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POEMAS
Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
08-06-2023 20:36

J.J. escribió:
"La ausencia de números
se esconde en el ojo izquierdo,
allí se hizo la noche
un día de ceros."

Puro Huidobro. Me permito esta referencia para aclarar el sentido de mi comentario en el post anterior: J.J. declina formas poéticas más actuales sin perder esa esencia de experiencia humana que caracteriza su poesía. Un abrazo, amigo mío.

Rodrigodeacevedo
Rodrigodeacevedo
08-06-2023 20:25

¿Hola...? ¿Hay alguien en casa? Está todo tan callado...
Uy, Adolfo, perdona chaval. Te he confundido con el pie de la lámpara... Sigue durmiendo, que yo paso un momento y me voy. Voy a dejar unos antiguos versos para que nuestro querido J.J., no se sienta tan solo y se nos vaya a desanimar.
Pues sí, he estado fuera unos días por asuntos personales y a la vuelta, aquí, en esta maravillosa nada que es la Sierra de Gata, las tormentas habían desactivado las conexiones a internet y me ha sido dificil restablecerlas. Pero, afortunadamente, ya está todo resuelto.
He viajado por la España exterior, exterior a esta zona aislada y privilegiada; y he comprobado la inanidad, la futilidad de gran parte de nuestra sociedad "adulta" y la riqueza que todavía dispone esta España rural donde las mujeres y los hombres siguen siendo personas con esntidad propia. Aunque sea dificil a veces encontrar recursos prácticos, me felicito por poder vivir en esta parte olvidada de la España de los valores.
Os dejo unos versos, antiguos, que enrojecen de envidia ante estos hermosos, ricos versos de J.J., en el que advierto algunos matices nuevos que lo conectan con poéticas actuales.
Mis felicitaciones, J.J. Ignoro tu proyección poética en otros foros; desde luego en nuestro querido GB, o en Mundo Poesía, estarías en lo más alto de la escala. Un abrazo.

LA TARDE

La tarde, aquella tarde
tuvo un triste ocaso,
un amor muerto.
Tuvo la tarde,
en su madrugada,
premonitorias aves
habitando las jarcias
de mi barco,
húmedas aun
por el rocío de tus risas.
Tiritaban al unísono
tus pasos al marchar.
Yo era tu amor en mi puerto,
alterando el orden al inverso.
Había transgredido el hábito
y esperaba mi castigo
que fue tu ausencia y mi olvido.
En la dársena perdida
del ocaso vespertino
maté mi amor-tu amor
con el último rayo de sol.


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07-06-2023 18:45

Un N N

Con premeditadas astucias, con cierto aire de soberbia, con un sin número de sobresaltos asume cada día, cree ser el conductor de su vida, piensa que es él quien decide el rumbo.

La norma de conducta de este desconocido es evadir complicaciones, evitar las trampas que se esconden en las afiladas esquinas, él actúa siempre solo y ejecuta su sencillo acto de sobrevivencia con una justa dosis de sorpresa y violencia. Cada día realiza un juego de peripecias en un paisaje de la ciudad que conoce de memoria, utiliza los callejones en su beneficio y no le teme a las esquinas. Hace mucho aprendió a esquivar trampas, a eludirlas, tiene un peculiar olfato de animal urbano y no cae en provocaciones, ni mide sus actos en la falsa balanza de la injusticia. Sus acciones son el reflejo de sus carencias y él encarna el inevitable resultado de las matemáticas sociales. La única ley que conoce: es la temeraria ley impuesta por el filo de su navaja automática, que empuña con la firmeza de un juez inflexible.

Por principio este hombre no usa billetera, ni guarda fotografías que lo recuerden, ni tiene facturas, ni papeles en los bolsillos, tampoco llaves, su indumentaria es corriente y lo ayuda pasar desapercibido.

No es un hombre, es más bien una sombra sin identidad propia, que se apodera por momentos de nombres ajenos y usurpa sus vidas y se aprovecha del efectivo que consigue en el asalto y exprime hasta secar las tarjetas de crédito recién tomadas para luego desecharlas.

Es todavía temprano, pero esta mañana de fin de mes, muchos han cobrado y deben pagar las deudas acumuladas, es un día iluminado de promesas.
Es su primer recorrido y observa a un sujeto que camina con descuido por la acera de frente, parece perdido. Evalúa los riesgos, sopesa posibilidades y toma su decisión, está convencido que es una apuesta ganada. En cuestión de segundos, con calculada imprudencia sin esperar la luz verde del semáforo cruza la calle. Con la navaja desnuda se le va encima al sujeto, acerca la punta del acero a las costillas y le exige la cartera. La sorpresa, el miedo y la navaja, obligan al inocente transeúnte a cumplir la orden en silencio.

La víctima, sin su cartera y sin saber qué hacer, repite fragmentada la película que acaba de vivir. Intenta asimilar el asombro, ha caído en un vacío, en una nebulosa, el corazón no ha recobrado su ritmo y encerrado en el pecho salta sin compás, descontrolado. Su atacante se pierde entre la gente, a la carrera.

Con la prisa de pasos medidos el desconocido asaltante huye a la carrera y luego camina sobre las calles, un ciudadano más en la mañana. Se detiene en la esquina, esta vez espera su turno frente al semáforo, con el cambio de luz deja la acera y cruza la calle confiado. Un conductor imprudente se pasa la luz, lo atropella y sigue su desenfreno sin detenerse.

Quien hace un momento fue agresor, ahora es agredido, se siente volar por los aires, chocar la cabeza contra el asfalto y por último la oscuridad, el filo de un abismo.

Suena el teléfono. La llamada es del Hospital y le informan que el resultado de los exámenes es positivo y que está embarazada. La felicidad la deja sin aliento, pero antes de que pueda reaccionar, antes de poder compartir esa alegría, el teléfono vuelve a repicar, nuevamente es del hospital, pero esta vez, una voz menos amable, más impersonal, le comunica que su esposo sufrió un accidente grave y debe ir de inmediato para autorizar la operación que requiere con urgencia. Le explican, que el seguro exige su autorización para cubrir los gastos médicos. Se la tragan las sombras, entra en estado de pánico, sabe que es imposible manejar en en esas condiciones y llama un taxi.

La reciben en el hospital y con las estrictas palabras que exige el rigor del protocolo, cumplen con informarle: que un conductor atropelló a su esposo y según lo establecido por el seguro, ella debe firmar la autorización para ser operado de urgencia y salvarle la vida. Le entregan la cartera encontrada en sus pantalones. Ella exige verlo, necesita decirle que va a ser padre, que no puede morirse y dejarla sola con el bebe, finalmente acceden a sus súplicas, la conducen a la sala de cuidados intensivos, y para sorpresa de todos, al ver al hombre en la camilla, ella recobra la calma y les dice:

-Ese hombre no es mi esposo-.

Pasado el susto, descubre que el mundo, sus pensamientos, sus actos, giran ahora en torno al bebe que acaban de anunciarle y que desde ahora, llena de ansiedad, espera su nacimiento. Sueña con tenerlo en sus brazos.

El cuerpo del desconocido, sin nombre y sin atención, deslavazado y roto, pierde la conexión con este mundo, ya no se encuentra amparado en las cláusulas de un seguro, ya no está en la sala de cuidados intensivos y es incorporado a la lista de quienes carecen de identidad, de quienes no tienen nombre, de los N N.

jota jota
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07-06-2023 17:25

Papeles traspapelados

33- 06072023

La ausencia de números
se esconde en el ojo izquierdo,
allí se hizo la noche
un día de ceros.

Entre estos montes
tus manos no son
apéndice de dulzuras
-nunca lo fueron-
solo tierra fecundada
bajo las uñas.

En los caminos lluvia,
mucha lluvia,
siempre la lluvia
castiga los huesos.

Incesante,
el canto de la canaria
insiste
en el recuerdo
y te obliga
a repetir la frase.

jota jota
jota jota
06-06-2023 19:12

Papeles traspapelados

32- 06062023

La calle espera
con la impaciencia propia
de la enamorada.

Llama a gritos
y yo me presento
para calmar su apremio.

-Afuera-
en la calle,
sin yo saberlo,
ella cruza inocente
y precavida
un paso peatonal.

El destino abre caminos.

jota jota
jota jota
05-06-2023 18:47

Papeles traspapelados

31-06052023

-Arrebatados-
se disparan los relojes.

-Marcan-
acompasados y exactos
el tiempo,
por donde avanzas
a paso lento.

La tarde
se alarma de sirenas.

Los eslabones
de tus caderas,
al ritmo de relojes
enloquecidos,
trazan negativas.

jota jota
jota jota
04-06-2023 13:03

Papeles traspapelados

30- 06042023

Soy este furor inevitable
contenido
a fuerza de silencios.

El cabo de la cuerda
y también el cabo
de la vela.

La llama última.

Soy esta piel inevitable
curtida y herida,
que amorosa envuelve
viejos huesos
y los sostiene con firmeza
a los hilos de la memoria.

Soy en definitiva:
el vigoroso impulso
de un pensamiento.

jota jota
jota jota
02-06-2023 18:15

Papeles traspapelados

29- 06022023

Con su carga mutilada
pasan las nubes
en desbandada,
un viento peregrino
las persigue.

Aguacero de piedras
que se viene de golpe
sobre la tierra
sembrada de olvidos.

Sin aviso, de improviso,
se me echa encima
el camino que me lleva
a tu recuerdo.

La huella se ha borrado
el camino es oscuro
y el regreso está negado.

jota jota
jota jota
01-06-2023 19:22

Vamos a comenzar el mes de junio con un trabajo nuevo y la suerte de encontrar, justo, el que más me acomoda.

La suerte de encontrar un empleo perfecto

Yo cumplí diez años el día que mi padre desapareció, ese día, como cada día, mi padre salió rumbo al trabajo, pero no volvió. Esa primera semana no fui a clases y sobreviví comiendo sándwiches de atún que yo mismo preparaba. Mi madre, en cambio, caminaba por toda la casa sin poder encontrar la salida y se quedó encerrada en el círculo oscuro de la desesperación, al borde de la locura. Mientras yo me sostuve con sándwiches de atún, ella logró mantenerse bebiendo café negro y con un cigarrillo encendido entre los labios, se olvidó por completo de su arreglo personal, de peinarse, de cambiarse la ropa y también de mí, enmudeció y se perdió en el vacío del tiempo sin retorno, en una pena de lágrimas y humo.

Yo despertaba a la medianoche y la miraba caminar sonámbula, intentando alumbrar el caos al que había sido empujada por las circunstancias, iluminar su propia devastación con la punta del cigarrillo encendido. Mi madre perdió el sentido del tiempo, vagaba por las horas, dormía poco y despertaba en cualquier momento, siempre entre sollozos.

Ella, mi madre, subsistió bebiendo café negro y fumando. Se gastó todo el brillo de sus ojos negros en las sombras, detrás del humo de sus cigarrillos, en la inútil busqueda del esposo desaparecido. Mi madre fumaba frenética, en un intento desesperado por olvidar el aroma que aquel hombre había dejado en su piel.

De esa catástrofe nos rescató un tío y la vida siguió su rumbo errático, sumando desastres. Mi madre se entregó con obstinación al servicio de la iglesia y se convirtió en una de esas velas pálidas y delgadas que encendía para alumbrar a los santos, velas que terminaban consumidas por la pequeña llama encendida. A mi madre, en cambio, no la consumió el fuego, se fue secando y en apenas seis meses se la llevó la pena.

No volví a la escuela y lo poco que sé, terminé por aprenderlo en un puesto del mercado vendiendo pescado con mi tío. Mi tío es un hombre grande, de pocas palabras y ningún amigo, ignora por completo la importancia de dar y recibir afecto, se guía por un estricto sentido del compromiso, por viejos códigos dictados por la rutina. Sin saberlo, mi tío vive en un naufragio permanente, al que me llevó de la mano y en donde aún permanezco, braceando en un océano sin horizonte ni esperanza, por el puro instinto de sobrevivencia.

A media tarde, al finalizar la jornada en el mercado, comíamos en silencio encerrados en nuestros silencios, sin nada que decir. Dando vueltas en un círculo sombrío hacíamos el camino de regreso a la casa. Mi tío anotaba en líneas irregulares los números de las cuentas, al finalizar sus anotaciones miraba por la ventana las formas de las nubes, nunca me lo dijo, pero estoy seguro que en ese momento decidía que pescado vendería al día siguiente. Luego dormiamos, sin otras opciones que esperar el nuevo día, siempre igual, sin variación alguna, de lunes a lunes, cada día exactamente igual, sin cambios. Mi tío y yo hablamos justo lo necesario, con una economía asfixiante de palabras.

Soy incapaz de entablar una conversación con alguien, de intimar, de establecer un nexo, de hacer o mantener una amistad, ni siquiera puedo ser parte de una pandilla, para eso, también es necesario una mínima capacidad de grupo y yo no desarrollé esa facultad, carezco por completo de la posibilidad de socializar. No tuve tiempo de aprenderla, tampoco quien me la enseñara.

Una madrugada, de camino al puerto en busca de la recompensa de pescado fresco para la venta, a la luz de una luna menguante, mis manos parecían estar cubiertas de escamas brillantes, en esa oscuridad relucían con destellos de plata. Más adelante, en la transparencia de un espejo colgado en una tienda, se reflejaron por pura casualidad mis ojos y me extraño ese rostro picudo de ojos grandes y planos que me devolvió el espejo. Para completar la imagen, para colmo de males, para rematar mi asombro, descubro en mi rostro una boca ridículamente redonda y pequeña incapaz de una sonrisa. Con preocupación, asustado, observo frente a ese espejo, que parezco un Pejerrey.

Un miedo terrible de transformarme definitivamente en pescado me recorre y enciende alarmas, mecanismos desconocidos en mi interior se activan y ese mismo día, mientras almorzabamos le dije a mi tío,con cuatro palabras contadas, que agradecía enormemente su apoyo, su ayuda, pero era hora de buscarme la vida por mi cuenta.

Mi tío me miró en silencio, una luz diferente brilló en esa mirada suya, intentó decirme algo, pero no pudo pronunciar palabra y la frase, las vocales y las consonantes se le atoraron en la garganta. Mi tío nunca tuvo la costumbre de dar consejos, ni tampoco de expresar sus sentimientos, únicamente había aprendido a ser solidario y lo era, y mucho. Mi tío extendió sus grandes manos en el aire, señaló el mar y su mirada se fijó en el horizonte abierto lleno de luz.

No volví al mercado y tampoco al puerto, pero tengo presente el sonido de las olas chocando contra las piedras, es la sensación de estar frente a un barranco sin fondo, un abismo del que trato de escapar. Yo vivo a orillas de un precipicio, no tengo amigos, me sobran los miedos y mis recuerdos se pierden entre ausencias y carencias.

Una tarde, en la desesperación de encontrar trabajo, tropecé con una gitana, al chocar los cuerpos, ella por pura superstición, de inmediato, tomó mi mano izquierda, con un solo vistazo concluyó el examen y espantada dijo:

Tienes mirada de cuchillo, de punta de pedernal, das miedo. Tu destino es velar amores ocasionales, amores sin futuro, morirás con violencia en una calle sin nombre.

Desde ese día no miro a nadie a los ojos y camino con la cabeza enterrada en los hombros. Al caminar me miro la punta de los zapatos, no quiero herir a nadie ni producir el miedo que la gitana profetizó y mucho menos causar la ira de quien será mi asesino.

Tengo treinta años, he intentado todos los trabajos ocasionales posibles y esta imposibilidad mía de hablar, de mirar a los ojos, este miedo constante que me acompaña, me obliga a dejar los trabajos, pero existir tiene un precio, continuar vivo, sin otra ilusión que respirar, comer y dejarme llevar a mi destino, requiere un trabajo, obtener un salario que me permita pagar las cuentas. Confío en que algún día encontraré el trabajo que me acomoda, pero no tengo idea de cuál puede ser y hasta que lo encuentre seguiré dando tumbos.

Finalmente la suerte me sonríe y encontré el lugar ideal para gente como yo, para quien la soledad, el silencio, las sombras, son la única alternativa de vida posible.

Mientras otros buscan desesperadamente compañía y son capaces de pagar por esa ilusión fugaz, pagar por un instante y combatir el ensordecedor silencio que los abruma, a mí, en cambio, me aterra la idea de compartir un momento con un desconocido, intercambiar opiniones me hace sudar las manos y confesar alguno de mis recuerdos es un acto impensado.

Este empleo me permite estar a mis anchas, en mi elemento. Me he convertido en recepcionista nocturno de un hotel para parejas ocasionales. En silencio, casi una sombra, anónimo, miro entrar a las parejas con un destello lejano de esperanza reflejado en sus ojos, una emoción en el tono de la voz, pero al salir de esas habitaciones rentadas el destello se ha apagado y en su lugar, se les pinta de nuevo en el rostro el desamparo, ese signo que no los abandona y no pueden ocultar. La emoción se ha convertido en desaliento una vez más.

Rodeado de llaves que me vigilan atravieso las noches. Pocas son las palabras que pronuncio, apenas las justas para recibir el pago por el servicio de cobijo temporal. Durante el día duermo en el mismo hotel y no tengo motivo alguno para salir a la calle, ni dar un paso en busca de lo que no se me ha perdido, trato en lo posible, de evadir el destino que la gitana profetizó y que no olvido.

jota jota
jota jota
01-06-2023 18:56

Papeles traspapelados

28- 06012023

Estricta es mi cuenta:
cuatro días exactos
de ausencia.

Completas las horas,
el día se suspende
y deja navegar la luna,
puntual como ninguna.

Sin ninguna duda.
se hace noche
en todo el continente.

A doce días exactos
de ausencia
el mundo sigue su rumbo
zumba que te zumbo.

Un cometa de larga cola
incandescente
anuncia tu regreso.

Eclipsa la sangre
un universo conmovido.

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