Un remolino se llevó la luz de la tarde y dejó esta oscuridad, estas tinieblas entre las cuales se desatan los demonios convertidos en vendaval, en tormenta, en un recio aguacero que intenta reventar los cristales de las ventanas.
Esta lluvia de fin de mundo logra espantar incluso a los más temerarios.Sobreviene un apagón, la repentina oscuridad me empuja a la ventana, las enormes gotas de agua con furia inusitada se estrellan contra el asfalto, ese incesante golpeteo me obliga a recordar los avances de escuadrones militares, sus botas cerrando filas obedientes y ciegas a ordenes insensatas, arrasándolo todo con su paso acompasado en una fiesta de odio y sangre. Ni cien lluvias, ni mil tormentas como esta, nada, ni siquiera el tiempo puede lavar la ignominiosa presencia del odio. Las calles han quedado abandonadas a merced de esta furia de los cielos.
La guerra dejó de ser un acontecimiento esporádico, una casual e inevitable encrucijada a la que se llega empujado por circunstancias, de solo imaginarla se me acalambra el pensamiento, se entumecen los músculos, suplico que no se suceda de nuevo, pero tropiezo con la realidad y hoy es común ver en los noticiarios cada día el terrible inicio de un choque, una renovada confrontación política, ideológica, económica o religiosa, que inexorablemente se convertirá en guerra y entintará los periódicos, ensangrentará las pantallas de los televisores y también será banalizada a través de las redes sociales.
El estallido de la puerta se confunde con el incesante golpeteo de la lluvia, cuatro hombres armados entran y asaltan mi casa, me asustan, me intimidan, pero no me golpean, se llevan cuanto pueden y dejan intacta la biblioteca.
Su lenguaje los delata, nacieron y crecieron en los arrabales, en los cerros poblados de ranchos y miseria, en el abismo de la ignorancia, la salvaje crueldad de las intemperies, la inclemente dureza de la orfandad, el desamparo de todos los gobiernos. El futuro les ha sido arrebatado de antemano y negado la esperanza. La vida se la juegan a cada paso. No tienen nada que perder.
El Estado que nos gobierna hoy, más perverso que los anteriores, bajo el disfraz de una sociedad justa, los cobija con la mentira de la consigna “Pobres contra Ricos” y los envía a envilecerse, hacer labor de patria intimidando, aterrorizando a quienes decididamente los desenmascaramos.
Regresa la luz, busco en la enciclopedia un capítulo dedicado a la guerra, un interesante intercambio epistolar entre Albert Einstein y Sigmund Freud y releo en voz alta algunas estrofas:
Escribe Einstein
…El afán de poder que caracteriza a la clase gobernante de todas las naciones es hostil a cualquier limitación de la soberanía nacional. Esta hambre de poder político suele medrar gracias a las actividades de otro grupo guiado por aspiraciones puramente mercenarias, económicas. Pienso especialmente en ese pequeño pero resuelto grupo, activo en toda nación, compuesto de individuos que, indiferentes a las consideraciones y moderaciones sociales, ven en la guerra, en la fabricación y venta de armamentos, nada más que una ocasión para favorecer sus intereses particulares y extender su autoridad personal.
Responde Freud:
…Los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia. Así es en todo el reino animal, del que el hombre no debiera excluirse; en su caso se suman todavía conflictos de opiniones, que alcanzan hasta el máximo grado de la abstracción y parecen requerir de otra técnica para resolverse.
Estela
31-07-2014 21:25
BIBLIOTECARIO
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
Rodrigodeacevedo
31-07-2014 21:13
Bien. Ya vemos cómo la impaciencia consume al ÍNCLITO Caizán y nos aporta prematuramente la primera palabra. Extraña y feliz transmisión de pensamintos, pues yo he de hacer lo mismo. Durante dos semanas al menos estaré "abuelizado" y eso me va a impedir atender al hilo (y, en general, al foro) con la dedicación suficiente.
De modo que pido a los compañeros o compañeras que dispongan de algún tiempo que me suplan durante esta ausencia en la moderación del hilo: recogida de palabras, su publicación y estímulos frecuentes para que el personal no se sienta desvalido en su infatigable afán creador.
Así que siguiendo a Caizán dejo aquí mi palabra:
ARCHIVO
(Del lat. archīvum, y este del gr. ἀρχεῖον, residencia de los magistrados).
1. m. Conjunto ordenado de documentos que una persona, una sociedad, una institución, etc., producen en el ejercicio de sus funciones o actividades.
2. m. Lugar donde se custodian uno o varios archivos.
3. m. Acción y efecto de archivar (‖ guardar documentos o información en un archivo). Entregó la documentación para proceder a su archivo.
4. m. Acción y efecto de archivar (‖ dar por terminado un asunto). El juez ordenó el archivo del caso.
5. m. Inform. Espacio que se reserva en el dispositivo de memoria de un computador para almacenar porciones de información que tienen la misma estructura y que pueden manejarse mediante una instrucción única.
6. m. Inform. Conjunto de la información almacenada de esa manera.
7. m. Col. oficina.
8. m. p. us. Persona en quien se confía un secreto o recónditas intimidades y sabe guardarlas.
9. m. p. us. Persona que posee en grado sumo una perfección o conjunto de perfecciones. Archivo de la cortesía, de la lealtad.
Del mismo modo quedan comprometidos para mi regreso mis comentarios y otras actividades que dejo en lista de espera. Deseadme suerte en esta aventura de hacerme cargo de los nietos; procuraré volver indemne y psicológicamente equilibrado.
Estela
31-07-2014 21:13
Búsqueda
Se arrastraba por el estrecho túnel, húmedo y oscuro, segura de conseguir su objetivo; su carácter TEMERARIO, su independencia le daban fuerzas para vencer los obstáculos mas difíciles.
Sentía CALAMBRES en todo el cuerpo,los que le arrancaban gemidos,por lo que tenía que detenerse a menudo a descansar.
La vieja ENCICLOPEDIA que habia encontrado en un oscuro rincón indicaba claramente cual era el camino; encontraría el tesoro y RENOVaRIA su destino, y podria convertirse en una dama.
Su vida de privaciones desde la mas tierna infancia en los ARRABALES ,y en los míseros conventillos, la habían curtido en las adversidades y el dolor;estaba cansada de aguantar los RECIOS modales de la mayoría de los hombres.
Las indicaciones de la enciclopedia marcaban que después de un largo trecho de reptar por el túnel,se ensancharia y allí encontraría joyas y valiosas antigüedades.
Le brillaban los ojos en la oscuridad al pensar en lo que podría hacer para cambiar su existencia:vestidos,joyas,viajes, FIESTAS.
Se apresuró una vez mas y notó que el túnel se comenzaba a ampliar y a subir;se filtraban algunos rayos de luz lejanos aún que iluminaban contornos.¿Dónde estaba el tesoro que no lo veía?
Rosa siguió subiendo por el túnel y advirtió una tapa sobre su cabeza; aunque ofrecia resistencia la empujó con fuerza;la tapa cedió, Rosa se izó; había llegado a su pieza del conventillo.
Hace tanto que los tengo abandonados que no logro recordar mi contraseña para entrar
caizán
31-07-2014 10:54
ÍNCLITO
OMAR
30-07-2014 19:12
¡A prepararse! – 6
Luís no podía o no quería aceptar la muerte de su hermana; entendía todavía menos el por qué esos extraterrestres la subieron a la nave. ¡Y muerta!
¿Cuál era el objetivo de ellos atormentándolo de esa manera? ¿No les bastaba haberlo tenido, casi la vida entera, secuestrado en esa nave que circundaba su planeta natal? Estudiándolo como una enciclopedia viva para organizar un ataque destructivo a los habitantes de un mundo que décadas de años atrás desconocían.
Con un tono recio en su voz exigió volver a ver a su hermana. Además, de modo temerario, emplazó a los científicos extra galácticos:
—¡Tráiganla aquí o nunca podrán saber quiénes se preparan para enfrentarlos! —él, por supuesto desconocía que el ejército de difuntos ya había sido desenmascarado por los invasores y entender a esos entes diferentes era el principal objetivo de hacerle creer que Mirtha había fallecido.
El joven terrícola no tenía idea de la cantidad de radiaciones con diferentes magnitudes que estaban siendo insertadas virtualmente en su cerebro y que brindaban una constante información a la mesa de estudios; por eso sentía un extraño acalambrar esporádico en su brazo izquierdo, pero para nada influía en su objetivo: ver a su hermana.
“Autorizado el contacto con la máquina”, las pequeñas disconformidades encontradas en Mirtha, por las cuales fue necesario renovar el robot humanoide preparado a imagen y semejanza de la hermana de Luís habían sido corregidas y debían ponerlos en contacto nuevamente. La satisfacción recogida del joven provocó ciertas alteraciones en los monitores que lo estudiaban.
—No sé qué decir mi hermana…, te tengo frente a mí, pero estás muerta.
—Yo lo sé… Me recuerdo claramente del momento cuando comenzó el infarto —hizo una pausa—, preparábamos la fiesta de cumpleaños cuando sentí el dolor fuerte…
Todo marchaba perfectamente, la hermana mecánica se introducía despacio en el sentir de Luís, ¡Y entonces lo inesperado! Sensaciones que nunca habían sido descifradas en la mente de Luís comenzaron a leerse claramente y al mismo tiempo a preocupar a los estudiosos alienígenas.
Era algo extraño y que ellos desconocían. Durante toda su vida el joven hizo innumerables malabares con su mente para esconder de las máquinas lo que se preparaba en la Tierra.
En el planeta su rango de visitas fue desde grupos científicos hasta el más profundo arrabal dentro de una u otra ciudad; pero solo las almas difuntas le creyeron, y en ellas tuvo que apoyarse.
Pero amor, en este caso por su hermana, nunca había demostrado Luís, porque él mismo lo desconocía. Y ese sentimiento asustó a quienes seguían su mente. ¿Qué podía ser eso tan fuerte que las máquinas eran incapaces de medir? ¿Y si los que esperaban en el planeta para luchar contra ellos estaban regidos por eso?
Por varias horas deliberaron los invasores guerreros galácticos y el consenso fue unánime:
—Nunca hemos luchado contra eso, debemos prepararnos. Y para eso los necesitamos —inmediatamente después fue propuesta a la nave madre la posibilidad de marcharse. Necesitaban una preparación diferente.
De manos de la propia «hermana» tomó Luís la pócima que lo mantendría dormido todo el viaje.
«...solo el amor convierte en milagro el barro...»
S.Rguez
Rodrigodeacevedo
29-07-2014 14:35
SOBRE LA APASIONANTE VIDA DEL PARAMECIO.
Desde que leí “De la vida de los insectos”, de los hermanos Čapek, un irrefrenable ansia de remontarme a nuestros orígenes orgánicos desbordó mi apacible vida, ordenada, modelo de abnegación en la superación de sus retos y metódica en cuanto a la progresión de mis adquisiciones culturales. Mi pasión, reconozco que un poco temeraria, era ahondar en campos de conocimiento hasta ahora desconocidos para mí y, diría más, ignorados en mis esquemas de aprendizaje. No es que tratase de asimilar enciclopedias, pues siempre entendí la inutilidad de tan recio esfuerzo, pero sí encontrar, como paisajes detrás de la niebla, referencias culturales a partir de las cuales elucubrar y crear mis particulares mundos.
Aquella lectura, para mí, fue como un elemental concierto que necesitase su continuidad en una ópera inmensa, grandiosa, aunque fuese una ópera prima. Las imágenes acudían a mi mente de nefelibata (1) primordial durante las noches de insidioso insomnio: ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? Y, sobre todo ¿de donde venimos con los pantalones llenos de barro? Entonces el recuerdo de aquella frase de Groucho hacía que me desternillase de risa, como supongo que le ocurre a mucha gente, trocando, con una suave transición, mis pesadillas en divergentes divagaciones, diferentes, difíciles, divertidas, dicroicas, diapsalmáticas (2) directamente dimanantes de mi diarrea mental.
Dos palabras, con alternativa recurrencia, golpeaban mi calenturiento cerebro: proboscideo y paramecio. A veces también la palabra alondra. Parecía como si en alguna de ellas se encontrase la clave, la respuesta, el interruptor de la luz que iluminase el camino a seguir. Medité ligeramente (no me es permitida la meditación profunda fuera de las clases de yoga) y desestimé proboscideo: demasiado pesado, demasiado tosco, demasiado elemental; no me llevaría muy lejos en la cadena evolutiva, en el sentido ontológico, claro. La alondra estaría bien en campos más poéticos, pero no en éste de profundas reflexiones epistemológicas o así.
Finalmente me quedé con el paramecio, ya en los arrabales de la Creación, esa especie de vejiga con pelillos que está atrás, pero que muy, muy atrás en la cadena de responsabilidades de ser quienes somos. Pobre bicho. Allí estaba, en el fondo del microscopio, agitando sus cilios alegremente. ¡Qué intenso remezón estremeció todas las fibras de mi cuerpo! ¡Qué imprevistas añoranzas!. Sí, era yo; aquel bichejo era yo mismo hace unos millones de años. Me perdí en mundos de una sensualidad desconocida viendo sus vacuolas contraerse y expandirse sin medida: nunca llegaba al orgasmo; llegué a la conclusión de que practicaban el sexo tántrico. Y el citostoma, esa enorme vagina (por su tamaño relativo al bicho, claro) que me hizo comprender aquello del matriarcado original de la especie humana. Aquellas especulaciones me resultaban una verdadera fiesta, sin la desagradable secuela de las molestas resacas.
Perdiéndome en aquella fabulaciones logré crear toda una mitología parameciana; inventé un Panteón para sus dioses, que luego devinieron nuestros; comparé su evolución y desarrollo referenciándolo con el desarrollo, bellísimo por caótico, de la fractalización. Pero finalmente decidí que no era ese el camino evolutivo de mi asexuado antecesor, pues mi mente rechazaba, por incongruente, la reproducción por mitosis; antes el claustro monacal o el onanismo “avant la lettre”. Así que decidido que, al menos en el aspecto intelecto-sexual no era compatible su desarrollo con la renovación evolutiva que culminó en el homo más o menos sapiens, estudié a fondo su comportamiento social. Ese fue mi gran acercamiento al Paramecium aurelia: ese mínimo animalejo que nos inició en la divertida, aunque conflictiva, aventura de ser seres sociales; y mucho antes de Aristóteles.
Porque, queridos compañeros y compañeras: cuánto tenemos que aprender del paramecio. Aunque no tengan tranvías, ni supermercados; aunque no utilicen la seguridad social para la selección natural de sus individuos, ni hayan inventado el loft ni la arquitectura ecológica: amigos míos, el paramecio es todo un ejemplo de vida sencilla, responsable y organizada. Estúdienla en estos plácidos días veraniegos.
Para que no se enfade mi querida Estela (y para proporcionarle material para el scrabble) aclaro los significados de dos palabrotas:
(1)Nefelibata: persona soñadora, el que anda por las nubes. (Lo empezó Rubén Darío; servidor no tiene culpa.)
(2)Diapsálmata.-Ésta es de Kierkegaard, nada menos. Son sus escritos de pequeña dimensión: reflexiones, anécdotas, etc. En Rayuela lo llamamos microrrelatos. Pregúntenle a Omar.
Otros ladrillazos en Wikipedia, por favor.
Gregorio Tienda Delgado
29-07-2014 12:47
Dos en uno. Espero que cuele.
EL LOCO. 1ª parte
Hacía bastante tiempo que Ricardo no se encontraba a gusto en el trabajo. La razón era el rechazo que sentía hacia todos sus compañeros, incluido el jefe, que impedía su concentración en las labores administrativas. Cada día se iba marginando más de ellos. Se estaba convirtiendo en un solitario silencioso, sentado en una esquina de la gran oficina, delante de un ordenador.
Lo que más le molestaba era la risa. La risa estúpida de sus compañeros que le provocaba la sensación de que se estaban burlando de él. Había llegado a esa situación, por ser diferente, por tener criterio propio. Sus compañeros creían que estaba loco, y así lo llamaban cuando hablaban entre ellos. Cada vez que reían, los miraba de soslayo y le daba la impresión de que al observarles aumentaban sus carcajadas y más se retraía, como una tortuga que se esconde dentro de su caparazón.
Se levantaba temprano y llegaba el primero al trabajo. Sus compañeros comenzaban a llegar a las ocho, como era normal. La razón de su llegada anticipada, era exclusivamente para no tener que entrar saludándolos a todos, ya que esa era para él una situación estresante y humillante a la vez. Esa situación hizo que se fuera marginando cada día más y esa marginación produjo que cometiera algunos errores, lo que motivó que lo despidieran del trabajo.
Lo intrínseco de estar loco o parecerlo, es que siempre existirá la duda sobre si lo socialmente correcto es verdad, o no, ante tal o cual afirmación. En base a eso, la exclusividad racional del cuerdo, quedaría reducida al discutible aserto mediático al que se ve sometida en la actualidad la raza humana; en marionetas de unos pocos. Así la propia vida se convierte a pasos agigantados en rutinaria, con su día a día, con sus problemas, con las mismas noticias de siempre, con las mismas guerras y sus muertos. Pasividad justificada, política y socialmente.
El loco, en esta sociedad en la que vivimos, es el solitario que no ve la televisión, no escucha la radio, no asiste a ninguna FIESTA política, no lee periódicos y funge como raro, anormal, arisco o excéntrico ermitaño ante sus “sensatos” semejantes. Si además, dedica tiempo a la lectura de libros y a escribir poemas, pasa automáticamente a convertirse en un genio, o, por el contrario, como Ricardo, en antisocial y potencialmente peligroso, dependiendo de la clasificación de cuestiones tan simples como si es joven o viejo, oriundo o extranjero, blanco o negro…
Inevitablemente, con el paso del tiempo, suelen llegar a oídos del “chiflado”, los “trascendentales e interesantes” comentarios de sociedad: «Tiene una forma de pensar muy extraña y no son tiempos de razonamientos tan comprometidos. En las noticias dijeron que tal cosa había sucedido de tal manera, y sin embargo, él se empeña en cuestionarlo. ¡Pobre infeliz! Eso solo le puede traer problemas. Dicen que ya ha perdido el trabajo por inconformista. Además, vive solo y no se le conoce trato con mujeres. Sera…»
Resulta frustrante y a la vez humorístico, ese tipo de razonamientos sociales, ya que no son exclusivos de un lugar en particular, sino todo lo contrario en la juiciosa sociedad en la que se desenvuelve el “llamado” enfermo mental. No obstante, él es perfectamente consciente del terreno sobre el que pisa. Como ejemplo, un buen día en el que ambos estábamos enfrascados en una amena e interesante conversación sobre Las Afueras de Dios de Antonio Gala que yo había leído años atrás, y la respuesta fue sabia, contundente y no exenta de sorpresa: «genial, estimado amigo. Pero lo que yo opine no importa a nadie» En realidad, era el hombre que creían desequilibrado un tipo muy normal. La vida lo había conducido por asimétricos derroteros, hecho que lo había transformado en un ser curtido de convicciones y apesadumbrado de espíritu. Un individuo demasiado racional, contrario a ese aire que, tarde o temprano, termina envolviéndolo todo como una cortina de humo inquebrantable, alejándolo fugazmente de las sutilezas y vulgaridades del hombre común. Y era eso precisamente lo que no gustaba a sus semejantes que lo tachaban de TEMERARIO; la actitud de indiferencia hacia el indigno mundo en el que ellos, irremediablemente, se desenvolvían.
EL LOCO. Parte 2ª
A pesar de la negativa deliberada a saber en qué condiciones se encontraba el universo, el loco poseía una televisión, la cual había utilizado con asiduidad en otra época. Estaba ésta situada en una esquina de su salón comedor y la empleaba como base para sostener unas macetas con hermosas plantas. En cierta ocasión, sin poder contener la curiosidad, le pregunté abiertamente sobre la decisión de desconectarse deliberadamente del mundo y de los medios de información, a lo que él respondió sin un ápice de complejidad o molestia: «Compré ese aparato cuando los aires de otros tiempos me trajeron sin razón aparente a conocer los entresijos de este bello país. Ya ha pasado mucho tiempo desde entonces. En esa época, era yo un tipo corriente. Uno más del montón, como cualquier otro. Trabajador rutinario. Con el paso de los años, las circunstancias políticas y sociales del entorno fueron cambiando gradualmente, y con ellas, llegó la transformación de todos los estamentos habidos, para RENOVAR, decían, el ritmo de vida de los ciudadanos. Las necesidades de la gente dieron un giro inesperado y yo no fui la excepción. Los medios informativos comenzaron a ofrecer opiniones personales sobre los temas que trataban, considerando que el pueblo no era lo suficientemente inteligente para sacar sus propias conclusiones sobre tal o cual noticia.
De ese modo, nos fueron acostumbrando a digerir los acontecimientos y los grandes eventos mundiales, ya masticados. Hicimos nuestras las convicciones de otros, coartando consciente o inconscientemente el libre pensamiento, equivocado o no, que cada ser humano, en base a su propio conocimiento del mundo, de la sociedad y del contexto que lo rodea, pudiera tener sobre un tema determinado. Sin ir más lejos, cómo se expresan hoy los grandes de la noticia y los ingeniosos políticos ante millones de espectadores. Resulta patético que la sociedad les de prestigio y ellos se lo crean. Ello se refleja en el lenguaje oral, de algunos, sin un mínimo de cuidada expresión y docencia. Sobre la prensa escrita, más de lo mismo. No obstante estimado amigo, aunque encontrara el medio ideal, lo cierto es que a mi edad, las circunstancias bajo las cuales gira el mundo, hace mucho que para mí, perdieron su atractivo»
Me dejó pensativo el asceta de la indiferencia. A tal grado llegó a influir en mí su razonamiento, que me auto convencí sobre la palpitante y no por ello descabellada idea de que, aunque el mundo se torne una letrina, para la mayoría sigue resultando interesante. Ese único aliento que poseemos, vale la pena disfrutarlo en consonancia con nosotros mismos, dejando a un lado, si fuera necesario, el flagrante río de aguas turbias por el que navega el resto de la especie humana. Nadar contra corriente fortalece el cuerpo, lo hace RECIO, y el tortuoso intento de tal acto, inevitablemente robustece la mente. Comprendí entonces, que, en el interior de un manicomio, quizá el más loco es el psiquiatra.
Una fría tarde de invierno, encontré a Ricardo empacando sus escasas pertenencias cuando llegué a su casa. Me miró con cierto aire de tristeza en los ojos, sonrió y continuó guardando sus cosas. Pensé entonces que había encontrado en él un referente personal e intelectual. Un amigo que, por azares del destino y la distancia, próximamente dejaría de verlo. Pero un amigo de los que dejan huella. Culto, pausado, amable, educado y sobre todo, fiel a sus propios principios y creencias. No dijimos nada. El silencio hablaba por ambos, siendo más contundente y explícito que las palabras. El pesar de la partida y el adiós contenido al observar al loco enfaenado, me recorrió el alma y el sentimiento de nostalgia se tornó en súbita tristeza. No pude seguir allí por más tiempo. Nos dimos un fuerte abrazo y con un gesto de la mano me despedí. Hasta siempre, amigo, que te vaya bien.
Pasaron los días, las semanas, los meses y los años, sin tener noticias suyas. En el barrio ya nadie se acuerda de él. Es ahora otro el objeto de las burlas y las críticas gratuitas. Soy yo el infame solitario cuando paseo por el ARRABAL, el que ha perdido el trabajo por inconformista, el de criterios propios y lecturas constantes, el que no ve televisión basura, no escucha la radio y no lee periódicos. Soy yo el que usa la tele para sostener macetas, el que escribe y medita, el huraño, el ermitaño. Soy yo el que ve al mundo con otra mirada, el que no me dejo ACALAMBRAR por palabras vacías, el que sabe que sus semejantes respiran la incertidumbre de no saber qué hacer, el que no se siente vulnerable, el que camina sin rumbo fijo, sin horizonte cercano, pero con los pies sobre el suelo. EL LOCO.
Me gusta soñar despierto... dormido tengo pesadillas.
OMAR
28-07-2014 17:09
¡Ahora me doy cuenta que la semana pasada no subí mi relato!
Entré a copiar las de esta semana y no estaba el número 5 de la saga. Mil sdisculpas, aquí está:
El culpable - 5
Luís se sentía atado de pies y manos en la nave alienígena, le informaron claramente que tenían conocimiento
de sus intentos para organizar un ejército de cadáveres.
—¿Pensaste que logarías ocultar todo el tiempo esos planes en ese cerebro que mantenemos chequeado de manera constante? —así, dándole un tono irónico a su expresión se dirigía a él por el circuito interno de voz el jefe de la expedición invasora.
Luís sentía abrasador y aplastante el local donde fue completamente aislado. Le estaba quedando claro, aunque le pesaba admitirlo, que todos sus esfuerzos conjuntamente con los de todos los difuntos que había logrado arengar, habían caído en una infinita catarata al vacío. Y no era precisamente una corazonada.
Dos ejércitos se preparaban, solo que uno tenía bien claros sus objetivos; mientras el otro divagaba en discusiones y propuestas.
En el cementerio todavía se preguntaban el por qué de la rápida partida de Luís, por supuesto que desconocían que su cuerpo había sido insertado por una flecha de energía ardiente lanzada de la nave, obligándolo a regresar. El plan de «implantar» el espectro de Rosalinda en el cuerpo de Luís había quedado truncado…
Por el otro lado, los invasores preparaban un equipo para que partiera hasta el planeta, directamente adonde estaba el ejército de expirados que los esperaba, y estudiara a profundidad contra qué tendrían que enfrentarse.
El sistema interno de climatización fue utilizado para inyectar en el local donde habían encerrado a Luís sustancias que fueron llevándolo lentamente a un estado de sopor y modorra que le permitiría a la academia de científicos dominar completamente su mente y llevar a cabo el plan que tenían previsto; solo había que esperar el regreso de los enviados al planeta. Que en realidad tardaron menos de lo previsto.
La puerta llevaba sin abrirse un tiempo indeterminable para el joven, pero no supo qué sentir al ver quien entraba al local:
—¡Mirtha!
Ella no habló, pero sí lo hizo el que la conducía:
—Quizás todavía no pueda hablarte, murió hace muy poco tiempo, aunque hemos trabajado con ella para que el salto vida-muerte pueda ser rebasado más rápido—antes de cerrar la puerta volteó un poco la cabeza—, te aclaro que no la matamos nosotros, sufrió eso que ustedes llaman infarto.
Luís se abrazó muy fuerte a su hermana que ni siquiera levantaba los brazos. Las lágrimas corrían por el rostro del muchacho. ¡Él era el culpable!
Poco a poco Mirtha fue intentando respuestas a los reclamos del hermano, que se resistía a creer que estaba muerta.
—Creo que ahora sí lo vamos a lograr. Fue muy buena idea la del piloto cuando vio a Mirtha.
La joven limpiaba extrañada la tumba de sus padres, nunca la había encontrado así. Y todo ese tiempo lo aprovecharon los miembros del equipo para foto-captar los datos que les permitirían conformar la máquina que ya comenzaba a conversar con Luís.
«...solo el amor convierte en milagro el barro...»
S.Rguez