Se acerca a pasos rápidos. El miedo me invade. Se lo que viene. Su grotesca figura irrumpe en mi dormitorio mostrándome sus manos envueltas en blanco algodón, despistando, amenazando. El terror me paraliza, solo espero que el dolor llegue.
Escucho a mi madre implorando que no sea duro.
Cuanto duele, los segundos se hacen interminables.
Y porque no escapabas, algún día pregunto el psicólogo. Supongo que creía que era lo que necesitaba.
¿Y mi hermana? Acaso ella también se merecería lo mismo. Encima me hacías presenciarlo. Si ella supiera cuanto sufrí por ella.
Odie tu figura por años. Años de terapia me ha llevado entender que ha sido tu educación, que tu padre hacia lo mismo contigo. Podrías haber cambiado, no?
Todo fue hasta esa noche que decidí que esta tortura tenía que acabar. Cuanto miedo me daba enfrentarte. Eras tan más grande que yo, tu figura me asustaba tanto. Imaginar la perspectiva de un niño solo lo sabemos cuando la estamos atravesando y lamentablemente años mas tarde solo nos queda la impresión. Tenía que enfrentarte, no había otra opción. En mi pequeño corazón ardía una llama de valiente y allá fuí.
Antes que tus pasos salpicaran la paz familiar irrumpiendo, sonoramente, en nuestro dormitorio, en nuestro nido, como así lo considerábamos mi hermana Patricia y yo, me paré en la puerta.
Yo era la mayor y esta me cabía a mi. Mi hermana aguardaba temblando con la almohada sobre su cabeza, para evitar mis chillidos, ante lo que ella aseguraba, sería un desatre.
Con mi pijama rosa de ositos, brazos en jarra lo aguardé. No solía tardarse cuando el reloj del pueblo daba las diez campanadas. Yo creo que le avisaban que esa hora venían las torturas y éramos sus juguetes. Ya no servía que anticipadamente habláramos con nuestra madre, ella era una enviada de la paz, pero nada hacía.
Oí sus pasos, comencé temblar como una hoja. Bajé mi vista, hablaría sin mirarlo, eso tal vez lo haría recapacitar, no quería que pensara que quería enfrentarlo, solo que termina con estas torturas nocturnas. Ahí estaba:
_Papa, te ruego_ baje la voz_ no nos hagas mas sonar la nariz. Nos duele machismo. Ya no lo soportamos más.
Me despido por unas semanas. Estoy fuera de España. Si puedo intervendré pero no lo se. besos a todos
Gregorio Tienda Delgado
24-06-2012 23:02
Amigos y amigas, quedan tres días pera publicar textos. El jueves 28, comenzamos con los comentarios.
Saludos.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Des
22-06-2012 22:26
Ecos salvadores.
“El primer derecho del que debería beneficiarse el niño es el de estar protegido contra la violencia”
"La paliza no significaba nunca un espontáneo arrebato
de cólera. Empezaba con una mirada que me
convertía en un mal bicho. Y luego el silencio en el
que aún no había nada decidido y en el que, sin embargo,
ya no cabía ninguna escapatoria. No se admitían
pretextos, explicaciones o disculpas. El. delito
estaba allí, desde la mancha de plátano en el vestido,
hasta el no querer comer."
Waltraud Anna Mitgutsch, «Entre mujeres».
Hay veces que sólo pienso en suicidarme, tengo quince años y hay veces que sólo pienso en suicidarme…
- Deja que te cure las heridas .No sé que me ha pasado.
- No me toques ¿vale?, déjame por favor.
Mi padre viajaba constantemente , murió cuando yo tenía doce años en un accidente de tráfico, mi madre …
Mi madre...
- Perdón mama, perdón, te haré caso, te lo prometo, no lo tires a la basura, deja que lo lleve a un árbol para que su mama lo encuentre.
Tenía nueve años, esa tarde al salir del colegio , había encontrado un pajarito que se había caído de un nido y me lo lleve a casa, le hice una cunita con algodones y le estaba dando miguitas de pan mojadas en agua cuando ella entró en la habitación .
- Eres una jodida malcriada, te he dicho mil veces que cuando vengas del colegio te pongas a estudiar y no me haces ni puto caso, no paras de joderme con tus tonterias y ese asqueroso pájaro lo quiero fuera de mi casa.
La seguí al cuarto de baño suplicando, llorando, mientras ella lo echaba al wáter y tiraba de la cadena.
Se volvió hacia mí furiosa, no me dolieron los golpes, ni los insultos que salían de su boca , sólo pensaba en el pajarito muerto por mi culpa y no podía dejar de llorar.
Casi siempre tengo frío
he renunciado a quejarme,
soy una gota del mar
una música triste
el pétalo roto de una flor
una palabra sin sonido
una herida muda
un pajarito ahogado...
pero algo me retiene aquí;
la luz de mañana,
la belleza de una caracola,
el beso que me dio Javier,
el estuche de acuarelas
que me regalo mi padre ...
Ya está golpeando la puerta otra vez , quiere curarme las heridas que me ha hecho ,quiere pedirme perdón , como siempre, pero no, ya no , ya no la dejo hacerlo.
La ceja no para de sangrarme, debo permanecer tumbada, con la cabeza levantada , creo que tengo el tabique nasal roto, no lo creo, lo sé, necesito hielo ,pero no voy a salir, he cerrado la puerta con el pestillo , no para de golpearla histérica, sus gritos ya no me atemorizan.
-Lo haces a propósito, lo haces para que me sienta mal, abre la puerta, eres una jodida malcriada, te mataré , te juro que te mataré…
Una jodida malcriada que te quería, mama, que te quería con todo su corazón, que iba cada noche a tu cama mientras dormías y te acariciaba el pelo con mucho cuidado para que no te despertaras y te pedía que me quisieras tanto como yo te quería a ti.
Pienso en mi padre, en su cara risueña, en su beso cálido tras arroparme y darme las buenas noches cuando estaba en casa , en su calor.
Oigo su voz… Resiste mi amor, resiste
Jim Warren. Pintor surrealista.
sergeivanovich
20-06-2012 17:42
Hola amigos. Me gusta este taller, pero ando con poco tiempo disponible y solamente puedo participar esporádicamente. Sin embargo, para el tema propuesto por Gregor, adjunto el presente relato, recien salido del horno para este taller:
ADOLESCENCIA
Todos los golpes, afrentas, humillaciones, malos tratos, calumnias y abominaciones que en esta vida he recibido no han hecho otra cosa que hacerme más fuerte. No podéis conmigo. Nadie me doblegará jamás.
Ayer me apaleó mi madre por hacer pellas en el colegio. Me hizo reír. Cuanto más me reía, más furiosos eran sus golpes, hasta que se cansó de golpear. Después se puso a llorar. Me castigó encerrado en mi cuarto. De modo que me puse a matar Zombies con la Playstation. El Resident Evil me mola. La tia que mata los zombies está cañón, pero me gusta más el “Invasión zombie”. Lo encuentro mucho más educativo para los tiempos que corren . Huelo la sangre. Su hedor se extiende por el aire. Será cuestión de encontrar un arma potente, con bajo consumo de recursos, para poder perpetuarme en este apocalipsis que se avecina.
Ahora veo la tele. Los viejos me han desenchufado la wifi y se jodió el jugar online. Contemplo al león devorando a su presa en el programa de National Geographic que echan hoy por la televisión. Después las orcas se meriendan a una foca despistada que no supo retirarse a tiempo de las aguas en las que se alimentaba. La selección natural funciona. El fuerte devora al débil en pro de un mundo mejor, más eficiente, sin víctimas salvadas del holocaustro escondidas en el armario Yo me río de vuestra disciplina y de vuestra sociedad de mierda. Las leyes de la naturaleza son sagradas, inmutables. Llevan vigentes en este planeta durante millones de años y vosotros, el enemigo de la naturaleza, con esa podredumbre que tenéis en el cerebro, con vuestra torpe ceguera sobre la realidad de la evolución universal, intentáis cambiarlo en las escuelas a imagen y semejanza del ser humano, distorsionando la realidad con patético humanismo, tan decadente como el dios que habéis fabricado para que os mienta y lama las heridas.
Vaya. Ya tengo a la vieja aporreando la puerta. Parece que ha descubierto que la he vaciado el billetero. La vida está muy mal. Vivimos en una sociedad de consumo. Quien no tiene pasta, está perdido. Puedo ser muchas cosas en el futuro, pero de ningún modo estoy dispuesto a ser un pringado. Menos mal que tengo echado el cerrojo en la puerta, porque afuera está lloviendo y mi único escape es a través de la ventana, bajando por el tronco del árbol que por las tardes me da sombra.
¡Ostia! ¡La puerta ha saltado por los aires! ¡Vaya patada que le ha dado la vieja!. Inmediatamente, me invade el pánico. Abro la ventana e intento escapar de la habitación alcanzando el árbol, pero al hacerlo, mi cabeza ha golpeado por las prisas en el dintel de la ventana. Esos centímetros más de estatura me han jugado una mala pasada. De modo que caigo al vacío y me meto una hostia del quince. Aún me duelo cuando, desde el suelo, veo asomar en la ventana el rostro de mi madre. Sonrie con complacencia. Me dice desde las alturas “-Dios te ha castigado”. Nota mental. Para la próxima vez, no olvidarse del dintel de la ventana.
Gregorio Tienda Delgado
20-06-2012 12:53
LOS HORRORES DE MI INFANCIA.
Todas las forma de maltrato son degradantes, pero creo que el maltrato más cruel es el psicológico. Ese que no se ve, que permanecía oculto tras mi semblante esquivo y avergonzado. El dolor interno que no podía expresar libremente por miedo. Sentía que el mundo se había vuelto contra mí. Mi padre me trataba injustamente y me encontraba sin saber que hacer ni porqué me estaba robando la niñez y lentamente, quizá, también la vida. Él no trabajaba. Decía que ningún trabajo le gustaba, que ya había trabajado bastante, y solo escuchaba decirle groserías a mi madre que era la que trabajaba muchas horas. Yo trataba de defenderla pero me sentía impotente, solo era un niño.
El juego con los amigos, era el escape que me ayudaba a sobrellevar la horrible pesadilla que estaba viviendo, pero no me dejaba salir a estar con ellos. Sentía que mi infancia se me esfumaba sin vivirla de forma natural. Que no era culpa mía que así fuera, ni tampoco pedí venir al mundo para ser maltratado.
El tiempo pasaba y todo seguía igual. Conocía la expresión de su cara, de sus ojos, y el tono de voz fuerte y malhumorada, y sentía que el castigo se acercaba inminente. Sabía que era injusto, que no hacía nada malo para ser castigado. Un plato roto sin querer, un recado no hecho a su gusto o llegar unos minutos tarde, era suficiente para recibir otro castigo, más el maltrato psicológico de todos los días, oyendo siempre improperios terribles contra mi madre, contra nosotros, contra toda nuestra familia. Según decía, todos éramos inútiles, ninguno servía para nada. Ya nadie nos visitaba, le tenían miedo y por eso no hacían nada para ayudarnos.
Mi autoestima tocó fondo. No me valoraba, me sentía inútil, inservible para todo. Mis propios padres no me querían. No sentía ganas de jugar ni compartir mi tiempo con nadie. Me pasaba horas limpiando, fregando y me obligaban a comer mala comida. Pero lo más doloroso de todo, no era recibir esos golpes que marcan el cuerpo y el alma, sino ver sufrir a mi hermano menor brutalmente golpeado. La impotencia de ser niño me impedía defenderlo por la fuerza, pero a veces me armaba de valor y le gritaba: ¡no le pegues más! Y me daba otra paliza y me iba a un rincón llorando amargamente, pidiendo que alguien nos defendiera, y nos sacara de aquel infierno.
Un proceder tan brutal que a medida que iba creciendo y me sentía más fuerte, iba cambiando en un comportamiento defensivo. Tal como pasaba el tiempo, iba creciendo y entendiendo que me aproximaba a una encrucijada; o escaparme de casa y emprender un sinuoso camino, o continuar sufriendo el castigo continuado y degradante. Opté por quedarme para ayudar a mi hermano.
Acabé perdiendo el tren de la viada. No sentía ganas de levantarme, ni de vivir. Así todos los días. Si alguna vez sonreía y me sentía optimista, duraba muy poco. Se me nublaba el día enseguida, y otra vez me preguntaba: ¿hasta cuándo, mamá? ¿Cuándo perderás el miedo y te enfrentarás a él? No entendía que mi madre no nos defendiera ni se defendiera. Que tolerara la tortura que padecíamos todos sin luchar.
No era fácil encontrar compañeros. Notaban que mi vida se estaba descarriando poco a poco. Tenía mala conducta en el colegio, no me concentraba, no podía estudiar ni tampoco sentía ganas de hacerlo. Mis pocos amigos se iban alejando al verme despreocupado, irresponsable, irascible, rebelde y con malas ideas. Solo aquellos que habían vivido o estaban viviendo problemas similares me aceptaban, pero andaban enganchados a las drogas y ese no era mi camino. Mis aspiraciones eran otras. Darle la vuelta a mi vida para vivirla honestamente como cualquier ciudadano normal.
Ahora soy adulto, estoy casado y tengo dos hijos pequeños. Hay comportamientos que no entiendo ni entenderé nunca. Creo que mi madre debió jugarse la piel para defenderse y defendernos; para evitar que mi padre nos maltratara. No vale convertirse en avestruz. Otro comportamiento que no entiendo, es, justificar el maltrato a los hijos por haber sido maltratado. Que nadie se atreva a tocar a mis hijos, porque perdería mi vida por defenderlos...
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Cesar Garcia Cimadevilla
19-06-2012 20:53
RECUERDO
Cuando el terapeuta me sugirió la hipnosis, como el último cartucho que restaba por disparar en aquel largo psicoanálisis, me negué en redondo. Siento pánico a no controlar mis pensamientos y emociones. Con voz fría, distante, tal vez para evitar la transferencia con el paciente, razonó su propuesta. Me encogí de hombros y le dije que me lo pensaría, solo para librarme de él.
En la siguiente sesión, una semana después, ante su insistencia, acepté. El que algo quiere, algo le cuesta, como dice la sabiduría popular y ya estaba harto de aquel largo camino que no me había llevado a parte alguna. No supe que estaba bajo hipnosis hasta que el terapeuta me pidió que moviera un brazo, no fui capaz. A continuación me pidió que regresara a la infancia y buscara un recuerdo, uno solo, el primero que acudiera a mi mente.
No sé por qué me vino a la memoria un recuerdo que llevaba ocultándome durante años. ¿Qué edad tendría? ¿Siete, ocho años? Vivíamos en un pueblo de montaña, una cuenca minera. Aquella tarde regresé a casa para merendar el típico chocolate terroso y un trozo de pan. No estaba mi madre. Eso me escamó, porque mi madre estaba siempre en casa. Le pregunté a mi padre y él me tomó el pelo. Ha ido a la peluquería, dijo. No me lo creí. Mi madre nunca iba a la peluquería.
Yo era un niño muy sensible, demasiado, ahora sé que ya entonces incubaba numerosas patologías en mi psiquis. ¿Por qué me vino aquella idea a la cabeza? No respondí. Comencé a buscar por toda la casa, en el servicio, en el salón, bajo las camas, en la despensa… Mi padre me seguía, riéndose de mí, y preguntándome si pensaba que a mi madre le gustaba jugar al escondite. Apreté mis puñitos, cerré la boca hasta hacerme daño y continué buscando. Por fin acepté la evidencia. Salí corriendo, sin tomar la merienda.
No paré de correr hasta llegar al cementerio del pueblo. Estaba cerrado, así que me senté en el suelo de tierra y con un palo comencé a dibujar una tumba en el cementerio. Allí enterrarían a mi madre. Mi padre la había matado en uno de sus arrebatos de cólera, por eso no estaba en casa. ¿Dónde la había ocultado? No lo sabía, pero nada hay imposible para la fantasía de un niño. Seguramente la habría descuartizado y ocultado sus restos en una bolsa. Luego habría limpiado la sangre. Por eso no pude ver ni una sola huella, a pesar de mi meticuloso examen.
Era inevitable que algo así acabara por ocurrir. Mi madre tenía una lengua viperina, nunca se callaba, era capaz de hacer perder el control hasta al santo Job. Mi padre tenía un “pronto” imposible, montaba en cólera y entonces hubiera sido capaz de cualquier cosa. Yo escapaba de casa cuando se montaba la bronca y no regresaba hasta pasadas unas cuantas horas, cuando pensaba que todo se había calmado. Una mañana, al levantarme, pude ver cómo mi madre llevaba gafas oscuras. ¿De dónde las había sacado? A pesar de su discreción, y en un descuido, pude observar su ojo morado.
Seguro que estaba muerta. Me había quedado sin madre. Continué dibujando con el palo un rectángulo pequeñito dentro de aquel gran rectángulo. Una tumba en un cementerio. Lloré, hipando, hasta sufrir el ataque. Años más tarde me diagnosticarían asma, causada por alergia a un montón de cosas. Jamás niño alguno vivió una tragedia más profunda y terrible.
Al caer la tarde regresé a casa, conocedor de que si no lo hacía, mi padre saldría a buscarme. Me llevé una increíble sorpresa. Mi madre estaba en casa, viva, y con la permanente. Estaba muy guapa.
Seguía bajo hipnosis. Me encontraba muy mal. No podía respirar. El terapeuta contó hasta tres para despertarme. Pero yo seguía sin poder respirar. Asustado llamó a una ambulancia. Me llevaron al hospital. Me pusieron oxígeno y me diagnosticaron un ataque asmático. Hacía más de treinta años que no había vuelto a sufrir los ataques que hicieron de mi juventud una especie de infernal Montaña mágica.
Gregorio Tienda Delgado
18-06-2012 12:55
Bien, amigo César. Ya estás en la lista. Para ti será fácil adaptarte al tema propuesto. Léete las directrices y la propuesta, arriba en el inicio. Entre 400 y 700 palabras con cierta tolerancia.
Saludos.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Slictik
18-06-2012 11:59
Aunque no ando muy sobrado de tiempo creo que no me importaría apuntarme. Siempre encuentro unos minutos para escribir algo. ¿Qué son mil palabras para mí, acostumbrado a escribir millones? Como no participé en Buho espero cogerle el tranquillo pronto. Un saludo.
Slictik es mi alias, Cesar García, mi nombre. Agradezco a Castelo y a Observador su invitación a seguir el taller de novela.
Gregorio Tienda Delgado
18-06-2012 01:04
Amigos y amigas, compañeras y compañeros.
Buen comienzo. 6 relatos, teniendo en cuenta que aún no estamos bien adaptados al funcionamiento de la página, es un buen número.
Gracias por vuestra participación y por vuestros comentarios.
Empezamos una nueva etapa. Lean la propuesta arriba en el inicio.
Saludos.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
Des
10-06-2012 23:23
Estragos en su interior
Ella sigue hablando, yo no levanto la cabeza , estoy tenso ,intento disimular mi dolor, no quiero hacerle daño , llevamos juntos media hora y ya quiero irme, quiero decirle que no va a lograr nada con su mirada oblicua y su lenguaje emocional.
- Es muy importante que lo hagas , tienes que dejar de huir, no eres un cobarde, eres un visionario…
- No me jodas Anita, soy una mierda de tío que irá a buscar medio gramo y una botella de whisky en cuanto te vayas y me dejes tranquilo.
- Irás a lidiar con el dolor , lejos de los que te queremos, te ruego que no te vayas, quédate con nosotros esta noche…
Sonreí, la mire, y le dije no con la cabeza…
Es fácil sentir que nunca cambiaré, sentir pena por mí mismo , sentir que estoy mal ,muy mal, es fácil sentir remordimiento , culpa .
Es difícil alejarme de mi familia, saber que mi hermana ha muerto y yo sigo aquí , el dolor es insoportable, nadie puede ayudarme.