Nuestra madre brilló
con luz propia
y señaló la ruta
de ser libres.
Nos hicimos a un lado
y olvidamos el género
para ser iguales,
sin variables.
Admirados, sin asombro,
presenciamos los éxitos
del sexo opuesto
y hoy doy gracias
por lo tanto,
por lo mucho,
a mis hermanas.
Rodrigodeacevedo
18-03-2024 12:25
Aquí seguimos, aunque aquí no vinimos, como diría Lezama Lima. Viejos poemas para mantener el hálito de este foro que tratamos que no se extinga.
Y mientras esperemos a la joven Musa...
AMANECER DEMORADO
La poesía sale de la boca
El pensamiento sale de la cabeza
El humo sale del huevo
Y el huevo sale de la ostra
Carlos Edmundo de Ory. Teoría finita.1950
No Alpes en su inclemente altura
tierra llana propicia para grillos
tierra de almas y miradas de violeta
caminos casuales donde la hiedra medra
y rocas rocas rocas
tibias rocas que a la contemplación se ofrecen.
Apenas robles de adustez secular
estigmas de los hombres
bueyes que dormitan en su onírico universo
manos que son besana con sus dedos extendidos
llamada del agua clara
que es llorada entre los juncos.
Tierra que acaricia el alma
y la encierra en su regazo
abducción de siglos mostrencos
que retuercen esperanzas sin futuros
aterrizando caminos que ocultaban horizontes
dejando claros de luna imprevisibles.
Entreverados espacios donde un silencio de muerte
eleva sus frágiles cometas
heraldos multicolor nunca suicidas
cainitas desde su origen caballeros y vasallos
cruzan en emblemático unicornio
el tráfico embrionario de la fugaz avenida.
Y al final era la cueva
donde el murciélago duerme
allí la palabra es hueco y dorado ruido de oros
el camino se hace canasto con su ovillo desliado
y es el pájaro escapado de su trampa
quien increpa al corazón que allí alcanza.
Dormid venturosos
desde las casas aladas
ajenos a precipicios y a la bendición del Papa
Dormid aquellos que guardan
los secretos de la esfinge
y los horarios de trenes
Benditos seáis dormid.
jota jota
15-03-2024 18:30
Treinta y seis -2009-
A Mirian
La dinámica
feroz del movimiento
es de miedo,
solo de pensarlo
se harinan los huesos.
El incesante movimiento
no da tregua,
tampoco un respiro.
Piedra y arena
en la mirada inflexible
de su cómplice,
del viejo y conocido tiempo,
que toca con fuerza
su ritmo de polvo y ceniza
y ahoga lamentos
de rostros que fueron
asombro de los espejos.
Leyes inflexibles,
códigos secretos,
claves siderales
rigen esta dinámica
y es inútil el reclamo
ante el veraz testimonio.
Se revelan imágenes
que apenas ayer
asomaban tímidas
a las puertas del sueño
y de nuevo la amenaza.
Inevitable es el cambio
ante el compás indetenible
de las horas y sus días.
Hoy seis de julio
arrebatan en el torbellino
del movimiento,
treinta y seis años
dibujados en tus manos,
en el borde de los labios,
en la sombra y los espejos.
Y en esas líneas difusas
de la frente
reconoces al fin al enemigo
y sus códigos secretos.
jota jota
14-03-2024 18:32
El singular peso del silencio
Dócilmente peregrina por el camino que ha trazado la mano del destino y enfrenta los avatares que le han sido impuestos sin una queja, él sabe que es inútil la protesta y se mantiene resignado sobre el rumbo señalado. Él ya no espera otra cosa que este presente repetido y rutinario y es capaz incluso, de dar gracias, porque los eventos en su vida no representan mayores dificultades y en esa suerte de destino que le ha tocado, no padece ninguna enfermedad que revista gravedad.
Sus días suelen ser tediosos y hasta rutinarios, pero nunca iguales. No se vuelven a repetir con la misma exactitud y aunque la acción en apariencia sea la misma, sutiles cambios lo obligan a insistir en revisar la torpeza de sus propios errores.
A diferencia de los días, bajo el riguroso examen al que somete sus actos al final de la jornada, sus noches son exhaustivas y transcurren en una minuciosa revisión de mínimos detalles. Bajo ese microscopio, bajo esa lupa de imágenes totales, adivina enemigos en las fantasmales sombras que crecen entre grises. En la mediana claridad que el recuerdo le permite, revisa bajo el peso de la angustia creciente los intolerables errores que durante todo el día cometió. Imprudencias, groseras impertinencias lo enfrentan. Reconoce que en más de una oportunidad cometió un disparate, que equivocó la respuesta, que su conducta debió ser otra y no la que desatinadamente ocurrió y entonces, le pesan un mundo los errores, pero con la misma actitud resignada con la que asume su vida, se dice a sí mismo, casi con optimismo: ya no puedo remediarlo. Me equivoqué. Fallé. Clavo pasado.
En algún momento del insomnio imagina otras respuestas más certeras, y observa la posibilidad de otros caminos a seguir, pero al llegar a estas encrucijadas se detiene, no es capaz de ir más allá, no se atreve a imaginar los acontecimientos desencadenados a raíz de otra respuesta menos cobarde y emerge de estos desconciertos nocturnos con la carga de la derrota a cuestas.
Cumple puntual sus horarios en el trabajo y hoy, el primer paquete que debe entregar está a una distancia considerable, fuera de su itinerario habitual y lo conduce a un rincón desconocido, toma una ruta inédita y reconoce que esta vez, él ha propiciado un salto de desconcierto en su rutina.
Cruza la ciudad y pasa por sectores por los que no se atrevería a frecuentar, comprueba con un miedo creciente que en estos pasajes se han disociado los valores que a él le enseñaron a respetar y lo conducen desde siempre. Con el temor encerrado en el pecho llega a la dirección en donde debe entregar la encomienda, y con sorpresa descubre, que le resulta familiar la atmósfera, el terreno. Aquí, recuerda, lo han traído sueños tumultuosos.
Frente a la puerta, él ya sabe lo que le espera, sabe que va a encontrar un gato negro dormido sobre un mueble de terciopelo amarillo y que debe cruzar un zaguán oscuro que huele a lavanda. Pero no sabe nada más, cuando sueña, al dar los primeros pasos por la oscuridad del pasillo se despierta y recuerda perfectamente ese retazo inconcluso del sueño.
Como en su sueño, entra sin anunciar su llegada, mira el gato que permanece dormido y avanza sin hacer ruido. Atraviesa el oscuro pasillo acompañado del olor a lavanda y en ese momento siente por primera vez el peso del silencio.
El silencio es cosa seria, nunca antes había estado ante un silencio tan absoluto y categórico, mientras camina bajo el peso de ese singular silencio se le ocurre pensar que el silencio es cosa seria, es una bruma espesa que lo envuelve y también es una sábana que lo arropa, pero ambas, la bruma y la sábana son pasajeras. Hoy, mientras atraviesa esta oscuridad lineal, guiado por la intensidad de la lavanda, en medio del peso de este inusual silencio se acerca a otra conjetura, el silencio es una prisión de la que jamás se sale ileso, el silencio instala la desesperanza, se adueña del pensamiento hasta anularlo completamente, el silencio abruma y castiga con mayor ferocidad que un grito, el silencio se convierte en cuchillo afilado que lastima.
Al finalizar el pasillo, sentado en una mecedora, un hombre parecido a él, semejante a él, treinta años más viejo, lo recibe con alegría, festeja su llegada y extiende las manos para recibir el paquete. La sorpresa le impide por un momento reaccionar, finalmente entrega la encomienda, el hombre le pide que espere y escucha su voz treinta años más vieja.
El hombre abre el sobre, saca un libro y le dice: quiero que oiga el acápite con el que se inicia este libro.
Él asiente y guarda respetuoso silencio.
“Un pájaro al nacer está obligado a romper la frágil cáscara que lo ha protegido hasta ese momento, es necesario romper un mundo para vivir en otro completamente libre”.
Cierra el libro y desde la mecedora, con la mirada brillante de quien revela un secreto le dice:
Cada día se nos entrega una nueva oportunidad de ser libres, debemos destruir el mundo de miedos que se nos impone, para crear entre incertidumbres otro universo y poder vivir en libertad.
Rodrigodeacevedo
12-03-2024 20:34
De nuevo husmeo en la vieja despensa. Anaquel del año 2014 (no hay mayor antigüedad) Recupero amorosamente, con cuidado casi de entomólogo uno de los polvorientos poemas. Me gusta. Es triste, rezuma un no se qué que me atrae. Y además está escrito, cosa en mi harto infrecuente, con metro y rima. Con unción casi eucarística os lo ofrezco. (Tampoco es para tanto...)
SONETO DEL IMPACIENTE
Nacida con mi luz y con mi sombra,
fría müerte uncida a mi existencia,
tejiendo tu vivir de aleve alondra,
disolviendo en mis horas tu presencia.
Cautamente enseñabas tu potencia,
daga mortal, espina de la rosa;
apenas el espejo era conciencia
de mi ser fugaz, de efímera cosa.
¿Cuando saltarás del espejo hasta mi alma
trayendo la frialdad definitiva?
¿Cuando serás el lecho de mi calma?
Muerte mía, mi amiga lenitiva,
paciente amante de mi noche blanca,
llévame ya en tus alas, fugitiva.
jota jota
11-03-2024 17:52
Silencio
Arropada en el silencio
la noche se repite
y es una en la memoria.
Caminamos por rutas
sin destino
en el silencio
sin fondo
de las despedidas.
jota jota
08-03-2024 19:12
Calles
El peligro marca la hora
y me encuentra en la calle
hipnotizado.
Apresuro los pasos
en aquella esquina de neón
en donde revientan sirenas,
gritos y carreras.
Huyo por esta herida oscura
abierta ante mis ojos
y el día es un río
desbordado.
jota jota
07-03-2024 21:10
03072024 -96-
La distancia
es un espacio árido
y ajeno,
en ella
el tiempo es humo
y paraliza el pensarla.
Son muchos los motivos,
apropiados los argumentos
y una sola despedida.
Llegado al fin
el momento,
se rompe el hilo.
Detenido y sin aliento
frente a la ausencia,
el recuerdo.
jota jota
06-03-2024 19:04
Un gesto frente al mar
Alguna vez estuve firme y sereno contra el acaso, con desdén y sin temor viví intensamente el momento, sin esperar nada del destino, con el entusiasmo de quien tiene el triunfo asegurado. Era amo de mis momentos, dueño de mis mis días. En ese entonces yo aseguraba con convicción: que el futuro es tan incierto como el destino, el tiempo no da tregua, los ánimos nos abandonan pronto y es necesario mantener el entusiasmo a toda costa.
Eran mis tiempos de independencia y voluntad, yo vivía mi vida de animal primario con el ímpetu de los veinte años, sin planes, el presente como guía, seguro de la victoria. Yo fui mi dueño, puedo verlo hoy, a pesar de los espesos tules de falsedades que corriste ante mis ojos para anularme.
Yo rodé por un arido despeñadero persiguiendo tus ojos negros, un eslabón más en la cadena de mis múltiples y continuos errores desde el momento en que te vi y me abandoné a tus deseos. Al borde del precipicio de tu ausencia, perdieron pie mis alientos, mis ilusiones, incluso, los sueños forjados al calor de tus promesas.
Puedo asegurar, que el cinco de mayo, en aquella manga de coleo equivoqué el camino y me perdí. Ese día, con una sonrisa de promesas y entusiasmo inesperados, me ofreciste unas guirnaldas en premio de mi triunfo y las llevé con orgullo, con satisfacción. Esas guirnaldas se convirtieron en el yugo que me mantuvo sujeto a tus caprichos, hasta que logré reunir el valor suficiente para romperlas y escapar sin destino, ni futuro, con el objetivo de encontrarme.
Desprevenido y sin resguardo alguno, con inocencia, me acerqué confiado al abismo de tus promesas, quebrantadas las promesas, se desnudaron de inmediato y sin vergüenzas, las mentiras. Perdidas las esperanzas, ya no hago el menor esfuerzo por rescatar esas fantasías y finalmente me entrego al fracaso, a la derrota, a mi destino, a mi presente de piedras sin quimeras. Es mucho mejor y más seguro, que vivir al filo del cuchillo de tu lengua.
Hoy me encuentro refugiado en este pesebre, escondido, enterrado, sin mayor horizonte que la noche, este es el final de mi propio barranco y estoy sembrado como un abeto, enfrentando los vientos, paralizado. No me reconforta el olor del ajonjolí, ni el de los eucaliptos, que se levantan y crecen sin mayores intenciones, que cumplir con su ciclo de vida, también perdí el entusiasmo de cabalgar al amanecer por los campos.
En este estado lamentable en que me encuentro es imposible dar un paso, aquí me has conducido con tus enredos y otras sutilezas. No te culpo, es mi absoluta responsabilidad la vida que llevo y los diez años que pasé a tu lado. Ahora no hago el menor esfuerzo por rescatar espejismos y finalmente me entrego al fracaso, a la derrota, a mi destino, a mi presente de piedras sin quimeras. Es mucho mejor, que vivir al filo del cuchillo de tu lengua.
En la lumbre herrumbrosa de un recuerdo logré encontrar un humilde destello de mi nombre y con esas letras gastadas, ya sin valor alguno, en un intento desesperado, atravesé un desierto y un mar, que se hizo peligroso, sus olas revueltas me arrojaron a las playas de un país desconocido.
Hoy, a punto de finalizar el año, con la distancia de por medio y el tiempo como medida, sin haber podido encontrarme todavía, perseguido por la intensidad furiosa de tus ojos, intento un conjuro de último recurso y copio los gestos y las formas de las gentes que habitan en el país que me cobija.
A orillas de este mar, en la playa, bajo la luz de la luna del último día del año, con estas manos que te conocen de memoria, abro un hueco en la arena y coloco un papel con mi nombre, está escrito en mayúsculas, con un grueso marcador negro.
Con esfuerzo logro que mi mano esté firme al escribir el nombre con el que el amor de mis padres definieron mis días y rescato mi esencia de hombre libre, es el primer paso para levantarme y seguir adelante.
Enciendo con decisión un fósforo y quemo el papel, arde mi nombre frente a un mar en calma bajo la luz de la luna, el primer minuto del año nuevo. Cientos de pequeñas luces, de mínimos fuegos, de legítimas intenciones, iluminan esta playa en los primeros minutos del año nuevo.
En ese fuego incandescente y naranja arden los errores, los olvidos, los extremos de la cuerda que me ataron a tus deseos, a un pasado de verguenzas, las cenizas serán el símbolo de mi renovación. He dado un primer paso, una señal inequívoca de estar vivo, de ser el dueño de mis actos, es un gesto frente al mar, que observa indiferente y empuja sus olas para apagar las tímidas llamas que iluminan esta playa.
jota jota
04-03-2024 19:59
03042024 -96-
Esta azarosa tarde
de pájaros en silencio,
mis manos
indagan ausencias
en viejas cicatrices
y siembran la esperanza
en una geografía
ya descubierta.