracional. A ellos les ha llevado siglos fundar su famosa ONU, ¡y para lo que les sirve! En cuanto a su territorialidad la defienden con misiles nucleares. A nosotros nos basta con un ladrido más alto que otro y con enseñar los dientes.
Dicen que nuestra economía es muy rudimentaria. A cambio de dejarnos acariciar detrás de las orejas y de aceptar convivir con ellos nos echan algún hueso que otro o nos dan esos malditos piensos de los supermercados que saben a goma de mascar. En cambio ellos inventaron el dinero y la economía de mercado y están todos los días aterrorizados por sus primas de riesgo y sus bolsas de pacotilla.
Dicen que no hemos conseguido evolucionar en miles de años. Ellos en cambio han conseguido pasar del garrote a la bomba nuclear en un santiamén.
Se creen los jerarcas supremos del universo, los amos de su destino. No saben que nosotros llevamos oliendo a otras entidades más altas que ellos desde que el primer perro pisó el árido suelo de este maldito planeta-prisión. Ignoran que ellos son sus perros y que sus destinos están atados con correas.
Son incapaces de ver lo que tienen delante de los ojos. Hay una rebelión soterrada en el reino animal. Los perros estamos planificando la gran rebelión. Es cierto que nos llevará mucho tiempo, lo mismo que a los esclavos humanos les llevó mucho tiempo romper el yugo de sus jerarcas y aristócratas y a sus mujeres convencer a sus hombres de que tenían alma, aunque fuera mejor que la suya. Aún hoy las mujeres están en pie de guerra para alcanzar las últimas metas de su liberación.
Hay una rebelión soterrada que les estallará un día en las narices. En nuestra especie los terroristas han decidido utilizar la violencia y algunos perros se han rebelado y acabado con la vida de algunos humanos. No me atreveré a decir que no se lo merecían, sin embargo la gran mayoría estamos por una resistencia pacífica.
Nuestra evolución no nos ha llevado a caminar a dos patas y a desarrollar los dedos de las patas delanteras como instrumento para evolucionar hacia una cultura de “canis hábilis”. Ellos creen que tener cosas es mejor que tener una gran manada solidaria y amorosa; que inventar cosas es mejor que acariciarse a la luz de la luna.
Desprecian nuestra sexualidad perruna porque no tenemos inhibiciones y desprecian nuestras vidas, llamándolas vidas de perros, porque están convencidos de que la humana es una gran vida.
Ellos se creen nuestros dioses y lo mismo nos llevan a una peluquería canina (¡maldita la falta que nos hace!) que nos abandonan en una gasolinera. Son nuestros amos y señores, los gobernantes de nuestros destinos. No saben que hay una revolución en marcha y los dioses serán destronados y abandonados a su suerte.
Ellos no saben que la rebelión aún no ha estallado porque algunos amos nos tratan como si fuéramos sus hijos y un perro nunca puede morder la mano que le acaricia. Pero nuestra paciencia no es eterna y algún día se encontrarán con las gargantas rotas mientras duermen. Que los dioses, los verdaderos dioses, no lo quieran. Yo soy el Ghandi de los perros y creo en la resistencia pacífica, en un ladrido a tiempo, en salvar a los humanos de sus propias contradicciones, haciéndoles ver que una buena manada, amorosa y solidaria vale más que mil millones de humanos armados con misiles y jugando a la bolsa en sus ratos libres.
Que la paz sea con todos, perros y humanos, animales y dioses, porque todos procedemos del gran Todo. El humano Milarepa me lo enseñó telepáticamente. Yo fui su mascota durante años, hasta que decidí abandonarle tras una buena lamida cariñosa. Ya soy viejo y debo ponerme al frente de mi raza para evitar la masacre.
Slictik es mi alias, Cesar García, mi nombre. Agradezco a Castelo y a Observador su invitación a seguir el taller de novela.
caizán
23-07-2012 04:05
PLINIO
Mi historia es bastante común, mis primeros dos años los viví con un ser miserable, impartía órdenes con un bastón, a raíz de ello casi pierdo un ojo, lo salvé cuando me castraron, aprovecharon para arreglarme el ojo. Pasé varios meses con ellos, mis salvadores. La verdad, lo pasé bien, compartí juegos y amistades con otros congéneres, eso me hizo lamentar irme, allí comía, retozaba y no pensaba en como sería el mañana, era feliz en el día a día.
Como dije, me vinieron a buscar, hice el viaje en silencio, no conocía mi destino y temía volver al lugar del que había salido. Por suerte no fue así.
La casa era grande ¡y había niños!, me gustan más que mis congéneres, no se cansan nunca y no me muerden. Divertir me iba a divertir, pasó el tiempo y un día los niños vinieron a despedirse, llorando, se iban lejos, fuera del país. Lo sé porque se lo escuché a los mayores – aquí, quiero hacer una digresión: Los humanos creen que no entendemos, se equivocan, entendemos cuando nos hablan y explican que pasa, cuando nos saludan o nos cuentan sus alegrías o sus penas, que no hablemos no significa nada más que eso, no tenemos el don de la palabra, pero sí de la inteligencia. Con nuestros actos o gestos, demostramos que comprendemos lo que nos dicen. Ellos no entienden lo que pensamos y decimos con nuestros gestos. Ellos son los carenciados.
Con el tiempo agradecí que los niños se hubieran ido, los años pasan para todos y uno se pone menos juguetón, más pensante, más filosófico; entiende a los mayores y sus problemas, los acompaña en sus alegrías y en sus pesares. Los mayores nos hablan más y cuando eso ocurre nunca falta el otro mayor que diga: -- Cualquiera de estos días, te contesta. —El otro ríe y responde: --- ¡Eso espero!
Uno comprende que en esa casa solo quedamos gente mayor, yo incluido. Nuestra vida es más tranquila, más sosegada, más reflexiva. La familia se va achicando, casamientos, alejamientos, muertes, todo se dice en la casa y mis oídos perciben los sonidos y, lo más importante: los sentimientos, el tono con que se dicen las cosas me permiten saber con certeza lo que debo hacer: consolar, callar, no inmiscuirme, pedir caricias, darlas, ¡y pensar!
Y un día me despierto triste, no sé bien que me pasa, pero mis genes me dicen que me estoy haciendo viejo, a la par de los habitantes de la casa. Comienzo a compartir sus pensamientos, a añorar los tiempos pasados, no porque fueran mejores, si no porque nos quedaba mucho más por delante, había un futuro, lejano, muy lejano. Ahora solo nos queda el pasado, lejano, muy lejano y un presente lleno de recuerdos.
Y empiezan las despedidas, de a uno, todo el mundo, nuestro mundo cotidiano se va acotando. Esta mañana, estaba meditando en ello, éramos diez, seis, cuatro, dos y ahora somos dos, incluido yo. Algunos días hablamos mucho, otros nada, a veces lloramos en silencio. Yo estiro mis dos patas delanteras y apoyo en ellas mi cabeza, mirando a mi interlocutor, si veo que tarda mucho, me apoyo en sus rodillas, esperando su caricia que lo aparte de la tristeza y si se agacha lo beso con mi lengua, para que sepa que lo quiero, que me importa, que lo entiendo.
Meditar no es bueno, cuando lo hago término triste, y no es para menos, porque pienso: ¿quién partirá primero? Sea el que sea, el que quede no tardará en irse en busca del mundo feliz que había en esta casa.
JSM
Gregorio Tienda Delgado
22-07-2012 20:33
Compañeras y compañeros escritores.
7 relatos esta vez. Vamos progresando en cantidad y en calidad.
Gracias por vuestra participación y por vuestros comentarios.
Empezamos una nueva etapa. Lean la propuesta arriba en el inicio.
Saludos.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.